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martes, 23 de mayo de 2017

Una visita a la Albufera de Mallorca

¡¡Hola a todos!!

Hoy quiero presentaros a nuestros compañeros de Nattule que nos van a guiar por uno de los más bellos rincones de la isla de Mallorca, La Albufera.

Cuando se habla de turismo ornitológico hay lugares que siempre se nombran. Buen ejemplo de ello es Doñana, probablemente el destino más reconocido para observar aves en Andalucía. Pero no hay que olvidar que por toda España hay maravillosos parajes donde los ornitólogos pueden ponerse las botas. No solo en la península; las Islas Baleares son un destino que, poco a poco, se va posicionando en este aspecto y el Parque Natural de la Albufera de Mallorca es una de sus grandes apuestas.

Localizado entre los municipios de Muro y La Pobla, al noroeste de la isla, es la zona húmeda más importante de las Islas Baleares, además del paraje con más diversidad de flora y fauna de Mallorca. Destaca especialmente el grupo de las aves, con más de 270 especies contabilizadas. Por ello, la Albufera también está reconocida como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA).

Atardecer en el Parque Natural de la Albufera de Mallorca.
La entrada al Parque se encuentra tras pasar el Puente de los Ingleses. El acceso está totalmente restringido a vehículos de motor, por lo que deberás dejar el coche en el aparcamiento habilitado a tal fin. Lo primero que debes hacer una vez dentro es dirigirte al Centro de Recepción de Sa Roca, donde se tramitan los permisos gratuitos para el visitante.

Puente de los ingleses.
Por el camino, ya empezarás a ver a algunas de las aves menos tímidas, como los ánades reales, en los canales que te rodean a uno y otro lado.

Ánade real (Anas platyrrhynchos)
Antes de comenzar la visita, también puedes entrar al Centro de Visitantes de Can Bateman, que te permitirá introducirte en la historia del Parque Natural de la Albufera y hacerte una breve idea de las características del mismo.

Después puedes elegir entre cuatro senderos para recorrer a pie o en bicicleta. Los tres más cortos llevan hasta los observatorios de las lagunas de Es Cibollar, Es Colombars y Sa Roca. Se recorren en apenas 30 o 45 minutos, pero puedes combinar varios para hacer una visita más completa. El más largo, Camí d'Enmig - Ses Puntes, rodea prácticamente todo el parque y se recorre en unas 4 horas.

Cartel informativo de los senderos del Parque Natural.
Según la época en que la visites, podrás ver en la albufera una gran variedad de aves residentes, estivales e invernantes. Para que te hagas una idea, aquí tienes las distintas zonas de la Albufera con las especies más significativas que puedes encontrar en cada una.

Dunas litorales

Es la franja de arena que separa la marisma del mar. Está compuesta por un conjunto o “cordón” de dunas que han sido movidas por el viento hasta quedar fijadas por la vegetación, fundamentalmente pinares, carrasqueras y lentiscos. Entre estas plantas encuentran refugio durante el invierno petirrojos y mosquiteros.

Petirrojo europeo (Erithacus rubecula)
La curruca balear, por otra parte, se encuentra durante todo el año, aunque su carácter tímido la hace más difícil de observar. 

Curruca balear (Sylvia balearica)
Es Cibollar y Es Colombars

En esas zonas, la vegetación está dominada por el carrizo y los juncos, que sirven de cobijo y alimento a muchas aves. Si prestas atención, escucharás el sonoro canto del ruiseñor bastardo. También es posible que veas al escribano palustre, especialmente abundante en invierno. 

Ruiseñor bastardo (Cettia cetti)
Desde finales del otoño podrás ser testigo de la llegada de las elegantes garzas reales, que huyen del frío en busca del clima más benévolo del Mediterráneo.

Garza real (Ardea cinerea)
Una de las imágenes más sobrecogedoras la forman las bandadas de cientos, e incluso miles, de estorninos que sobrevuelan los carrizales al atardecer. 

Bando de estorninos
También hay rapaces en la Albufera; la más común es el aguilucho lagunero. Lo distinguirás por la forma que adopta en el vuelo, con las alas un poco levantadas, formando una uve.

Macho de aguilucho lagunero occidental (Circus aeruginosus)
Además, entre los carrizales se encuentran las lagunas salobres, hogar también de un buen número de aves. Los chorlitejos son muy abundantes en esta zona. También la cigüeñuela, a la que podrás ver durante la primavera construyendo su nido u ocupándose de sus crías. 

Cigüeñuela común (Himantopus himantopus)

Cigüeñuela común (Himantopus himantopus)
Aunque entre las limícolas, la más abundante es el avefría, que suele reunirse en bandadas.

Avefría europea (Vanellus vanellus)
Canales

La Albufera se encuentra atravesada de lado a lado por multitud de canales construidos por el hombre donde abunda la vida. Encontrarás aves tanto residentes como invernantes. Entre las primeras destaca la focha moruna, que se reintrodujo en Mallorca en 2004.

Focha moruna (Fulica cristata)
Focha moruna (Fulica cristata)
Junto con el ánade real y la polla de agua son tres de las especies más buscadas del parque. 

Gallineta común (Gallinula chloropus)
De las segundas se pueden ver al cormorán, el ánade silbón y el precioso martín pescador. 

Martín pescador común (Altedo atthis)
Son Bosc

El observatorio de esta zona se encuentra al final del camino de Ses Puntes. Se trata de una antigua finca de cultivo repleta de plantas aromáticas, como el tomillo y las siemprevivas. Es un lugar ideal si quieres fotografiar a los coloridos abejarucos; pues, en verano, estas preciosas aves crían aquí, alimentándose de las avispas que existen en la zona.

Abejaruco europea (Merops apiaster)
Las salinas

Al sur de la Albufera, tras las dunas litorales, se encuentran los estanques de unas antiguas salinas que estuvieron en funcionamiento hasta 1979. Es una zona repleta de vida, donde abundan las aves limícolas, especialmente en épocas de paso. El correlimos común o el archibebe claro son algunas de las especies que verás.

Archibebe claro (Tringa nebularia)

Además, por supuesto, de los llamativos flamencos.

Flamenco común (Phoenicopterus roseus)
 Espero que hayas disfrutado de este paseo por la Albufera de Mallorca y, que a partir de ahora, lo tengas presente en tu lista de humedales que visitar.

Firma: Viajera, publicista y escritora. Amante del tiro con arco. Julia es una de esas personas que prefiere descubrir las semejanzas entre lugares en directo, también sus diferencias. ¡Sigue sus aventuras en Nattule!



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martes, 18 de octubre de 2016

Dos caras del Sureste

A media hora de la capital, el Parque Regional del Sureste es un complejo de lagunas procedentes de la inundación de antiguas graveras y zonas de extracción de áridos que han recuperado un aspecto algo más natural. Los tarays, el carrizo y otra vegetación típica de estos lugares se han ido haciendo un hueco junto a la orilla, dando un aspecto de recuperación al enclave. La presencia de estos lugares inundados pasa en ocasiones desapercibida para nosotros, pero no para la avifauna. Las aves han logrado encontrar beneficios, pero ¿los hay durante todo el año?


En una de las escapadas para huir de la ajetreada vida en la ciudad, fui a parar al sureste madrileño, un destino conocido que nunca defrauda. Por casualidad y sin intención alguna fui a dar con un pequeño humedal, dentro de los límites del parque, totalmente nuevo para mi. La primera visita ocurrió durante el verano (finales de junio), aprovechando los días cálidos y soleados, y fue tan sorprendente que repetí y la siguiente fue al llegar las lluvias de este otoño tan inusual (la semana pasada). 

Caminando por el perímetro del humedal las aves acuáticas reinan en este pequeño territorio. Suya es la superficie del agua, aunque algunos hagan uso de sus fondos, escapando de cualquier peligro con rápidas inmersiones. 

Zampullín común (Tachybaptus rufficolis) plumaje reproductor.
Ahora mismo quedan pocos zampullines con este aspecto en el humedal.
Zampullín común (Tachybaptus rufficolis) plumaje invernal.
Este es el aspecto de la mayoría de los zampullines de la laguna.

Hablamos de esta especie, el zampullín común, que se esconde entre la vegetación para no ser visto y que en la época de reproducción presenta los colores oscuros de la primera foto, mientras que estos días ya se les puede ver con el plumaje típico de invierno.

Los cormoranes llegan en invierno y se ven apoyados en ramas secas, un recurso abundante en este humedal y que permite ver bien a las especies tan esquivas como el avetorillo. Aunque es muy raro verlo estos días por el humedal, por sus hábitos estivales, durante esa época aprovecha las ramas secas que sobresalen del carrizo o justo por encima del agua.

Avetorillo común (Ixobrychus minutus).
Sus hábitos estivales lo hacen extremadamente raro estos días en el humedal.

Esta pequeña garza es bastante solitaria, justo lo opuesto que su pariente la garcilla bueyera que en invierno se junta en grandísimos bandos encima de los tarays. En general las garcillas bueyeras, las garcetas o las garzas reales son ahora bastante más abundantes en el humedal que en el periodo reproductor.

Garcilla bueyera (Bubulcus ibis).
Garcetas comunes (Egretta garzetta).
Esta especies se junta con garzas reales y descansan juntas en esta época entre el carrizo.
Garcillas bueyeras (Bubulcus ibis).
En la época estival los bandos son de este tamaño, ahora pueden llegar a los 200 ejemplares.
Garza real (Ardea cinerea) en vuelo.
Si se acude estos días al humedal se pueden ver varios ejemplares entre bandos de garcetas.

Las actividades de las aves en el humedal son completamente diferentes de un momento del año a otro. Por ejemplo, mientras que en la visita de junio las cigüeñas se encontraban pescando cangrejos de río en el Jarama, ahora cogen las pocas corrientes de aire ascendente para poner rumbo al sur, donde cruzarán el Estrecho de Gibraltar. 

Cigüeña blanca (Ciconia ciconia).
La actividad de las cigüeñas es más solitaria en junio cuando pesca para sus pollos.
Bando de cigüeñas blancas (Ciconia ciconia).
La migración de las cigüeñas. Ahora en el humedal es frecuente esta escena.

Y es que los cambios migratorios están a la orden del día. Ya están llegando la mayoría de las anátidas que pasarán el invierno en nuestro territorio. Este es el caso del ánade rabudo, la cerceta común, la cuchara o el porrrón moñudo. También llegan un montón de ánades azulones, porrones europeos o ánades frisos, efectivos del norte de Europa que vienen a pasar un ivierno algo más templado aunque son especies abundantes en los meses de primavera y verano. La riqueza y abundancia actual del humedal es mucho mejor que durante la época de cría.


Porrón europeo (Aythya ferina) hembra.
En primavera muchos reproductores de esta especie ponen rumbo al norte, Europa.
Pareja de ánades rabudos (Anas acuta).
Una especie presente únicamente durante el invierno.
Cuchara común (Anas clypeata) macho.
Su pequeña población reproductora aumenta con la llegada de invernantes europeos.
Cerceta común (Anas crecca) macho.
No está presente en la primavera ni el verano, llega en otoño para pasar aquí el inveirno.
Ánade friso (Anas strepera) macho.
Es habitual durante la época de nidificación, pero estos días se ven más ejemplares.
Grupo de porrones europeos (Aythya ferina).
En otoño los reproductores de Europa vuelven a sus áreas de invernada.
Porrón moñudo (Aythya fuligula) macho.
Entre tanto porrón europeo se puede encontrar alguno moñudo en invernada.
Grupo de ánades azulones (Anas platyrhynchos).
Ahora se sienten más seguros en bandos que durante la época reproductora.

Las rapaces no tienen muy buena representación en este pequeño enclave. A penas algún milano real se ve de vez en cuando campear por los alrededores de las alguna. A diferencia que su pariente el milano negro, las poblaciones del real reciben una importante llegada de invernantes desde centroeuropa.

Milano real (Milvus milvus).
Más habitual en invierno, pero esta imagen cerciora su presencia todo el año.

Las fochas son aves muy comunes de ecosistemas de aguas dulces como este. Durante la época reproductora se ven bastantes ejemplares en humedales del interior, grupos pequeños,o adultos junto a sus pollos. Sin embargo, al llegar octubre el número de fochas se dispara y son mucho más abundantes que durante la época de nidificación.

Varias fochas comunes (Fulica atra).
Mucho más abundantes desde que llegaron al humedal en otoño.

Si hay un grupo que marque la diferencia entre la época estival y la invernal, son las golondrinas y aviones. En la visita de junio, los dueños de todos los insectos voladores del humedal son los aviones zapadores, que vuelan a ras del agua capturando insectos que llevan más adelante a sus nidos. Sin embargo, los meses pasan y comienza a acercarse el momento de poner rumbo al sur. En este preciso momento, los pocos aviones zapadores que no se han ido todavía, se juntan con grandes bandos de golondrinas comúnes, alguna dáurica y tímidos aviones comunes para poner todos juntos rumbo al continente africano.

Bando de aviones zapadores (Riparia riparia).
Aspecto de los posaderos en la primera visita al humedal.
Avión común (Delichuon urbicum) junto a golondrinas comunes.
Ahora en invierno los posaderos son más mixtos.
Avión zapador (Riparia riparia) junto a golondrinas comunes.
Quedan ya pocos aviones zapadores, suelen ser de los primeros en volar al continente africano.
Bando de golondrinas comunes (Hirundo rústica).
Hasta finales de octubre y principios de noviembre serán ellas las reinas del humedal.

Es curioso poder ver a estas tres aves juntas en el mismo posadero, recuperando fuerzas antes de seguir a delante con una de las travesías más famosas de nuestra fauna, la marcha de las golondrinas.

La llegada de otra ave europea, el petirrojo, deja clara que el invierno se acerca. Sus cantos son más habituales ahora que en otra época del año, puesto que la población española recibe la llegada y el paso de aves del centro y norte de Europa. Es habitual de bosques y sotos, pero en invierno puede cambiar mucho de hábitat.

Petirrojo europeo (Erithacus rubecula)
Ave de hábitos europeos que es más frecuente ahora en el humedal que en la anterior visita.
Ruiseñor pechiazul (Luscinia svecica).
La aparición de esta ave en el humedal delata las dos caras de los ecosistemas.

Algo similar le ocurre a un pariente cercano, el ruiseñor pechiazul. Es una especie muy típica de matorrales montanos, pero que al llegar el invierno se acerca hasta los carrizales y otra vegetación palustre. Es curioso que hayan elegido este humedal para pasar el invierno tanto el petirrojo como el pechiazul.

El que sí es fiel a su territorio y su humedal es el cetia ruiseñor. Cantarín y alegre pasa todo el año en este territorio, a penas se ve diferencia de abundancia entre las dos visitas. Algo totalmente diferente a los hábitos de un compañero de carrizo, el carricero tordal cuya presencia se limita a los meses más calurosos. Este es otro claro ejemplo de las dos caras de este humedal, la más veraniega y la de la temporada de lluvias.

Cetia ruiseñor (Cetia cetti)
Calentándose al sol del verano entre el carrizo verde.
Cetia ruiseñor (Cetia cetti)
Igual de inquieto y cantarín que la pasada época de nidificación, se le ve por todo el humedal.
Carricero tordal (Acrocephalus arundinaceus)
Su presencia se limita a los meses de verano y primavera, ahora no se encuentra en la laguna.

Paseando durante el verano, hemos podido apuntar aves estivales de todos los colores y tamaños, mientras que el invierno atrae a otras aves totalmente diferentes. Entre ellas un diminuto viajero que llega desde el norte de Europa huyendo de su duro invierno, el mosquitero común. Justo la cara opuesta al carricero tordal. El mismo humedal pero dos caras completamente diferentes que hacen parecer a este enclave dos lugares distintos en función de la época.

Mosquqietro común (Phylloscopus collybita)
Ave estrictamente invernal dentro del enclave del sureste.

Hay aves que nunca, o casi nunca cambian sus hábitos. Los mitos se ven fácilmente en el humedal durante todo el año, al igual que los curiosos herrerillos, que estos días que no están los carriceros, son ellos los que ocupan sus posaderos favoritos.

Herrerillo común (Cyanistes caeruleus)
El herrerillo que se creía un carricero.

Otras de las aves que a penas modifica sus costumbres de una temporada a otra es el pájaro-moscón, una ves relativamente abundante en este lugar. Sí es verdad que algunas aves centroeuropeas llegan a España para pasar el invierno, pero fácilmente se puede ver a estos diminutos péndulos de los carrizos durante todo el año picotear las "plumas" de estas plantas.

Pájaro-moscón europeo (Remiz pendulius)
Alimentándose en las plumas del carrizo.
Pequeño grupo de pájaro-moscón europeo (Remiz pendulius).
Jóvenes tras la época de cría.
Pájaro-moscón europeo (Remiz pendulius)
Durante la época invernal también se les puede ver entre el carrizo, pero su antifaz no es tan llamativo.

Los estorninos, los gorriones morunos y molineros simplemente cambian sus hábitos y dejan de ser lo solitarios que son durante la época de cría, a juntarse en enormes bandos, muchas veces mixtos. Estos comportamientos tan gregarios les hacen sentirse más seguros, a la vez que aumentan sus probabilidades de encontrara alimento durante el invierno, una época de escasez.

Estorninos negros (Sturnus unicolor).
Ejemplares de un gran bando invernal.
Gorrión moruno (Passer hispaniolensis) macho.
Pequeños bandos de morunos pueden concentrar más de 40 aves. 
Gorrión molinero (Passer montanus)
Aunque no forma bandos tan grandes, estos días es habitual verlos mas o menos juntos.

Sin duda acudir a un lugar en dos épocas completamente diferentes abre la mente y hace comprender la complejidad de los ecosistemas. Los beneficios que pueden ser imprescindibles para una especie en verano, no lo son para otras en invierno y viceversa.