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martes, 24 de mayo de 2016

Las aves del Retiro para empezar

Tanto si estás empezando, como si ya llevas un tiempo en este pequeño mundillo, deberás saber que de entre todos los sitios posibles en los que comenzar a observar aves, los parques urbanos tienen una peculiaridad, las aves están más acostumbradas al trasiego de personas y por tanto no desconfían demasiado. Esta característica permite observarlas detenidamente, con o sin prismáticos, apuntar sus comportamientos y lo más importante disfrutar de ellas. En este caso, el parque del retiro del centro de Madrid es un lugar idóneo para recorrer, aprender y descubrir la fauna que se mueve entre bancos y fuentes.

Aves del Retiro

Con este recorrido por las especies más comunes del Parque del Retiro se puede empezar a diferenciar especies únicamente atendiendo a unos pequeños detalles. Sumérgete en esta experiencia para descubrir un mundo que creías conocido, deja que las aves te sorprendan.

¿Y cuales son los trucos? ¿Tengo que compararme una guía? ¿Me tengo que aprender una lista de nombres? Lo primero es calma. No hay que saber todo desde el primer día, vamos a empezar poco a poco, ¿no? Una de las mejore recetas que hay para iniciarse en la observación de aves es la siguiente: fijarse siempre en tamaño, forma del pico, forma de la cola y marcas características del ave. Con estos cuatro aspectos sabremos diferenciar más del 50% las especies. Estos son los truquillos en los que os podéis ir fijando:

Tamaño

Tamaño y forma del ave. Haz clic en la foto para más detalle.
Las tres aves que hay a continuación presentan, entre otras cosas, un tamaño diferente entre sí. Aparentemente fijarse en esto parece una tontería, porque es evidente que son especies diferentes, atendiendo a su aspecto físico. Pero esto es porque se trata de fotografías, quietas y con luz apropiada. Sin embargo, a la hora de la verdad, a la hora de salir al campo, las aves se mueven, se esconden y se asustan, por lo que es bueno saber más o menos qué son atendiendo a su tamaño corporal.

Pico picapinos (Dendrocopos major) correteando por el tronco de un árbol.
Su tamaño corresponde más o menos con el de un mirlo común.
De estas tres especies es la más grande.
Gorrión común (Passer domesticus) posado sobre una valla.
Su tamaño está por debajo del del mirlo, por lo que es más pequeño que el pico picapinos.
Mosquitero común (Phylloscopus collybita) en la rama de un árbol.
Su tamaño corresponde más o menos con el de un herrerillo.
Es por tanto el más pequeño de estos tres.

Forma del pico

Forma del pico. Haz clic en la foto para más detalle.
Muy asociada al tipo de alimentación que llevan las aves. Hay que pensar que su pico es el cubierto que utilizan para comer, por lo tanto no esperamos que un águila real tenga un pico diminuto, sino uno hecho y preparado para despedazar a sus presas. Las tres especies que hay a continuación presentan, entre otras cosas, una forma de pico diferente entre sí. Fijarse en esto también  puede parecer inútil, sin embargo a veces es la forma de determinar una especie que quede oculta o que no se vea bien. Además nos revela otra información del ave, como es su dieta.

Petirrojo europeo (Erithacus rubecula) en una de las praderas del Retiro.
Su pico es muy fino y alargado para alimentarse de invertebrados.
Cotorra argentina (Myiopsitta monachus) una especie exótica invasora que vive en el Retiro.
Su pico fuerte, hacia abajo y acabado en punta, le permite abrir los duros frutos y piñas de los que se alimenta.
Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) muy común en el Retiro.
Un pico pequeño pero fuerte, que le permite una dieta de insectos y semillas.

Forma de la cola

Forma de la cola. Haz clic en la foto para más detalle.

Los tamaños y la forma de las plumas de la cola también dan pistas sobre el nombre del ave, sobretodo en vuelo, cuando las aves están muy lejos o se mueven muy rápido. Las hay largas, las hay redondeadas y las hay con formas únicas, como la de la golondrina o la del abejaruco.

Carbonero común (Parus major) entre las ramas del arbolado del Retiro.
Su cola no tiene una forma peculiar, es más bien cuadrada.
Urraca común (Pica pica) entre los rosales decorativos del Retiro.
La cola de esta especie si es llamativa, larga y terminada en cuña.
Agateador europeo (Carthia brachydactyla) entre la decoración del Retiro.
Su cola en forma de cuña le sirve de apoyo en las ascensiones y descensos por los troncos del Retiro.

Marcas características

Esta es la parte que más problemas causa, pues sirve para diferencias especies dentro de un mismo género, cuando las aves se parecen mucho, las marcas características son atributos o dibujos en el plumaje únicos de esa especie. Un ejemplo claro es el de tres palomas que comparten nicho ecológico en el parque del Retiro, hablamos de la paloma bravía, la torcaz y la zurita.

Paloma bravía (Columba livia) en el tejado de una de las casetas del Retiro.
Las marcas claras son las negras del ala y presentar un iris claramente diferenciado de la pupila.
Paloma torcaz (Columba palumbus) caminando en la pradera del Retiro.
En este caso la torcaz es algo más grande que el resto.
Pero además, hay dos marcas que son únicas en ella, las manchas blancas del cuello.
Paloma zurita (Columba oenas) posada en el tronco de un árbol en el retiro.
El pico parecido al de la torcaz, pero sin un iris diferenciado de la pupila.
Se le ve un ojo más negro y un plumaje más grisáceo, sin marcas llamativas.
En ocasiones hay que tener cuidado y no confundir miembros de la misma especie. Los sexos, la edad o las variaciones en el plumaje son factores que pueden confundir a cualquiera a la hora de determinar una especie.

En cuanto al sexo, muchas aves muestran dimorfismo sexual, lo que se resume en plumajes diferentes entre macho y hembra de la misma especie. A veces es semejante con ligeras variaciones, otras se trata de plumajes evidentemente diferentes. En los dos casos mostrados a continuación se pueden ver macho y hembra de ánade azulón, con plumajes semejantes y macho y hembra de pito real, cuya diferencia reside en el color de una pequeña mancha en la mejilla.

Hembra de ánade azulón (Anas platyrhynchos) en uno de los canales del Retiro.
Su plumaje es completamente diferente al del macho, en ella abundan los tonos pardos.
Macho de ánade azulón (Anas platyrhyncos) en uno de los estanques del Retiro.
Los colores son más diversos que en la hembra, pero ambos son la misma especie.
Hembra de pito real (Picus viridis) en el suelo del Retiro para alimentarse de las hormigas.
La mancha negra de la base del pico es única de las hembras.
Se trata de un detalle en el que prestar atención si se quiere diferenciar la especie bien.
Macho de pito real (Picus viridis) en el suelo del Retiro para alimentarse de las hormigas.
La misma mancha en el caso de los machos es de color rojo llamativo.

La edad también juega malas pasadas a la hora de identificar especies que se parecen mucho. Por ejemplo, los estorninos negros son completamente negros, y los estorninos pintos tienen motitas claras que le hacen parecer una sevillana de color negro. Aparentemente podríamos tener clara cuál es la mancha característica en este caso, las motas claras. Sin embargo, los juveniles del estornino negro presentan motas claras que le harían parecer un estornino pinto:

Hembra delante, juvenil detrás de estornino negro (Sturnus unicolor) en el parque del Retiro.
Si no fuera por el típico pico oscuro del pollo de estornino, podríamos confundirlo con un estornino pinto.
Por último, otro factor que hay que tener en cuenta en este tema de la apariencia física son las variaciones de plumaje. Igual que en humanos hay gente con manchas en la piel o mechas claras en el pelo, en las aves puede ocurrir también y en ocasiones puede dificultar la identificación. Este no es el caso, pero en la imagen de debajo se puede ver un mirlo común macho con un claro indicio de leucismo (partes del plumaje o el plumaje por completo presenta un color blanco).

Macho de mirlo común con leucismo parcial (Turdus merula) en una pradera del Retiro.
Las manchas blancas no son típicas de la especie, esto se trata de una variación genética única.
Ahora que ya tienes o has repasado las nociones básicas, es hora de salir al Retiro a descubrir este lugar donde se esconde una fauna de la que queda mucho por aprender. Si no vives cerca del Retiro, seguro que en las proximidades de tu casa hay un lugar en el que poder salir a ver aves, ya sea un parque o el propio monte. Ten en cuenta que las aves son, en muchos aspectos, bastante desconocidas y que aguardan para sorprenderte en cualquier momento.

martes, 22 de diciembre de 2015

Buscando al pinzón real por el Pardo

Motivado el relato de un pajarero que confirmaba la invernada de este pequeño figílido en el Pardo, me decidí a buscarlo durante una mañana de la semana pasada. ¿Por qué ahora? Sencillo, este pariente del abundante pinzón vulgar, únicamente visita nuestro territorio durante el invierno. Su invernada se extiende por toda la Península pero de forma poco abundante a excepción de varios puntos en Galicia y Castilla y León. De ahí que intentar ir a buscarlo al Pardo sea una tarea complicada.

Hembra de pinzón real (Fringilla montifringilla) Imagen dibujo digital
Hembra de pinzón real (Fringilla montifringilla). Imagen digital.
Esta es el aspecto físico de una hembra de pinzón real. Son ellas las que migran más al sur, los macho no lo hacen tanto, es por eso que es más probable ver a la hembra durante el invierno que al macho, aunque hay citas de machos jóvenes en el sur de la Comunidad de Madrid. Bueno, una vez conocéis un poco a la especie, vamos a recorrer juntos este viaje a ver si lo vemos.

Empecé recorriendo varios kilómetros en paralelo al río Manzanares por la zona de Mingorrubio, dentro del Pardo. El bosque de ribera, hábitat preferente de nuestro protagonista, decora todo el margen del río, como debería ser. Allí me voy fijando en cada una de las sombras que se mueven en grupo entre las ramas a ver si alguna es este visitante invernal.

Antes de entrar, varias grajillas occidentales revolotean por mi alrededor gritando y peleándose unas con otras. Bandos volando, otras por el suelo rebuscando algún alimento, ya que ahora en invierno este escasea, y otras tantas en los árboles descansando y arrancado la corteza de algunos árboles. Muy dinámica y gritona esta especie de córvido.

El ruidoso bando de grajillas occidentales (Corvus monedula) se concentra en árboles como este.
En invierno la especie pasa la noche en dormideros monoespecíficos donde se pueden llegar a untar cientos de aves.
Una pareja de grajillas occidentales (Corvus monedula) sacan provecho de la corteza de este árbol.
En invierno los recursos son muy limitados, sin embargo los córvidos son astutos en este aspecto.
Primer plano de una grajilla occidental (Corvus monedula).
Se aprecia su iris claro que contrasta con el negro de sus plumas.
Entre tanto y saliendo desde una zarza un pequeño pajarillo se presenta ante mi luciendo una hermosa pechera roja, se trata del atrevido petirrojo europeo. Pocas especies pasan solas el invierno y evitan juntarse con otros miembros de su especie, entre ellas se encuentra este solitario habitante del bosque de ribera.

Petirrojo europeo (Erithacus rubecula) pequeño pero llamativo.
Inconfundible con su pechera de color rojo anaranjado
Primer plano de petirrojo europeo (Erithacus rubecula)
Entre las ramas secas de los árboles se identifica muy bien gracias a su llamativa mancha.
Durante el resto de la jornada lo pude seguir viendo por el camino, saliendo de entre los arbustos o posándose en alguna ramita seca de los fresnos de la ribera, a veces con la ayuda de mis prismáticos y otras sin ellos gracias a la confianza que muestran, a veces se llegan a aproximar mucho hasta donde estaba.

Una especie que tampoco pasa desapercibida, es la paloma torcaz. A ella no le pasa como al petirrojo, no son sus colores o su confianza la que la hacen destacar, sino su abundancia. Enormes cantidades de esta paloma se extienden a lo largo de toda la ruta, la inmensa mayoría en bandos grandes, otras pequeños, algunas en solitario, y pocas en parejas. El collar blanco que presentan los adultos las diferencian del resto de miembros de la familia de las palomas (columbidae).

Bando de paloma torcaz (Columba palumbus) descansando sobre un fresno.
Normalmente se ve en pequeños bandos, pero en invierno estos son mucho mayores.
Otro bando de paloma torcaz (Columba palumbus) se alimenta en una zona degradada.
Su gran tamaño y su diagnóstico collar blanco las hacen inconfundibles.
Entre tanta especie habitual no podía faltar la urraca común que he conseguido percibir la elevada densidad que tiene en el ecosistema de encinas adehesadas del pardo. Es un fenómeno que ya me habían comentado en otros lugares de la península. Aquí se las escuchaba de lado a lado gritando y volando sigilosamente como si algo maligno estuvieran tramando. A pesar de ello son muy bonitas con sus colores blanco y negro, adornados con reflejos verdes azulados.

Urraca común (Pica pica) rebuscando alimento al pie de una encina.
Otras especies comunes pasaban a mi alrededor, o se les escuchaba en la cercanía. Aves cantoras tan reconocibles como el carbonero común con su "chip, chip, pan", el estornino negro y sus cantos de imitación o el mirlo común con su característico sonido aflautado. De este último se pueden ver machos y hembras volando por todos lados en el denso bosque de ribera que acompaña al Manzanares.

Macho de mirlo común (Turdus merula) llamativo pico naranja y oscuro plumaje negro.
Hembra de mirlo común (Turdus merula) menos llamativa, y más parda que negra.
Es precioso caminar con sus cantos a modo de banda sonora, hacen agradable este paseo aventurero en busca del pinzón real, no nos olvidemos de él, que hay que encontrarlo todavía. Queda mucho camino por delante y otra ave cantora delata su presencia con su más que reconocible canto, este es más melódico y que sigue una estrofa muy clara. Se trata del casi invisible y escurridizo cetia ruiseñor, que normalmente se esconde entre la vegetación para pasar visualmente desapercibido pero su canto le delata. Es por eso que a veces es complicado fotografiarlo, pero... ¡¡Aquí está!!

Cetia ruiseñor (Cettia cetti) sale de entre las ramitas de la orilla.
Esta especie está muy asociada a ecosistemas acuáticos y de ribera como este.
Justo al otro lado de donde se encuentra el cetia ruiseñor, un pequeño mosquitero común levanta constantemente el vuelo, va de rama en rama, saltando rápidamente, sin apenas deternse y haciendo casi imposible fotografiarlo quieto.

Mosquitero común (Phylloscopus collybita) entre las ramas y hojas secas de algunos arbustos.
Es una especie insectívora, por lo que cerca de las zonas húmedas encuentra mayor alimento.
Otro vecino de nuestro cantarín amigo por estos ecosistemas es el diminuto chochín común, que apenas llega a los 10 cm de longitud, Aunque esta no es la más pequeña de nuestras aves es muy entrañable ver al chochín revolotear entre las ramas y las zarzas. Se trata de un pajarillo pardo sin colores llamativos, pero si destaca su cola constantemente levantada, tal y como muestra la siguiente imagen.

Chochín común (Troglodytes troglodytes) junto a una zarza en la ribera.
La ceja clara destaca mucho en su plumaje pardo, es bastante forestal, sobre todo de zonas húmedas.
Lo cierto es que el escenario no puede ser mejor, las hojas de los árboles siguen cayéndose, un frescor húmedo envuelve el ambiente y cantidad de sonidos llaman mi atención, urracas gritando, bandos de grajillas pasando, el aleteo de las torcaces al despegar y entre tanto el tamborilear de un pico picapinos. Se trata de un macho, ya que presenta una mancha roja en la nuca, que va poco a poco comprobando las ramas sin hojas de los árboles, en busca de las larvas de algunos insectos.

Macho de pico picapinos (Dendrocopos major) en un escenario excepcional.
Esta imagen no he querido aumentarla para poder apreciar la belleza del momento.
Casi se me olvidaba contaros la cantidad de bandos de gaviotas que pasan en dirección sur en formación de migración. La mayoría de ellas serán gaviotas reidoras y sombrías. Ambas tienes una fuerte representación durante el invierno en la Comunidad de Madrid. La dirección de su viaje está relacionada con su destino, ellas pasan la noche en los embalses de la Sierra de Madrid, que para ellas son más seguros, mientras que al amanecer ponen rumbo a los vertederos del sur de Madrid, donde encuentran suficiente "alimento" como para pasar el invierno.

Siete gaviotas de un bando mayor vuelan hacia el sur tras el amanecer.
Durante toda la mañana se pueden seguir viendo formaciones en "V" de varios individuos.
Siguiendo por la ruta que puede que nos lleve hasta el pinzón real, el camino sigue paralelo al manzanares, aunque de vez en cuando una pequeña senda se vuelve perpendicular y baja hasta la orilla. Con mucho sigilo me acerco y planto el trípode para observar algunas especies que chapotean en el agua. Entre ellas hay un grupo reducido de varios machos y hembras de ánade azulón, aunque el verdadero alboroto lo causan los zampullines comunes y las gallinetas comunes, estos primeros porque salen "corriendo" por la superficie del agua mientras mueven sus cortas y modificadas patitas, mientras que las gallinetas lo hacen con sus reclamos esporádicos y característicos .

Dos machos y una hembra de ánade azulón (Anas platyrhynchos) en el Manzanares.
Se trata de una especie muy extendida.
Zampullín común (Tachybaptus ruficollis) nada con tranquilidad por el Manzanares.
El zampullín muda sus plumas en invierno, pero hay ejemplares que mantienen su plumaje reproductor.
Ya creo que hemos encontrado al pinzón real, pues de entre los árboles veo como se remueven un pequeño grupo de pajarillos, pueden ser pinzones vulgares, una especie con la que se suele juntar su primo real. Saco mis prismáticos y recorro todo el árbol en busca de algún pinzón intruso dentro de este pequeño grupo. Pero no hay ninguno, todo son pinzones vulgares, machos y hembras. Habrá que seguir caminando a ver si la perseverancia hace su efecto.

Macho de pinzón vulgar (Fringillia coelebs) con sus colores más llamativos.
Las hembras son de un color pardo claro, más similares al pinzón real.
Siguiendo con la visita al Pardo, me encuentro con un atrevido carbonero garrapinos que no duda en acercarse más de lo necesario para picotear las semillas de los fresnos. Un revoloteo para allá y se pone bocabajo para acceder a dicho alimento. En ocasiones parece un pequeño trapecista moviéndose de un lado para otro sin miedo alguno. Aunque es más frecuente verlo en bosques de coníferas, parece encajar perfectamente en este paraje.

Carbonero garrapinos (Periparus ater) colgado del revés para acceder a las semillas del fresno.
Esta otoñal estampa es muy típica de los bosques, donde abundan los frutos que le gustan al garrapinos.
Justo por detrás de garrapinos, el agateador europeo entra en escena. Parece una bola redonda subiendo por el tronco de los árboles. Sube rápido y de vez en cuando se para a buscar entre los huecos que quedan en la corteza de los árboles. Él también se alimenta de los invertebrados de los árboles.

Agateador europeo (Certhia brachydactyla) buen escalador, la disposición de sus patas se lo permite.
Además cuenta con la ayuda de su cola, la cual le sirve de apoyo mientras sube o baja.
¡¡Ahora sí!! Tiene que ser ahora, justo entre esos matorrales donde he visto moverse a un grupillo de pájaros, tienen que ser pinzones vulgares con alguno real. ¡¡Ah!! Pues no, pero mi sorpresa es bastante grata cuando descubro que realmente se trata de gorriones molineros alimentándose entre los arbustos. Un gran bando invernal bastante nutrido pero muy tímido que poco a poco se va alejando, por suerte pude realizar algunas fotos y sobre todo un pequeño vídeo de escasos segundos.

Tres gorriones molineros (Passer montanus) se alimentan en a la vera del camino.
Destaca de esta especie la marcada mancha oscura de la mejilla sobre el fondo blanco.

Se me estaba complicando encontrar al dichoso pinzón real. Está claro que su invernada, excepto en el norte de la Península, es débil y creo que estaba comprobándolo con mis propia experiencia. Para aumentar mis posibilidades decido cambiar de margen del río y me dirijo hasta un puente para cruzar. ¿Qué hay de diferente entre un lado y el otro? Donde me encontraba abundaba la vegetación de ribera y el resto estaba bastante humanizado, sin embargo el otro lado, el bosque de galería lindaba con las dehesas de encinas, un cambio que puede tener o no sus consecuencias. Veremos que ocurre.

Para empezar empezaron a aparecer varias especies que no me había encontrado en el otro lado, como escribanos trigueros, algún pequeño bando de alondras comunes alimentándose en el pastizal adehesado, un fugaz alcaudón real al que conseguí pillar a duras penas o incluso unos juguetones mitos, saltando y piando de lado a lado sin darme un segundo para poder fotografiarlos. Lo cierto es que parecía que la otra orilla me deparaba nuevas sorpresas, no había tomado una mala decisión.

Alcaudón real (Lanius meridionalis) foto meramente testimonial.
Una pena no haberle pillado bien.
Al que si le pille pero bien es al zorzal común, una especie muy común de estos parajes semi-forestales y medio abiertos, como el alcaudón común. Ambos no tienen nada que ver, ya que el zorzal está emparentado con los mirlos. Su pecho moteado es característico y lo luce durante todo el año, gracias a él podéis identificarlo con una simple pasada de prismáticos. Lo complicado es toparse con ellos pues son bastante misteriosos y huidizos.

Zorzal común (Turdus philomelos) con su precioso pecho moteado.
Las bayas que el bosque ofrece en otoño e invierno son un manjar para este gran pájaro.
El camino continua paralelo al río Manzanares, entre la valla que limita el monte del pardo (privado) y el bosque de ribera que alberga a toda esta fauna alada que estamos viendo. Sin embargo, no todos son bienvenidos. La cercanía a un núcleo de población ha provocado el auge de la cotorra argentina, paseándose ruidosamente por el pardo. Esta especie exótica e invasora está empezando a ser un problema en muchas ciudades de nuestro país. (Si quieres saber más sobre esta problemática haz clic aquí)

Cotorra argentina (Myiopsitta monanchus) apoyada sobre la valla del Pardo.
Esta especie se ha extendido bastante en las últimas décadas.
Y estaba tan distraído con la cotorra que no me di casi ni cuenta de que llevaban un rato varios pinzones vulgares jugueteando por unos árboles que se encontraban un poco más lejos. Me fijo mejor y veo que entre ellos hay uno más clarito. Cojo mis prismáticos y.... Vaya es una hembra de pinzón vulgar, se  confunden un poco porque ambos son mas claros que el macho de pinzón vulgar, pero... Resulta que sí, esta vez si que sí aparece un pinzón real y se posa en la rama en la que hacía unos segundos había estado la hembra de vulgar. ¡¡Qué suerte!!

Hembra de pinzón real (Fringillia montifingillia) pecho amarillento y alas oscuras.
Como hemos explicado antes, son las hembras las que más al sur migran y esta se encontraba entre varios pinzones vulgares, tanto machos como hembras. Un bando muy mixto.
Entre tanto puedo disfrutar unos minutos más de este visitante invernal hasta que en su pequeño bando se van alejando. Unos segundos de confort y en seguida aparecen un grande de nuestra fauna, el buitre negro. Sus potentes alas se dejan ver desde abajo, esta vez va acompañado de otro buitre, también negro, me gustaría saber a donde van, pero el misterio me hace admirar mucho más esta especie. Juzgad vosotros mismos.

Buitre negro (Aegypius monachus) en un planeo de reconocimiento.
Lo cierto es que las rapaces también tienen otro representante de los encinares adehesados. El busardo ratonero no tarda en dejarse ver posado, como no, en un poste que usa a modo de atalaya desde donde puede abalanzarse en cuanto detecte a una presa. Normalmente estas son pequeños mamíferos y en ocasiones aves.

Busardo ratonero (Buteo buteo) posado en un poste con un ala abierta.
También se le puede ver cerca de las carreteras, posado en postes telefónicos.
Lo cierto es que este ecosistema alberga sorpresas de todos los tamaños y colores, por eso tras ver como el busardo desaparece entre las centenarias encinas continuo mi camino hasta encontrarme con el pequeño pero colorido herrerillo común. Es otra especie que está sacando partido de las semillas de los fresnos y es que ahora en invierno hay que intentar engordar, ponerse fondón y aumentar la grasa corporal para poder sobrevivir durante esta estación tan hostil.

Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) aprovechándose de las semillas de los fresnos.
Mi camino ya es de vuelta y solo me queda disfrutar una vez más de este lugar, que además de otoñal, también es agradable y relajante. Os recomiendo dar un paseo por el entorno, donde podréis incluso ver a otro córvido, el rabilargo ibérico, una de mis aves favoritas, principalmente por sus colores, que aunque no son muy llamativos si que me parece una combinación excelente.

Pareja de rabilargos ibéricos (Cyanopica cookii), auqque suelen ir en grupos.
Aunque en la imagen no se aprecie, en las alas y la cola presenta unos colores azules.
Finalmente encontramos al pinzón real, aunque un poco ajustados pero conseguimos dar con él en el Pardo, en la zona de Mingorrubio. Os invito a que si nunca habéis visto a esta especie del norte de Europa os acerquéis al pardo que está a media hora de Madrid y que disfrutéis de sus encantos y ya de paso intentéis buscar vosotros vuestro pinzón real. Espero que os hayan gustado fotografías, vídeos y anécdotas.