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lunes, 4 de diciembre de 2023

Alto Guadarrama

¡Hola de nuevo pechiazules!

Esta semana hemos tenido salida. Estuvimos con un grupo majísimo de pajareras en el Alto Guadarrama. En el piedemonte de la sierra de Madrid, el Guadarrama se hace hueco entre granitos y encinares, acompañado de un maravilloso  bosque de ribera. Aunque el frío nos golpeó con fuerza, el día fue maravillosos, salió el sol y pudimos ver más de 45 especies, con algunas observaciones maravillosas de grullas, halcón peregrino o hermosas formaciones de anátidas. Si queréis acompañarnos os dejo la crónica más abajo.

Grupo de comorán grande (Phalacrocorax carbo) sobre las rocas, garceta común (Egretta garzetta) a la izquierda y azulones (Anas platyrhynchos) nadando en el agua.

martes, 16 de enero de 2018

La diversidad del Madrid Río I

El Madrid Río es un espacio verde en su infancia, ya que apenas tiene 6 años de vida. Fue por entonces cuando se soterró un tramo de la circunvalación de la M-30 convirtiendo ambos márgenes del río Manzanares en zonas peatonales y de recreo a modo de parque urbano, que otorgaron al río un aspecto renovado.

Aspecto actual del Madrid Río

martes, 14 de junio de 2016

Un paraje natural de arena y plumas

En el término municipal de Tarifa, entre turistas y parapentes, se extiende un pequeño lugar incluido dentro del Parque Natural del Estrecho. Se trata del Paraje Natural de la playa de los Lances, un lugar importante a lo largo de todo el año, ya que durante el invierno se llena de limícolas que aprovechan al máximo los recursos que aportan las mareas y la propia arena. Al llegar la migración, este enclave sirve de sala de espera antes de cruzar el Estrecho, las limícolas aguardan a que llegue el momento oportuno en el que cruzar al continente vecino. Y finalmente si hablamos de la época reproductora, todas aquellas aves que prefirieron nuestra tierra a involucrarse en un largo y peligroso viaje, encuentran en los Lances una oportunidad para criar a las futuras generaciones. Así es el Paraje Natural de la playa de los Lances un lugar de arena y plumas.


Con más de 7 kilómetros de longitud, mi compañero y amigo Alfonso Carmona y yo, pudimos comprobar que esta playa deja suficiente espacio para que bañistas, turistas y aves compartan equitativamente la playa. Estas últimas se limitan a ocupar la zona de desembocadura del río Jara, que divide la playa en dos. En este rincón encuentran suficientes recursos, arrastrados por el río o la marea, como para que muchas decidan no migrar. 

Las aves aquí son principalmente acuáticas o marinas y las hay de una gran variedad de tonos y tamaños. Quizás una de las más grandes que se puede ver es el experto buceador, un ave de interior y también de la costa, el cormorán grande. Su tonalidad oscura cambia en la época de cría, cuando aparecen una serie de detalles en el plumaje de los individuos reproductores.

Cormorán grande (Phalacrocorax carbo) posado en un tocón arrastrado por el río.
Las disimuladas puntas blancas de las plumas de la cara son propias de individuos reproductores.
Su plumaje y la forma de sus patas están preparados para la pesca submarina, con el pico a modo de arpón.

De color blanco y con muchísima más elegancia que nuestro anterior compañero, la garceta común, se acicala el plumaje después del ejercicio que supone salir a pescar. A diferencia que el cormorán, nuestra ardeida, trata de capturar a sus presas desde la superficie, utilizando sus largas y delgadas patas para pasar desapercibida y su fuerte pico a modo de lanza para hacerse con los peces que quedan atrapados en las charcas cuando sube y baja la marea.

Garceta común (Egretta garzetta) durante la persecución, esta vez sin éxito.
A pesar de su constancia, el éxito de capturas es relativamente bajo, no es tan fácil como parece.
Garceta común (Egretta garzetta) persiguiendo los pequeños bancos de peces.
La perseverancia tiene su recompensa, y la garceta común pudo disfrutar de la suya.
Nosotros nos conformamos con admirar su plumaje y su elegancia en imágenes como esta.

No podían faltar en lugares como este aves completamente marinas como el charrán patinegro o las gaviotas, sobre todo reidoras y cabecinegras. Ambos comparten orilla a lo largo de la playa eviatndo molestarse mucho, aunque cuando se les ve juntos, crean una hermosa escena. Es curioso que el charrán patinegro, una especie principalmente de la costa, donde pasa gran parte del tiempo realizando espectaculares picados hacia el agua y capturando peces de superficie, sin embargo, ahora que están en la playa se les ve muy tranquilos. No parece que estos pilotos de vuelo acrobáticos tuvieran tiempo para relajarse.

Bando de charranes patinegros (Sterna sandvicensis) descansando tras un duro día de pesca.
Como ya hemos visto en otras salidas, esta especie es peculiar por su punta del pico amarilla.
Hermosa escena compuesta por varias especies compartiendo lugar en la playa.
Charranes patinegros (Sterna sandvicensis) y gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus).

Ahora llega el turno de las limícolas y una de las más grandes de los Lances es el chorlito gris, una especie con dimorfismo estacional, lo que quiere decir que presenta dos morfos o plumajes en función de la estación. En verano le salen las plumas nupciales, las que le servirán para cortejar a la hembra.  Obviamente están son muchísimo más espectaculares que las que presenta durante el invierno. A pesar de ello, es una especie fácil de distinguir, porque sea la época que sea, siempre presenta una mancha negra en cada axila, lo que la diferencia de otras especies.

Chorlito gris (Pluvialis squatarola) con plumaje invernal en la playa de los Lances.
En invierno es bastante más gregario y se junta en bandos que al volar enseñan sus manchas negras.

Aunque ya los conocéis muy bien gracias a la entrada del mes pasado "Los tres chorlitejos" estas pequeñas limícolas caminan y corretean por las arenas de los Lances. Es de los pocos lugares donde se puede ver al chorlitejo patinegro, al chorlitejo grande y al chorlitejo chico juntas en la misma playa. Es una buena forma de aprender sus diferencias que ya vimos el mes pasado.

Chorlitejo chico (Charadrius dubius) en la playa de los Lances.
Para saber más sobre esta especie haz clic aquí.
Chorlitejo grande (Charadrius hiaticula) en la playa de los Lances.
Para saber más sobre esta especie haz clic aquí.
Chorlitejo patinegro (Charadrius alexandrinus) en la playa de los Lances.
Para saber más sobre esta especie haz clic aquí.

Las siguientes limícolas, aunque son un poco más pequeñas, no pasan desapercibidas. De hecho es curioso la cantidad de correlimos tridáctilos que hay en la playa. Van poco a poco andando en pequeños grupitos mientras picotean el suelo. Es muy fácil reconocer su rastro, ya que las huellas dejadas van siempre acompañadas de miles de agujeritos que son sus picoteos en la arena. 

Tres correlimos tridáctios (Calidris alba) en una de las charcas que quedan tras bajar la marea.
Su nombre científico hace referencia a su aspecto pálido y claro, el que más de todos los correlimos.

Si uno espera hasta el atardecer, puede ver imágenes tan bonitas como esta en la que la luz del sol de poniente da un color cálido a las plumas de vuelo de nuestros correlimos.

Correlimos tridáctilos (Calidris alba) en vuelo en la orilla de la playa de los Lances.

Finalmente, una de las limícolas que puede pasar más desapercibida es el andarríos chico, que se pasea por la desembocadura del río, junto con algunas lavanderas boyeras, chorlitejos patinegros y correlimos tridáctilos que pueden llegar a llamar más nuestra atención. Este pequeño, es mucho más oscuro que las anteriores limícolas y muy habitual no solo en la costa sino también en el interior, en las orillas de ríos, embalses y lagunas.

Andarríos chico (Actitis hypoleucos) junto a la desembocadura del río Jara.
Su largo pico le permite llegar a capturar a los invertebrados enterrados en la arena.

En esta playa, donde aparentemente parece que todo marcha bien, existe un gran problema como en muchas otras playas de la costa española. El exceso de turistas y el descontrol de sus actividades llevan en ocasiones a degradar el hábitat de todas estas especies. El entorno está muy deteriorado, sobre todo la zona dunar, donde crían las aves. Las causas de este mal estado es el continuo paso de gente y el uso de estas dunas a modo de aparcamiento. A este problema se le suma el avance de las urbanizaciones y el vertido residuos asociado, así como las infraestructuras que impiden el buen desarrollo del sistema dunar, un ecosistema único de alto valor ecológico y esencial para la reproducción de aves como el chorlitejo patinegro entre otras. ¿Es este el aspecto que debería tener un espacio protegido bajo la categoría de Parque Natural o Paraje Natural?

Atardecer en el Paraje Natural de la playa de los Lances, en el Parque Natural del Estrecho.

domingo, 24 de enero de 2016

¿Dónde ver aves cerca de Zaragoza?

   Durante el pasado otoño y aprovechando que todavía no había llegado el frío que hoy nos espera en la puerta de casa, me decidí a realizamos un fabuloso viaje a Zaragoza, una ciudad hasta entonces desconocida o por lo menos tan profundamente. Obviamente en dicha aventura no podía faltar una estupenda jornada de pajareo con la buena compañía de Virginia Alcalá. Ambos descubrimos lo cercana que está Zaragoza de un lugar de biodiversidad y riqueza natural, los Galachos del Ebro y concretamente visitamos por nuestra cuenta el galacho de Juslibol, siguiendo la recomendación de un forero.


   Incluso los días previos a nuestra escapada pajarera, ya pudimos ver algunas aves revoloteando por la propia ciudad. Este hábitat asfaltado esconde un gran repertorio de aves adaptadas que han sabido sacar provecho de los recursos que ofrecen jardines, parques, vegetación ornamental, desechos, etc. El ánade azulón pudimos encontrarlo dentro del parque del Agua, un parque urbano donde, como su nombre indica, el protagonismo lo tienen pequeñas superficies de agua. Por estas fechas los machos visten sus mejores galas y destacan en el agua. Tras una buena sesión fotográfica, nos percatamos de que son capaces de sobrevivir en este ambiente humanizado donde no escasean los lugares adecuados para nidificar ni los macrófitos acuáticos de los que se alimentan.

Ánade azulón (Anas pltyrhynchos) bando mixto de machos y hembras en el parque del Agua.
Ánade azulón (Anas pltyrhynchos) bando mixto de machos (9) y hembras (6) en el parque del Agua.
Esta anátida está muy bien integrada dentro de aquellos parques que cuentan con pequeñas superficies de agua.

   Algunas acuáticas más pequeñas como la gallineta común también se mueven por fuera de las superficies de agua, donde pueden alimentarse. Aunque se pueden alimentar de pequeños brotes y plantas acuáticas que crecen en el fondo de estos reducidos "estanques".

Gallineta común (Gallinula chloropus) en el parque del Agua.
Gallineta común (Gallinula chloropus) en la orilla del agua dentro del parque del Agua.
Las patas con dedos largos que posee esta especie no le sirven para nadar.
Son útiles caminar entre la vegetación palustre y el barro porque evitan que se hunda.

   Justo detrás de ese maravilloso bando de ánades, otra especie, de color negro, que desde hace un tiempo se viene acercando mucho más que antes hasta nuestras ciudades. Se trata del cormorán grande que mediante cortos buceos se hace con los pequeños peces. A muchos les sorprende encontrar a esta especie en un parque urbano y otros lo llegan a confundir con alguna especie de anátida, aunque su familia es completamente diferente. Pertenece al orden de los suliformes (¡¡ MADRE MÍA QUÉ NOMBRE TAN EXTRAÑO!!) ¿De dónde procede dicha "palabrota"? 

Cormorán grande (Phalacrocorax carbo) nadando en el parque del Agua.
Su forma de nadar puede recordar a la de una anátida.
Sin embrago su cuerpo más sumergido y su pico en forma de daga lo delatan.

   Dicho orden ha surgido tras análisis mitocondriales y reconoce, entre otros, que alcatraces y cormoranes provienen de un antecesor común. Una de las características propias del orden es la forma de sus patas, que les permite moverse mientras bucean.

   Dejando a un lado esta pequeña y aburrida intervención técnica, vamos a centrarnos en otro tipo de vegetación ornamental. Lejos de los parques urbanos, las zonas más históricas de Zaragoza y en general del resto de ciudades están decoradas con pequeñas superficies ajardinadas que incluyen zonas de césped y algunos arboles y arbustos. Estas pequeñas islas de vegetación atraen especies como el colirrojo tizón. El hábitat natural del colirrojo son cortados y zonas más bien rocosas, por eso no es difícil poder observarlo en algunos edificios antiguos que usa a modo de cortados.

Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) macho en Zaragoza
Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) macho en Zaragoza.
Busca alimento en zonas verdes del casco histórico de la ciudad.
Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) hembra en Zaragoza.
Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) hembra en Zaragoza.
Como hemos comentado se puede ver en lugares que se asemejan a su hábitat natural.

   Otras especies están mucho más asociadas a los espacios verdes y además son bastante comunes dentro de las zonas urbanas y rurales. Todos hemos podido ver y sobre todo oir a los estorninos negros en los árboles de los jardines de nuestro vecindario, o hemos podido ver la diagnóstica mancha negra en la mejilla de un pequeño bando de gorriones molineros. Ambas son especies gregarias, especialmente ahora en invierno y al moverse en grupo son fácilmente detectables. Otras especies más solitarias como la curruca capirotada, en ocasiones pasan desapercibidas.

Bando de estorninos negros (Sturnus unicolor) en las ramas secas de un árbol en Zaragoza.
Bando de estorninos negros (Sturnus unicolor) en las ramas secas de un árbol en Zaragoza.
Los árboles sin hojas de los parques urbanos son un buen posadero para los bandos de esta especie.
Bando de gorriones molineros (Passser montanus) en un árbol de Zaragoza.
Bando de gorriones molineros (Passser montanus) en un árbol de Zaragoza.
Se puede identificar desde lejos y diferenciar de su primo el gorrión común gracias a su mancha oscura de la mejilla.

   Dejando de lado ya la hermosa ciudad de Zaragoza, nos dirigimos a la Reserva Natural dirigida de los Galachos del Ebro (*). Un camino que sale desde la propia ciudad y que va paralelo al río Ebro, lleva hasta ellos. Durante el trayecto es interesante echar un vistazo al río porque se pueden ver cosas interesantes, se empiezan a ver especies propias de hábitats acuáticos. Desde una distancia prudente, podemos fijarnos en los ánades azulones descansando en la orilla del río, encontrarnos con alguna elegante garceta común o incluso dar con el posadero de un hermoso martín pescador común.

Bando mixto de ánades azulones (Anas platyrhynchos) en la orilla del Ebro
Bando mixto de ánades azulones (Anas platyrhynchos) en la orilla del Ebro.
Además de en parques y jardines, los azulones se juntan también unta a estos ambientes acuáticos.
Garceta grande (Egretta garzetta) en la orilla del Ebro.
Garceta grande (Egretta garzetta) en la orilla del Ebro.
Su forma de caminar y su color blanco puro, la hacen muy elegante y esbelta.
Se diferencia del resto de garcetas por su tamaño y su pico negro.
Sus característicos pies amarillos a menudo quedan ocultos por el agua o el barro.
Martín pescador común (Alcedo atthis) en su posadero junto al Ebro.
Martín pescador común (Alcedo atthis) en su posadero junto al Ebro.
Los colores llamativos y brillantes del martín pescador recuerdan al de una joya.
Espera durante bastante tiempo en su posadero para lanzarse más tarde a pescar.

   Cuando se llega al camino de acceso que lleva al galacho de Juslibol, una gran línea de cortados yesíferos escoltan al visitante hasta llegar al centro de visitantes, a 2 km del parking y a la derecha del camino. Justo antes recorremos una pista de tierra rodeada de campos de cultivos donde podemos encontrar fácilmente alguna garcilla bueyera descansando o buscando alguna presa.

Garcilla bueyera (Bubulcus ibis) en un prado en la cercanía a los cortados.
Garcilla bueyera (Bubulcus ibis) en un prado en la cercanía a los cortados.

   No hay que dejar de prestar atención a esta larga línea de roquedos, pues entre sus huecos, sus recovecos o sus grietas pueden esconderse algunas aves poco comunes. Una de ellas es el majestuoso búho real que puede encontrarse descansando en alguna pequeña cueva donde descansar tras una ajetreada noche de cacería.

Búho real (Bubo bubo) en el roquedo de los Galachos del Ebro
Búho real (Bubo bubo) en el roquedo de los Galachos del Ebro.
Hay que prestar mucha atención pues sus colores se pueden confundir con los del roquedo.
Es hermosos poder disfrutar de esta magnífica rapaz nocturna.

   Pues resulta que este precioso búho tiene unos cuantos vecinos que a veces no le dejan dormir. ¡Vaya! No es fácil conciliar el sueño cuando uno de tus compañeros de roquedo no para quieto, sube y baja, escala, vuela de piedra en piedra. Menudo inquieto este roquero solitario. El que es más ruidoso es el colirrojo tizón que con su reclamo tic-tic-tic no deja dormir a nadie. En fin cuando no es el colirrojo son los gritos de las grajillas occidentales que no saben estarse calladas ni dos minutos. ¡Pobre búho trasnochador, nadie le deja descansar!

Hembra de roquero solitario (Monticola solitarius) en los cortados cerca de Julibol.
Hembra de roquero solitario (Monticola solitarius) en los cortados cerca de Julibol.
La calidad de la imagen está muy condicionada por la lejanía del aves.
En este caso se encuentra muy lejos y es más difícil obtener una buena fotografía.
En algunos casos es mejor evitar molestias a las aves e intentar fotografiarlas desde lejos.
Hembra de colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) especie muy asociada a los roquedos.
Hembra de colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) especie muy asociada a los roquedos.
El macho suele cantar desde una posición elevada y hace resonar su reclamo en la piedra.
Grajilla occidental (Corvus monedula) en vuelo cerca de Zaragoza.

   En alguna ocasión se puede ver pasar por el roquedo a algún gavilán común en busca de presas que cazar, pero no es una especie propia de este hábitat escarpado y rocoso. Su lugar está en los bosques donde las pequeñas aves son su plato principal.

Gavilán común (Accipiter nisus) cerca de los Galachos del Ebro.
Esta especie es bastante forestal, aunque se la puede observar fuera de su hábitat preferente.
Por ello no hay que dejar de prestar atención a estos roquedos tan interesantes.

   Volviendo a la ruta que hay que seguir, Estos roquedos llegan hasta el centro de visitantes del espacio natural a un par de kilómetros del parking. A partir de ahí ya sale un camino con un puente que se adentra en el galacho para mostrarnos toda su fauna y flora al completo. Las zonas más inundadas cuentan con una diversidad de aves nadadoras y buceadoras, como pueden ser los ánades azulones o los zampullines  comunes  respectivamente.

Pareja de ánade azulón (Anas platyrhynchos) desde el observatorio de aves de los galachos
Pareja de ánade azulón (Anas platyrhynchos) desde el observatorio de aves de los galachos.
Pareja de zampullines comunes (Tachybaptus ruficollis) desde el observatorio de aves de los galachos.
Pareja de zampullines comunes (Tachybaptus ruficollis) desde el observatorio de aves de los galachos.
Durante esta época presentan su plumaje invernal, más amarillo y se los puede ver en grupos.

   A estos es fácil observarlos desde los observatorios destinados a dicha actividad. Si hay suerte una pequeña variedad de pequeños pajarillos también se acercan a las orillas y vegetación del entorno de los observatorios. Desde la lavandera cascadeña hasta el martín pescador común, que nos deja unos segundos para disfrutar de su brillante plumaje.

Lavandera cascadeña (Motacilla cinerea) reflejada en el agua de los galachos del Ebro.
Lavandera cascadeña (Motacilla cinerea) reflejada en el agua de los galachos del Ebro.
Parecida a la lavandera blanca pero de colores más vivos y sin el antifaz negro de la boyera.
Martín pescador común (Alcedo atthis) en la vegetación que cubre los galachos del Ebro.
Martín pescador común (Alcedo atthis) en la vegetación que cubre los galachos del Ebro.
Sus colores azulados tienen unos reflejos espectaculares.
Su pico le permite atrapar peces lanzándose desde sus posaderos hacia el agua.

   En las zonas menos inundadas abunda los sedimentos, acumulados y traídos por el río después de años y años. Por estos lugares es sencillo toparse con algunas limícolas, que aprovechan esa textura limosa para buscar invertebrados. El andarríos grande fue el compañero de la lavandera blanca en este lugar, pues ella también sabe aprovechar los insectos de los limos.

Andarríos grande (Tringa ochropus) una de las limícolas de los galachos, en Zaragoza.
Andarríos grande (Tringa ochropus) una de las limícolas de los galachos, en Zaragoza.
Lavandera blanca (Motacilla alba) capturando invertebrados en la zona limosa de los galachos.
Lavandera blanca (Motacilla alba) capturando invertebrados en la zona limosa de los galachos.

   Las que saben cómo aprovechar los galachos son otras zancudas, unas primas hermanas de las anteriores garceta común y garcilla bueyera, la garza real. Se las puede ver acechando sigilosamente entre la vegetación de los galachos, o pescar en zonas de tránsito de peces, aunque en ocasiones hay disputas por los puestos de caza.

Varias garzas reales (Ardea cinerea) en las zonas más inundadas de los galachos del Ebro
Varias garzas reales (Ardea cinerea) en las zonas más inundadas de los galachos del Ebro.
Ahí abundan los peces más grandes, que son una de sus principales presas.

   Os invito a disfrutar de todas estas aves. Es precioso observarlas, estudiarlas y ver sus comportamientos, así como el lugar, un  paraíso sin igual. Zaragoza tiene muchos rincones que descubrir, pero a las afueras guarda su mayor tesoro, un ecosistema que debemos mantener para no perder a ninguno de sus vitales componentes, por muy pequeño que sea.

Cistícola buitrón (Cisticola juncidis) en la Reserva Natural Dirigida de los Galachos del Ebro
Cistícola buitrón (Cisticola juncidis) en la Reserva Natural Dirigida de los Galachos del Ebro

(*) Área protegida y manejada por el hombre, con el objetivo de conservar lugares importantes para: la fauna o la flora, de interés geológico, de interés para la investigación o para promover la educación.

martes, 16 de junio de 2015

Búsqueda por las Marismas de Santoña

¿Sabes bien lo que es una marisma?
Yo antes no sabía que son sistemas litorales típicos de zonas parecidas al norte de España, es decir, caracterizadas por un clima templado frío. Además me he fijado en que se encuentran cubiertas de vegetación (adaptada al exceso de salinidad) y normalmente inundadas por las mareas, que cuando bajan dejan al descubierto el sustrato arenoso. Como ya sabrás a estas alturas la vegetación de este tipo supone un buen lugar para que muchas especies encuentren refugio o lugares de nidificación.

Se puede encontrar una buena representación de este ecosistema litoral en un pequeño pueblo de la comarca cántabra de Trasmiera, en Santoña. Y dirás, ¿de qué me suena? ¡¡De allí son las famosas Anchoas!!

En uno de mis cortos pero emocionantes viajes a ver aves por lugares singulares de nuestra geografía, decidí tomar este como mi destino. Hay muchas horas desde Madrid hasta Santander, pero aún así mereció la pena. Mi principal objetivo era conseguir ver la espátula común (Platalea leucorodia) una de las especies que depende de este humedal durante su paso e invernada, por ello elegí enero como momento para visitar este paraje.

Visión de las Marismas de Santoña.
La marea baja dejando al descubierto el sustrato arenoso.
Al llegar por la tarde a Santoña decidí darme una vuelta cerca del polígono industrial donde se encuentran las marismas de Bengoa donde hay un pequeño observatorio de aves desde el que pude observar algunas anátidas, ardeidas, representantes de la familia podicipedidae y lo más interesante de todo, un colimbo grande (Gavia immer). La importancia de su avistamiento se debe a la poca frecuencia y abundancia de la especie en nuestra latitud.

Colimbo grande (Gavia immer) en las Marismas de Santoña.
Especie frecuente solo en el Cantábrico durante el invierno.
Al día siguiente ya pude dedicarle suficiente tiempo y me dí un paseo desde el puerto de Santoña, visitar la Arenilla un islote que ofrece bunos posaderos para muchas aves, y pasar a ver el observatorio que hay junto a la carretera S-401 que permite ver en marea alta y marea baja distintos tipo de especies. Durante mi breve estancia en el observatorio, pasaron durante la marea baja varias especies, entre ellas: garceta común (Egretta garzetta), archibebe oscuro (Tringa erythropus) y zarapito real (Numenius arquata). La primera aprovecha cuando baja la marea para atrapar pequeños peces y crustáceos que se quedan atrapados en las charcas que deja el retroceso de la superficie del agua. Las otras dos especies, limícolas, se alimentan de invertebrados que se entierran en la arena y que con la bajada del nivel del mar, quedan más vulnerables. Atrapar a estas presas tan escurridizas demanda una forma y un tamaño de los picos muy especializada que le permitan alcanzar a los animales enterrados varios centímetros de profundidad.

Garceta común (Egretta garzetta) en las Marismas de Santoña.
Con marea baja, esta ardeida espera paciente a abalanzarse sobre su presa.
Archibebe oscuro (Tringa totanus) en las Marismas de Santoña.
Si pico largo y fino le permite acceder a pequeños invertebrados enterrados.
Zarapito real (Numenius arquata) en las Marismas de Santoña.
De mayor tamaño y con el pico curvo que utiliza para acceder a sus presas enterradas.
Mis caminatas en busca de la emblemática espátula común parecía que estaban siendo en vano, ni rastro de esta zancuda de tamaño medio. A pesar de ello estaba recorriendo un paraje singular y observando especies diferentes a las que se pueden encontrar en el interior peninsular. Sin embargo tras adentrarme en las marismas de Escalante para seguir de cerca un bando de ánsares comunes (Anser anser) pude observar una fugaz espátula común volando por encima de la superficie del agua. ¡¡Por fin!! Ya era hora de que apareciera. Sin embargo fue tan rápido que la experiencia se fue tornando en poco satisfactoria.

Mientras seguía mi búsqueda, esta vez en dirección al convento de Montehano, pude ver un pequeño zampullín cuellinegro (Podiceps nigricollis) sumergirse una y otra vez para capturar pececillos o crustáceos que abundan en estas aguas.

Zampullín cuellinegro (Podiceps nigricollis) en las Marismas de Santoña.
Tras varias horas ya "danzando" por la marisma y tras haber visto como bajaba y bajaba la marea, retomo mi camino de vuelta con la esperanza de ver, decentemente una espátula común en Santoña. y la verdad es que mientras estaba fotografiando más garcetas grandes y zarapitos reales, aparece junto a la carretera lo que en un principio pareció una broma, la espátula común (Platalea leucorodia) y no cualquiera sino ni más ni menos que un inmaduro con su pico todavía rosa.

Inmaduro de espátula común (Platalea leucorodia) en las Marismas de Santoña.
Su pico todavía rosa significa que se trata de un individuo inmaduro.
Estaba paseando por las corrientes que estaba creando la retirada del mar en busca de llevarse algo a la boca. Abría el pico, lo introducía en el agua unos centímetros y lo movía de izquierda a derecha mientras avanzaba, de esta manera al mínimo contacto, ¡¡zas!! Para dentro.

Inmaduro de espátula común (Platalea leucorodia) alimentándose en las Marismas de Santoña.
Finalmente y mucho más contento regresé al lugar en el que me alojaba mientras pensaba en la espátula y observaba cantidad de especies que no había visto por la mañana:

Garcilla común
Cerceta común
Ánade azulón
Focha común
Pato cuchara
Zampullín común
Martín pescador
Cormorán grande
Archibebe común
Andarríos chico
Chorlitejo grande
Barnacla carinegra
Gaviota reidora
Ostrero euroasiático

Aquí dejo algunas fotos de mi vuelta, con las especies antes nombradas:

Grupo de archibebes comunes (Tringa totanus) en las marismas de Santoña.
En invierno es típico encontrárselos en pequeños grupos como este.
Cormorán grande (Phalacrocorax carbo) en vuelo en las Marismas de Santoña.
Fácilmente reconocible por el contraste entre el negro de su plumaje y el amarillo de su pico.
Ostrero euroasiático (Haematopus ostralegus) en las Marismas de Santoña.
Escaso y localizado en el Cantábrico y bastante amenazado.
La verdad es que me quedo con un buen sabor de boca de este viaje a pesar de la lluvia que me calló durante varias horas y que me obligó a cobijarme durante un buen rato. Os invito a todas aquellas personas que podáis acercaros hasta este Parque Natural, ZEPA, LIC y humedal RAMSAR para disfrutar, sobre todo entre los mese de otoño y primavera, de las aves que pasan en la marisma el invierno.