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lunes, 15 de enero de 2024

Atardecer en el Alberche

¡Hola de nuevo!

Después de haber estado el día anterior en Villafáfila, la tarde del domingo la pasamos con otro grupo por la cuenca del río Alberche. En esta ocasión queríamos ver la vida de este río tras el atardecer y fue maravilloso. Tuvimos muy buenas sorpresas en un lugar de paisajes mágicos que al final del día se envolvió de una preciosa niebla. Lo pasamos en grande y no solo vimos aves. 

Con la lluvia el musgo se iluminó de verde dándole una luz especial al paisaje.

martes, 4 de septiembre de 2018

Guía de aves de pinares de montaña y piornales

Después de muchas visitas al Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama y a sus ecosistemas más representativos, hemos decidido hacer una mini-guía online y accesible que describa las características más importantes de las especies más comunes de este tipo de hábitats. Hemos intentado incluir fotos de todas las especies fáciles de observar aunque seguro que hay muchas más que se nos han pasado.

Aún así esperamos que los que estáis empezando encontréis la ayuda necesaria para identificar y diferenciar estas aves tan especiales, y que los que ya sabéis tengáis un resumen accesible a las aves de pinares de montaña y piornal y con suerte encontréis algo nuevo que no sabíais.

¿Qué es un piso bioclimático?

Este término está asociado a la altitud y al cambio del espacio o hábitat correspondiente. Por tanto, a medida que aumentamos la altitud se suceden uno u otro espacio, dependiendo fundamentalmente de la temperatura.

En este caso nosotros vamos a pasar por el último de los pisos bioclimáticos del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, el Piso Alpino. Dentro de ese piso, la división o cliseride (modelo que representa la sucesión altitudinal de las distintas formaciones vegetales) iría desde el piso más bajo, con vegetación de baja montaña (4) y especies que necesitan temperaturas altas como las encinas; seguido de los bosques de media montaña (3), mucho más húmedos como robles, castaños o hayas, estas últimas sustituidas, en este caso, por los pinares, principalmente de pino silvestre; y finalmente el matorral de alta montaña (2), con enebros, sabinas y piornos y que preceden a las praderas de las cumbres (1).

A continuación y dentro de esta división vamos a ver las aves de los bosques de media montaña, principalmente de pino silvestre, el matorral de alta montaña, donde aparecen los piornos y algunas aves que aparecen en las praderas de las cumbres.

GUÍA DE AVES - PINARES DE MONTAÑA Y PIORNALES

Bosques de media montaña: pinares

Aproximadamente entre 1.300 y 1.900 metros. En este piso los veranos son templados y los inviernos son ligeramente fríos, con frecuentes heladas y nevadas.

Milano real
Milvus milvus
50-60 cm
Sedentario e invernante

De plumaje rojizo rayado, con la cabeza en tonos grises. Extendido de forma heterogénea por la Península, aunque no está presente en el mediterráneo ni la costa noroeste. Cría en zonas forestales de media montaña, aunque campea por otras zonas para encontrar alimento, ya que es principalmente carroñero.


martes, 17 de mayo de 2016

Las últimas nieves de Peñalara

A lo largo de la subida a las lagunas que rodean la base de tan famoso pico, es habitual ver que la naturaleza todavía se resiste al cambio de estación. Un manto de nieve cubre, todavía, parte de los bosques y laderas de un paisaje que es el escenario de la vida. Las flores crecen y adornan las pocas praderas que no están tapadas todavía por la nieve. Mientras se puede ver a las aves trayendo material a los nidos, cantando desde sus elevadas ramas o cortejándose unas a otras.

Nieves de Peñalara
Las últimas nieves de Peñalara.
Narciso de roca (Narcissus rupestris)
Un precioso narciso de roca (Narcissus rupestris) empieza a crecer con la primavera.

Desde el parking de Valdesquí, situado un poco más abajo del centro de visitantes, se escuchan los voceríos de varias cornejas negras. Las vocalizaciones, como esta, son muy importantes en la comunicación entre córvidos. Sus gritos se escuchan a kilómetros y acaban despertando al resto de la ladera.

Con mi papel y mi boli para apuntar todas las especies, comienzo a subir la asfaltada cuesta que pasa justo por delante del centro de visitantes del parque. Las praderas que rodean el entorno están llenas de vida y parecen dar una calurosa bienvenida a cada nueva persona que viene a conocer Peñalara. Una juguetona pareja de herrerillos capuchinos, un macho de colirrojo tizón en el tejado de la caseta y un cuervo grande empeñado en conseguir algo de alimento. Sin duda una preciosa manera de comenzar la mañana.

Cuervo grande (Corvus corax)
Cuervo grande (Corvus corax) en una de las praderas.
Esta especie es la más grande de los 9 córvidos de nuestra fauna.
Su población es mucho más numerosa en esta zona de la Comunidad de Madrid.
Macho de colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) en el muro del centro de visitantes.
Al colirrojo se le puede ver siempre entre las rocas de los muros y las casetas.
Para saber más sobre esta especie haz clic aquí.

Entre tanto, no pierdo detalle de un pequeño carbonero garrapinos que se encuentra muy cerca, cantando entre las ramas de un rosal. Es curioso ver la facilidad que tiene para moverse entre las afiladas garras de esta planta. Sin previo aviso, el carbonero sale volando y se mete en una pequeña grieta en uno de los muros. Y es que a pesar de ser bastante forestal, el garrapinos también anida en lugares como este, aunque es mucho menos habitual, claro.

Carbonero garrapinos (Pariparus ater) 1
Carbonero garrapinos (Periparus ater) nuevo vecino del colirrojo tizón.
En esta rama, seguro que está a salvo de depredadores, y puede vigilar sin miedo su hogar

Con la nieve derritiéndose a causa del aumento natural de las temperaturas y de las horas de sol, los ríos llegan llenos de agua y los arroyos corren por la superficie, creando pequeños charcos a lo largo del camino que se adentra en un frondoso pinar. En él puedo comenzar a escuchar el canto del petirrojo europeo, que enseguida se deja ver para convertirse en el nuevo motivo de mi sesión fotográfica. También los pequeños grupos de piquituertos entretienen a cualquiera. Asombra ver cómo sus picos están preparados para hacerse con las semillas  de dentro de las piñas

Petirrojo europeo (Erithacus rubicola) sobre una madera.
Los colores de su pequera contrastan mucho con sus grises y pardos de su parte dorsal.
Hembra de piquituerto (Loxia curvirostra) sobre la copa de un pino.
Las hembras son de este color verde amarillento, mientras lo machos se chulean del colorido de su plumaje.
Joven de piquituerto común (Loxia curvirostra) picotenado las yemas.
Los juveniles tienen estas bandas tan oscuras en la parte ventral y lateral.

Si tuviera que destacar algo de Peñalara, que no fuera su paisaje y su riqueza, elegiría la asombrosa abundancia de un ave habitual de estos ecosistemas montanos, el acentor común. Daba igual dónde mirases, encima de una retama, en el suelo, en la rama de un árbol, sobre la poca nieve que queda, etc. Allí estaba, esperándote.

Acentor común (Prunella modularis) sobre la poca nieve que queda en la subida.
Aunque hayamos entrado ya en la primavera tardía, la nieve y el frío singuen siendo terribles enemigos de las aves.
Por eso encontrar una fuente de alimento como esta piña abierta es un lujo que solo unos pocos se pueden permitir.
Acentor común (Prunella modularis)

Llegando ya a una zona más abierta que sube hasta la Laguna de Peñalara, el ambiente cambia por completo. La nieve aun está presente, pero se derrite, poco a poco, encharcando casi todas las praderas que rodean la pasarela de madera que comunica el camino con la laguna. Entre ellas se deja ver, con algo de vergüenza una collalba gris. Su famosa cola con colores que forman una T invertida delata  su presencia.

Deshielo en Peñalara.
Collaba gris (Oenanthe oenanthe) sobre una de las rocas de la pradera.
Esta preciosa ave de marcados contrastes en cu plumaje, se alimenta de invertebrados.

Ya casi en la laguna, alguna que otra pareja de pardillos comunes revolotea de un lado a otro haciendo el característico ruido de los pardillos comunes. En un momento uno de los machos se posa en un poste de madera y es el momento de inmortalizar la escena. No pierden de vista mis moviemientos, un pequeño grupito de dos o tres aviones roqueros, que bajan de vez en cuando al suelo a beber del agua del deshielo.

Macho de pardillo común (Carduelis canabina) sobre uno de los postes que van junto a la pasarela.
En los machos, recordad, que lo que predomina son los colores rojizos.

Tras pasar una buena mañana en la laguna y disfrutar de su belleza, toca poner rumbo a casa y ver qué aguarda la vuelta. Además de ver algún que otro agateador europeo, también sigo los movimientos de una pareja de escribano montesino que parece tener el nido cerca del camino pues veo que no paran quietos, que vuela de aquí para allá pasando de vez en cuando con unas ramitas para el nido.

Escribano montesino (Emberiza cia) sobre una roca.
El dibujo de la cara de esta especie es único. Solo el escribano soteño tiene un dibujo parecido.
Sin embargo, los colores del montesino son azulados mientras que los de su primo el soteño son amarillos. 

Finalmente toca despedirse, pero no sin antes cerrar los ojos una vez más para disfrutar del sonido de la sierra, de las laderas que recogen el agua del deshielo. Carboneros garrapinos y acentores, abundantes por los bosques de la sierra, son la melodía de subida a las lagunas. Pero sin duda queda grabado en la mente el griterío del trepador azul, que posado en una pequeña rama que os dejo más abajo en una grabación.

Acentor común (Prunella moddularis) cantando.
Carbonero garrapinos (Periparus ater) cantando.
Trepador azul (Sitta europea) cantando


Lista completa de las aves vistas y/u oídas (*):

2 Cuco común*
1 Abejaruco europeo*
7 Arrendajo euroasiático
4 Corneja negra
3 Cuervo común
3 Avión roquero
17 Carbonero garrapinos
3 Herrerillo capuchino
1 Trepador azul
1 Agateador europeo
1 Reyezuelo sencillo
5 Petirrojo europeo
2 Colirrojo tizón
1 Collalba gris
1 Mirlo común
1 Zorzal charlo
31 Acentor común
7 Escribano montesino
5 Pinzón vulgar
9 Piquituerto común
2 Pardillo común
1 Verderón serrano

martes, 8 de marzo de 2016

Patones, hogar del pico menor

Situado al nordeste de la Comunidad de Madrid, Patones es uno de lo municipios con un importante desarrollo del turismo rural. Quizás se deba al atractivo de sus paisajes y la singularidad de sus pueblos y sus habitantes. En general el entorno esconde un entrañable ambiente que invita a adentrarse en lo más profundo de sus pequeños bosques y montes.

Camino que recorre un importante bosque de galería de fresnos, chopos

En su extensión se encuentra la presa del Pontón de la oliva, cuyo entorno se preserva bastante bien a pesar de las obras y construcciones de las infraestructuras hidráulicas. Es fácil ver fresnedas, pinares algún que otro roble suelto y de vez en cuando alguna encina. Por supuesto las retamas y otra vegetación arbustiva como zarzas, jaras y tomillos ofrecen más alternativas para el desarrollo de las especies de aves.

Para visitarlo nos acercamos a uno de los aparcamientos que se encuentran en la subida de la carretera M-134, en dirección El Atazar. Desde ahí ya se acercan algunas aves a nuestra llegada, como la lavandera blanca que delata la presencia y cercanía del propio embalse; o el petirrojo europeo que si llegamos de madrugada puede deleitarnos con sus preciosos cantos matutinos. Con unos cuanto minutos más en el aparcamiento podemos llegar a ver algún que otro agateador europeo o incluso bandos ruidosos y numerosos de rabilargo ibérico. Existe la posibilidad, si vamos durante el invierno, de ver bandos nutridos de varios ejemplares de gorrión chillón, sin duda una sorpresa bastante agradable.

Lavandera blanca (Motacilla alba) muy asociada a lugares concierta presencia de agua.
Petirrojo europeo (Erithacus rubecula) a pleno pulmón.
Su canto se encuentra entre uno de los más apreciados dentro de las aves ibéricas.
Tres rabilargos ibéricos (Cyanopica cookii) los colores azulados de esta especie la hacen inconfundible.
Entrañable imagen de un bando de gorriones chillones (Petronia petronia).
Su llamativa ceja clara por encima del ojo permiten diferenciarlo del resto de los gorriones.

Una vez hayamos pasado unos minutos en el aparcamiento merece la pena acercarse un poco hasta el Embalse del Pontón de la Oliva para intentar divisar algunas especies propias de los roquedos que escoltan los lados de dicha construcción. Antes de la llegada al embalse, un camino de retamas y poco arbolado esconde mitos, carboneros comunes y pinzones vulgares. También es probable que varios bandos de gritonas chovas piquirrojas pasen sobrevolando nuestras cabezas y certificando nuestra aproximación a los cortados del embalse.

Mito común (Aegithalos caudatus) en grupos de varios individuos van saltando de rama en rama.
Se ven muy graciosos, su cuerpo redondeado acaba en una larga y fina cola.
Carbonero común (Parus major) en los pocos arboles que hay hasta el embalse se pueden observar páridos como este.
Pinzón vulgar (Fringillia coelebs) cantarín frigílido que también adorna esta "entrada" al emablse.
Uno de los bandos de chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax) que se pueden ver por Patones.

El camino circula por uno de los laterales a una considerable altura, desde la cual podemos obtener una preciosa perspectiva de los aviones roqueros, observables en cualquier época del año, que vuelan seguros por encima de nuestras cabezas. Si avanzamos por este camino deberemos hacerlo con cautela, puesto que pasa muy cerca de la pared rocosa y podemos espantar a las grajillas occidentales o al esquivo roquero solitario. Si dedicamos unos segundos a mirar hacia abajo, tendremos la posibilidad de ver mirlo acuático jugueteando en el curso del río, alguna que otra curruca capirotada en busca de insectos. Puede ser que en nuestra estancia cerca del aparcamiento no hayamos sido capaces de dar con el gorrión chillón, pues este es el momento, a la citada especie le encanta situarse en la propia estructura del embalse a tomar baños de sol.

Avión roquero (Ptyonoprogne rupestris) en la zona de los cortados del embalse.
Pareja de grajilla occidental (Corvus monedula) en una de las grietas de los roquedos.
El roquero solitario (Monticola solitarius) es una especie propia de estos entornos tan rocosos.
Macho de curruca capirotada (Sylvia atricapilla)
Pareja de gorrión chillón (Petronia petronia).
Les encanta situarse en la propia estructura a tomar el sol al amanecer.

Una vez nos hemos adentrado en embalse es hora de dar media vuelta en dirección al aparcamiento, para retomar la carretera M-134 que va hasta El Atazar. Pararemos justo en el kilómetro 2 donde empieza una ruta que discurre por la linde de un pinar. Ahí hay una pequeña explanada para dejar los coches y una barrera que no permite el paso a vehículos. Desde ahí sale la ruta que nos llevará al magnífico encuentro con una especie icono. Hasta llegar allí se recorren, por un lado un pinar que permite ver arrendajo euroasiático, zorzal común o escribanos montesinos; y jarales y retamares por el otro donde las cogujadas comunes se pueden asustar a nuestro paso. Durante la ruta no faltan los avistamientos de grandes rapaces como las dos grandes necrófagas de nuestra fauna, el buitre leonado y el buitre negro. Cicleando para coger altura, posado en los montes de alrededor, o simplemente de paso. 

Cogujada común (Galerida cristata) a uno de los lados del camino.
Buitre negro (Aegypius monachus) en uno de sus campeos en busca de alimento.

Durante nuestro trayecto pasaremos por una casa abandonada, la antigua Casa de la Tejera donde un inquieto colirrojo tizón nos invita a pararnos en un entorno enzarzado, donde otras aves como petirrojos europeos, tarabillas europeas o currucas cabecinegras pueden ser avistadas entre majuelos, jaras y enebros. Según pasamos la Casa de la Tejera, el arbolado se abre paso y pinzones vulgares y herrerillos comunes se alimentan de los pequeños brotes de una fresneda que parece comerse el espacio dejado por el río.

Macho de tarabilla europea (Saxicola rubicola)
Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) según nos vamos acercando a la fresneda.

Una vez dentro no debemos perdernos ni un solo movimiento, en completo silencio, viendo cómo agateadores europeos y trepadores azules ocupan prácticamente cada fresno, cómo suben y bajan, se ponen del revés y trepan con tanta facilidad. Pero no hay que dejar que ni ellos ni los bandos de jilgueros lúganos nos distraigan durante mucho tiempo, porque es posible que demos con el más pequeño de nuestros pájaros carpinteros, el pico menor. Con aproximadamente 15 cm de longitud este diminuto carpintero del tamaño de un pinzón, se mueve con facilidad por la fresneda que va paralela al río. Sorprende además de verlo, oírlo, porque su pequeño tamaño no le impide golpear fuerte a la madera para sacar las larvas de las que se alimenta y es que en cuanto a fuerza no tiene nada que envidiar al resto de carpinteros. Está claro que para el pico menor el tamaño no importa.

Agateador europeo (Certhia brachydactyla) sin ningún problema asciende por el tronco de los árboles.
Trepador azul (Sitta europea) recurriendo a una de sus despensas en la grieta de este tronco.
Un nutrido bando de jilguero lúgano (Carduelis spinus).
Este bando,con machos y hembras, se alimenta en invierno de las semillas de los fresnos.
La especie estrella, el pico menor (Dendrocopos minor).
A parte de su tamaño, su píleo rojo y su dorso más manchado lo diferencian del resto de los picos.

martes, 16 de febrero de 2016

Montaña y ecosistema alpino

A los más montañeros les gustará conocer la gran variedad de especies que abundan por los escenarios de sus duras travesías. En ocasiones cuando estamos en una marcha, pensando en nuestras cosas, meditando o simplemente conversando con nuestro compañero, no atendemos a lo que ocurre a nuestro alrededor. Nos encanta disfrutar de un ecosistema único una maravilla pero que está librando una batalla silenciosa, ¿quieres sumergirte con nosotros para averiguar cuál? Adelante.

Montaña y ecosistema alpino, motivo de este artículo.

¡Bienvenido de nuevo! Seguro que has sido capaz de notar en tus travesías, en las rutas que preparas por la montaña o las serranías algunos de los principales efectos de los cambios altitudinales y si no es así, atento que es sencillo. Seguro que lo primero que notamos al subir es la necesidad de ponernos algo más de abrigo, quizás unos guantes, un gorro o una bufanda. Algunos necesitamos pronto una cantimplora de agua para combatir la fatiga. 

A los 900 metros de altitud la temperatura media puede encontrarse entre 12 y 16º C, lo cual esta bastante bien para nosotros, un poco de fresco, pero soportable. Por esas alturas, más o menos encontramos todavía algunas poblaciones donde el protagonista del 2016 todavía mantiene efectivos intentando soportar estas temperaturas medias anuales. Nos referimos al gorrión común. Los recursos en los ecosistemas rurales todavía son abundantes. O bien en cultivos pequeños y barbechos o incluso de los desperdicios generados por los habitantes.

Macho de gorrión común (Passer domesticus) en un pueblo de la Sierra de Madrid.

Por encima de esta altitud y llegando hasta los 1.700 metros la temperatura baja considerablemente hasta los 8º C de media anual. El frío empieza a ser considerable y nos encontramos con los pisos de vegetación que mejor empiezan a soportar las bajas temperaturas. Robledales como este dejan los caminos llenos de color "otoño".

Robledal de melojo (Quercus pyrenaica) primeros pisos.

Algunos córvidos prefieren no ascender mucho en altitud y acuden a las pocas tierras de labor y pastizales para ganado que quedan, para sacan provecho allí de los recursos que encuentran. A especies como la corneja negra se las puede ver en estos pisos o incluso en algunos más bajos. Casi siempre en parejas o grupos pequeños generando la mayoría de las veces disputas y regañinas por pequeños pedazos de alimento.

Corneja negra (Corvus corone) una vez alcanzados los 1.700 metros de altitud.

Las partes más altas ya comienzan a estar ocupados por bosques de coníferas y pinares. Según ascendemos encontramos especies más resistentes al frío, Por lo tanto es posible encontrarse con un piso intermedio de reducidas extensiones antes del pinar, bosques de haya. Hasta aquí se puede encontrar fácilmente alimento, pues roble y haya ofrecen unos frutos accesibles a casi todas las aves. Sin embargo, el pinar genera un fruto cerrado casi herméticamente a las que solo las que posean un pico más potente podrán hincarle el diente.

Pinares de pino albar (Pinus sylvetris) en el siguiente piso bioclimático.

Entre los troncos de los pinos tres aves pelean de forma competitiva por hacerse con un manjar, una gran reserva de proteínas, las larvas de xilófagos. Estos son artrópodos que se alimentan de la madera y cuyas larvas también comparten esta peculiar dieta. La ventaja es que estas larvas son relativamente fáciles de encontrar para este trío de aves. Nos referimos al críptico agateador común, al potente y colorido pico picapinos y al agradable trepador azul. En cada tronco de cada pino de estos bosques peculiares se puede ver subir escalando de forma acrobática a uno, al otro o incluso al tercero, a cualquiera de los tres.

Agateador europeo (Certhia brachydactyla) pasando casi desapercibido.
Pico picapinos (Dendrocopos major) intentando abrir una piña.
Macho de pico picapinos (Dendrocopos major)
Además de en los bosque más altitudinales, también se encuentra en frondosas menos elevadas.
Pico picapinos (Dendrocopos major) los colores rojos, negros y blancos le dan cierta belleza.
Trepador azul (Sitta europea) tras inspeccionar el hueco de un pino.

Las grande rapaces como el buitre leonado también se puede observar cuando el bosque clarea y deja espacio para ver el cielo. Sin embargo si miramos al suelo podemos encontrarnos dos aves tremendamente comunes, el carbonero común y el mirlo común. Ambas han colonizado gran parte de los ecosistemas arbolados sino todos, incluyendo los parques y jardines urbanos. (Ver "Nuestros desconocidos vecinos alados"). Aquí intentan hacerse con lo que puedan, lombrices, otros invertebrados, frutos de majuelos y zarzas, etc.

Buitre leonado (Gyps fulvus) fácil de ver y diferenciar por su cola redondeada y sus colores pardos
Pareja de carboneros comunes (Parus major) llamativos colores para este suelo tan marrón.
Las acículas del pino no permiten que crezcan las semillas de otras plantas, por lo que son una despensa perfecta.
Pareja de mirlo común (Turdus merula) dos machos inspeccionando el terreno blando.
Aquí pueden encontrar lombrices u otros invertebrados.

Una de las cosas que más me gusta, si me lo permitís, es ver los inquietos bandos de mitos de aquí para allá y de esa rama a esa otra, meneando sus largas colas que bien podrían ser las de unos ratoncillos. Sus discretos sonidos no pasan inadvertidos para nuestras curiosas miradas. ¡Me encantan! Un rato después, cuando empiezan a aparecer las primeras paredes de roca sale otra ave de cola inquieta, el más común de los inquilinos del roquedo, el colirrojo tizón

Mito común (Aegithalos caudatus) uno de los integrantes de estos grupos tan dinámicos.
Macho de colirrojo tizón (Poenicurus ochruros) sobre las rocas graniticas.

Aparecen ya pasados los 1.700 los auténticos cazadores del pinar. ¿Quiénes se os ocurre que pueden ser? ¿Algún felino? ¿Una rapaz? Sencillamente un par de especies, el reyezuelo sencillo y el reyezuelo listado. ¿Cazadores? Pero si apenas superan los 5 gramos. Pues sí, son unos auténticos cazadores de mosquitos y arañas que son tan pequeños que casi son invisibles para nosotros. 

Reyezuelo sencillo (Regulus regulus) marcado píleo colorido.
Reyezuelo listado (Rgulus ignicapilla) su píleo también tiene estos colores.
Distinguible por la línea blanca que le recorre todo el ojo (brida).

Al alcanzar las primeras cumbres, el bosque casi desaparece, dejando a la vista el hábitat del grandioso buitre negro. Elegante plumaje y potente vuelo para una rapaz muy amenazada, entre otras a causa del indiscriminado uso de venenos que de forma ilegal y no selectiva acaba con depredadores de todo tipo y tamaño. 

Preciosa estampa del cicleo de tres buitres negros (Aegypius monachus).
Buitre negro (Aegypius monachus) sobrevolando las fresnedas, su lugar de campeo.

Por último, las zonas más montanas, de nieves casi permanentes o al menos presentes, llegan las zonas por encima de 2.100 metros de altitud donde los pocos árboles se quedan ridículos a causa del viento, la temperatura media puede ser de menos de 4º C. Aquí las piñas son el principal objetivo de unos especialistas de hacerse con las semillas de su interior, el piquituerto común. La característica forma de su pico le permite colarse de forma ventajosa en esta competente lucha por los escasos recursos que la montaña y su bosque ofrecen. De los restos que quedan tras el paso de los piquituertos y rebuscando un poco más entre las piñas y sus brácteas se puede sacar provecho, y es lo que hacen carboneros garrapinos y herrerillos capuchinos las dos eternas aves de los bosques de coníferas.

Hembra de piquituerto común (Loxia curvirostra) con su característico pico.
Todavía alimenta a uno de los últimos pollos de la nidada de este año.
Aquí el susodicho juvenil de piquituerto común (Loxia curvirostra)
Carbonero garrapinos (Periparus ater) rebuscando entre las piñas caídas.
Herrerillo capuchino (Lophophanes cristatus) aprovechando las brácteas que caen tras el paso de los piquituertos.

Por último y casi en la cumbre más alta aparece el acentor alpino, sencillo de diferenciar por su base del pico amarilla, sus motas blancas en las coberteras y los flancos del vientre de color tostado.Sin duda es el que más complicado lo tiene. Pero ahí arriba se puede encontrar algo de alimento, por el suelo donde se hace con insectos o semillas o aprovecha las miguitas de los bocatas de los montañeros, un gesto muy entrañable y que nos acerca a este pequeño y misterioso habitante misterioso. 

Acentor alpino (Prunella collaris) en una de las cumbres de la Sierra Madrileña
Silueta del acentor alpino (Prunella collaris) en ocasiones las condiciones son muy duras a más de 2.000 m
Acentor alpino (Prunella collaris) junto a la nieve y la niebla que cubre las cumbres.

Como habréis observado, los recursos escasean y las temperaturas bajan, según ascendemos.Sin embargo la naturaleza despliega sus mejores versiones de adaptación para poco a poco abrirse camino entre los pisos bioclimáticos más elevados.  Realmente hay una lucha silenciosa y no violenta por hacerse con más y más recursos, ya que los pocos que hay, en ocasiones, son además poco nutritivos. Esto es lo que los ingleses llaman "The Wild Life".