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sábado, 21 de octubre de 2023

Submeseta sur toledana

Hola de nuevo.

Una semana más continuamos con nuestras excursiones por la geografía española. En esta ocasión viajamos a la parte norte de la provincia de Toledo, la submeseta sur toledana. Allí recorrimos estepas y lagunas, descubriendo la riqueza de este paraje y viviendo una naturaleza muy salvaje, con fantásticos encuentros y aves únicas. Disfrutamos de la ventana de buen tiempo que nos dejaron los temporales y vimos llenarse de agua zonas que hacía años que no tenían tanta agua. Os cuento más detalles en la crónica del viaje. ¡Vamos allá!

Grupo de flamenco común (Phoenicurus roseus) al fondo. En primer término observatorio de la laguna.

lunes, 16 de abril de 2018

Aves del Jarama y Manzanares

Reportaje fotográfico de algunas de las aves que se pueden ver en estos dos ríos madrileños, justo antes de la mezcla de sus aguas, donde el bosque de ribera se nutre de su caudal. Una salida de birdwatching llena de sorpresas, donde ninguna especie pasa desapercibida.

Somormujo lavanco - Great crested grebe - Podiceps cristatus Plumaje nupcial del somormujo lavanco (marzo).
Somormujo lavanco - Great crested grebe - Podiceps cristatus
Plumaje nupcial del somormujo lavanco (marzo).

martes, 5 de diciembre de 2017

Birding La Mancha Húmeda

Hola a todos.

Esta vez os muestro algunas de las aves que vimos durante un viaje a la Reserva de la Biosfera de La Mancha Húmeda. El tiempo fue muy bueno aunque nos hizo mucho calor para estas fechas, lo que provocó que algunas de las lagunas estuvieran bajo mínimos.

Aspecto de la Laguna de la Veguilla en Alcazar de San Juan.
Aspecto de la Laguna de la Veguilla en Alcazar de San Juan.

martes, 19 de abril de 2016

Ontígola, hogar del aguilucho lagunero

Aunque el mar de Ontígola , situado en Aranjuez, pueda parecer pequeño, juega un papel importante en dos momentos concretos del año. Uno de ellos es el paso migratorio de las aves, pues supone un refugio idóneo para muchas aves durante sus viajes en dirección norte o sur. La temporada de cría, que ya ha comenzado, es el segundo momento importante para tan singular humedal. 

Quizás sea poco conocido, pero se trata de una de las primeras presas construidas allá por la época de Felipe II con el objetivo de regar los famosos jardines de Aranjuez. Actualmente el paso del tiempo le ha ido confiriendo un aspecto algo más natural, lo que ha supuesto que varias especies lo consideren un hogar.

Vista general del Mar de Ontígola. La extensión de carrizo ofrece multitud de beneficios para las aves.

Su importancia faunística ha impulsado la construcción de una torre elevada habilitada para la observación de aves. Aunque se ha de tener en cuenta su exposición, porque se puede espantar a determinadas aves mientras se sube a la torre. Conviene subir cuando no haya luz o con el mayor cuidado posible. Desde arriba se obtiene una visión general del humedal y se pueden detectar algunas especies que se mueven entre el denso carrizo, como es el caso del calamón común, que sería más complicado ver a ras del suelo.

Observatorio del Mar de Ontígola en la orilla sur del humedal.

Una de las especies que mayor partido consigue sacarle al humedal es el aguilucho lagunero occidental. Esta especie comienza a migrar desde el centro y norte de Europa y llega a la Península entorno a septiembre - octubre. Aquí pasará el invierno y durante esos meses, al llegar el ocaso, formará dormideros de varios individuos. Por esas fechas se les puede ver revoloteando el humedal en busca de alimento, unos vuelos dignos de ser observados.

Hembra de aguilucho lagunero occidental (Circus aeruginosus) mientras rastrea a baja altura el humedal.
Son depredadores voraces y se alimentan de roedores y pájaros que se mueven por los alrededores.
La hembra es fácilmente diferenciable gracias a esos hombros pintados de color crema.

Entre tanto revoloteo de aquí para allá y de allá para acá, tenemos la oportunidad de fijar nuestra mirada en el resto de habitantes del humedal, como en las pocas parejas de porrón europeo que quedan en Ontígola. También si bajamos la vista del cielo y la centramos en la lámina de agua podemos ver grupitos de oscuras fochas comunes comiendo macrófitos acuáticos (algas y plantas acuáticas). Durante los meses de invierno los efectivos de esta especie se ven aumentados por una llegada de aves del norte, aunque se trata de una especie bastante residente.

Focha común (Fulica atra) en el Mar de Ontígola, al sur de la Comunidad de Madrid.
Su alimentación es marcadamente vegetal y es fácil observarla con plantas y algas en el pico.
A menudo hace un reclamo muy explosivo, fuerte y corto que recuerda a un pii, pii.

Entorno a marzo, abril los laguneros que cruzaron Europa para llegar a la península, pondrán rumbo de vuelta a sus lugares de cría. Sin embargo, la importante población residente en España y concretamente la diminuta que se localiza en el Mar de Ontígola se pone manos a la obra en una nueva tarea, la reproducción. Ahora veremos que espectaculares vuelos despliegan estas increíbles rapaces.

Hembra de aguilucho lagunero occidental (Circus aeruginosus) en los alrededores del humedal.
Durante los meses de marzo-abril la actividad de los laguneros cambia drásticamente.
Se puede observar que ya no dedican tanto tiempo a la caza y que adoptan otros comportamientos.

Mientras los aguiluchos comienzan a alterarse por la defensa de territorios de cría o a alterarse por la presencia de hembras y machos extraños, unas aves más comunes van formando parejas para criar entre el denso carrizo. Os hablo de la gallineta común o del ánade azulón, que ya se han emparejado y buscan ahora un tranquilo, apartado y resguardado rincón dentro de la vegetación palustre en la que depositar la puesta de este año. Con algo de suerte y si todo marcha bien, podremos ver filas de patitos por el humedal en más o menos dos meses.

Macho de ánade azulón (Anas platyrhynchos) alterado por la presencia de varias hembras en el humedal.
Se trata del "pato" más conocido en el que además se diferencian muy bien macho de hembra.
Pronto podremos verla seguida de varios pollos nidífugos (que no se quedan en el nido).

Por estas fechas se puede observar bastante alboroto en el Mar de Ontígola. Varias parejas de aguilucho lagunero occidental están sobrevolando el carrizo, entrando y saliendo de él en busca de una buena plataforma flotante que sirva de nido durante los siguientes tres meses aproximadamente. Más o menos el primero para la incubación de los huevos y el resto para criar a los pollos. Aunque esta parte es muy espectacular todavía queda uno de los fenómenos más bonitos de este proceso.

Hembra de aguilucho lagunero occidental (Circus aeruginosus) saliendo del carrizo tras evaluar el lugar.
Ambos sexos realizan este proceso y se pueden observar cuatro o cinco machos y hembras entrando y saliendo.
Los machos son los más llamativos con sus alas grises de puntas negras.

Estos movimientos de rapaces causan un humedal bastante activo y alterado. Se ve a las rapaces muy activas, gritando y reclamando territorios, mientras que otras aves como el anterior macho de ánade azulón o algún que otro cormorán grande que emerge tras una apnea, se asustan bastante de los aguiluchos y están continuamente alarmándose y salen volando, para aterrizar más tarde en el agua de nuevo. En el caso de las anátidas que levantan el vuelo, forman todo un arcoiris de colores, mostrando, en el caso del ánade, un espejuelo azulado

Macho de ánade azulón (Anas platyrhynchos) en vuelo tras asustarse con los laguneros.
En vuelo, ambos sexos dejan ver un espejuelo azulado en las secundarias (plumas de vuelo más internas).
Los machos además presentan una cabeza verde esmeralda, aunque en ocasiones puede ser también azulada.

Según va llegando la primavera y con ella el mes de abril, podemos ver el momento más espectacular del proceso de cortejo entre aguiluchos laguneros, un vuelo majestuoso entre macho y hembra de que acaban entrelazando las patas mientras uno de los dos vuela boca arriba. Es un momento muy peligroso y requiere un dominio perfecto del vuelo, ya que cualquiera de los dos puede perder el control durante unos segundos y caer al agua o chocarse contra cualquier obstáculo, ya sean tendidos eléctricos u orlas forestales.

Macho y hembra de aguilucho lagunero occidental (Circus aeruginosus) momentos antes del vuelo descrito.
En este caso es la hembra la que va a llegar por debajo, pero también puede ser el macho el que tenga que volar boca abajo.
Este comportamiento no es único de la especie, muchas rapaces realizan estos vuelos acrobáticos como muestra de cariño.

Mientras uno se emboba mirando tan preciosas acrobacias aéreas, aviones comunes y golondrinas comunes pasan a ras del carrizo y del agua atrapando la elevada cantidad de insectos que llegan con el calor a este humedal interior. Su labor insecticida queda demostrada y es de agradecer. Por debajo de esos vuelos inquietos e hiperactivos de estos hirundinios (familia de aviones y golondrinas) se mueven otras dos anátidas muy conocidas, la cerceta y la cuchara común. Sus colores y los dibujos de su plumaje las hacen inconfundibles. 

Macho de cuchara común (Anas clypeata) con un precioso surtido de colores.
Un iris amarillo que destaca frente al verde oscuro de su cabeza y que adorma una cabeza en la que destaca el pico.
Un dorso oscuro en contraste con flancos blancos y pardos rojizos terminan por darle belleza al macho de esta especie.
Macho de cerceta común (Anas crecca) entre el carrizo.
Su plumaje es inconfundible, el dibujo verde y rojizo con bordes amarillos es único.
Desde lejos la mejor forma de diferenciarlo es fijándose en la mancha amarilla pálida del lateral de la cola.

Si volvemos a mirar hacia los aguiluchos, podremos ver que días después de los anteriores vuelos, la cosa está más sosegada, ya han establecido un territorio concreto que la hembra reclama y el macho vigila. Pronto y después de que la cópula tenga lugar, comenzarán un periodo de incubación de aproximadamente 30-40 días en el que la hembra intervendrá la mayoría del tiempo.

Macho de aguilucho lagunero (Circus aeruginosus) vigilando el nuevo territorio.
Su labor en la futura incubación será muy reducido, a penas unos relevos a la hembra.
Hembra de aguilucho lagunero occidental (Circus aeruginosus) sobre un taray seco.
Desde esta atalaya la hembra realiza unos gritos que se oyen desde lejos y avisan a los intrusos.

Algunas de las aves que intentarán evitar estas rapaces serán a los córvidos, como las grajillas occidentales que viven en los cortados cerca del Mar de Ontígola. Estas aves y el resto de miembros de su familia son expertos oportunistas y aprovechan cualquier despiste de los progenitores para robar los huevos o bien atacar a las crías cuando estas son todavía pequeñas.

Pareja de grajilla occidental (Corvus monedula) pasa volando por encima del humedal madrileño.
Estas aves son muy astutas y saben aprovechar cualquier circunstancia para hacerse con comida.

Con esto llegamos al final de este relato sobre los aguiluchos laguneros del Mar de Ontígola. Esperamos ver en dos meses unos preciosos pollos con las plumas ya desarrolladas practicando, aleteando y saltando para aprender e intentar remontar el vuelo entre el carrizo. 

¡¡Hasta entonces futuros padres!!

martes, 26 de mayo de 2015

El humedal por excelencia

Con sus 3030 ha, el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel sigue siendo el mayor humedal interior del territorio español. A pesar de los problemas que la sobreexplotación agrícola provocó, su estado actual es bastante bueno aun habiendo pasado por momentos muy críticos ya que la mayoría de las grandes extensiones de cultivos de regadío que rodean el Parque Nacional han utilizado, durante años, el agua de pozos, dañando así el acuífero y el sistema hídrico general.

Aún así la importancia de este hábitat le ha concedido otras figuras de protección a parte de la de Parque Nacional. El humedal contiene una ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves) de la Red Natura 2000 dado su interés ornitológico, está protegido por el Convenio Ramsar a causa de su importancia internacional como hábitat de aves acuáticas. A su vez, las Tablas de Daimiel son Reserva de la Biosfera con la zonificación estricta que demanda la Unesco.

Las características del ecosistema lo hacen merecedor de dichas protecciones, y es que las Tablas reúnen las características para atraer grandes grupos de fauna, sobre todo aves y en concreto varias familias muy asociadas al humedal: Podicipedidae, Ardeidae, Anatidae y Rallidae. Esto se debe a la continua lámina de agua que inunda gran parte del Parque Nacional.

Imagen típica de las Tablas de Daimiel, Ciudad Real.
1.- Lámina de agua constante; 2.- Anátida.
Focha común (Fulica atra) en las Tablas de Daimiel.
Típica especie, de la familia Rallidae, favorecida por la continua lámina de agua. 
Macho arriba, hembra abajo de pato colorado (Netta rufina) en las Tablas de Daimiel.
Otra especie beneficiaria de la lámina de agua constante, esta vez se trata de una anátida.
Macho arriba, hembra abajo de porrón europeo (Aythya ferina) en las Tablas de Daimiel.
Otra anátida que saca provecho del constante encharcamiento.
Anteriormente la lámina de agua se mantenía gracias al acuífero, pero tras varias épocas de sequía a causa de la sobreexplotación mencionada se tuvo que recurrir a medidas desesperadas y el agua que hoy inunda las Tablas pertenece al trasvase Tajo-Segura y así se asegura un mínimo encharcamiento.
De la lámina de agua también depende la vegetación palustre que a su vez sirve de refugio para aves, ya que aguiluchos laguneros y otras rapaces depredan sobre las anátidas y otras acuáticas. Esta vegetación, dispuesta en zonas de orillas y pequeñas islas, confiere seguridad a muchas aves. Además el carrizo sirve a muchas aves para situar sus nidos ya que así son mucho menos accesibles a ratas, zorros o jabalíes, aportando seguridad y un buen material de construcción. Las aves no son las únicas que se ven beneficiadas por los "bosques" e "islas" de carrizo, los anfibios se desarrollan mejor y tienen lugares seguros en los que establecer sus puestas.

Paisaje primaveral de las Tablas de Daimiel, Ciudad Real.
1.- Islas de carrizo donde crían algunas aves.
2.- Vegetación palustre densa actuando de hábitat para anfibios y refugio para aves.
Somormujo lavanco (Podiceps cristatus) en las Tablas de Daimiel.
Una de las especies que forma nidos entre la vegetación palustre.
Macho de aguilucho lagunero (Circus aeruginosus) en las Tablas de Daimiel.
Una de las rapaces depredadoras en las Tablas y que anida en los carrizos.
Águila real (Aquila chrysaetos) a la derecha tras ser hostigada por un aguilucho lagunero en las Tablas de Daimiel.
También la reina de las rapaces puede capturar alguna anátida de las Tablas.
Carricero común (Acrocephalus scirpaceus) en las Tablas de Daimiel.
Este pequeño paseriforme no solo nidifica, sino que también se refugia entre el carrizo.
De esta costumbre proviene su nombre común. A veces es difícil verlo por sus colores.
La superficie inundada y cubierta de vegetación es también una fuente de alimento y el hábitat perfecto para los animales que componen la dieta de muchas aves y anfibios. Por ejemplo, producen alimento para las anátidas que se comen plantas acuáticas, también, como la mayoría de los ecosistemas acuáticos, generan una gran cantidad de mosquitos (Dípteros) y otros invertebrados como las libélulas (Odonatos) alimento de anfibios y aves insectívoras.

Escena típica de las Tablas de Daimiel, Ciudad Real.
1.-Ejemplo de anátida que se alimenta de plantas acuáticas.
2.- Plantas acuáticas cuyos tallos verdes se aprovechan.
Macho de ánade azulón (Anas platyrhynchos) a la derecha en las Tablas de Daimiel.
Una de las especies de la familia Anatidae que se aprovecha de los tallos de las plantas acuáticas.
Abundan los mosquitos (Dípteros) en los ecosistemas húmedos como las Tablas de Daimiel.
Fundamentales en la dieta de algunos paseriformes insectívoros.
Golondrina común (Hirundo rustica) en las Tablas de Daimiel.
Este pequeño paseriforme se alimenta de los Dípteros como los mosquitos de las zonas húmedas.
Pareja de libélulas (Odonatos) poniendo los huevos en el agua de las Tablas de Daimiel.
Este y otro tipo de invertebrados son los favoritos de los anfibios de las Tablas.
Los alrededores de las orillas están llenos de tarayares, formados por la especie Tamarix sp. típica de las zonas con agua subterránea. Estos árboles cuando se secan pierden todas sus hojas y queda solo el tronco y las ramas en pié. Si se da la circunstancia de que además el agua acaba cubriendo los viejos árboles estos son aprovechados por otra familia de aves, las ardeidas que crean grandes colonias donde sitúan sus nidos o sus dormideros concentrando en ambos casos elevados números de individuos y varias especies diferentes.

Colonia de ardeidas en las Tablas de Daimiel.
En este caso sobre todo se trata de garcillas bueyeras y de algún martinete.
Para terminar este corto y poco exhaustivo viaje por las Tablas de Daimiel, vamos adentrarnos en sus alrededores, en los pastizales, herbazales y pueblos aledaños, pues juegan un papel también importante. En especial los pueblos mantienen otro tipo de avifauna diferente que suele acudir a las tablas para alimentarse, beber agua o buscar material con el que construir sus nidos. Los pocos herbazales cercanos, sin embargo, a penas concentran especies de aves.

Varias garcillas bueyeras (Bubulcus ibis) alimentándose en las Tablas de Daimiel.
Este comportamiento es muy típico y en ocasiones se la ve junto al ganado vacuno.
De esta costumbre proviene su nombre.
Jilguero europeo (Carduelis carduelis) en los pueblos cercanos a las Tablas de Daimiel.
Este pequeño paseriforme se alimenta de las semillas de plantas y árboles como este pino.
Nido de avión común (Delichon urbicum) en los pueblos cercanos a las Tablas de Daimiel.
Uno de los primos cercanos de la golondrina, construye nidos parecidos a su pariente.
Tras este rápido vistazo a un ecosistema como el de las Tablas podemos concluir que la protección de todos y cada uno de sus componentes depende de nosotros. Vegetación palustre, libélulas, recursos hídricos, herbazales, árboles viejos, zonas rurales, y más elementos que no hemos comentado aquí hacen posible que todo siga funcionando. Sin alguno de estos pilares disfrutar de los colores del jilguero, los vuelos de la golondrina o de la diversidad de aves acuáticas no sería posible. Por tanto hay que evitar actividades o actuaciones que pongan en peligro alguno de estos componentes, evitando episodios parecidos al de la sobreexplotación del acuífero, solo así podremos conservar a las aves, o a otras especies. Protegiendo y conservando el conjunto.

martes, 31 de marzo de 2015

Visita exprés a Doñana

Para disfrutar de este maravilloso paisaje hay que dedicar como mínimo una semana. Para todos aquellos que nunca hayáis estado y tengáis a Doñana entre vuestras próximas visitas, os recomiendo pasar bastante tiempo. La diversidad de ecosistemas y de oportunidades de descubrir los beneficios de la naturaleza conlleva cierto tiempo.

Mi compañero Pablo y yo a penas pasamos una mañana. Lo suficiente como para encontrar 26 especies de aves diferentes y ser partícipes de escenas típicas de documental de la TV. Para empezar fuimos sobre seguro. Tras una lectura a determinadas opiniones sobre donde ver aves en Doñana, el centro de visitantes La Dehesa de Abajo fue el destino seleccionado.

Una vez allí la calma es tangible, casi se podía oír a las cigüeñas, que aquí son abundantes, pasar cortando el viento por encima de nuestras cabezas. Allí forman los nidos en encinas de diversas alturas, formando una colonia interesante que los propios técnicos del centro te invitan a visitar. 

El centro cuenta con una gran laguna en la que varias especies encuentran su alimento, principalmente el flamenco (Phoenicopterus roseus) que dada el elevado nivel del agua se ve obligado a sumergirse casi por completo para alcanzar el sustrato en el que se encuentra los crustáceos que forma principalmente su dieta. Esta especie se mueve por toda la laguna junto con otra familia de aves, las rálidas (familia Rallidae), formadas principalmente por las dos especies de focha presentes en nuestro páis:
  • Focha común (Fulica atra): negra completamente con el pico y el escudete blancos
  • Focha moruna (Fulica cristata): únicamente se distingue de la focha común por tener unos "cuernos" de color rojo. Esta es mucho más escurridiza y difícil de observar.
Dos ejemplares de focha común (Fulica atra) en la Dehesa de Abajo
Ejemplar de focha moruna (Fulica crsitata) en la Dehesa de Abajo. ¿Consigues ver la diferencia?

Además de estas dos representantes  también pudimos encontrar a la gallineta común (Gallinula chloropus) junto la que en mi opinión es una de las especies más bonitas de este familia, el calamón común (Porphyrio porphyrio) ya que su color azulado y el rojo vivo de su pico y su escudete lo hacen único. Se comporta en estos ambientes como una "segadora" acabando con mucha de la vegetación palustre. En algunas partes de nuestro país supone una gran amenaza para las plantaciones de arroz.

Calamón común (Porphyrio porphyrio) en la Dehesa de Abajo

Estas aves desde lejos pueden parecer, en muchas ocasiones, anátidas, pero no lo son. Sin embargo se mueven por la laguna de la Dehesa de Abajo junto al porrón europeo (Aythya ferina) que si es una anátida. Esta diferencia hay que tenerla clara para no confundir especies. A ver si en la siguiente imagen podéis identificar las dos especies.

Porrón europeo (Aythya ferina) junto con varias fochas comunes en la Dehesa de Abajo.

La variedad de aves acuáticas en este lugar es grande y alberga a otras familias com especies como el somormujo lavanco (Podiceps cristatus) y el zampullín cuellinegro (Podiceps nigricollis). El primero, como ya adelanté en la entrada Cambios de plumaje. Época reproductora del 10 de marzo, posee un singular método de cortejo y por aquel entonces pudimos observar algunas persecuciones y ensayos de los famosos "bailes". Además de esta maravilla también fuimos capaces de corroborar la voracidad del zampullín, que aunque pequeño, nos mostró la facilidad con la que se puede desmontar a un cangrejo de río.

Somormujo lavanco (Podiceps cristatus) con plumaje nupcial en la Dehesa de Abajo.
Zampullín cuellinegro (Podiceps nigricollis) con la susodicha presa en la Dehesa de Abajo

Tras nuestro paseo por la Dehesa de Abajo, pusimos rumbo a la Marisma de El Rocío, un lugar donde cultura y naturaleza se encuentran separadas por una pequeña cerca de metal. Allí volvimos a encontrarnos con gran cantidad de flamencos (Phoenicopterus roseus) pero también con dos iconos de las marismas: la espátula común (Platalea leucorodia) y el morito común (Plegadis falcinellus) primos entre ellos al pertenecer a la misma familia, la difícilmente nombrable Threskiornithidae. Ambos tienen unos picos característicos que los hacen fáciles de distinguir, vamos a ver cómo son:

Espátula común (Platalea leucorodia) en la Marisma de El Rocío
Morito común (Plegadis falcinellus) en la Marisma de El Rocío

Como habréis visto los picos son bastante característicos de cada una de las especies, aunque para picos raros el de esta anátida, la cuchara común (Anas clypeata) cuyo pico es excesivamente ancho y largo, al menos para una anátida porque no puede competir con el de aves como las que acabamos de ver. Aún así, el nombre de esta ave hace bastante alusión a la forma de su pico en forma de "cuchara"

Macho (derecha) y hembra (izquierda) de cuchara común (Anas clypeata) en la Marisma de El Rocío

Estas y otras muchas especies nos acompañaron durante nuestra fugaz visita al Parque Nacional por excelencia de nuestro país, Doñana. Aquí os dejo una lista con otras especies a parte de las descritas anteriormente que pudimos ver por la región: 
  • Cernícalo vulgar (Falco tinnunculus)
  • Chorlitejo chico (Charadrius dubius)
  • Cigüeñuela común (Himantopus himantopus)
  • Correlimos común (Calidris alpina)
  • Garceta común (Egretta garzetta)
  • Garcilla bueyera (Bubulcus ibis)
  • Golondrina común (Hirundo rustica)
  • Gorrión común (Passer domesticus)
  • Grajilla occidental (Corvus monedula)
  • Jilguero europeo (Carduelis carduelis)
  • Mirlo común (Turdus merula)
  • Ánade azulón (Anas platyrhynchos)
  • Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Cetia ruiseñor (Cettia cetti) solo oído
  • Cerceta común (Anas crecca)
La verdad es que la variedad de especies que se pueden observar en este lugar es bastante elevada una muestra de que cultura e historia juegan un papel importante en un juego en el que la naturaleza nos esta aportando unos servicios que debemos apreciar.





martes, 27 de enero de 2015

Las Lagunas de Villafáfila I

¡¡Hola a todos de nuevo!!
Esta vez quería hablaros de mi último viaje a "pajarear".
Para empezar hay que situarse, ¿de acuerdo?
Bueno, pues no cerréis los ojos que no podréis leer. Imaginad que os encontráis en Zamora, en lo más interno de la provincia. Por si alguien nunca ha estado os cuento que el paisaje es tremendamente llano y extenso, da la sensación de que nunca acaba. Los campos de cultivo, junto con pequeños rebaños de ovejas, adornan esta llanura. Se trata de una tierra muy impermeable que con frecuencia se encharca o forma barro. Imaginaos cómo estaban los caminos.

Busardo ratonero (Buteo buteo) con un paisaje típico zamorano de fondo.

¿Os vais situando? Muy bien.
Bueno, ahora que ya tenemos en mente la apariencia del lugar, vamos a imaginarnos un pueblecito zamorano, muy bonito y muy bien cuidado, con sus tractores y sus señores mayores. Este pueblo es Villafáfila y como bien recordáis, la tierra aquí se encharca con frecuencia. Este fenómeno favorece que nuestra pequeña población cuente con un enorme humedal en sus inmediaciones. Imaginad, todo un pueblo de esos que gustan a casi todos, de los de olor a chimenea, con el valor añadido que aporta un humedal. Cuesta imaginarlo ¿verdad? Este humedal es la Reserva Natural de las lagunas de Villafáfila, en la que todos estabais pensando.

Lagunas de Villafáfila. 08:30 de la mañana.

¿A cuantos de vosotros os gusta madrugar? Supongo que a ninguno, como nos pasa a Pablo Fernández y a mí. Y madrugar cuesta aún más cuando la temperatura exterior llega a la friolera de -6ºC. La verdad es que el frío que hizo los días de nuestra visita fue singularmente extremo. A pesar de ello disfrutamos durante todo el día de un sol espléndido que nos dio algunos momentos de calor. Pensaréis que esto nos pasa por ir en invierno a Zamora. Pues sí, es cierto, pero las fechas de la visita son idóneas para poder encontrar ánsares en las lagunas, que fue uno de nuestros objetivos del viaje. Y así ocurrió, tras pocas vueltas fue difícil no toparse de cerca con un grupo numeroso de ánsares comunes. Según los datos que recoge Villafáfila en su web, por estas fechas es fácil que el número de ánsares ascienda hasta los 30000 ejemplares ¡Una barbaridad! Y a la vez una oportunidad para no perderse a esta ruidosa ave.

Ánsares comunes (Anser anser) con Villafáfila de fondo

Cuando estábamos a punto de terminar de pasear por los alrededores en busca de ánsares, nos pasó volando hasta posarse a unos 700 metros, una avutarda, el ave voladora más pesada del mundo. Eso sí que era una sorpresa, pues lograr ver a las avutardas en su hábitat natural fue otro de los objetivos que tuvimos durante la visita. Pero se fue. Tardó apenas unos minutos en desaparecer volando por el horizonte. ¡Vaya fiasco! Bueno, todavía quedaba mucha jornada por delante y nuestra próxima parada era prometedora, la "Casa del parque". Este lugar lo constituyen varias lagunas artificiales idóneas para las anátidas (ánsares y patos) y para otros grupos de aves, como lo son las rálidas (fochas) y los podicipediformes (zampullín). En este lugar, que también actúa como punto de información de la reserva natural, las aves se dejaron ver desde mucho más cerca gracias a los observatorios habilitados para la actividad. Las siguientes aves son las que que pudimos ver en la Casa del Parque:

Ánsar común (Anser anser)
Focha común (Fulica atra)
Ánade azulón (Anas platyrhynchos)
Silbón europeo (Anas penelope)
Porrón europeo (Aythya ferina)
Porrón moñudo (Aythya fuligula)
Zampullín chico (Tachybaptus ruficollis)
Abubilla (Upupa epops)

Ánsar común (Anser anser). Casa del Parque.
Focha común (Fulica atra). Casa del Parque.
Ánade azulón (Anas platyrhynchos). Casa del Parque.
Porrón europeo (Aythya ferina) en primer término. Casa del Parque.
Hembra izquierda, macho derecha de porrón moñudo (Aythya fuligula). Casa del Parque.
Zampullín chico (Tachybaptus ruficollis) plumaje invernal. Casa del Parque.

Sin duda mi favorita, por su forma, su silueta y su plumaje con colores contrastados, es el porrón moñudo (Aythya fuligula). Además de esta, también pudimos observar muchas más aves en la reserva, pero eso lo guardo para otra ocasión.
Gracias a todos.

Si alguna vez tenéis la oportunidad de viajar a las Lagunas de Villafáfila os aconsejo que os paséis por la Casa del Parque. La entrada cuesta 1,5 € los adultos, pero cuidado, abre solo de jueves a domingo, consultad los horarios. Merece la pena pagar esa pequeña cantidad por visitar unas lagunas artificiales que consiguen albergar una maravillosa fauna. Además una vez que adquieres los tiques puedes entrar a cualquier hora del día.

Es recomendable también, para los que vayáis, que hagáis un parón en el camino y os acerquéis al Restaurante El Palomar (Carretera, 6, 49136, Villafáfila, Zamora). Allí os atenderán gustosamente. Además también venden diversos productos gastronómicos de la tierra de exquisita calidad y otros productos artesanales para coleccionistas.