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jueves, 9 de noviembre de 2023

Alto Tajo

¡Hola pechiazules!

Esta vez os cuento nuestra visita al Alto Tajo, uno de los espacios protegidos más grandes de la Península. En su inmensidad, los cañones, hoces, bosques infinitos y parameras, crean un mágico y hermoso lugar de gran riqueza y biodiversidad. Evidentemente no pudimos visitar el total del parque, pero sí algunos de sus rincones más valiosos. Fue un fantástico día de otoño, con muy buenas observaciones de aves aunque algunas se nos quedaron para otra visita. Os lo cuento todo más abajo. ¡Empezamos!

Buitre leonado (Gyps fulvus)

jueves, 2 de noviembre de 2023

Calera y Chozas y Emblase de Rosarito

Hola de nuevo.

Este año queríamos estrenar el mes de noviembre con una visita a las llanuras y estepas de Calera y Chozas en busca de aves como la avutarda, el sisón o la ganga ortega y, como ya es costumbre, solemos acompañar esta visita con un recorrido por el embalse de Rosarito, una forma de dar la bienvenida a las grullas en su vuelta a la Península. Con el tiempo como loco, logramos sacarle jugo al día con casi 70 especies de aves. A pesar de que en un principio dieran lluvia, el día se portó y logramos cumplir casi todos nuestros objetivos. Solo nos quedó localizar a las avutardas, que esta vez no pudo ser. Os cuento qué pasó y todo lo que vimos en esta crónica toledana.

Pareja de águila imperial ibérica (Aquila adalberti) damero izquierda, adulto derecha.

sábado, 21 de octubre de 2023

Submeseta sur toledana

Hola de nuevo.

Una semana más continuamos con nuestras excursiones por la geografía española. En esta ocasión viajamos a la parte norte de la provincia de Toledo, la submeseta sur toledana. Allí recorrimos estepas y lagunas, descubriendo la riqueza de este paraje y viviendo una naturaleza muy salvaje, con fantásticos encuentros y aves únicas. Disfrutamos de la ventana de buen tiempo que nos dejaron los temporales y vimos llenarse de agua zonas que hacía años que no tenían tanta agua. Os cuento más detalles en la crónica del viaje. ¡Vamos allá!

Grupo de flamenco común (Phoenicurus roseus) al fondo. En primer término observatorio de la laguna.

martes, 19 de diciembre de 2017

Villafáfila, un mundo apasionante

De vuelta a este peculiar mundo lleno de picos, plumas y bandadas, esta vez os voy a mostrar nuestras andaduras en una excursión que guiamos con SEO/BirdLife por uno de los mejores lugares en los que observar un evento que, por estas fechas, tiene lugar al norte de Castilla y León, la invernada de los ánsares.

Observatorio en la Reserva Natural de Villafáfila
Observatorio en la Reserva Natural de Villafáfila

martes, 13 de septiembre de 2016

La vega del Tajo

El río más largo de la Península Ibérica serpentea por todo su recorrido, desde que nace en Teruel hasta que desemboca en el Atlántico en la costa lisboeta. En su paso por nuestro territorio, hace un descanso en una pequeña región entre Toledo y Talavera de la Reina. Allí la flora y la fauna se abre paso entre extensos campos de cultivo de secano sin necesidad de una figura de protección.


Un simple paseo por las orillas de este río y es posible sentir colores, olores y sonidos que delatan la vida que se nutre de sus aguas. Miles de invertebrados, macrófitos y vegetación palustre, así como el bosque de galería, que aun reducido, sigue ofreciendo refugio a varias especies, entre ellas de aves.

De entre todas las que pueden observarse, destaca mucho la presencia de milano negro y milano real, sobretodo en la época primaveral y estival. Estos extensos campos entorno al río atraen a muchas de las presas de este tipo de rapaces, entre las que también se puede encontrar el aguilucho lagunero occidental.

Milano negro (Milvus migrans) adulto sobrevolando los campos.
Entre milanos la diferencia radica, entre otras en el dibujo de la cara y la forma de la cola.
Un ave que está continuamente en alerta para evitar depredadores tanto o más voraces que los anteriores es la perdiz roja. A parte de ser un ave cinegética, la perdiz forma parte de la dieta de algunos depredadores de nuestra fauna. Sin embargo, no podemos evitar sentirnos atraídos por sus movimientos elegantes y tímidos, aunque cuando llega el atardecer, se relajan mucho más y se las puede ver descansando en lugares como este, donde aprovechan el calor de que las tejas han acumulado durante las horas de sol.

Perdiz roja (Alectoris rufa) adulto descansando.
La disposición de su plumaje es tan conocida como su reclamo, fácil de escuchar por la vega del Tajo.
En la orilla del río, sobre los árboles más grandes que se pueden encontrar, construye su nido un ave migratoria que, al llegar septiembre, abandona estos terrenos regados por el Tajo para alcanzar el continente africano. Nos referimos a la cigüeña blanca, más típica de campanarios y edificios históricos. Una maravillosa especie fiel a sus nidos a los que cada año va añadiendo palos.

Cigüeña blanca (Ciconia ciconia) adulto en el nido colocando material.
Estas grandes plataformas suelen ser bastante estables, aunque pesadas y vulnerables frente a los fuertes vientos.
Cigüeña blanca (Ciconia ciconia) adulto en vuelo.
Durante su viaje se pueden llegar a juntar más de 10.000 cigüeñas para migrar en bandos.
Es un lugar lleno de aláudidos, por su paisaje y características que hacen propicia la nidificación de estos paseriformes. Entre las especies más sencillas de identificar, se encuentra la cogujada común, aunque la que más me gusta escuchar es la alondra totovía con su "tlu-i, tlu-i, tlu-i..." descendente e inconfundible que se hace oír desde lejos.

Alondra totovía (Lullula arbórea) adulto en un cable.
Cuando no está cantando se ve su peculiar diseño, con unas cejas claras y oscuras.
Otro grupo de aves que abundan en la ribera son el grupo de las golondrinas y los aviones, conocidos como hirundíneos. De esta familia se ven muchas golondrinas comunes y golondrinas dáuricas, así como saludables colonias de avión común. Estas aves se alimentan en los campos y orillas que rodean al Tajo, donde abundan los insectos voladores de los que se alimentan y donde pueden encontrar el barro con el que construyen sus nidos. Aunque seguro que les cuesta dormir mucho más con este vecino de colores oscuros y cola rojiza que no para de cantar en todo el día, incluso alguna vez se les oye de madrugada.

Macho de colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) adulto cantando desde un tejado.
Aunque es un ave típica de medios rocosos, ha encontrado un hueco en pueblos y alrededores de las ciudades.
Avión común (Delichon umbricum) adulto asomando por la abertura del nido.
Se pueden ver pequeños grupos de aviones comunes recoger barro en los charcos de la vega del Tajo. 
Golondrina dáurica (Hirundo daurica) adulto descansando en un cable.
Con un obispillo claro y un diseño facial diferente al de sus parientes, la dáurica es única.
La influencia del río se puede presenciar desde que se comienza a pasear por sus alrededores. Continuamente pasan agradables bandos de abejarucos europeos para aprovechar el abundante número de abejas, abejorros y otros invertebrados que en primavera sobrevuelan los floridos campos que riega el Tajo. Además, los taludes de las orillas de este río son un lugar ideal para nuestros coloridos abejarucos, que escavan largos túneles donde criarán a sus futuros compañeros de viaje.

Abejaruco europeo (Merops apiaster) adulto descansando junto a la colonia.
Las perchas como esta son necesarias cerca de los nidos y suelen llenarse cuando la primavera avanza.
Entre los vecinos de los abejarucos se encuentra la lavandera boyera, que no pierde la oportunidad de salirse del curso del río, donde suele verse, para atrapar mariposas en los caminos por los que avanzo. Algo más colorida que su pariente la lavandera blanca, la boyera muestra unos colores amarillos y un singular dibujo en forma de antifaz con un borde claro por encima del ojo.

Lavandera boyera (Motacilla flava) adulto en un arbusto seco.
Se mueve mucho por los cultivos de regadío de la vega del Tajo en su paso por Toledo.
El pasillo de vegetación que se crea entre estos cultivos, o las fincas de labranza, se nutre del agua del Tajo y atrae a una enorme diversidad de aves propias de estas zonas con algo más de vegetación leñosa.

Entre los beneficiarios de la superficie arbolada se encuentra un grupo de aves famosas por su voracidad y su instinto depredador, los alcaudones. Para ser concretos, el alcaudón común y el alcaudón real son los que encuentran en esta vega la oportunidad alimenticia y los requisitos de nidificación para poder residir en el territorio.

Aún así han de estar pendientes, porque por los alrededores suele ser muy común encontrarse con astutos bandos de grajillas occidentales que no dejan pasar una oportunidad de robar alimento que tanto les a costado atrapar a sus vecinos.

Alcaudón común (Lanius senator) adulto posado en una rama.
Desde este tipo de posaderos, el alcaudón es capaz de detectar invertebrados y otras presas.
Alcaudón real (Lanius meridionalis) adulto  descansando en una rama.
Aunque de aspecto parecido, los colores del alcaudón real difieren bastante del común.
Grajilla occidental (Corvus monedula) adulto en la cercanía del nido.
De ojos claros y tonalidades grises en la nuca, esta oportunista es pariente de los cuervos.
Por último, no puedo olvidarme de los colores de los fringílidos, que hacen bastante agradable el paseo por esta pequeña comarca. Los cantos y colores del serín verdecillo desde cualquier rama alta en la copa de los árboles, los verdes y amarillos del verderón común, los rojos, negros y amarillos detalles del plumaje de los cardelinos o jilgueros europeos y los llamativos pechos de color rojo de los tímidos pardillos. Una variedad de tonalidades que mezcladas con las amapolas, las lavandas y las flores de los cardos, recuerdan la estación que le da vida al lugar.

Jilguero europeo (Carduelis carduelis) adulto comiendo los brotes tiernos de esta rama.
Los adultos y los jóvenes se diferencian muy bien, pues solo los primero tienen la cara de color rojo.
Serín verdecillo (Serinus serinus) adulto cantando desde la copa de un árbol.
El sonido del verdecillo "triliiit", en busca de pareja, resuena durante toda la primavera.
Macho de verderón común (Chloris chloris) adulto sobre una rama.
Aunque no es tan ruidoso como el verdecillo, también se le oye reclamar su territorio.
Y hablando de cantos... ¡Casi lo olvido! La especie por excelencia de los campos, el escribano triguero, cuyo canto se escucha desde lejos y del que muchos dicen que recuerda a una canica cayendo. 

Escribano triguero (Emberiza calandra) adulto tras llevar material al nido.
Durante el momento previo a la puesta, ambos sexos contribuyen en la construcción del nido.
Este ave no pertenece a la familia de los fringílidos, sino que es parte de otra familia diferente, lo que muestra que este sitio es un pequeño baúl donde se guardan tesoros como los que hemos visto y otros muchos más. Otras muchas aves como garzas, garcillas, vencejos, carboneros, herrerillos, gorriones, ánades, y así hasta llegar a las 48 especies, también han encontrado este paraje que ofrece tantas oportunidades gracias a su estrecha relación con el río, que tanto cuidado se merece.


 Ver lista completa

Pincha en la imagen para ver la lista 
completa de las 48 especies observadas 
en la vega del Tajo:


martes, 22 de diciembre de 2015

Buscando al pinzón real por el Pardo

Motivado el relato de un pajarero que confirmaba la invernada de este pequeño figílido en el Pardo, me decidí a buscarlo durante una mañana de la semana pasada. ¿Por qué ahora? Sencillo, este pariente del abundante pinzón vulgar, únicamente visita nuestro territorio durante el invierno. Su invernada se extiende por toda la Península pero de forma poco abundante a excepción de varios puntos en Galicia y Castilla y León. De ahí que intentar ir a buscarlo al Pardo sea una tarea complicada.

Hembra de pinzón real (Fringilla montifringilla) Imagen dibujo digital
Hembra de pinzón real (Fringilla montifringilla). Imagen digital.
Esta es el aspecto físico de una hembra de pinzón real. Son ellas las que migran más al sur, los macho no lo hacen tanto, es por eso que es más probable ver a la hembra durante el invierno que al macho, aunque hay citas de machos jóvenes en el sur de la Comunidad de Madrid. Bueno, una vez conocéis un poco a la especie, vamos a recorrer juntos este viaje a ver si lo vemos.

Empecé recorriendo varios kilómetros en paralelo al río Manzanares por la zona de Mingorrubio, dentro del Pardo. El bosque de ribera, hábitat preferente de nuestro protagonista, decora todo el margen del río, como debería ser. Allí me voy fijando en cada una de las sombras que se mueven en grupo entre las ramas a ver si alguna es este visitante invernal.

Antes de entrar, varias grajillas occidentales revolotean por mi alrededor gritando y peleándose unas con otras. Bandos volando, otras por el suelo rebuscando algún alimento, ya que ahora en invierno este escasea, y otras tantas en los árboles descansando y arrancado la corteza de algunos árboles. Muy dinámica y gritona esta especie de córvido.

El ruidoso bando de grajillas occidentales (Corvus monedula) se concentra en árboles como este.
En invierno la especie pasa la noche en dormideros monoespecíficos donde se pueden llegar a untar cientos de aves.
Una pareja de grajillas occidentales (Corvus monedula) sacan provecho de la corteza de este árbol.
En invierno los recursos son muy limitados, sin embargo los córvidos son astutos en este aspecto.
Primer plano de una grajilla occidental (Corvus monedula).
Se aprecia su iris claro que contrasta con el negro de sus plumas.
Entre tanto y saliendo desde una zarza un pequeño pajarillo se presenta ante mi luciendo una hermosa pechera roja, se trata del atrevido petirrojo europeo. Pocas especies pasan solas el invierno y evitan juntarse con otros miembros de su especie, entre ellas se encuentra este solitario habitante del bosque de ribera.

Petirrojo europeo (Erithacus rubecula) pequeño pero llamativo.
Inconfundible con su pechera de color rojo anaranjado
Primer plano de petirrojo europeo (Erithacus rubecula)
Entre las ramas secas de los árboles se identifica muy bien gracias a su llamativa mancha.
Durante el resto de la jornada lo pude seguir viendo por el camino, saliendo de entre los arbustos o posándose en alguna ramita seca de los fresnos de la ribera, a veces con la ayuda de mis prismáticos y otras sin ellos gracias a la confianza que muestran, a veces se llegan a aproximar mucho hasta donde estaba.

Una especie que tampoco pasa desapercibida, es la paloma torcaz. A ella no le pasa como al petirrojo, no son sus colores o su confianza la que la hacen destacar, sino su abundancia. Enormes cantidades de esta paloma se extienden a lo largo de toda la ruta, la inmensa mayoría en bandos grandes, otras pequeños, algunas en solitario, y pocas en parejas. El collar blanco que presentan los adultos las diferencian del resto de miembros de la familia de las palomas (columbidae).

Bando de paloma torcaz (Columba palumbus) descansando sobre un fresno.
Normalmente se ve en pequeños bandos, pero en invierno estos son mucho mayores.
Otro bando de paloma torcaz (Columba palumbus) se alimenta en una zona degradada.
Su gran tamaño y su diagnóstico collar blanco las hacen inconfundibles.
Entre tanta especie habitual no podía faltar la urraca común que he conseguido percibir la elevada densidad que tiene en el ecosistema de encinas adehesadas del pardo. Es un fenómeno que ya me habían comentado en otros lugares de la península. Aquí se las escuchaba de lado a lado gritando y volando sigilosamente como si algo maligno estuvieran tramando. A pesar de ello son muy bonitas con sus colores blanco y negro, adornados con reflejos verdes azulados.

Urraca común (Pica pica) rebuscando alimento al pie de una encina.
Otras especies comunes pasaban a mi alrededor, o se les escuchaba en la cercanía. Aves cantoras tan reconocibles como el carbonero común con su "chip, chip, pan", el estornino negro y sus cantos de imitación o el mirlo común con su característico sonido aflautado. De este último se pueden ver machos y hembras volando por todos lados en el denso bosque de ribera que acompaña al Manzanares.

Macho de mirlo común (Turdus merula) llamativo pico naranja y oscuro plumaje negro.
Hembra de mirlo común (Turdus merula) menos llamativa, y más parda que negra.
Es precioso caminar con sus cantos a modo de banda sonora, hacen agradable este paseo aventurero en busca del pinzón real, no nos olvidemos de él, que hay que encontrarlo todavía. Queda mucho camino por delante y otra ave cantora delata su presencia con su más que reconocible canto, este es más melódico y que sigue una estrofa muy clara. Se trata del casi invisible y escurridizo cetia ruiseñor, que normalmente se esconde entre la vegetación para pasar visualmente desapercibido pero su canto le delata. Es por eso que a veces es complicado fotografiarlo, pero... ¡¡Aquí está!!

Cetia ruiseñor (Cettia cetti) sale de entre las ramitas de la orilla.
Esta especie está muy asociada a ecosistemas acuáticos y de ribera como este.
Justo al otro lado de donde se encuentra el cetia ruiseñor, un pequeño mosquitero común levanta constantemente el vuelo, va de rama en rama, saltando rápidamente, sin apenas deternse y haciendo casi imposible fotografiarlo quieto.

Mosquitero común (Phylloscopus collybita) entre las ramas y hojas secas de algunos arbustos.
Es una especie insectívora, por lo que cerca de las zonas húmedas encuentra mayor alimento.
Otro vecino de nuestro cantarín amigo por estos ecosistemas es el diminuto chochín común, que apenas llega a los 10 cm de longitud, Aunque esta no es la más pequeña de nuestras aves es muy entrañable ver al chochín revolotear entre las ramas y las zarzas. Se trata de un pajarillo pardo sin colores llamativos, pero si destaca su cola constantemente levantada, tal y como muestra la siguiente imagen.

Chochín común (Troglodytes troglodytes) junto a una zarza en la ribera.
La ceja clara destaca mucho en su plumaje pardo, es bastante forestal, sobre todo de zonas húmedas.
Lo cierto es que el escenario no puede ser mejor, las hojas de los árboles siguen cayéndose, un frescor húmedo envuelve el ambiente y cantidad de sonidos llaman mi atención, urracas gritando, bandos de grajillas pasando, el aleteo de las torcaces al despegar y entre tanto el tamborilear de un pico picapinos. Se trata de un macho, ya que presenta una mancha roja en la nuca, que va poco a poco comprobando las ramas sin hojas de los árboles, en busca de las larvas de algunos insectos.

Macho de pico picapinos (Dendrocopos major) en un escenario excepcional.
Esta imagen no he querido aumentarla para poder apreciar la belleza del momento.
Casi se me olvidaba contaros la cantidad de bandos de gaviotas que pasan en dirección sur en formación de migración. La mayoría de ellas serán gaviotas reidoras y sombrías. Ambas tienes una fuerte representación durante el invierno en la Comunidad de Madrid. La dirección de su viaje está relacionada con su destino, ellas pasan la noche en los embalses de la Sierra de Madrid, que para ellas son más seguros, mientras que al amanecer ponen rumbo a los vertederos del sur de Madrid, donde encuentran suficiente "alimento" como para pasar el invierno.

Siete gaviotas de un bando mayor vuelan hacia el sur tras el amanecer.
Durante toda la mañana se pueden seguir viendo formaciones en "V" de varios individuos.
Siguiendo por la ruta que puede que nos lleve hasta el pinzón real, el camino sigue paralelo al manzanares, aunque de vez en cuando una pequeña senda se vuelve perpendicular y baja hasta la orilla. Con mucho sigilo me acerco y planto el trípode para observar algunas especies que chapotean en el agua. Entre ellas hay un grupo reducido de varios machos y hembras de ánade azulón, aunque el verdadero alboroto lo causan los zampullines comunes y las gallinetas comunes, estos primeros porque salen "corriendo" por la superficie del agua mientras mueven sus cortas y modificadas patitas, mientras que las gallinetas lo hacen con sus reclamos esporádicos y característicos .

Dos machos y una hembra de ánade azulón (Anas platyrhynchos) en el Manzanares.
Se trata de una especie muy extendida.
Zampullín común (Tachybaptus ruficollis) nada con tranquilidad por el Manzanares.
El zampullín muda sus plumas en invierno, pero hay ejemplares que mantienen su plumaje reproductor.
Ya creo que hemos encontrado al pinzón real, pues de entre los árboles veo como se remueven un pequeño grupo de pajarillos, pueden ser pinzones vulgares, una especie con la que se suele juntar su primo real. Saco mis prismáticos y recorro todo el árbol en busca de algún pinzón intruso dentro de este pequeño grupo. Pero no hay ninguno, todo son pinzones vulgares, machos y hembras. Habrá que seguir caminando a ver si la perseverancia hace su efecto.

Macho de pinzón vulgar (Fringillia coelebs) con sus colores más llamativos.
Las hembras son de un color pardo claro, más similares al pinzón real.
Siguiendo con la visita al Pardo, me encuentro con un atrevido carbonero garrapinos que no duda en acercarse más de lo necesario para picotear las semillas de los fresnos. Un revoloteo para allá y se pone bocabajo para acceder a dicho alimento. En ocasiones parece un pequeño trapecista moviéndose de un lado para otro sin miedo alguno. Aunque es más frecuente verlo en bosques de coníferas, parece encajar perfectamente en este paraje.

Carbonero garrapinos (Periparus ater) colgado del revés para acceder a las semillas del fresno.
Esta otoñal estampa es muy típica de los bosques, donde abundan los frutos que le gustan al garrapinos.
Justo por detrás de garrapinos, el agateador europeo entra en escena. Parece una bola redonda subiendo por el tronco de los árboles. Sube rápido y de vez en cuando se para a buscar entre los huecos que quedan en la corteza de los árboles. Él también se alimenta de los invertebrados de los árboles.

Agateador europeo (Certhia brachydactyla) buen escalador, la disposición de sus patas se lo permite.
Además cuenta con la ayuda de su cola, la cual le sirve de apoyo mientras sube o baja.
¡¡Ahora sí!! Tiene que ser ahora, justo entre esos matorrales donde he visto moverse a un grupillo de pájaros, tienen que ser pinzones vulgares con alguno real. ¡¡Ah!! Pues no, pero mi sorpresa es bastante grata cuando descubro que realmente se trata de gorriones molineros alimentándose entre los arbustos. Un gran bando invernal bastante nutrido pero muy tímido que poco a poco se va alejando, por suerte pude realizar algunas fotos y sobre todo un pequeño vídeo de escasos segundos.

Tres gorriones molineros (Passer montanus) se alimentan en a la vera del camino.
Destaca de esta especie la marcada mancha oscura de la mejilla sobre el fondo blanco.

Se me estaba complicando encontrar al dichoso pinzón real. Está claro que su invernada, excepto en el norte de la Península, es débil y creo que estaba comprobándolo con mis propia experiencia. Para aumentar mis posibilidades decido cambiar de margen del río y me dirijo hasta un puente para cruzar. ¿Qué hay de diferente entre un lado y el otro? Donde me encontraba abundaba la vegetación de ribera y el resto estaba bastante humanizado, sin embargo el otro lado, el bosque de galería lindaba con las dehesas de encinas, un cambio que puede tener o no sus consecuencias. Veremos que ocurre.

Para empezar empezaron a aparecer varias especies que no me había encontrado en el otro lado, como escribanos trigueros, algún pequeño bando de alondras comunes alimentándose en el pastizal adehesado, un fugaz alcaudón real al que conseguí pillar a duras penas o incluso unos juguetones mitos, saltando y piando de lado a lado sin darme un segundo para poder fotografiarlos. Lo cierto es que parecía que la otra orilla me deparaba nuevas sorpresas, no había tomado una mala decisión.

Alcaudón real (Lanius meridionalis) foto meramente testimonial.
Una pena no haberle pillado bien.
Al que si le pille pero bien es al zorzal común, una especie muy común de estos parajes semi-forestales y medio abiertos, como el alcaudón común. Ambos no tienen nada que ver, ya que el zorzal está emparentado con los mirlos. Su pecho moteado es característico y lo luce durante todo el año, gracias a él podéis identificarlo con una simple pasada de prismáticos. Lo complicado es toparse con ellos pues son bastante misteriosos y huidizos.

Zorzal común (Turdus philomelos) con su precioso pecho moteado.
Las bayas que el bosque ofrece en otoño e invierno son un manjar para este gran pájaro.
El camino continua paralelo al río Manzanares, entre la valla que limita el monte del pardo (privado) y el bosque de ribera que alberga a toda esta fauna alada que estamos viendo. Sin embargo, no todos son bienvenidos. La cercanía a un núcleo de población ha provocado el auge de la cotorra argentina, paseándose ruidosamente por el pardo. Esta especie exótica e invasora está empezando a ser un problema en muchas ciudades de nuestro país. (Si quieres saber más sobre esta problemática haz clic aquí)

Cotorra argentina (Myiopsitta monanchus) apoyada sobre la valla del Pardo.
Esta especie se ha extendido bastante en las últimas décadas.
Y estaba tan distraído con la cotorra que no me di casi ni cuenta de que llevaban un rato varios pinzones vulgares jugueteando por unos árboles que se encontraban un poco más lejos. Me fijo mejor y veo que entre ellos hay uno más clarito. Cojo mis prismáticos y.... Vaya es una hembra de pinzón vulgar, se  confunden un poco porque ambos son mas claros que el macho de pinzón vulgar, pero... Resulta que sí, esta vez si que sí aparece un pinzón real y se posa en la rama en la que hacía unos segundos había estado la hembra de vulgar. ¡¡Qué suerte!!

Hembra de pinzón real (Fringillia montifingillia) pecho amarillento y alas oscuras.
Como hemos explicado antes, son las hembras las que más al sur migran y esta se encontraba entre varios pinzones vulgares, tanto machos como hembras. Un bando muy mixto.
Entre tanto puedo disfrutar unos minutos más de este visitante invernal hasta que en su pequeño bando se van alejando. Unos segundos de confort y en seguida aparecen un grande de nuestra fauna, el buitre negro. Sus potentes alas se dejan ver desde abajo, esta vez va acompañado de otro buitre, también negro, me gustaría saber a donde van, pero el misterio me hace admirar mucho más esta especie. Juzgad vosotros mismos.

Buitre negro (Aegypius monachus) en un planeo de reconocimiento.
Lo cierto es que las rapaces también tienen otro representante de los encinares adehesados. El busardo ratonero no tarda en dejarse ver posado, como no, en un poste que usa a modo de atalaya desde donde puede abalanzarse en cuanto detecte a una presa. Normalmente estas son pequeños mamíferos y en ocasiones aves.

Busardo ratonero (Buteo buteo) posado en un poste con un ala abierta.
También se le puede ver cerca de las carreteras, posado en postes telefónicos.
Lo cierto es que este ecosistema alberga sorpresas de todos los tamaños y colores, por eso tras ver como el busardo desaparece entre las centenarias encinas continuo mi camino hasta encontrarme con el pequeño pero colorido herrerillo común. Es otra especie que está sacando partido de las semillas de los fresnos y es que ahora en invierno hay que intentar engordar, ponerse fondón y aumentar la grasa corporal para poder sobrevivir durante esta estación tan hostil.

Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) aprovechándose de las semillas de los fresnos.
Mi camino ya es de vuelta y solo me queda disfrutar una vez más de este lugar, que además de otoñal, también es agradable y relajante. Os recomiendo dar un paseo por el entorno, donde podréis incluso ver a otro córvido, el rabilargo ibérico, una de mis aves favoritas, principalmente por sus colores, que aunque no son muy llamativos si que me parece una combinación excelente.

Pareja de rabilargos ibéricos (Cyanopica cookii), auqque suelen ir en grupos.
Aunque en la imagen no se aprecie, en las alas y la cola presenta unos colores azules.
Finalmente encontramos al pinzón real, aunque un poco ajustados pero conseguimos dar con él en el Pardo, en la zona de Mingorrubio. Os invito a que si nunca habéis visto a esta especie del norte de Europa os acerquéis al pardo que está a media hora de Madrid y que disfrutéis de sus encantos y ya de paso intentéis buscar vosotros vuestro pinzón real. Espero que os hayan gustado fotografías, vídeos y anécdotas.