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martes, 17 de octubre de 2017

Santillana y Pedrezuela, embalses para ver aves

La semana pasada después de mucho tiempo sin pasarnos por el Parque Regional de la Cuenca Alta de Manzanares, decidimos acercarnos a pasar el día en el entorno de dos embalses únicos, Santillana y Pedrezuela. Para nuestra sorpresa y a pesar de las altas temperaturas de estos días, a primera hora de la mañana pasamos bastante frío.

La naturaleza en este entorno vive a otro ritmo. Mientras algunos árboles empiezan a amarillear sus trajes otoñales, otros dejan caer delicadamente sus hojas que, hace meses, daban otro aspecto al bosque. Los rosales, los majuelos, los saúcos y otras especies vegetales comienzan a adornarse de frutos rojos, anaranjados e incluso morados que atraerán a unos hambrientos viajeros venidos del viejo continente, las aves migratorias.

Nuestra primera parada, el Embalse de Pedrezuela, también llamado de Guadalix pues represa a dicho río o El Vellón, aunque se desconoce la procedencia de este último.

Puntos de observación de aves en el Embalse de Pedrezuela.
Puntos de observación de aves en el Embalse de Pedrezuela.

La carretera que lleva hasta él tiene un buen apartadero (1) donde poder dejar el coche para o bien caminar siguiendo el camino que bordea al embalse o bien plantar el trípode, sacar los prismáticos y comenzar a disfrutar de su belleza otoñal e invernal. Desde este punto son muchas las acuáticas que se pueden divisar. Por estas fechas se ve alguna cerceta común (Anas crecca) aunque llegarán muchas más, acompañando se puede ver focha común (Fulica atra), ánade azulón (Anas platyrhynchos) y ánade friso (Anas strepera).

Ánade friso (Anas strepera), machos izquierda, hembra derecha.
Ánade friso (Anas strepera), machos izquierda, hembra derecha.

Con suerte y si se mantiene el silencio, a pesar de la cercanía de la carretera, se puede escuchar el psit del petirrojo europeo (Erithacus rubecula), recién llegado del norte de Europa, el tsi-tsi-tsi de el herrerillo común (Cyanistes caeruleus), el carbonero común (Parus major) con su mítico chi chi-pan o el verderón común (Chloris chloris) con su difícilmente reconocible tit-it-it-it.

Carbonero común (Parus major) sobre una zarza frente al embalse.
Carbonero común (Parus major) sobre una zarza frente al embalse.
El psit del petirrojo europeo (Erithacus rubecula) se escucha mejor ahora que han llegado muchos de Europa.
El psit del petirrojo europeo (Erithacus rubecula) se escucha mejor ahora que han llegado muchos de Europa.
Verderón común (Chloris chloris) descansando a primera hora sobre una zarza.
Verderón común (Chloris chloris) descansando a primera hora sobre una zarza.

Una vez hubimos explotado todo el tesoro que tenía que ofrecernos este pequeño rincón del embalse, partimos al siguiente punto de observación, la Ermita de Guadalix de la Sierra (2). Desde allí sale una pequeña pista de tierra (3) donde a un lado podemos continuar destapando la riqueza del embalse con bandos de gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus), alguna agachadiza común (Gallinago gallinago) picoteando la orilla o grupitos de somormujo lavanco (Podiceps cristatus). Al otro lado del camino el mosquitero común (Phylloscopus collybita), la curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala), el mirlo común (Turdus merula), algún zorzal común (Turdus philomelos) o la curruca capirotada (Sylvia atricapilla) puede salir a nuestro paso haciendo más agradable un camino que con la salida del sol comienza a hacernos sudar.

Tres agachadizas comunes (Gallinago gallinago) picotean en la orilla de embalse para aliementarse.
Tres agachadizas comunes (Gallinago gallinago) picotean en la orilla de embalse para aliementarse.
El inquieto mosquitero común (Phylloscopus collybita) captura insectos en los árboles que rodean al embalse.
El inquieto mosquitero común (Phylloscopus collybita) captura insectos en los árboles que rodean al embalse.
Curruca capirotada (Sylvia atricapilla) entre escaramujos, el fruto del rosal silvestre.
Curruca capirotada (Sylvia atricapilla) entre escaramujos, el fruto del rosal silvestre.

El consejo: al final de la pista, antes de una valla que corta el paso, la anchura del río comienza a estrecharse, normalmente hay bandos de cormorán grande (Phalacrocorax carbo) pero si sigues un poco más y estás atento al pasillo de agua, tendrás la oportunidad de ver bien al martín pescador común (Alcedo atthis).

Puntos de observación de aves en el Embalse de Santillana.
Puntos de observación de aves en el Embalse de Santillana.
Puntos de observación de aves en el Embalse de Santillana.
Puntos de observación de aves en el Embalse de Santillana.

Después de ver hasta 40 especies diferentes en apenas unas horas, nos fuimos hasta el Embalse de Santillana, junto a Manzanares El Real. Aquí existen varios puntos de observación recomendados. En el Desacansadero del Espinarejo (1), donde se puede dejar el coche, existe un pequeño puente que atraviesa el río. Si el embalse está con agua, los cormoranes y las anátidas de Pedrezuela también se podrán observar en Santillana, la gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus) también, aunque ahora una compañera algo más grande se puede diferenciar entre la multitud, la gaviota sombría (Larus fuscus). Todos estos personajes te entenderán durante unos minutos. Si por el contrario el nivel del agua es relativamente bajo, comenzarán a aparecer extensas praderas, en ocasiones verdes,  que suele aprovechar el ganado para pastar.

Gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus) con su plumaje invernal abunda en Santillana.
Gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus) con su plumaje invernal abunda en Santillana.
Gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus) y sombrías (Larus fuscus) las más grandes son las sombrías.
Gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus) y sombrías (Larus fuscus) las más grandes son las sombrías.

En dichas praderas y moviéndose ágilmente entre las fuertes patas del ganado se puede ver lavandera blanca (Motacilla alba), estorninos negro (Sturnus unicolor) y pinto (Sturnus vulgaris) e incluso bisbita alpino (Anthus spinoletta), todos ellos persiguen insistentemente a las vacas y los bueyes que van levantando según avanzan por el pasto, los insectos y otros invertebrados que se comen estas aves.

Lavandera blanca (Motacilla flava) suele caminar por el borde del embalse o junto al ganado.
Lavandera blanca (Motacilla flava) suele caminar por el borde del embalse o junto al ganado.

Cuando pensamos que este puente no podía dar más de si, avanzamos por la pista que sale del parking (2), desde allí pudimos ver mejor la zona del embalse y el encinar que colinda con la orilla donde bandos de rabilargo ibérico (Cyanopica cooki) salen a lucir su azulado plumaje tras una ruidosa entrada en escena.

Rabilargo ibérico (Cyanopica cooki) con el color azul de las plumas de la cola y las alas.
Rabilargo ibérico (Cyanopica cooki) con el color azul de las plumas de la cola y las alas.

El consejo: Para finalizar la jornada nos acercamos hasta el lado opuesto del embalse (3). Allí los bajos niveles de agua, dejan ver un pequeño camino asfaltado que suele ser el cazadero de cigüeña blanca (Ciconia ciconia), garza real (Ardea cinerea) y garceta común (Egretta garzetta).

Garza real (Ardea cinerea) en vuelo por encima del embalse de Santillana.
Garza real (Ardea cinerea) en vuelo por encima del embalse de Santillana.

Te llevamos a observar aves a los espacios protegidos más importantes. Cualquier época del año es buena para ver a las dueñas del vuelo en sus hábitats naturales. Si te gustan las aves no dudes en apuntarte a cualquiera de nuestras salidas. No te los pierdas y echa un vistazo aquí: Blue Nature web
También te ofrecemos la posibilidad de prepararte una ruta a la carta.

Si quieres salir a ver aves, no lo dudes y visita la Comunidad de Madrid. Unas 240 especies de aves distintas encuentran los recursos necesarios a lo largo de todo el año en nuestra región gracias a que aproximadamente el 40% de su superficie se encuentra protegida por su gran diversidad de ecosistemas y hábitats. Algunas tan importantes y en peligro de extinción como el águila imperial ibérica, el buitre negro o el sisón.

martes, 11 de abril de 2017

De vuelta a la Laguna de San Juan

¡¡Hola a todos!!

Después de más de dos años y gracias a la petición de una familia muy agradable que quiso visitar este refugio de fauna, vuelvo a escribir una entrada sobre la Laguna de San Juan. La última vez que lo hice fue el 01 de diciembre de 2014, ¡¡ya nadie se acuerda de aquello!!

La Laguna de San Juan se encuentra en el término municipal de Chinchón, al sur de Madrid. Estos meses de primavera son los mejores para visitarla. El buen tiempo y la llegada de los primeros visitantes estivales como abejarucos o carriceros cambian por completo la apariencia de este magnífico humedal.

Para empezar la banda sonora es completamente diferente que en invierno. Los carriceros, las buscarlas, los abejarucos, las golondrinas y los cantos de otras aves más comunes como el verdecillo o el pardillo alegran el amanecer que comienza a colorear de colores cálidos el carrizal.

Pardillo común - Carduelis cannabina

Verdecillo común - Serinus serinus
La verdad es que hemos tenido que hacer mucho oído, porque la densidad del carrizo, como es habitual, nos impidió ver lo que sucede en el interior de la laguna, aunque si que se escuchan los chapoteos de alguna anátida, los quejidos de las gallinetas comunes o el tan complicado de ver y esquivo rascón, más oído que visto. Sin embargo, tuvimos la suerte de verlo hasta en tres ocasiones, pero sus colores, agilidad y su costumbre de moverse entre las zonas densas solo nos dejó sacarle esta tímida fotografía.

Ánade friso - Anas strepera

Rascón europeo - Rallus aquaticus
La laguna es un buen sitio para este tipo de aves llamadas rálidas y aquí pudimos encontrar varias especies. El rascón es una de ellas, quizás la más tímida de todas las que se pueden ver en la laguna. Otras fueron la focha común y la gallineta común, que fueron las más abundantes, aunque de vez en cuando pudimos ver entre el carrizo al calamón, dando de comer a tres rechonchos pollos de color negro.

Calamón común con pollo- Porphyrio porphyrio

Calamón común - Porphyrio porphyrio
Mientras unos ya estaban al cuidado de los pollos, otras aves todavía estaban construyendo su nido o incubando los huevos. Este es el caso de la garza imperial, que tiene una pequeña colonia en la laguna y a la que pudimos ver ir y venir constantemente de la laguna, un lujo poder ver de nuevo a esta hermosa garza.

Garza imperial - Ardea purpurea

A pesar de toda esta diversidad, los protagonistas del día fueron, sin lugar a duda, los aguiluchos laguneros. Sus picados, sus choques de garras y sus continuas llamadas nupciales daban vida al humedal. Continuamente sobrevolaban la laguna una decena de laguneros, entre machos, hembras y algún inmaduro dejándonos escenas únicas. Toda una experiencia que pudimos disfrutar y que gustó a todos.

Aguilucho lagunero occidental - Circus aeruginosus

Aguilucho lagunero occidental - Circus aeruginosus

Aguilucho lagunero occidental - Circus aeruginosus

Aguilucho lagunero occidental - Circus aeruginosus

Aguilucho lagunero occidental - Circus aeruginosus
Blue Nature ofrece excursiones y salidas guiadas para visitar los mejores enclaves ornitológicos de la Comunidad de Madrid y conocer toda su diversidad avifaunística. Las rutas han sido diseñadas teniendo en cuenta los mejores lugares y épocas del año para avistar las especies emblemáticas de la Comunidad de Madrid. Puedes elegir entre una de nuestras rutas de temporada o los destinos habituales que tenemos. No te los pierdas, echa un vistazo aquí.


martes, 4 de abril de 2017

Ver aves al sur de Madrid

En una de nuestras salidas de pajareo por Madrid, nos acercamos al sur de la Comunidad para ver el cambio que se está produciendo ahora en los campos de cultivo que adornan el paisaje. Los canales ya llevan agua y comienzan a encharcar algunos terrenos para la temporada, lo que atrae a muchas aves, entre las que se encuentran las garcillas bueyeras que fueron la principal atracción que nos tuvo embobados.

Al llegar muchas de estas garcillas ya estaban por los alrededores, vestidas de blanco destacan mucho más que las abundantes urracas que no pararon de salir a saludarnos durante todo el itinerario. Quizás estaban inquietas por la presencia de una pareja de milano real que estuvo durante un buen tiempo merodeando por la zona, algo interesante habría que disputarse con las urracas y los cuervos.

Pareja de milano real (Milvus milvus)
Durante el trayecto, no fueron pocas las cigüeñas que pudimos ver, por aquí, por el sur de la comunidad abundan las colonias que saben que el alimento abunda en estos terrenos que pronto se inundarán, aunque también les encanta acercarse al río a buscar alimento.

Cigüeña blanca (Ciconia ciconia)

Cigüeña blanca (Ciconia ciconia)
En la vera del camino nos acompañaron continuamente bandos muy numerosos de gorriones molineros que de vez en cuando levantaban algún grupito tímido de bengalí rojo, una especie asiática introducida por el hombre a causa de escapes y que cría desde hace años en el sur de Madrid.

Gorrión molinero (Passer montanus)

Gorrión molinero (Passer montanus)
Aunque las golondrinas y los aviones ya estaban por allí, todavía faltaban muchas por llegar a este paraíso en medio de cultivos. En algunas praderas se podían ver pasar como cazas en miniatura, las golondrinas comunes acompañadas tímidamente de algún avión roquero que comparte vecindario con el cuervo en los roquedos yesíferos que caracterizan el sureste madrileño.

Aunque los más bonitos ahora mismo son los machos de pardillo que ya gozan de ese pecho de color rojo tinto claro que tanto les gusta a las hembras de su especie, eso si, serán los más bonitos hasta que lleguen en unos días los primeros abejarucos.

Pardillo común (Carduelis cannabina)

Pardillo común (Carduelis cannabina)
Lo que normalmente estaría inundado (zona de carrizo y alguna otra zona profunda) ahora se encuentra seco por la falta de lluvias abundantes. Sin embargo, los agricultores ya han abierto los canales para dejar paso al agua y a que las lavanderas, los estorninos, las palomas e incluso las urracas se acerquen a darse un buen baño.

Aunque entre tanto vimos dos parejas de chorlitejo chico que es una limícola muy abundante en esta época en las zonas pegadas a los ríos con áreas pedregosas y encharcadas. También pudimos dar con un andarríos grande en uno de los campos, que se estaba poniendo las botas, no hacía más que desenterrar gusanos y larvas .

Andarríos grande (Tringa ochropus)
En la zona más pegada al río ya pudimos observar alguna anátida como azulones, o machos de friso como este, aunque lo que más abundaban eran los galápagos leprosos tomando el sol junto con fochas, zampullínes y gallinetas.

Ánade friso (Anas strepera)
Por último, al sobrarnos algo de tiempo, pudimos centrarnos en sacar unas buenas fotos a las garcillas bueyeras que tanto abundaban. Aprovechamos este momento que tienen un plumaje nupcial y unos colores más cálidos y rojizos que los habituales amarillos. Pronto estarán montando su colonia sobre los árboles de los humedales madrileños.

Garcilla bueyera (Bulbucus ibis)

Garcilla bueyera (Bulbucus ibis)

Garcilla bueyera (Bulbucus ibis)

Garcilla bueyera (Bulbucus ibis)

Garcilla bueyera (Bulbucus ibis)

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martes, 18 de octubre de 2016

Dos caras del Sureste

A media hora de la capital, el Parque Regional del Sureste es un complejo de lagunas procedentes de la inundación de antiguas graveras y zonas de extracción de áridos que han recuperado un aspecto algo más natural. Los tarays, el carrizo y otra vegetación típica de estos lugares se han ido haciendo un hueco junto a la orilla, dando un aspecto de recuperación al enclave. La presencia de estos lugares inundados pasa en ocasiones desapercibida para nosotros, pero no para la avifauna. Las aves han logrado encontrar beneficios, pero ¿los hay durante todo el año?


En una de las escapadas para huir de la ajetreada vida en la ciudad, fui a parar al sureste madrileño, un destino conocido que nunca defrauda. Por casualidad y sin intención alguna fui a dar con un pequeño humedal, dentro de los límites del parque, totalmente nuevo para mi. La primera visita ocurrió durante el verano (finales de junio), aprovechando los días cálidos y soleados, y fue tan sorprendente que repetí y la siguiente fue al llegar las lluvias de este otoño tan inusual (la semana pasada). 

Caminando por el perímetro del humedal las aves acuáticas reinan en este pequeño territorio. Suya es la superficie del agua, aunque algunos hagan uso de sus fondos, escapando de cualquier peligro con rápidas inmersiones. 

Zampullín común (Tachybaptus rufficolis) plumaje reproductor.
Ahora mismo quedan pocos zampullines con este aspecto en el humedal.
Zampullín común (Tachybaptus rufficolis) plumaje invernal.
Este es el aspecto de la mayoría de los zampullines de la laguna.

Hablamos de esta especie, el zampullín común, que se esconde entre la vegetación para no ser visto y que en la época de reproducción presenta los colores oscuros de la primera foto, mientras que estos días ya se les puede ver con el plumaje típico de invierno.

Los cormoranes llegan en invierno y se ven apoyados en ramas secas, un recurso abundante en este humedal y que permite ver bien a las especies tan esquivas como el avetorillo. Aunque es muy raro verlo estos días por el humedal, por sus hábitos estivales, durante esa época aprovecha las ramas secas que sobresalen del carrizo o justo por encima del agua.

Avetorillo común (Ixobrychus minutus).
Sus hábitos estivales lo hacen extremadamente raro estos días en el humedal.

Esta pequeña garza es bastante solitaria, justo lo opuesto que su pariente la garcilla bueyera que en invierno se junta en grandísimos bandos encima de los tarays. En general las garcillas bueyeras, las garcetas o las garzas reales son ahora bastante más abundantes en el humedal que en el periodo reproductor.

Garcilla bueyera (Bubulcus ibis).
Garcetas comunes (Egretta garzetta).
Esta especies se junta con garzas reales y descansan juntas en esta época entre el carrizo.
Garcillas bueyeras (Bubulcus ibis).
En la época estival los bandos son de este tamaño, ahora pueden llegar a los 200 ejemplares.
Garza real (Ardea cinerea) en vuelo.
Si se acude estos días al humedal se pueden ver varios ejemplares entre bandos de garcetas.

Las actividades de las aves en el humedal son completamente diferentes de un momento del año a otro. Por ejemplo, mientras que en la visita de junio las cigüeñas se encontraban pescando cangrejos de río en el Jarama, ahora cogen las pocas corrientes de aire ascendente para poner rumbo al sur, donde cruzarán el Estrecho de Gibraltar. 

Cigüeña blanca (Ciconia ciconia).
La actividad de las cigüeñas es más solitaria en junio cuando pesca para sus pollos.
Bando de cigüeñas blancas (Ciconia ciconia).
La migración de las cigüeñas. Ahora en el humedal es frecuente esta escena.

Y es que los cambios migratorios están a la orden del día. Ya están llegando la mayoría de las anátidas que pasarán el invierno en nuestro territorio. Este es el caso del ánade rabudo, la cerceta común, la cuchara o el porrrón moñudo. También llegan un montón de ánades azulones, porrones europeos o ánades frisos, efectivos del norte de Europa que vienen a pasar un ivierno algo más templado aunque son especies abundantes en los meses de primavera y verano. La riqueza y abundancia actual del humedal es mucho mejor que durante la época de cría.


Porrón europeo (Aythya ferina) hembra.
En primavera muchos reproductores de esta especie ponen rumbo al norte, Europa.
Pareja de ánades rabudos (Anas acuta).
Una especie presente únicamente durante el invierno.
Cuchara común (Anas clypeata) macho.
Su pequeña población reproductora aumenta con la llegada de invernantes europeos.
Cerceta común (Anas crecca) macho.
No está presente en la primavera ni el verano, llega en otoño para pasar aquí el inveirno.
Ánade friso (Anas strepera) macho.
Es habitual durante la época de nidificación, pero estos días se ven más ejemplares.
Grupo de porrones europeos (Aythya ferina).
En otoño los reproductores de Europa vuelven a sus áreas de invernada.
Porrón moñudo (Aythya fuligula) macho.
Entre tanto porrón europeo se puede encontrar alguno moñudo en invernada.
Grupo de ánades azulones (Anas platyrhynchos).
Ahora se sienten más seguros en bandos que durante la época reproductora.

Las rapaces no tienen muy buena representación en este pequeño enclave. A penas algún milano real se ve de vez en cuando campear por los alrededores de las alguna. A diferencia que su pariente el milano negro, las poblaciones del real reciben una importante llegada de invernantes desde centroeuropa.

Milano real (Milvus milvus).
Más habitual en invierno, pero esta imagen cerciora su presencia todo el año.

Las fochas son aves muy comunes de ecosistemas de aguas dulces como este. Durante la época reproductora se ven bastantes ejemplares en humedales del interior, grupos pequeños,o adultos junto a sus pollos. Sin embargo, al llegar octubre el número de fochas se dispara y son mucho más abundantes que durante la época de nidificación.

Varias fochas comunes (Fulica atra).
Mucho más abundantes desde que llegaron al humedal en otoño.

Si hay un grupo que marque la diferencia entre la época estival y la invernal, son las golondrinas y aviones. En la visita de junio, los dueños de todos los insectos voladores del humedal son los aviones zapadores, que vuelan a ras del agua capturando insectos que llevan más adelante a sus nidos. Sin embargo, los meses pasan y comienza a acercarse el momento de poner rumbo al sur. En este preciso momento, los pocos aviones zapadores que no se han ido todavía, se juntan con grandes bandos de golondrinas comúnes, alguna dáurica y tímidos aviones comunes para poner todos juntos rumbo al continente africano.

Bando de aviones zapadores (Riparia riparia).
Aspecto de los posaderos en la primera visita al humedal.
Avión común (Delichuon urbicum) junto a golondrinas comunes.
Ahora en invierno los posaderos son más mixtos.
Avión zapador (Riparia riparia) junto a golondrinas comunes.
Quedan ya pocos aviones zapadores, suelen ser de los primeros en volar al continente africano.
Bando de golondrinas comunes (Hirundo rústica).
Hasta finales de octubre y principios de noviembre serán ellas las reinas del humedal.

Es curioso poder ver a estas tres aves juntas en el mismo posadero, recuperando fuerzas antes de seguir a delante con una de las travesías más famosas de nuestra fauna, la marcha de las golondrinas.

La llegada de otra ave europea, el petirrojo, deja clara que el invierno se acerca. Sus cantos son más habituales ahora que en otra época del año, puesto que la población española recibe la llegada y el paso de aves del centro y norte de Europa. Es habitual de bosques y sotos, pero en invierno puede cambiar mucho de hábitat.

Petirrojo europeo (Erithacus rubecula)
Ave de hábitos europeos que es más frecuente ahora en el humedal que en la anterior visita.
Ruiseñor pechiazul (Luscinia svecica).
La aparición de esta ave en el humedal delata las dos caras de los ecosistemas.

Algo similar le ocurre a un pariente cercano, el ruiseñor pechiazul. Es una especie muy típica de matorrales montanos, pero que al llegar el invierno se acerca hasta los carrizales y otra vegetación palustre. Es curioso que hayan elegido este humedal para pasar el invierno tanto el petirrojo como el pechiazul.

El que sí es fiel a su territorio y su humedal es el cetia ruiseñor. Cantarín y alegre pasa todo el año en este territorio, a penas se ve diferencia de abundancia entre las dos visitas. Algo totalmente diferente a los hábitos de un compañero de carrizo, el carricero tordal cuya presencia se limita a los meses más calurosos. Este es otro claro ejemplo de las dos caras de este humedal, la más veraniega y la de la temporada de lluvias.

Cetia ruiseñor (Cetia cetti)
Calentándose al sol del verano entre el carrizo verde.
Cetia ruiseñor (Cetia cetti)
Igual de inquieto y cantarín que la pasada época de nidificación, se le ve por todo el humedal.
Carricero tordal (Acrocephalus arundinaceus)
Su presencia se limita a los meses de verano y primavera, ahora no se encuentra en la laguna.

Paseando durante el verano, hemos podido apuntar aves estivales de todos los colores y tamaños, mientras que el invierno atrae a otras aves totalmente diferentes. Entre ellas un diminuto viajero que llega desde el norte de Europa huyendo de su duro invierno, el mosquitero común. Justo la cara opuesta al carricero tordal. El mismo humedal pero dos caras completamente diferentes que hacen parecer a este enclave dos lugares distintos en función de la época.

Mosquqietro común (Phylloscopus collybita)
Ave estrictamente invernal dentro del enclave del sureste.

Hay aves que nunca, o casi nunca cambian sus hábitos. Los mitos se ven fácilmente en el humedal durante todo el año, al igual que los curiosos herrerillos, que estos días que no están los carriceros, son ellos los que ocupan sus posaderos favoritos.

Herrerillo común (Cyanistes caeruleus)
El herrerillo que se creía un carricero.

Otras de las aves que a penas modifica sus costumbres de una temporada a otra es el pájaro-moscón, una ves relativamente abundante en este lugar. Sí es verdad que algunas aves centroeuropeas llegan a España para pasar el invierno, pero fácilmente se puede ver a estos diminutos péndulos de los carrizos durante todo el año picotear las "plumas" de estas plantas.

Pájaro-moscón europeo (Remiz pendulius)
Alimentándose en las plumas del carrizo.
Pequeño grupo de pájaro-moscón europeo (Remiz pendulius).
Jóvenes tras la época de cría.
Pájaro-moscón europeo (Remiz pendulius)
Durante la época invernal también se les puede ver entre el carrizo, pero su antifaz no es tan llamativo.

Los estorninos, los gorriones morunos y molineros simplemente cambian sus hábitos y dejan de ser lo solitarios que son durante la época de cría, a juntarse en enormes bandos, muchas veces mixtos. Estos comportamientos tan gregarios les hacen sentirse más seguros, a la vez que aumentan sus probabilidades de encontrara alimento durante el invierno, una época de escasez.

Estorninos negros (Sturnus unicolor).
Ejemplares de un gran bando invernal.
Gorrión moruno (Passer hispaniolensis) macho.
Pequeños bandos de morunos pueden concentrar más de 40 aves. 
Gorrión molinero (Passer montanus)
Aunque no forma bandos tan grandes, estos días es habitual verlos mas o menos juntos.

Sin duda acudir a un lugar en dos épocas completamente diferentes abre la mente y hace comprender la complejidad de los ecosistemas. Los beneficios que pueden ser imprescindibles para una especie en verano, no lo son para otras en invierno y viceversa.