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lunes, 18 de diciembre de 2023

Alto Tajo

 ¡Hola!

Tras el éxito rotundo de nuestra visita al Alto Tajo de noviembre, repetimos este mes de diciembre la salida, en esta ocasión con el grupo de personas que no pudo asistir en noviembre y alguno más. A excepción de algunos cambios la ruta fue muy similar y también fue perfecta. Pudimos adentrarnos en los hoces horadadas del Tajo descubriendo la riqueza de sus sierras y bosques e incluso nos acercamos a escuchar al búho real al atardecer. Fue una excursión redonda donde la única baja fue el dichoso treparriscos que este año se niega a aparecer. Os cuento lo bien que lo pasamos y las anécdotas que surgieron durante la excursión ¡Vamos allá!

Bando de buitre leonado (Gyps fulvus)

martes, 29 de noviembre de 2016

El Bebedero del Pardo

A apenas 30 minutos de la capital, se extiende el bosque mediterráneo más importante de toda la Comunidad de Madrid y uno de los que presenta mejor estado de conservación en cuanto a su flora y su fauna. Se trata también de uno de los mejores lugares a los que ir a ver la berrea de los ciervos y la ronca de los gamos dada la abundancia de ambos mamíferos. También es hogar de otros muchos animales como jabalís, conejos, zorros o la imponente y elegante águila imperial ibérica.

Sin embargo, nuestros protagonistas de hoy son de talla más pequeña y colores más vistosos. Se trata de las aves forestales que viven entre encinas y matorrales de este bosque adehesado. La variedad y riqueza de este lugar atrae a muchas especies de aves, como la curruca carrasqueña, el rabilargo ibérico, los mirlos, lavanderas o los petirrojos. Todas estas aves de diferentes preferencias coinciden en un mismo punto de este espacio natural tan extenso. Se trata de un pequeño aporte de agua que encharca el terreno, haciendo más accesible el agua a los habitantes del bosque y que se ha convertido en el bebedero del Pardo.


Cuando uno se va acercando, ya puede ir escuchando el jolgorio y los cantos de tan alegres aves, que tras revolotear, acaban disfrutando de este tranquilo rincón. 

Los más abundantes son los herrerillos, que llegan de todas partes a beber agua y bañarse. Sus hermosos colores amarillos y azul resaltan y se reflejan en el agua, haciendo de este momento un recuerdo único y precioso que por supuesto queda fotografiado.

Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) acercándose a beber.
Los reflejos en el agua son tan bonitos como el plumaje de esta especie.
Herrerillos comunes (Cyanistes caeruleus) acercándose a beber.
A pesar de que son especies solitarias, se pueden ver varios ejemplares juntos en este bebedero.

Los siguientes en llegar son los bandos de jilgueros, que son más tolerantes y crean bandos de varios ejemplares. Esto les sirve mucho como supervivencia comunal, es decir, si uno de ellos encuentra una fuente de agua y por defecto todos acaban saciandor su sed en ella. De esta forma, en este el bebedero del Pardo, llegan muchos jilgueros a bañarse y beber. Muchos son adultos y ya presentan los colores llamativos típicos de esta especie, mientras los pollos del año carecen de las plumas rojas que aprecen en la cara de los adultos.

Juvenil (izda.) y adulto (drcha.) de jilguero común (Carduelis carduelis) bebiendo en el Pardo.
Carboneros comunes y papamoscas cerrojillos son las otras dos especies que siguen llegando desde todos los rincones del Pardo. Aquí se juntan hasta seis o siete especies diferentes con un mismo fin, beber y bañarse.

Carbonero común (Parus major) se acerca sigilosamente a beber.
Son desconfiados y tratan de pasar el menor tiempo posible  en el bebedero.
Papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca) cerca del bebedero.
Esta especie es más habitual durante el otoño y el final del verano.

Entre tanto, se acerca pasando desapercibido, un reyezuelo listado.  Su pequeño tamaño hace que el resto de especies no se percaten de su presencia hasta que está cerca. En ese momento el tamaño marca la diferencia y el pobre y chiquitín reyezuelo se aparta un poco a una esquina del bebedero y se pega un buen baño. Menudas pintas tiene después del lavado, parece que haya salido de la centrifugadora.

Reyezuelo listado (Regulus ignicapilla) se acerca tímidamente intentando pasar desapercibido.
Su tamaño, de apenas 9 cm le convierte en uno de los pájaros más pequeños de nuestra fauna.
Reyezuelo listado (Regulus ignicapilla) tras el baño parece una bola de algodón mojada.
Las aves necesitan agua para beber y bañarse. Este recurso de vida es particularmente importante durante dos épocas del año; en invierno, cuando muchos de los aportes cotidianos se han congelado y las aves no pueden acceder a ellos; y en verano, cuando las cálidas temperaturas y la sequía hacen difícil la tarea de buscar agua. Pero para entenderlo mejor, puedes ver este pequeño vídeo que muestra la diversidad del Monte del Pardo, su riqueza y la importancia del agua para las aves.

Música: Daniel Daguerre Narración: Jesús Palop

Como habrás comprobado en el documental, los trepadores azules, especies acostumbradas a estar subiendo y bajando por los troncos, se acercan esta vez hasta el bebedero para lavarse las plumas y por lo tanto protegerse mejor frente al frío. Es sorprendente también ver a otra de las especies, que en ocasiones ha compartido tronco con los trepadores. Hablamos del agateador europeo que se acerca también hasta el bebedero sin antes bajar trepando desde el tronco más cercano.

Trepador azul (Sitta euroepeae) en el suelo cerca del bebedero. 
Agateador europeo (Certhia brachydactyla) parece que con ese pico tan fino le cueste beber agua.
Es gracioso ver de vez en cuando esta especie tan trepadora y ágil por los suelos.

A medida que avanza la mañana, el número de aves que se ha acercado a beber hasta aquí supera las expectativas. El número de especies es cada vez mayor y todavía nos quedan muchas para que nos visiten. Una de ellas, de hermoso colorido pasa ahora por una de sus mudas y no puede mostrarnos sus amarillos, negros y pardo rojizos que decoran normalmente su plumaje. Nos referimos al escribano soteño, que sin el típico antifaz puede parecer hasta un triguero.

Escribano soteño (Emberiza cirlus) otra de las especies que depende de este manantial.

Cuando casi parece que todo se está acabando y que ya lo único que va a venir a beber son herrerillos, aparece un grupo de pajarillos que suena familiar. De cola larga y muy redondos, el bando de mito se mueve ágil entre las ramas antes de ir a parar a nuestro concurrido bebedero. Pero antes, mucho antes incluso de que lleguen a posarse en el agua, un macho de pinzón se les ha adelantado y ya casi ha logrado saciar su sed.

Macho de pinzón vulgar (Fringilla coelebs) entre las especies que bajan a beber.
Los machos presentan estos colores, mientras las hembras son algo más apagadas.
Mito común (Aegithalos caudatus) en este caso anillado.
Su larga cola y su rechoncho y pequeño cuerpo le dan un aspecto muy adorable.

Finalmente y ya casi cuando me estoy yendo, aparecen tres nuevas especies que no habían llegado antes. Las tres presentan colores amarillos, vaya coincidencia. Se trata del serín verdecillo y los mosquiteros común y musical, a este último parece que el bebedero le ha venido muy bien, así podrá reponer fuerzas antes de continuar con su migración.

Serín verdecillo (Serinus serinus) con sus llamativos amarillos cerca de la orilla.
Mosquitero común (Phylloscopus collybita) dejando reflejar su ceja amarilla sobre el agua.
Mosquitero muscial (Phylloscupus trochilus) reponiendo fuerzas antes de continuar su largo viaje.

Como bien muestra el documental, la dependencia de las aves sobre este y otros muchos manantiales, fuentes y abrevaderos puede poner en riesgo su supervivencia durante el próximo invierno. El acceso a agua para estas aves de apenas unos gramos puede marcar la diferencia. Por eso, además de colocar comederos en tu jardín para ayudar a las aves durante el invierno, incluye también algún aporte de agua, seguro que ellas te lo agradecerán.







martes, 5 de abril de 2016

La diversidad de la Costa da Morte III

Última entrada de una serie de tres capítulos que nos han llevado a las escarpadas y rocosas costas gallegas de poderosas olas y fuertes corrientes. En las anteriores visitas nos paseamos por la playa de Baldaio y las Islas Sisargas (Ver "La diversidad de la Costa da Morte I"), recorrimos la ensenada A Insua, visitamos la Laguna Traba y nos acercamos a ver las olas romper contra las rocas a dos de los cabos más famosos de esta costa, el Cabo Vilán y Touriñán (Ver "La diversidad de la Costa da Morte II"). En esta ocasión nos acercaremos a otra de las muchas lagunas costeras de Costa da Morte y a una playa llena de vida, desde donde desvelaremos qué habitantes ocupan estas tierras.

Estos son los únicos "bañistas" de uno de los lugares de los que vamos a hablar.

Playa de Carnota

Dentro de la comarca de Muros, se accede desde la población con la que comparte nombre, lugar donde se encuentra uno de los mayores hórreos más largos del mundo, el Hórreo de Carnota con casi 35 metros. Si hablamos de tamaños cabe destacar los 12 km de longitud (entre arena y rocas) de la playa de Carnota, distancia que aprovechan multitud de aves playeras para descansar en bandos invernales de cientos de individuos.

Situación de la playa de Carnota (nº 9) en la costa gallega.

Desde Carnota se puede acceder a la playa de forma cómoda por una carretera asfaltada y dependiendo de lo lleno de coches que esté, se puede dejar este en un pequeño aparcamiento justo en la playa. A partir de aquí nos tendremos que acercar a pie, lo que es un privilegio ya que hay unas pasarelas que facilitan el proceso. Desde aquí podremos observar algunas de las especies que se quedan separadas de la costa, sobre todo las ardeidas, la garza real y la garceta grande, dos o tres lavanderas blancas y algún que otro cormorán grande persiguiendo a los peces que se quedan atrapados al bajar la marea.

Garceta grande (Egretta alba) en una de las rocas de la playa de Carnota, en la zona inundada.

Si lo que queremos es acercarnos a la costa para ver algunas de las aves playeras, debemos salir de la pasarela por los lugares indicados y mantenernos a una distancia prudente para no ahuyentarlas. Con cuidado y tras unas rocas salientes se puede ver fácilmente algunas especies frecuentes en estos ecosistemas. Lo que mas abunda son limícolas, entre las que se encuentran zarapitos, agujas, correlimos, andarríos, ostreros, etc. También se pueden ver gaviotas y cormoranes estos últimos sobre las rocas de las playa.

Aguja colipinta (Limosa lapponica) entre todas las limícolas de la playa.
La tranquilidad de este lugar les da un respiro a estas aves y pueden descansar.
Siete chorlitos grises (Pluvialis squataroia) destacan por sus plumajes moteados.
En vuelo esta especie presenta una marca única, una mancha negra en cada axila.
Correlimos común (Calidris alpina) en primer término se ven pequeños al lado de los chorlitos.
Su plumaje oscuro los diferencia de los correlimos tridáctilos del fondo.
En época estival es más fácil diferenciarlos porque se les pone el vientre muy oscuro.
Gran grupo de correlimos tridáctilos (Calidris alba) al fondo se ven mucho más claros que el resto de especies.
Ostreros euroasiáticos (Haematopus ostralegus) en la orilla de la playa descanando.
Un grupo bastante nutrido, como de 20-30 ejemplares. 
Bando de zarapito real (Numenius arquata) durmiendo en la costa.
Hasta ahora son las limícolas de mayor tamaño que se encuentran en la playa.
Sus curvados picos son inconfundibles y delatadores, además asoman por encima del resto de limícolas.

Se trata de una playa dinámica, algún que otro bando de limícolas pasa cerca de la orilla en busca de un lugar en el que descansar. Algunos son fácilmente identificables desde la lejanía, es el caso del chorlito gris, que en vuelo deja al descubierto una mancha negra en las axilas. Tras varias pasadas teminan por aterrizar en la arena. Sin embargo otras aves, como las marinas, no comparten mencionados hábitos, sino que descansan o acicalan sus plumas en los salientes rocosos que hay en la playa. Es bastante común observar allí a cormoranes o gaviotas en estos posaderos rocosos que acaban volviéndose blancos por la acumulación de excrementos.

Gaviota patiamarilla (Larus michahellis) sobre las rocas.
Se trata de una de las gaviotas más abundantes y extendidas en nuestro país.
Varias especies de cormoranes, cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis) y cormorán grande (Phalacrocorax carbo).
El moñudo  es más pequeño y no posee la mancha blanca en el pico. En la imagen hay dos, ¿sabes cuales?
Los cormoranes grandes no tienen las plumas de la frente levantadas a modo de mini-cresta.

Laguna de Louro

Al sur de la playa de Carnota se extiende una pequeña península que va desde Lira hasta Louro y su faro por el oeste y hasta Muros por el este. En Louro, se puede acceder por carretera a esta laguna interior separada del mar por una gran duna de arena.

Laguna de Louro (nº 10) al sur de la playa de Carnota (nº 9)

Si se sale desde Carnota en dirección Louro, se puede ir haciendo paradas a ver la diversidad de aves que esconden los pequeños bosquecillos que se forman a la entrada de algunas poblaciones. Allí las aves más comunes como estorninos y jilgueros se pueden observar fácilmente en los alrededores de casas y huertas. Durante nuestro paseo por una agradable y típica aldea gallega pudimos ver también un nutrido bando mixto de jilgueros lúganos aprovechando los frutos del Platanus hispanica. Aunque estos no fueron los únicos habitantes alados, la diversidad nos sorprendió bastante.

Cistícola buitrón (Cisticola juncidis) sobre una ramita de un árbol seco.
Este pequeño pajarillo evidencia su presencia con un repetitivo sonido muy caracteristico.
En vuelo emite un "tsip" que delata su presencia.
Macho de colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) sobre una roca.
Es mu fácil detectar a esta especie sobre las rocas, le encanta situarse ahí mientras rebota su roja cola.
Para saber más sobre la especie haz clic en: Colirrojo tizón
Grupo de estorninos negros (Strunus unicolor) sobre el tejado de una casa en una de las poblaciones.
Es una especie gregaria y no es raro ver volando grupos enormes que en ocasiones parecen nubes de aves.
Jilguero europeo (Carduelis carduelis) otra especie gregaria pero con grupos más pequeños que los anteriores.
Sus colores alegran los campos ahora que no ha llegado la primavera más floral.
Hembra de jilguero lúgano (Carduelis spinus) alimentándose de los frutos de Platanus hispanica.
La hembra se puede confundir con los verdecillos, por sus colores verdes apagados y amarillos.
El macho es algo más reconocible, pues posee un píleo muy negro una caractérisitica única de la especie.
Reyezuelo listado (Regulus ignicapilla) entre las retamas de la cercanía a una población gallega.
Entre otras cosas, desataca su ceja blanca que se ve muy bien independientemente de los escondido que se encuentra.

Aquí se concentran a descansar un buen número de aves durante sus pasos migratorios. Las especies que aquí paran a descansar suelen ser anátidas y otro tipo de acuáticas. Desde la orilla, poco preparada para la observación de aves, se puede ver garzas reales, anátidas, zampullínes y unas cuantas especies más. Lo cierto es que lo apartada y escondida que está le da un toque de misterio.


Grupo de zampullín común (Tachybaptus ruficollis) jugueteando en el agua.
Si se juntan varios zampullines se les puede ver juguetear, bucear, saltar, nadar, etc
Espátula común (Platalea leucorodia) en la laguna de Louro.
Es una de las sorpresas que puede ofrecer la laguna, auqnue también la variedad de especies.
Garza real (Ardea cinerea).
Varias garzas se extendían por toda la laguna, algunas en la orilla donde podían pescar más resguardadas.
A este ejemplar le gustó mucho posar para nosotros y se paseaba de aquí para allá.
Pareja de cerceta común (Anas crecca) algo escondidas, fue sorpresa dar cone ellas.
Si se emplean unos minutos para chequear la laguna se pueden dar con algunas aves escondidas por las orillas.
Grupo de ánades frisos (Anas strepera) bastante distraídos en el fondo de la laguna.

Con algo de melancolía despedimos esta tierra de hórreos, este lugar de humedad que trae vida a sus paisajes. En este pequeño y último tramo del viaje hemos podido contemplar y disfrutar de la diversidad de sus playas, sus rocosas costas, sus ricos humedales y sus bosques llenos de vida. No es una comarca que pasar por alto, merece la pena hacer una parada en estos lugares, no solo en estos últimos, también en los mencionados en las entradas anteriores:

-.Playa de Badaio.- 
-.Islas Sisargas.- 
-.Ensenada A Insua.- 
-.Laguna Traba.- 
-.Cabo Vilán.- 
-.Cabo Touriñán.- 
-.Playa de Carnota.- 
-.Laguna de Louro.- 


"¡Hasta pronto Galicia!"

martes, 16 de febrero de 2016

Montaña y ecosistema alpino

A los más montañeros les gustará conocer la gran variedad de especies que abundan por los escenarios de sus duras travesías. En ocasiones cuando estamos en una marcha, pensando en nuestras cosas, meditando o simplemente conversando con nuestro compañero, no atendemos a lo que ocurre a nuestro alrededor. Nos encanta disfrutar de un ecosistema único una maravilla pero que está librando una batalla silenciosa, ¿quieres sumergirte con nosotros para averiguar cuál? Adelante.

Montaña y ecosistema alpino, motivo de este artículo.

¡Bienvenido de nuevo! Seguro que has sido capaz de notar en tus travesías, en las rutas que preparas por la montaña o las serranías algunos de los principales efectos de los cambios altitudinales y si no es así, atento que es sencillo. Seguro que lo primero que notamos al subir es la necesidad de ponernos algo más de abrigo, quizás unos guantes, un gorro o una bufanda. Algunos necesitamos pronto una cantimplora de agua para combatir la fatiga. 

A los 900 metros de altitud la temperatura media puede encontrarse entre 12 y 16º C, lo cual esta bastante bien para nosotros, un poco de fresco, pero soportable. Por esas alturas, más o menos encontramos todavía algunas poblaciones donde el protagonista del 2016 todavía mantiene efectivos intentando soportar estas temperaturas medias anuales. Nos referimos al gorrión común. Los recursos en los ecosistemas rurales todavía son abundantes. O bien en cultivos pequeños y barbechos o incluso de los desperdicios generados por los habitantes.

Macho de gorrión común (Passer domesticus) en un pueblo de la Sierra de Madrid.

Por encima de esta altitud y llegando hasta los 1.700 metros la temperatura baja considerablemente hasta los 8º C de media anual. El frío empieza a ser considerable y nos encontramos con los pisos de vegetación que mejor empiezan a soportar las bajas temperaturas. Robledales como este dejan los caminos llenos de color "otoño".

Robledal de melojo (Quercus pyrenaica) primeros pisos.

Algunos córvidos prefieren no ascender mucho en altitud y acuden a las pocas tierras de labor y pastizales para ganado que quedan, para sacan provecho allí de los recursos que encuentran. A especies como la corneja negra se las puede ver en estos pisos o incluso en algunos más bajos. Casi siempre en parejas o grupos pequeños generando la mayoría de las veces disputas y regañinas por pequeños pedazos de alimento.

Corneja negra (Corvus corone) una vez alcanzados los 1.700 metros de altitud.

Las partes más altas ya comienzan a estar ocupados por bosques de coníferas y pinares. Según ascendemos encontramos especies más resistentes al frío, Por lo tanto es posible encontrarse con un piso intermedio de reducidas extensiones antes del pinar, bosques de haya. Hasta aquí se puede encontrar fácilmente alimento, pues roble y haya ofrecen unos frutos accesibles a casi todas las aves. Sin embargo, el pinar genera un fruto cerrado casi herméticamente a las que solo las que posean un pico más potente podrán hincarle el diente.

Pinares de pino albar (Pinus sylvetris) en el siguiente piso bioclimático.

Entre los troncos de los pinos tres aves pelean de forma competitiva por hacerse con un manjar, una gran reserva de proteínas, las larvas de xilófagos. Estos son artrópodos que se alimentan de la madera y cuyas larvas también comparten esta peculiar dieta. La ventaja es que estas larvas son relativamente fáciles de encontrar para este trío de aves. Nos referimos al críptico agateador común, al potente y colorido pico picapinos y al agradable trepador azul. En cada tronco de cada pino de estos bosques peculiares se puede ver subir escalando de forma acrobática a uno, al otro o incluso al tercero, a cualquiera de los tres.

Agateador europeo (Certhia brachydactyla) pasando casi desapercibido.
Pico picapinos (Dendrocopos major) intentando abrir una piña.
Macho de pico picapinos (Dendrocopos major)
Además de en los bosque más altitudinales, también se encuentra en frondosas menos elevadas.
Pico picapinos (Dendrocopos major) los colores rojos, negros y blancos le dan cierta belleza.
Trepador azul (Sitta europea) tras inspeccionar el hueco de un pino.

Las grande rapaces como el buitre leonado también se puede observar cuando el bosque clarea y deja espacio para ver el cielo. Sin embargo si miramos al suelo podemos encontrarnos dos aves tremendamente comunes, el carbonero común y el mirlo común. Ambas han colonizado gran parte de los ecosistemas arbolados sino todos, incluyendo los parques y jardines urbanos. (Ver "Nuestros desconocidos vecinos alados"). Aquí intentan hacerse con lo que puedan, lombrices, otros invertebrados, frutos de majuelos y zarzas, etc.

Buitre leonado (Gyps fulvus) fácil de ver y diferenciar por su cola redondeada y sus colores pardos
Pareja de carboneros comunes (Parus major) llamativos colores para este suelo tan marrón.
Las acículas del pino no permiten que crezcan las semillas de otras plantas, por lo que son una despensa perfecta.
Pareja de mirlo común (Turdus merula) dos machos inspeccionando el terreno blando.
Aquí pueden encontrar lombrices u otros invertebrados.

Una de las cosas que más me gusta, si me lo permitís, es ver los inquietos bandos de mitos de aquí para allá y de esa rama a esa otra, meneando sus largas colas que bien podrían ser las de unos ratoncillos. Sus discretos sonidos no pasan inadvertidos para nuestras curiosas miradas. ¡Me encantan! Un rato después, cuando empiezan a aparecer las primeras paredes de roca sale otra ave de cola inquieta, el más común de los inquilinos del roquedo, el colirrojo tizón

Mito común (Aegithalos caudatus) uno de los integrantes de estos grupos tan dinámicos.
Macho de colirrojo tizón (Poenicurus ochruros) sobre las rocas graniticas.

Aparecen ya pasados los 1.700 los auténticos cazadores del pinar. ¿Quiénes se os ocurre que pueden ser? ¿Algún felino? ¿Una rapaz? Sencillamente un par de especies, el reyezuelo sencillo y el reyezuelo listado. ¿Cazadores? Pero si apenas superan los 5 gramos. Pues sí, son unos auténticos cazadores de mosquitos y arañas que son tan pequeños que casi son invisibles para nosotros. 

Reyezuelo sencillo (Regulus regulus) marcado píleo colorido.
Reyezuelo listado (Rgulus ignicapilla) su píleo también tiene estos colores.
Distinguible por la línea blanca que le recorre todo el ojo (brida).

Al alcanzar las primeras cumbres, el bosque casi desaparece, dejando a la vista el hábitat del grandioso buitre negro. Elegante plumaje y potente vuelo para una rapaz muy amenazada, entre otras a causa del indiscriminado uso de venenos que de forma ilegal y no selectiva acaba con depredadores de todo tipo y tamaño. 

Preciosa estampa del cicleo de tres buitres negros (Aegypius monachus).
Buitre negro (Aegypius monachus) sobrevolando las fresnedas, su lugar de campeo.

Por último, las zonas más montanas, de nieves casi permanentes o al menos presentes, llegan las zonas por encima de 2.100 metros de altitud donde los pocos árboles se quedan ridículos a causa del viento, la temperatura media puede ser de menos de 4º C. Aquí las piñas son el principal objetivo de unos especialistas de hacerse con las semillas de su interior, el piquituerto común. La característica forma de su pico le permite colarse de forma ventajosa en esta competente lucha por los escasos recursos que la montaña y su bosque ofrecen. De los restos que quedan tras el paso de los piquituertos y rebuscando un poco más entre las piñas y sus brácteas se puede sacar provecho, y es lo que hacen carboneros garrapinos y herrerillos capuchinos las dos eternas aves de los bosques de coníferas.

Hembra de piquituerto común (Loxia curvirostra) con su característico pico.
Todavía alimenta a uno de los últimos pollos de la nidada de este año.
Aquí el susodicho juvenil de piquituerto común (Loxia curvirostra)
Carbonero garrapinos (Periparus ater) rebuscando entre las piñas caídas.
Herrerillo capuchino (Lophophanes cristatus) aprovechando las brácteas que caen tras el paso de los piquituertos.

Por último y casi en la cumbre más alta aparece el acentor alpino, sencillo de diferenciar por su base del pico amarilla, sus motas blancas en las coberteras y los flancos del vientre de color tostado.Sin duda es el que más complicado lo tiene. Pero ahí arriba se puede encontrar algo de alimento, por el suelo donde se hace con insectos o semillas o aprovecha las miguitas de los bocatas de los montañeros, un gesto muy entrañable y que nos acerca a este pequeño y misterioso habitante misterioso. 

Acentor alpino (Prunella collaris) en una de las cumbres de la Sierra Madrileña
Silueta del acentor alpino (Prunella collaris) en ocasiones las condiciones son muy duras a más de 2.000 m
Acentor alpino (Prunella collaris) junto a la nieve y la niebla que cubre las cumbres.

Como habréis observado, los recursos escasean y las temperaturas bajan, según ascendemos.Sin embargo la naturaleza despliega sus mejores versiones de adaptación para poco a poco abrirse camino entre los pisos bioclimáticos más elevados.  Realmente hay una lucha silenciosa y no violenta por hacerse con más y más recursos, ya que los pocos que hay, en ocasiones, son además poco nutritivos. Esto es lo que los ingleses llaman "The Wild Life".