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jueves, 9 de noviembre de 2023

Alto Tajo

¡Hola pechiazules!

Esta vez os cuento nuestra visita al Alto Tajo, uno de los espacios protegidos más grandes de la Península. En su inmensidad, los cañones, hoces, bosques infinitos y parameras, crean un mágico y hermoso lugar de gran riqueza y biodiversidad. Evidentemente no pudimos visitar el total del parque, pero sí algunos de sus rincones más valiosos. Fue un fantástico día de otoño, con muy buenas observaciones de aves aunque algunas se nos quedaron para otra visita. Os lo cuento todo más abajo. ¡Empezamos!

Buitre leonado (Gyps fulvus)

martes, 9 de enero de 2018

La vida en la dehesa

¡¡Hola de nuevo!!

En esta ocasión os muestro algunas de las aves que vimos en una excursión por las dehesas de Sevilla la Nueva un municipio situado al oeste madrileño y adornado con estupendos paisajes adehesados.

A pesar de que disfrutamos muchísimo mostrando e identificando las especies más representativas de las dehesas, podríamos haber visto muchas más de no ser por la madrugadora niebla que impidió la observación durante las primeras horas de la mañana. Para aquellos de nosotros que nos gusta ver el amanecer en la naturaleza y ver a las aves cantando con los primeros rayos de luz, fue una pena encontrarse con una niebla tan espesa.

Las dehesas normalmente están llenas de vida, las especies que se muestran a continuación solo representan una pequeña parte de las muchas que se pueden llegar a ver entre las jaras, los pinos, los fresnos y las encinas del monte adehesado.

Aspecto de la dehesa de Sevilla la Nueva. Horas después de la espesa niebla que acompaño al amanecer, pudimos ver al completo este paisaje único.
Aspecto de la dehesa de Sevilla la Nueva.
Horas después de la espesa niebla que acompaño al amanecer, pudimos ver al completo este paisaje único.

martes, 10 de octubre de 2017

Aves comunes de parques y jardines para empezar

El sitio perfecto para empezar a ver aves son los parques urbanos. Allí las especies que podemos ver son, sobre todo, aves comunes, las mejores para la iniciación a la ornitología. La identificación puede ser muy complicada cuando estamos empezando, hay muchos nombres y algunas especies no son tan diferentes. En Blue Nature hemos querido darte algunos trucos y algunos nombres para que empieces a fijarte en las aves mientras paseas por tu parque favorito.

Aves comunes de los parques urbanos
Aves comunes y la exótica cotorra argentina de los parques urbanos

Los gorriones
Seguro que todos alguna vez has visto algún gorrión común (Passer domesticus) por la calle, en un parque, jardín, urbanización o incluso picoteando las migas que han caído al suelo de la terraza en la que disfrutas de tu bebida favorita.

Gorrión común macho (Passer domesticus) píleo gris, colores marrones rojizos y pico corto pero robusto.
Gorrión común macho (Passer domesticus) píleo gris, colores marrones rojizos y pico corto pero robusto.

Se trata de un ave de pequeño tamaño de colores y tonalidades marrones. Su pico es de tipo granívoro, es decir corto y robusto. Su cola es cuadrada y proporcionada con su cuerpo. Su plumaje puede variar según el sexo. Los machos son de colores marrones rojizos con un pequeño babero negro justo en la garganta. En la parte superior de su cabeza (píleo) una mancha color gris lo diferencia del resto de especies de gorriones. Las hembras son de tonalidades marrones amarillentas, más ocres y apagadas que los machos.

La forma y tamaño de su pico nos delata su dieta, principalmente semillas, aunque en las ciudades ha encontrado otros muchos recursos.

A pesar de ser una de las aves más comunes en nuestros parques y jardines urbanos, está pasando por una mala racha, sus poblaciones, en España y en Europa están en claro declive e incluso en capitales como Londres han llegado a desaparecer.

Carbonero o herrerillo
Ambas son especies forestales, les gusta mucho moverse de forma inquieta entre las ramas ocultando sus vistosos colores. Con un poco de paciencia podremos ver los colores azulados del herrerillo común (Cyanistes caeruleus) y la banda negra en el vientre del carbonero común (Parus major).

Se trata de aves muy frecuentes en parques pero sobre todo en zonas verdes de pequeñas urbanizaciones donde tienen acceso a los comederos que muchos amantes de las aves colocan en sus jardines. Sin tiempo para verlos detenidamente pueden parecernos similares, sin embargo son completamente diferentes. 

El carbonero es un ave un poco más grande y robusta con mejillas blancas, una cabeza, nuca y collar negro que se extiende por el vientre en forma de corbata. Esta mancha negra alargada que atraviesa un vientre de color amarillo limón, en machos es mucho más gruesa y larga, llegando incluso a alcanzar la zona de la cloaca. De pico corto pero fuerte y cola cuadrada y proporcionada respecto al y tamaño del cuerpo.

Carbonero común (Parus major) picoteando los insectos de esta zarza.
Carbonero común (Parus major) picoteando los insectos de esta zarza.
Los colores negros y blancos de su cara son claves para diferenciarlo del herrerillo.

Por otro lado el herrerillo tiene colores mucho más azulados, tanto en hembras como en machos, esta especie carece de dimorfismo sexual. Su píleo y sus alas son de un azul vivo en la mayoría de los casos. Su vientre también es de color amarillo, pero carece de esa corbata negra del carbonero. En tamaño el herrerillo es mucho más pequeño, con el pico del mismo estilo, corto pero fuerte que le sirve tanto para atrapar orugas como para abrir la dura cáscara de los cacahuetes que gentilmente han colocado en el comedero que adorna el jardín.

Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) colgando de un comedero de cacahuetes casero.
Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) colgando de un comedero de cacahuetes casero.
Los colores azules brillantes lo diferencian del carbonero.

Pájaros carpinteros
Aunque son algo menos habituales que los anteriores, en nuestros parques urbanos también podemos encontrar dos especies de pájaros carpinteros o pícidos, el pito real (Picus viridis) y el pico picapinos (Dendrocopos major). De hábitos distintos pero costumbres parecidas destacan por tener picos fuertes y el comportamiento típico de esta familia, trepar por el tronco de los árboles.

Pico picapinos (Dendrocopos major) la nuca de color rojo nos delata que se trata de un macho.
Pico picapinos (Dendrocopos major) la nuca de color rojo nos delata que se trata de un macho.

De arriba para abajo trepa el pico picapinos haciendo toc toc en la madera hasta encontrar el hueco en el que está escondida la larva de la que se alimenta, en ese momento extiende su larga lengua y se hace con el festín. Este pájaro carpintero de tamaño medio tiene un fuerte pico adornado con un plumaje de color negro y pintas blancas rematado por una nuca de color rojo en machos y completamente negra en hembras. Los juveniles presentan toda la parte superior de la cabeza o píleo de color rojo. Su cola es muy corta respecto a su cuerpo aunque les es muy útil para apoyarse mientras suben el tronco o las ramas de los árboles.

Pito real (Picus viridis), la mancha negra en la mejilla nos dice que se trata de una hembra
Pito real (Picus viridis), la mancha negra en la mejilla nos dice que se trata de una hembra.
Si la bigotera en vez de negra fuera de color rojo se trataría de un macho.

El pito real, aunque también trepa por los árboles, pasa parte de su tiempo paseando por el suelo, ya que tiene la misma costumbre que el oso hormiguero. Su larga lengua le permite alcanzar las hormigas que se esconden bajo tierra, pero también hace toc toc para encontrar larvas en la madera de los viejos chopos de un parque urbano. Sus colores son completamente diferentes a los de su primo el pico picapinos, el plumaje es completamente verde salvo el píleo. Una pequeña mancha o bigotera junto al pico sirve para diferenciar machos, mancha de color rojo, de hembras cuya mancha es negra.

Palomas y tórtolas
Pueden parecernos idénticas pero en el fondo hay unas pequeñas pautas que nos permiten identificar las tres especies de palomas y tórtolas más comunes de espacios verdes. Para empezar hay que saber que la paloma que conocemos, la de las ciudades es la versión doméstica de la paloma bravía (Columba livia) que solía vivir en cortados y paredes rocosas y que fue usada como paloma mensajera. Recientemente una pariente mucho más forestal se ha vuelto confiada y ha entrado en las ciudades, se tarta de la paloma torcaz (Columba palumbus) de tamaño mucho mayor.

Paloma bravía (Columba livia) variante doméstica. Muy frecuente en los parques urbanos.
Paloma bravía (Columba livia) variante doméstica. Muy frecuente en los parques urbanos.
Paloma torcaz (Columba palumbus) bebiendo agua en la fuente de un parque urbano
Paloma torcaz (Columba palumbus) bebiendo agua en la fuente de un parque urbano.

A diferencia de su prima, la torcaz presenta unas marcas blancas clave para identificarla correctamente. Una de esas manchas blancas se encuentra en el cuello, la otra se trata de dos bandas alares una en cada ala de color blanca que solo son visibles durante su vuelo.

Tórtola turca (Streptopelia decaocto) más rosada que las palomas anteriores.
Tórtola turca (Streptopelia decaocto) más rosada que las palomas anteriores.

Otra vecina que vive junto a palomas bravías y torcaces pero que no tiene nada de paloma es la tótola turca (Streptopelia decaocto) mucho más elegante y delgada. El pico es algo más fino de color negro, cola y cuerpo mantienen proporciones adecuadas y es imposible diferenciar machos de hembras, aunque normalmente en época de cría los machos se vuelven muy pesados tratando de hacerse con una conquista. A diferencia de los plumajes grisáceos de las anteriores bravías y torcaces, la tórtola turca presenta un plumaje ocre adornado con un pequeño y disimulado collar negro que en cierto tiempo le dio el nombre de tórtola de collar.

Estorninos o mirlos
Existe un grupo de aves que corretean por las verdes praderas del parque más cercano. Pueden parecer ser de la misma especie sin embargo son dos aves completamente distintas. Estamos hablando de unos pájaros negros conocidos como mirlo común (Turdus merula) y estornino negro (Sturnus unicolor). Similares por no tener ninguna marca o mancha llamativa pueden ser confundidos, sobre todo cuando solapan las poblaciones en un mismo lugar.

El mirlo tiene dimorfismo sexual aunque poco marcado. El macho es de color negro puro, oscuro con un anillo en el ojo de color naranja que acompaña al pico del mismo color. Las hembras, algo más modestas, presentan un plumaje oscuro negro, pero de tonalidades marrones y tanto pico como el anillo del ojo presentan colores anaranjados muy apagados. Su cola es bastante larga y sus hábitos suelen ser solitarios, rara vez se ve dos, tres machos juntos, en todo caso dos si son pareja.

Macho de mirlo común (Turdus merula) comiendo lo que más le gusta, lombrices.
Macho de mirlo común (Turdus merula) comiendo lo que más le gusta, lombrices.
El anillo ocular, el pico y el color negro puro nos ayuda a diferenciarlo de la hembra.

Por otro lado, el estornino es una especie muy gregaria, sociable y le encanta protegerse formando bandos enormes, de cientos e incluso miles de individuos aunque en los parques urbanos se ven pequeñas asociaciones de varios ejemplares. Respecto al tamaño es parecido al mirlo, la diferencia reside en el tamaño de la cola y el color del anillo del ojo que en el estornino es negro, su pico puede ser naranja pero también nego. Su cola es bastante corta respecto a su cuerpo y suele andar erguido, su vuelo además, es bastante torpe.

Estornino negro (Sturnus unicolor) paseando tranquilo por uno de los parques urbanos en los que abunda.
Estornino negro (Sturnus unicolor) paseando tranquilo por uno de los parques urbanos en los que abunda.

Otras aves comunes
Hay muchas aves que viven más cerca de lo que pensamos, si quieres empezar puedes salir a los parques y tratar de diferenciar estas aves, de apuntar sus diferencias, dibujar comparativas o anotar comportamientos que los diferencian.

Estas no son las únicas especies que viven en nuestros parques, existen muchas más, pero son las más comunes. Otras aves como la urraca común (Pica pica), el petirrojo europeo (Erithacus rubecula), el ánade azulón (Anas platyrhynchos), la goondrina común (Hirundo rustica), el serín verdecillo (Serinus serinus) o el agateador europeo (Certhia brachydactyla) son frecuentes en los espacios verdes de las ciudades.

Serín verdecillo (Serinus serinus) otra de las especies habituales en los parques urbanos.
Serín verdecillo (Serinus serinus) otra de las especies habituales en los parques urbanos.

Golondrina común (Hirundo rustica).
Golondrina común (Hirundo rustica).

Urraca común (Pica pica) en uno de los espacios verdes de la ciudad.
Urraca común (Pica pica) en uno de los espacios verdes de la ciudad.

Petirrojo europeo (Erithacus rubecula) habitual sobre todo en invierno cuando escapa del frío de sus áreas de cría.
Petirrojo europeo (Erithacus rubecula) habitual sobre todo en invierno cuando escapa del frío de sus áreas de cría.

Desde Blue Nature te animamos para que empieces a salir a identificar especies en el parque más cercano a tu domicilio, que empieces a diferenciar carboneros de herrerillos, mirlos de estorninos o que sepas identificar bien las palomas y tórtolas. Pronto descubrirás que hay otras sorpresas esperando detrás de un matorral, en la copa de un árbol, en una pradera o incluso en una pequeña charca. Una vez que lo controles estarás listo para salir por ahí buscando especies nuevas por parques naturales, reservas o incluso ZEPAS. 

Si quieres salir a ver aves, no lo dudes y visita la Comunidad de Madrid.

Unas 240 especies de aves distintas encuentran los recursos necesarios a lo largo de todo el año en nuestra región gracias a que aproximadamente el 40% de su superficie se encuentra protegida por su gran diversidad de ecosistemas y hábitats. Algunas tan importantes y en peligro de extinción como el águila imperial ibérica, el buitre negro o el sisón.

Te llevamos a observar aves a los espacios protegidos más importantes. Cualquier época del año es buena para ver a las dueñas del vuelo en sus hábitats naturales. Si te gustan las aves no dudes en apuntarte a cualquiera de nuestras salidas. No te los pierdas y echa un vistazo aquí: Blue Nature web
También te ofrecemos la posibilidad de prepararte una ruta a la carta.

martes, 29 de noviembre de 2016

El Bebedero del Pardo

A apenas 30 minutos de la capital, se extiende el bosque mediterráneo más importante de toda la Comunidad de Madrid y uno de los que presenta mejor estado de conservación en cuanto a su flora y su fauna. Se trata también de uno de los mejores lugares a los que ir a ver la berrea de los ciervos y la ronca de los gamos dada la abundancia de ambos mamíferos. También es hogar de otros muchos animales como jabalís, conejos, zorros o la imponente y elegante águila imperial ibérica.

Sin embargo, nuestros protagonistas de hoy son de talla más pequeña y colores más vistosos. Se trata de las aves forestales que viven entre encinas y matorrales de este bosque adehesado. La variedad y riqueza de este lugar atrae a muchas especies de aves, como la curruca carrasqueña, el rabilargo ibérico, los mirlos, lavanderas o los petirrojos. Todas estas aves de diferentes preferencias coinciden en un mismo punto de este espacio natural tan extenso. Se trata de un pequeño aporte de agua que encharca el terreno, haciendo más accesible el agua a los habitantes del bosque y que se ha convertido en el bebedero del Pardo.


Cuando uno se va acercando, ya puede ir escuchando el jolgorio y los cantos de tan alegres aves, que tras revolotear, acaban disfrutando de este tranquilo rincón. 

Los más abundantes son los herrerillos, que llegan de todas partes a beber agua y bañarse. Sus hermosos colores amarillos y azul resaltan y se reflejan en el agua, haciendo de este momento un recuerdo único y precioso que por supuesto queda fotografiado.

Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) acercándose a beber.
Los reflejos en el agua son tan bonitos como el plumaje de esta especie.
Herrerillos comunes (Cyanistes caeruleus) acercándose a beber.
A pesar de que son especies solitarias, se pueden ver varios ejemplares juntos en este bebedero.

Los siguientes en llegar son los bandos de jilgueros, que son más tolerantes y crean bandos de varios ejemplares. Esto les sirve mucho como supervivencia comunal, es decir, si uno de ellos encuentra una fuente de agua y por defecto todos acaban saciandor su sed en ella. De esta forma, en este el bebedero del Pardo, llegan muchos jilgueros a bañarse y beber. Muchos son adultos y ya presentan los colores llamativos típicos de esta especie, mientras los pollos del año carecen de las plumas rojas que aprecen en la cara de los adultos.

Juvenil (izda.) y adulto (drcha.) de jilguero común (Carduelis carduelis) bebiendo en el Pardo.
Carboneros comunes y papamoscas cerrojillos son las otras dos especies que siguen llegando desde todos los rincones del Pardo. Aquí se juntan hasta seis o siete especies diferentes con un mismo fin, beber y bañarse.

Carbonero común (Parus major) se acerca sigilosamente a beber.
Son desconfiados y tratan de pasar el menor tiempo posible  en el bebedero.
Papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca) cerca del bebedero.
Esta especie es más habitual durante el otoño y el final del verano.

Entre tanto, se acerca pasando desapercibido, un reyezuelo listado.  Su pequeño tamaño hace que el resto de especies no se percaten de su presencia hasta que está cerca. En ese momento el tamaño marca la diferencia y el pobre y chiquitín reyezuelo se aparta un poco a una esquina del bebedero y se pega un buen baño. Menudas pintas tiene después del lavado, parece que haya salido de la centrifugadora.

Reyezuelo listado (Regulus ignicapilla) se acerca tímidamente intentando pasar desapercibido.
Su tamaño, de apenas 9 cm le convierte en uno de los pájaros más pequeños de nuestra fauna.
Reyezuelo listado (Regulus ignicapilla) tras el baño parece una bola de algodón mojada.
Las aves necesitan agua para beber y bañarse. Este recurso de vida es particularmente importante durante dos épocas del año; en invierno, cuando muchos de los aportes cotidianos se han congelado y las aves no pueden acceder a ellos; y en verano, cuando las cálidas temperaturas y la sequía hacen difícil la tarea de buscar agua. Pero para entenderlo mejor, puedes ver este pequeño vídeo que muestra la diversidad del Monte del Pardo, su riqueza y la importancia del agua para las aves.

Música: Daniel Daguerre Narración: Jesús Palop

Como habrás comprobado en el documental, los trepadores azules, especies acostumbradas a estar subiendo y bajando por los troncos, se acercan esta vez hasta el bebedero para lavarse las plumas y por lo tanto protegerse mejor frente al frío. Es sorprendente también ver a otra de las especies, que en ocasiones ha compartido tronco con los trepadores. Hablamos del agateador europeo que se acerca también hasta el bebedero sin antes bajar trepando desde el tronco más cercano.

Trepador azul (Sitta euroepeae) en el suelo cerca del bebedero. 
Agateador europeo (Certhia brachydactyla) parece que con ese pico tan fino le cueste beber agua.
Es gracioso ver de vez en cuando esta especie tan trepadora y ágil por los suelos.

A medida que avanza la mañana, el número de aves que se ha acercado a beber hasta aquí supera las expectativas. El número de especies es cada vez mayor y todavía nos quedan muchas para que nos visiten. Una de ellas, de hermoso colorido pasa ahora por una de sus mudas y no puede mostrarnos sus amarillos, negros y pardo rojizos que decoran normalmente su plumaje. Nos referimos al escribano soteño, que sin el típico antifaz puede parecer hasta un triguero.

Escribano soteño (Emberiza cirlus) otra de las especies que depende de este manantial.

Cuando casi parece que todo se está acabando y que ya lo único que va a venir a beber son herrerillos, aparece un grupo de pajarillos que suena familiar. De cola larga y muy redondos, el bando de mito se mueve ágil entre las ramas antes de ir a parar a nuestro concurrido bebedero. Pero antes, mucho antes incluso de que lleguen a posarse en el agua, un macho de pinzón se les ha adelantado y ya casi ha logrado saciar su sed.

Macho de pinzón vulgar (Fringilla coelebs) entre las especies que bajan a beber.
Los machos presentan estos colores, mientras las hembras son algo más apagadas.
Mito común (Aegithalos caudatus) en este caso anillado.
Su larga cola y su rechoncho y pequeño cuerpo le dan un aspecto muy adorable.

Finalmente y ya casi cuando me estoy yendo, aparecen tres nuevas especies que no habían llegado antes. Las tres presentan colores amarillos, vaya coincidencia. Se trata del serín verdecillo y los mosquiteros común y musical, a este último parece que el bebedero le ha venido muy bien, así podrá reponer fuerzas antes de continuar con su migración.

Serín verdecillo (Serinus serinus) con sus llamativos amarillos cerca de la orilla.
Mosquitero común (Phylloscopus collybita) dejando reflejar su ceja amarilla sobre el agua.
Mosquitero muscial (Phylloscupus trochilus) reponiendo fuerzas antes de continuar su largo viaje.

Como bien muestra el documental, la dependencia de las aves sobre este y otros muchos manantiales, fuentes y abrevaderos puede poner en riesgo su supervivencia durante el próximo invierno. El acceso a agua para estas aves de apenas unos gramos puede marcar la diferencia. Por eso, además de colocar comederos en tu jardín para ayudar a las aves durante el invierno, incluye también algún aporte de agua, seguro que ellas te lo agradecerán.







martes, 27 de septiembre de 2016

Aves de la campiña

Existen una gran variedad de hábitats que las aves eligen para encontrar pareja, alimentarse o construir su nido. Cada uno de ellos tiene unos valores muy importantes que en muchos casos no somos capaces de apreciar, pero que para ellas son imprescindibles. Las aves de la campiña también han sabido encontrar esos factores que hacen de este ecosistema un lugar para quedarse.


Cuando vas paseando por un denso bosque, entre otras cosas, aprecia los árboles, la tranquilidad, los olores a pino o roble, etc. Mientras que, quizás, el pequeño herrerillo que observas con tus prismáticos, encuentra en este bosque un mundo de posibilidades, oquedades donde anidar, follaje tras el que protegerse, humedad, alimento, etc. En definitiva una serie de factores que marcan la diferencia entre un ecosistema hecho o no para vivir en él. 

Entre la gran diversidad de hábitats que recorren nuestro territorio, existe una serie de extensiones de terreno llano con parte de su superficie dedicada al cultivo. Estos campos o campiñas gozan de un mosaico vegetal en el que pueden encontrarse pequeñas y reducidas estepas, campos cultivados y otros abandonados que han dejado paso a matorrales y herbáceas.

Cardos, amapolas y otras hierbas con flores y semillas aprovechan estos abandonos para salir adelante en una tierra de origen fértil. Todas estas flores, que crecen en primavera, han sido uno de los factores para que se puedan ver grandes bandos de jilgueros aleteando en colores amarillos y negros intermitentes. El indiscriminado uso de herbicidas para parar el avance de este tipo de plantas evita que crezcan tales formaciones y por tanto desaparecen las poblaciones de estas aves.

Jilguero europeo (Carduelis carduelis).
Con su pico acabado en punta consigue hacerse con las semillas de los cardos.

Si hay un paseriforme que haya encontrado en las campiñas las necesidades básicas como para considerarlo su hogar, este es el escribano triguero. Es la banda sonora de este lugar, una especie emblemática de los cultivos y las campiñas con cierto porcentaje de arbolado disperso. Sus nombres en español y en inglés, corn bunting (escribano del maíz), dejan muy clara su predisposición por este enclave.

Escribano triguero (Emberiza calandra).
Desde perchas como esta entona su característico canto.

Y es que, la abundancia de alimento en los campos de cultivo, que forman parte de este ecosistema, atraen a una fauna singular. Muchas aves y algunos pequeños mamíferos acuden para alimentarse del grano cultivado. La abundancia de roedores entorno al trigo o la cebada y la diversidad de reptiles que, gracias a las condiciones meteorológicas, se mueven a sus anchas, son dos de los factores por los que el aguilucho cenizo, especie icono de este hábitat, prefiere campear sobrevolando estos terrenos en busca de presas como estas. El uso de raticidas o venenos para proteger las cosechas, pueden acabar, no solo con las presas del aguilucho, sino también con muchos ejemplares que ingieran por error estos bocados mortales.

Aguilucho cenizo (Circus pygargus) macho.
Su vista y su capacidad para campear largas distancias son muy útiles en la campiña.

Los roedores, las aves y los reptiles no son los únicos beneficiarios de tan diverso ecosistema. Un pequeño grupo de animales, que en ocasiones pasa desapercibido, también comparte nicho en la campiña. Nos referimos a los invertebrados, tan pequeños y con ese papel tan grande que es la polinización. Desafortunadamente para ellos, aquí se convierten en un blanco fácil para muchas aves que también han de trazar sus estrategias de supervivencia. El abuso de insecticidas, diezma las poblaciones de invertebrados y por lo tanto las de aves insectívoras.

Cogujada común (Galerida cristata).
Uno de los depredadores de insectos en la campiña.

Es muy común que los campos abandonados que ya han pasado por un proceso de colonización por especies herbáceas, alcancen el siguiente paso dentro de la sucesión vegetal. Comienzan a crecer sobre estos terrenos pequeños y aislados matorrales, que entre otras cosas cambian el aspecto del hábitat y por lo tanto los recursos. Las retamas u otros matorrales o plantas leñosas con frutos más carnosos comienzan a ofrecer alimento a aves como el verderón común o las currucas.

Verderón común (Chloris chloris) macho.
Las relamas son de las primeras plantas leñosas en aparecer tras el abandono.
Curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala) macho.
Las especies anteriores a la campiña vuelven a surgir, como esta quercínea.

La siega de los cultivos, ya sea cebada, trigo u otro cereal, pone en peligro los nidos de nuestra rapaz de la campiña. Sin embargo, si se hace con cuidado evitaremos este daño y además, los restos de dicha siega serán un recurso alimenticio más para aves tales como los estorninos que, a pesar de que duermen en zonas más rurales, se alimentan en este tipo de hábitats. Con una buena gestión estaremos beneficiando a varios grupos de aves y evitaremos males mayores.

Estornino negro (Sturnus unicolor) pollo del año.
Aprovechan la vegetación de los alrededores de las casas de labranza para poner sus nidos.

Es muy común que cerca de los terrenos trabajados, exista un pequeño núcleo de población, donde las posibilidades se vuelven a multiplicar y muchas especies encuentran oportunidades y ventajas en esta mezcla de campiña y hábitat rural. Es el caso del cada vez más escaso gorrión o la tórtola turca, un caso totalmente opuesto ya que sus poblaciones pasan por un momento de crecimiento y expansión.

Tórtola turca (Streptopelia decaocto) pareja.
Posadas en los cables de las afueras de las poblaciones.
Gorrión común (Passer domesticus) macho.
Granívora por excelencia, está sufriendo un retroceso a causa del abandono de las zonas rurales.

Los alrededores de pueblos y aldeas de tradiciones agrícolas, estrechamente relacionadas con la campiña suelen albergar también una pequeña fauna alada bastante típica de este ecosistema. Urracas y otros córvidos que se alimentan tanto en los campos como en estos núcleos urbanos, golondrinas, que sobrevuelan al ras los cereales capturando en vuelo insectos voladores, pero que necesitan de una buena pared vertical para construir sus nidos y otras aves, como el gorrión chillón que se deja ver en ocasiones por campiñas con un poco más de relieve o con taludes, donde anida la especie.

Golondrina común  (Hirundo rústica)
Descansando en un cable,elemento asociado artificial de los entornos rurales.
Gorrión chillón (Petronia petronia)
Los cables son un recurso territorial, desde donde cantar y reclamar un área de cría.

A lo largo de la campiña, existen una serie de pequeñas dehesas creadas por el abandono de pequeños cultivos arbóreos como los olivos. Entre sus troncos vuelan, currucas, pardilllos o tarabillas, un pequeño grupo de aves que han encontrado un nicho perfecto para explotar. Los pa´ridos, como el herrerillo o el carbonero se desarrollan con soltura en un ecosistema de este tipo. Las orugas y otros invertebrados que forman parte de su dieta abundan en estos entornos, además de que la madera abandonada posee oquedades en las que nidificar.

Carbonero común (Parus major) macho.
Colgado de esta  valla, trae una ceba para sus pollos, que se encuentran en un olivo cercano.
Herrerillo común (Cyanistes caeruleus).
Los troncos de los olivos abandonados son perfectos para nidos tan bien protegidos como este.

Es bastante habitual que en las cercanías de nuestra campiña, se extienda el serpenteante curso de un río o un pequeño arroyo. Esto se debe a la necesidad de este recurso para que los terrenos mantengan algo de humedad, o para abastecer pueblos como los anteriores. En su orilla, crece sin apenas freno, un pequeño bosque de ribera en el que se pueden escuchar los cantos del ruiseñor común, o el "tur tur" de una especie también de la campiña y no tan restringida al bosque de ribera como el ruiseñor, la tórtola europea, ave del año 2015, considerada como tal por sus problemas de conservación.

Ruiseñor común (Luscinia megaryhnchos) cantando.
Sus melódicos trinos resuenan en el estrecho bosquecillo que nutre las tierras de labranza.
Tórtola europea (Streptopelia turtur).
Su típico canto, frecuente en primavera, se oye cada vez menos en los campos de rastrojos.

Los problemas de conservación que desgraciadamente abundan en un ecosistema aparentemente pobre, pero con una riqueza tan especial, están a la orden del día y por lo tanto es importante diseñar estrategias que permitan frenar las problemas y amenazas que tantos efectos negativos tienen sobre las poblaciones de aves y otros animales.

Casos como el de la Campiña sur de Extremadura, donde desde el año 2004 se declaró como ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves) y que se viene gestionando como parte de la Red Natura 2000, es un claro ejemplo de que existe algo de esperanza que nos invita a ser optimistas en cuanto a la conservación de las campiñas y su habitantes.

martes, 8 de marzo de 2016

Patones, hogar del pico menor

Situado al nordeste de la Comunidad de Madrid, Patones es uno de lo municipios con un importante desarrollo del turismo rural. Quizás se deba al atractivo de sus paisajes y la singularidad de sus pueblos y sus habitantes. En general el entorno esconde un entrañable ambiente que invita a adentrarse en lo más profundo de sus pequeños bosques y montes.

Camino que recorre un importante bosque de galería de fresnos, chopos

En su extensión se encuentra la presa del Pontón de la oliva, cuyo entorno se preserva bastante bien a pesar de las obras y construcciones de las infraestructuras hidráulicas. Es fácil ver fresnedas, pinares algún que otro roble suelto y de vez en cuando alguna encina. Por supuesto las retamas y otra vegetación arbustiva como zarzas, jaras y tomillos ofrecen más alternativas para el desarrollo de las especies de aves.

Para visitarlo nos acercamos a uno de los aparcamientos que se encuentran en la subida de la carretera M-134, en dirección El Atazar. Desde ahí ya se acercan algunas aves a nuestra llegada, como la lavandera blanca que delata la presencia y cercanía del propio embalse; o el petirrojo europeo que si llegamos de madrugada puede deleitarnos con sus preciosos cantos matutinos. Con unos cuanto minutos más en el aparcamiento podemos llegar a ver algún que otro agateador europeo o incluso bandos ruidosos y numerosos de rabilargo ibérico. Existe la posibilidad, si vamos durante el invierno, de ver bandos nutridos de varios ejemplares de gorrión chillón, sin duda una sorpresa bastante agradable.

Lavandera blanca (Motacilla alba) muy asociada a lugares concierta presencia de agua.
Petirrojo europeo (Erithacus rubecula) a pleno pulmón.
Su canto se encuentra entre uno de los más apreciados dentro de las aves ibéricas.
Tres rabilargos ibéricos (Cyanopica cookii) los colores azulados de esta especie la hacen inconfundible.
Entrañable imagen de un bando de gorriones chillones (Petronia petronia).
Su llamativa ceja clara por encima del ojo permiten diferenciarlo del resto de los gorriones.

Una vez hayamos pasado unos minutos en el aparcamiento merece la pena acercarse un poco hasta el Embalse del Pontón de la Oliva para intentar divisar algunas especies propias de los roquedos que escoltan los lados de dicha construcción. Antes de la llegada al embalse, un camino de retamas y poco arbolado esconde mitos, carboneros comunes y pinzones vulgares. También es probable que varios bandos de gritonas chovas piquirrojas pasen sobrevolando nuestras cabezas y certificando nuestra aproximación a los cortados del embalse.

Mito común (Aegithalos caudatus) en grupos de varios individuos van saltando de rama en rama.
Se ven muy graciosos, su cuerpo redondeado acaba en una larga y fina cola.
Carbonero común (Parus major) en los pocos arboles que hay hasta el embalse se pueden observar páridos como este.
Pinzón vulgar (Fringillia coelebs) cantarín frigílido que también adorna esta "entrada" al emablse.
Uno de los bandos de chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax) que se pueden ver por Patones.

El camino circula por uno de los laterales a una considerable altura, desde la cual podemos obtener una preciosa perspectiva de los aviones roqueros, observables en cualquier época del año, que vuelan seguros por encima de nuestras cabezas. Si avanzamos por este camino deberemos hacerlo con cautela, puesto que pasa muy cerca de la pared rocosa y podemos espantar a las grajillas occidentales o al esquivo roquero solitario. Si dedicamos unos segundos a mirar hacia abajo, tendremos la posibilidad de ver mirlo acuático jugueteando en el curso del río, alguna que otra curruca capirotada en busca de insectos. Puede ser que en nuestra estancia cerca del aparcamiento no hayamos sido capaces de dar con el gorrión chillón, pues este es el momento, a la citada especie le encanta situarse en la propia estructura del embalse a tomar baños de sol.

Avión roquero (Ptyonoprogne rupestris) en la zona de los cortados del embalse.
Pareja de grajilla occidental (Corvus monedula) en una de las grietas de los roquedos.
El roquero solitario (Monticola solitarius) es una especie propia de estos entornos tan rocosos.
Macho de curruca capirotada (Sylvia atricapilla)
Pareja de gorrión chillón (Petronia petronia).
Les encanta situarse en la propia estructura a tomar el sol al amanecer.

Una vez nos hemos adentrado en embalse es hora de dar media vuelta en dirección al aparcamiento, para retomar la carretera M-134 que va hasta El Atazar. Pararemos justo en el kilómetro 2 donde empieza una ruta que discurre por la linde de un pinar. Ahí hay una pequeña explanada para dejar los coches y una barrera que no permite el paso a vehículos. Desde ahí sale la ruta que nos llevará al magnífico encuentro con una especie icono. Hasta llegar allí se recorren, por un lado un pinar que permite ver arrendajo euroasiático, zorzal común o escribanos montesinos; y jarales y retamares por el otro donde las cogujadas comunes se pueden asustar a nuestro paso. Durante la ruta no faltan los avistamientos de grandes rapaces como las dos grandes necrófagas de nuestra fauna, el buitre leonado y el buitre negro. Cicleando para coger altura, posado en los montes de alrededor, o simplemente de paso. 

Cogujada común (Galerida cristata) a uno de los lados del camino.
Buitre negro (Aegypius monachus) en uno de sus campeos en busca de alimento.

Durante nuestro trayecto pasaremos por una casa abandonada, la antigua Casa de la Tejera donde un inquieto colirrojo tizón nos invita a pararnos en un entorno enzarzado, donde otras aves como petirrojos europeos, tarabillas europeas o currucas cabecinegras pueden ser avistadas entre majuelos, jaras y enebros. Según pasamos la Casa de la Tejera, el arbolado se abre paso y pinzones vulgares y herrerillos comunes se alimentan de los pequeños brotes de una fresneda que parece comerse el espacio dejado por el río.

Macho de tarabilla europea (Saxicola rubicola)
Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) según nos vamos acercando a la fresneda.

Una vez dentro no debemos perdernos ni un solo movimiento, en completo silencio, viendo cómo agateadores europeos y trepadores azules ocupan prácticamente cada fresno, cómo suben y bajan, se ponen del revés y trepan con tanta facilidad. Pero no hay que dejar que ni ellos ni los bandos de jilgueros lúganos nos distraigan durante mucho tiempo, porque es posible que demos con el más pequeño de nuestros pájaros carpinteros, el pico menor. Con aproximadamente 15 cm de longitud este diminuto carpintero del tamaño de un pinzón, se mueve con facilidad por la fresneda que va paralela al río. Sorprende además de verlo, oírlo, porque su pequeño tamaño no le impide golpear fuerte a la madera para sacar las larvas de las que se alimenta y es que en cuanto a fuerza no tiene nada que envidiar al resto de carpinteros. Está claro que para el pico menor el tamaño no importa.

Agateador europeo (Certhia brachydactyla) sin ningún problema asciende por el tronco de los árboles.
Trepador azul (Sitta europea) recurriendo a una de sus despensas en la grieta de este tronco.
Un nutrido bando de jilguero lúgano (Carduelis spinus).
Este bando,con machos y hembras, se alimenta en invierno de las semillas de los fresnos.
La especie estrella, el pico menor (Dendrocopos minor).
A parte de su tamaño, su píleo rojo y su dorso más manchado lo diferencian del resto de los picos.