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miércoles, 9 de septiembre de 2020

Estrecho de Gibraltar - Crónica

¡Hola de nuevo!

Después de mucho tiempo sin actualizar ni subir nada a este blog, hemos decidido retomar las crónicas de nuestro viajes y excursiones, las entradas de aves raras y la resolución de dudas para volver al maravilloso mundo de la divulgación de la fauna ibérica, pero sobre todo de las aves.

Y sin más vueltas queremos reavivar este blog con la última salida al campo. En esta ocasión os hablamos de la visita realizada al Estrecho de Gibraltar del 05 al 08 de septiembre dentro del programa de viajes y excursiones de SEO/BirdLife. Además de disfrutar del increíble paso de rapaces europeas hacia África desde los observatorios, visitamos las Marismas de Barbate, la Playa de los Lances, la Janda y tuvimos la suerte de hacer una salida en barco para la observación de aves pelágicas y cetáceos. 

Día 1. El atardecer de la migración

Después de un largo viaje de varias paradas de Madrid a Cádiz, llevamos a la Playa de los Lances, un lugar fantástico para observar aves limícolas y pequeños paseriformes en migración. Allí el viento de levante atrae a apasionados del surf, ya sea con vela o cometa, lo que supone una molestia para las aves en algunas partes de la playa. Mirando para el lado despejados de surferos, pudimos observar una gran cantidad de correlimos tridáctilos, chorlitejos grandes, y chorlitejos patinegros. Además garcetas y archibebes comunes andaban por las orillas mientras los águiles charranes patinegros, acumulados en la costa en una graciosa hilera, iban levantando el vuelo para buscar la cena mediante acrobáticos picados y zambullidas. Todo un espectáculo.

Alimoche (Neophron percnopterus) joven.

martes, 14 de junio de 2016

Un paraje natural de arena y plumas

En el término municipal de Tarifa, entre turistas y parapentes, se extiende un pequeño lugar incluido dentro del Parque Natural del Estrecho. Se trata del Paraje Natural de la playa de los Lances, un lugar importante a lo largo de todo el año, ya que durante el invierno se llena de limícolas que aprovechan al máximo los recursos que aportan las mareas y la propia arena. Al llegar la migración, este enclave sirve de sala de espera antes de cruzar el Estrecho, las limícolas aguardan a que llegue el momento oportuno en el que cruzar al continente vecino. Y finalmente si hablamos de la época reproductora, todas aquellas aves que prefirieron nuestra tierra a involucrarse en un largo y peligroso viaje, encuentran en los Lances una oportunidad para criar a las futuras generaciones. Así es el Paraje Natural de la playa de los Lances un lugar de arena y plumas.


Con más de 7 kilómetros de longitud, mi compañero y amigo Alfonso Carmona y yo, pudimos comprobar que esta playa deja suficiente espacio para que bañistas, turistas y aves compartan equitativamente la playa. Estas últimas se limitan a ocupar la zona de desembocadura del río Jara, que divide la playa en dos. En este rincón encuentran suficientes recursos, arrastrados por el río o la marea, como para que muchas decidan no migrar. 

Las aves aquí son principalmente acuáticas o marinas y las hay de una gran variedad de tonos y tamaños. Quizás una de las más grandes que se puede ver es el experto buceador, un ave de interior y también de la costa, el cormorán grande. Su tonalidad oscura cambia en la época de cría, cuando aparecen una serie de detalles en el plumaje de los individuos reproductores.

Cormorán grande (Phalacrocorax carbo) posado en un tocón arrastrado por el río.
Las disimuladas puntas blancas de las plumas de la cara son propias de individuos reproductores.
Su plumaje y la forma de sus patas están preparados para la pesca submarina, con el pico a modo de arpón.

De color blanco y con muchísima más elegancia que nuestro anterior compañero, la garceta común, se acicala el plumaje después del ejercicio que supone salir a pescar. A diferencia que el cormorán, nuestra ardeida, trata de capturar a sus presas desde la superficie, utilizando sus largas y delgadas patas para pasar desapercibida y su fuerte pico a modo de lanza para hacerse con los peces que quedan atrapados en las charcas cuando sube y baja la marea.

Garceta común (Egretta garzetta) durante la persecución, esta vez sin éxito.
A pesar de su constancia, el éxito de capturas es relativamente bajo, no es tan fácil como parece.
Garceta común (Egretta garzetta) persiguiendo los pequeños bancos de peces.
La perseverancia tiene su recompensa, y la garceta común pudo disfrutar de la suya.
Nosotros nos conformamos con admirar su plumaje y su elegancia en imágenes como esta.

No podían faltar en lugares como este aves completamente marinas como el charrán patinegro o las gaviotas, sobre todo reidoras y cabecinegras. Ambos comparten orilla a lo largo de la playa eviatndo molestarse mucho, aunque cuando se les ve juntos, crean una hermosa escena. Es curioso que el charrán patinegro, una especie principalmente de la costa, donde pasa gran parte del tiempo realizando espectaculares picados hacia el agua y capturando peces de superficie, sin embargo, ahora que están en la playa se les ve muy tranquilos. No parece que estos pilotos de vuelo acrobáticos tuvieran tiempo para relajarse.

Bando de charranes patinegros (Sterna sandvicensis) descansando tras un duro día de pesca.
Como ya hemos visto en otras salidas, esta especie es peculiar por su punta del pico amarilla.
Hermosa escena compuesta por varias especies compartiendo lugar en la playa.
Charranes patinegros (Sterna sandvicensis) y gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus).

Ahora llega el turno de las limícolas y una de las más grandes de los Lances es el chorlito gris, una especie con dimorfismo estacional, lo que quiere decir que presenta dos morfos o plumajes en función de la estación. En verano le salen las plumas nupciales, las que le servirán para cortejar a la hembra.  Obviamente están son muchísimo más espectaculares que las que presenta durante el invierno. A pesar de ello, es una especie fácil de distinguir, porque sea la época que sea, siempre presenta una mancha negra en cada axila, lo que la diferencia de otras especies.

Chorlito gris (Pluvialis squatarola) con plumaje invernal en la playa de los Lances.
En invierno es bastante más gregario y se junta en bandos que al volar enseñan sus manchas negras.

Aunque ya los conocéis muy bien gracias a la entrada del mes pasado "Los tres chorlitejos" estas pequeñas limícolas caminan y corretean por las arenas de los Lances. Es de los pocos lugares donde se puede ver al chorlitejo patinegro, al chorlitejo grande y al chorlitejo chico juntas en la misma playa. Es una buena forma de aprender sus diferencias que ya vimos el mes pasado.

Chorlitejo chico (Charadrius dubius) en la playa de los Lances.
Para saber más sobre esta especie haz clic aquí.
Chorlitejo grande (Charadrius hiaticula) en la playa de los Lances.
Para saber más sobre esta especie haz clic aquí.
Chorlitejo patinegro (Charadrius alexandrinus) en la playa de los Lances.
Para saber más sobre esta especie haz clic aquí.

Las siguientes limícolas, aunque son un poco más pequeñas, no pasan desapercibidas. De hecho es curioso la cantidad de correlimos tridáctilos que hay en la playa. Van poco a poco andando en pequeños grupitos mientras picotean el suelo. Es muy fácil reconocer su rastro, ya que las huellas dejadas van siempre acompañadas de miles de agujeritos que son sus picoteos en la arena. 

Tres correlimos tridáctios (Calidris alba) en una de las charcas que quedan tras bajar la marea.
Su nombre científico hace referencia a su aspecto pálido y claro, el que más de todos los correlimos.

Si uno espera hasta el atardecer, puede ver imágenes tan bonitas como esta en la que la luz del sol de poniente da un color cálido a las plumas de vuelo de nuestros correlimos.

Correlimos tridáctilos (Calidris alba) en vuelo en la orilla de la playa de los Lances.

Finalmente, una de las limícolas que puede pasar más desapercibida es el andarríos chico, que se pasea por la desembocadura del río, junto con algunas lavanderas boyeras, chorlitejos patinegros y correlimos tridáctilos que pueden llegar a llamar más nuestra atención. Este pequeño, es mucho más oscuro que las anteriores limícolas y muy habitual no solo en la costa sino también en el interior, en las orillas de ríos, embalses y lagunas.

Andarríos chico (Actitis hypoleucos) junto a la desembocadura del río Jara.
Su largo pico le permite llegar a capturar a los invertebrados enterrados en la arena.

En esta playa, donde aparentemente parece que todo marcha bien, existe un gran problema como en muchas otras playas de la costa española. El exceso de turistas y el descontrol de sus actividades llevan en ocasiones a degradar el hábitat de todas estas especies. El entorno está muy deteriorado, sobre todo la zona dunar, donde crían las aves. Las causas de este mal estado es el continuo paso de gente y el uso de estas dunas a modo de aparcamiento. A este problema se le suma el avance de las urbanizaciones y el vertido residuos asociado, así como las infraestructuras que impiden el buen desarrollo del sistema dunar, un ecosistema único de alto valor ecológico y esencial para la reproducción de aves como el chorlitejo patinegro entre otras. ¿Es este el aspecto que debería tener un espacio protegido bajo la categoría de Parque Natural o Paraje Natural?

Atardecer en el Paraje Natural de la playa de los Lances, en el Parque Natural del Estrecho.

martes, 5 de abril de 2016

La diversidad de la Costa da Morte III

Última entrada de una serie de tres capítulos que nos han llevado a las escarpadas y rocosas costas gallegas de poderosas olas y fuertes corrientes. En las anteriores visitas nos paseamos por la playa de Baldaio y las Islas Sisargas (Ver "La diversidad de la Costa da Morte I"), recorrimos la ensenada A Insua, visitamos la Laguna Traba y nos acercamos a ver las olas romper contra las rocas a dos de los cabos más famosos de esta costa, el Cabo Vilán y Touriñán (Ver "La diversidad de la Costa da Morte II"). En esta ocasión nos acercaremos a otra de las muchas lagunas costeras de Costa da Morte y a una playa llena de vida, desde donde desvelaremos qué habitantes ocupan estas tierras.

Estos son los únicos "bañistas" de uno de los lugares de los que vamos a hablar.

Playa de Carnota

Dentro de la comarca de Muros, se accede desde la población con la que comparte nombre, lugar donde se encuentra uno de los mayores hórreos más largos del mundo, el Hórreo de Carnota con casi 35 metros. Si hablamos de tamaños cabe destacar los 12 km de longitud (entre arena y rocas) de la playa de Carnota, distancia que aprovechan multitud de aves playeras para descansar en bandos invernales de cientos de individuos.

Situación de la playa de Carnota (nº 9) en la costa gallega.

Desde Carnota se puede acceder a la playa de forma cómoda por una carretera asfaltada y dependiendo de lo lleno de coches que esté, se puede dejar este en un pequeño aparcamiento justo en la playa. A partir de aquí nos tendremos que acercar a pie, lo que es un privilegio ya que hay unas pasarelas que facilitan el proceso. Desde aquí podremos observar algunas de las especies que se quedan separadas de la costa, sobre todo las ardeidas, la garza real y la garceta grande, dos o tres lavanderas blancas y algún que otro cormorán grande persiguiendo a los peces que se quedan atrapados al bajar la marea.

Garceta grande (Egretta alba) en una de las rocas de la playa de Carnota, en la zona inundada.

Si lo que queremos es acercarnos a la costa para ver algunas de las aves playeras, debemos salir de la pasarela por los lugares indicados y mantenernos a una distancia prudente para no ahuyentarlas. Con cuidado y tras unas rocas salientes se puede ver fácilmente algunas especies frecuentes en estos ecosistemas. Lo que mas abunda son limícolas, entre las que se encuentran zarapitos, agujas, correlimos, andarríos, ostreros, etc. También se pueden ver gaviotas y cormoranes estos últimos sobre las rocas de las playa.

Aguja colipinta (Limosa lapponica) entre todas las limícolas de la playa.
La tranquilidad de este lugar les da un respiro a estas aves y pueden descansar.
Siete chorlitos grises (Pluvialis squataroia) destacan por sus plumajes moteados.
En vuelo esta especie presenta una marca única, una mancha negra en cada axila.
Correlimos común (Calidris alpina) en primer término se ven pequeños al lado de los chorlitos.
Su plumaje oscuro los diferencia de los correlimos tridáctilos del fondo.
En época estival es más fácil diferenciarlos porque se les pone el vientre muy oscuro.
Gran grupo de correlimos tridáctilos (Calidris alba) al fondo se ven mucho más claros que el resto de especies.
Ostreros euroasiáticos (Haematopus ostralegus) en la orilla de la playa descanando.
Un grupo bastante nutrido, como de 20-30 ejemplares. 
Bando de zarapito real (Numenius arquata) durmiendo en la costa.
Hasta ahora son las limícolas de mayor tamaño que se encuentran en la playa.
Sus curvados picos son inconfundibles y delatadores, además asoman por encima del resto de limícolas.

Se trata de una playa dinámica, algún que otro bando de limícolas pasa cerca de la orilla en busca de un lugar en el que descansar. Algunos son fácilmente identificables desde la lejanía, es el caso del chorlito gris, que en vuelo deja al descubierto una mancha negra en las axilas. Tras varias pasadas teminan por aterrizar en la arena. Sin embargo otras aves, como las marinas, no comparten mencionados hábitos, sino que descansan o acicalan sus plumas en los salientes rocosos que hay en la playa. Es bastante común observar allí a cormoranes o gaviotas en estos posaderos rocosos que acaban volviéndose blancos por la acumulación de excrementos.

Gaviota patiamarilla (Larus michahellis) sobre las rocas.
Se trata de una de las gaviotas más abundantes y extendidas en nuestro país.
Varias especies de cormoranes, cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis) y cormorán grande (Phalacrocorax carbo).
El moñudo  es más pequeño y no posee la mancha blanca en el pico. En la imagen hay dos, ¿sabes cuales?
Los cormoranes grandes no tienen las plumas de la frente levantadas a modo de mini-cresta.

Laguna de Louro

Al sur de la playa de Carnota se extiende una pequeña península que va desde Lira hasta Louro y su faro por el oeste y hasta Muros por el este. En Louro, se puede acceder por carretera a esta laguna interior separada del mar por una gran duna de arena.

Laguna de Louro (nº 10) al sur de la playa de Carnota (nº 9)

Si se sale desde Carnota en dirección Louro, se puede ir haciendo paradas a ver la diversidad de aves que esconden los pequeños bosquecillos que se forman a la entrada de algunas poblaciones. Allí las aves más comunes como estorninos y jilgueros se pueden observar fácilmente en los alrededores de casas y huertas. Durante nuestro paseo por una agradable y típica aldea gallega pudimos ver también un nutrido bando mixto de jilgueros lúganos aprovechando los frutos del Platanus hispanica. Aunque estos no fueron los únicos habitantes alados, la diversidad nos sorprendió bastante.

Cistícola buitrón (Cisticola juncidis) sobre una ramita de un árbol seco.
Este pequeño pajarillo evidencia su presencia con un repetitivo sonido muy caracteristico.
En vuelo emite un "tsip" que delata su presencia.
Macho de colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) sobre una roca.
Es mu fácil detectar a esta especie sobre las rocas, le encanta situarse ahí mientras rebota su roja cola.
Para saber más sobre la especie haz clic en: Colirrojo tizón
Grupo de estorninos negros (Strunus unicolor) sobre el tejado de una casa en una de las poblaciones.
Es una especie gregaria y no es raro ver volando grupos enormes que en ocasiones parecen nubes de aves.
Jilguero europeo (Carduelis carduelis) otra especie gregaria pero con grupos más pequeños que los anteriores.
Sus colores alegran los campos ahora que no ha llegado la primavera más floral.
Hembra de jilguero lúgano (Carduelis spinus) alimentándose de los frutos de Platanus hispanica.
La hembra se puede confundir con los verdecillos, por sus colores verdes apagados y amarillos.
El macho es algo más reconocible, pues posee un píleo muy negro una caractérisitica única de la especie.
Reyezuelo listado (Regulus ignicapilla) entre las retamas de la cercanía a una población gallega.
Entre otras cosas, desataca su ceja blanca que se ve muy bien independientemente de los escondido que se encuentra.

Aquí se concentran a descansar un buen número de aves durante sus pasos migratorios. Las especies que aquí paran a descansar suelen ser anátidas y otro tipo de acuáticas. Desde la orilla, poco preparada para la observación de aves, se puede ver garzas reales, anátidas, zampullínes y unas cuantas especies más. Lo cierto es que lo apartada y escondida que está le da un toque de misterio.


Grupo de zampullín común (Tachybaptus ruficollis) jugueteando en el agua.
Si se juntan varios zampullines se les puede ver juguetear, bucear, saltar, nadar, etc
Espátula común (Platalea leucorodia) en la laguna de Louro.
Es una de las sorpresas que puede ofrecer la laguna, auqnue también la variedad de especies.
Garza real (Ardea cinerea).
Varias garzas se extendían por toda la laguna, algunas en la orilla donde podían pescar más resguardadas.
A este ejemplar le gustó mucho posar para nosotros y se paseaba de aquí para allá.
Pareja de cerceta común (Anas crecca) algo escondidas, fue sorpresa dar cone ellas.
Si se emplean unos minutos para chequear la laguna se pueden dar con algunas aves escondidas por las orillas.
Grupo de ánades frisos (Anas strepera) bastante distraídos en el fondo de la laguna.

Con algo de melancolía despedimos esta tierra de hórreos, este lugar de humedad que trae vida a sus paisajes. En este pequeño y último tramo del viaje hemos podido contemplar y disfrutar de la diversidad de sus playas, sus rocosas costas, sus ricos humedales y sus bosques llenos de vida. No es una comarca que pasar por alto, merece la pena hacer una parada en estos lugares, no solo en estos últimos, también en los mencionados en las entradas anteriores:

-.Playa de Badaio.- 
-.Islas Sisargas.- 
-.Ensenada A Insua.- 
-.Laguna Traba.- 
-.Cabo Vilán.- 
-.Cabo Touriñán.- 
-.Playa de Carnota.- 
-.Laguna de Louro.- 


"¡Hasta pronto Galicia!"