Mostrando entradas con la etiqueta Carbonero común. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Carbonero común. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de enero de 2024

Atardecer en el Alberche

¡Hola de nuevo!

Después de haber estado el día anterior en Villafáfila, la tarde del domingo la pasamos con otro grupo por la cuenca del río Alberche. En esta ocasión queríamos ver la vida de este río tras el atardecer y fue maravilloso. Tuvimos muy buenas sorpresas en un lugar de paisajes mágicos que al final del día se envolvió de una preciosa niebla. Lo pasamos en grande y no solo vimos aves. 

Con la lluvia el musgo se iluminó de verde dándole una luz especial al paisaje.

martes, 9 de enero de 2018

La vida en la dehesa

¡¡Hola de nuevo!!

En esta ocasión os muestro algunas de las aves que vimos en una excursión por las dehesas de Sevilla la Nueva un municipio situado al oeste madrileño y adornado con estupendos paisajes adehesados.

A pesar de que disfrutamos muchísimo mostrando e identificando las especies más representativas de las dehesas, podríamos haber visto muchas más de no ser por la madrugadora niebla que impidió la observación durante las primeras horas de la mañana. Para aquellos de nosotros que nos gusta ver el amanecer en la naturaleza y ver a las aves cantando con los primeros rayos de luz, fue una pena encontrarse con una niebla tan espesa.

Las dehesas normalmente están llenas de vida, las especies que se muestran a continuación solo representan una pequeña parte de las muchas que se pueden llegar a ver entre las jaras, los pinos, los fresnos y las encinas del monte adehesado.

Aspecto de la dehesa de Sevilla la Nueva. Horas después de la espesa niebla que acompaño al amanecer, pudimos ver al completo este paisaje único.
Aspecto de la dehesa de Sevilla la Nueva.
Horas después de la espesa niebla que acompaño al amanecer, pudimos ver al completo este paisaje único.

martes, 17 de octubre de 2017

Santillana y Pedrezuela, embalses para ver aves

La semana pasada después de mucho tiempo sin pasarnos por el Parque Regional de la Cuenca Alta de Manzanares, decidimos acercarnos a pasar el día en el entorno de dos embalses únicos, Santillana y Pedrezuela. Para nuestra sorpresa y a pesar de las altas temperaturas de estos días, a primera hora de la mañana pasamos bastante frío.

La naturaleza en este entorno vive a otro ritmo. Mientras algunos árboles empiezan a amarillear sus trajes otoñales, otros dejan caer delicadamente sus hojas que, hace meses, daban otro aspecto al bosque. Los rosales, los majuelos, los saúcos y otras especies vegetales comienzan a adornarse de frutos rojos, anaranjados e incluso morados que atraerán a unos hambrientos viajeros venidos del viejo continente, las aves migratorias.

Nuestra primera parada, el Embalse de Pedrezuela, también llamado de Guadalix pues represa a dicho río o El Vellón, aunque se desconoce la procedencia de este último.

Puntos de observación de aves en el Embalse de Pedrezuela.
Puntos de observación de aves en el Embalse de Pedrezuela.

La carretera que lleva hasta él tiene un buen apartadero (1) donde poder dejar el coche para o bien caminar siguiendo el camino que bordea al embalse o bien plantar el trípode, sacar los prismáticos y comenzar a disfrutar de su belleza otoñal e invernal. Desde este punto son muchas las acuáticas que se pueden divisar. Por estas fechas se ve alguna cerceta común (Anas crecca) aunque llegarán muchas más, acompañando se puede ver focha común (Fulica atra), ánade azulón (Anas platyrhynchos) y ánade friso (Anas strepera).

Ánade friso (Anas strepera), machos izquierda, hembra derecha.
Ánade friso (Anas strepera), machos izquierda, hembra derecha.

Con suerte y si se mantiene el silencio, a pesar de la cercanía de la carretera, se puede escuchar el psit del petirrojo europeo (Erithacus rubecula), recién llegado del norte de Europa, el tsi-tsi-tsi de el herrerillo común (Cyanistes caeruleus), el carbonero común (Parus major) con su mítico chi chi-pan o el verderón común (Chloris chloris) con su difícilmente reconocible tit-it-it-it.

Carbonero común (Parus major) sobre una zarza frente al embalse.
Carbonero común (Parus major) sobre una zarza frente al embalse.
El psit del petirrojo europeo (Erithacus rubecula) se escucha mejor ahora que han llegado muchos de Europa.
El psit del petirrojo europeo (Erithacus rubecula) se escucha mejor ahora que han llegado muchos de Europa.
Verderón común (Chloris chloris) descansando a primera hora sobre una zarza.
Verderón común (Chloris chloris) descansando a primera hora sobre una zarza.

Una vez hubimos explotado todo el tesoro que tenía que ofrecernos este pequeño rincón del embalse, partimos al siguiente punto de observación, la Ermita de Guadalix de la Sierra (2). Desde allí sale una pequeña pista de tierra (3) donde a un lado podemos continuar destapando la riqueza del embalse con bandos de gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus), alguna agachadiza común (Gallinago gallinago) picoteando la orilla o grupitos de somormujo lavanco (Podiceps cristatus). Al otro lado del camino el mosquitero común (Phylloscopus collybita), la curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala), el mirlo común (Turdus merula), algún zorzal común (Turdus philomelos) o la curruca capirotada (Sylvia atricapilla) puede salir a nuestro paso haciendo más agradable un camino que con la salida del sol comienza a hacernos sudar.

Tres agachadizas comunes (Gallinago gallinago) picotean en la orilla de embalse para aliementarse.
Tres agachadizas comunes (Gallinago gallinago) picotean en la orilla de embalse para aliementarse.
El inquieto mosquitero común (Phylloscopus collybita) captura insectos en los árboles que rodean al embalse.
El inquieto mosquitero común (Phylloscopus collybita) captura insectos en los árboles que rodean al embalse.
Curruca capirotada (Sylvia atricapilla) entre escaramujos, el fruto del rosal silvestre.
Curruca capirotada (Sylvia atricapilla) entre escaramujos, el fruto del rosal silvestre.

El consejo: al final de la pista, antes de una valla que corta el paso, la anchura del río comienza a estrecharse, normalmente hay bandos de cormorán grande (Phalacrocorax carbo) pero si sigues un poco más y estás atento al pasillo de agua, tendrás la oportunidad de ver bien al martín pescador común (Alcedo atthis).

Puntos de observación de aves en el Embalse de Santillana.
Puntos de observación de aves en el Embalse de Santillana.
Puntos de observación de aves en el Embalse de Santillana.
Puntos de observación de aves en el Embalse de Santillana.

Después de ver hasta 40 especies diferentes en apenas unas horas, nos fuimos hasta el Embalse de Santillana, junto a Manzanares El Real. Aquí existen varios puntos de observación recomendados. En el Desacansadero del Espinarejo (1), donde se puede dejar el coche, existe un pequeño puente que atraviesa el río. Si el embalse está con agua, los cormoranes y las anátidas de Pedrezuela también se podrán observar en Santillana, la gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus) también, aunque ahora una compañera algo más grande se puede diferenciar entre la multitud, la gaviota sombría (Larus fuscus). Todos estos personajes te entenderán durante unos minutos. Si por el contrario el nivel del agua es relativamente bajo, comenzarán a aparecer extensas praderas, en ocasiones verdes,  que suele aprovechar el ganado para pastar.

Gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus) con su plumaje invernal abunda en Santillana.
Gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus) con su plumaje invernal abunda en Santillana.
Gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus) y sombrías (Larus fuscus) las más grandes son las sombrías.
Gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus) y sombrías (Larus fuscus) las más grandes son las sombrías.

En dichas praderas y moviéndose ágilmente entre las fuertes patas del ganado se puede ver lavandera blanca (Motacilla alba), estorninos negro (Sturnus unicolor) y pinto (Sturnus vulgaris) e incluso bisbita alpino (Anthus spinoletta), todos ellos persiguen insistentemente a las vacas y los bueyes que van levantando según avanzan por el pasto, los insectos y otros invertebrados que se comen estas aves.

Lavandera blanca (Motacilla flava) suele caminar por el borde del embalse o junto al ganado.
Lavandera blanca (Motacilla flava) suele caminar por el borde del embalse o junto al ganado.

Cuando pensamos que este puente no podía dar más de si, avanzamos por la pista que sale del parking (2), desde allí pudimos ver mejor la zona del embalse y el encinar que colinda con la orilla donde bandos de rabilargo ibérico (Cyanopica cooki) salen a lucir su azulado plumaje tras una ruidosa entrada en escena.

Rabilargo ibérico (Cyanopica cooki) con el color azul de las plumas de la cola y las alas.
Rabilargo ibérico (Cyanopica cooki) con el color azul de las plumas de la cola y las alas.

El consejo: Para finalizar la jornada nos acercamos hasta el lado opuesto del embalse (3). Allí los bajos niveles de agua, dejan ver un pequeño camino asfaltado que suele ser el cazadero de cigüeña blanca (Ciconia ciconia), garza real (Ardea cinerea) y garceta común (Egretta garzetta).

Garza real (Ardea cinerea) en vuelo por encima del embalse de Santillana.
Garza real (Ardea cinerea) en vuelo por encima del embalse de Santillana.

Te llevamos a observar aves a los espacios protegidos más importantes. Cualquier época del año es buena para ver a las dueñas del vuelo en sus hábitats naturales. Si te gustan las aves no dudes en apuntarte a cualquiera de nuestras salidas. No te los pierdas y echa un vistazo aquí: Blue Nature web
También te ofrecemos la posibilidad de prepararte una ruta a la carta.

Si quieres salir a ver aves, no lo dudes y visita la Comunidad de Madrid. Unas 240 especies de aves distintas encuentran los recursos necesarios a lo largo de todo el año en nuestra región gracias a que aproximadamente el 40% de su superficie se encuentra protegida por su gran diversidad de ecosistemas y hábitats. Algunas tan importantes y en peligro de extinción como el águila imperial ibérica, el buitre negro o el sisón.

martes, 10 de octubre de 2017

Aves comunes de parques y jardines para empezar

El sitio perfecto para empezar a ver aves son los parques urbanos. Allí las especies que podemos ver son, sobre todo, aves comunes, las mejores para la iniciación a la ornitología. La identificación puede ser muy complicada cuando estamos empezando, hay muchos nombres y algunas especies no son tan diferentes. En Blue Nature hemos querido darte algunos trucos y algunos nombres para que empieces a fijarte en las aves mientras paseas por tu parque favorito.

Aves comunes de los parques urbanos
Aves comunes y la exótica cotorra argentina de los parques urbanos

Los gorriones
Seguro que todos alguna vez has visto algún gorrión común (Passer domesticus) por la calle, en un parque, jardín, urbanización o incluso picoteando las migas que han caído al suelo de la terraza en la que disfrutas de tu bebida favorita.

Gorrión común macho (Passer domesticus) píleo gris, colores marrones rojizos y pico corto pero robusto.
Gorrión común macho (Passer domesticus) píleo gris, colores marrones rojizos y pico corto pero robusto.

Se trata de un ave de pequeño tamaño de colores y tonalidades marrones. Su pico es de tipo granívoro, es decir corto y robusto. Su cola es cuadrada y proporcionada con su cuerpo. Su plumaje puede variar según el sexo. Los machos son de colores marrones rojizos con un pequeño babero negro justo en la garganta. En la parte superior de su cabeza (píleo) una mancha color gris lo diferencia del resto de especies de gorriones. Las hembras son de tonalidades marrones amarillentas, más ocres y apagadas que los machos.

La forma y tamaño de su pico nos delata su dieta, principalmente semillas, aunque en las ciudades ha encontrado otros muchos recursos.

A pesar de ser una de las aves más comunes en nuestros parques y jardines urbanos, está pasando por una mala racha, sus poblaciones, en España y en Europa están en claro declive e incluso en capitales como Londres han llegado a desaparecer.

Carbonero o herrerillo
Ambas son especies forestales, les gusta mucho moverse de forma inquieta entre las ramas ocultando sus vistosos colores. Con un poco de paciencia podremos ver los colores azulados del herrerillo común (Cyanistes caeruleus) y la banda negra en el vientre del carbonero común (Parus major).

Se trata de aves muy frecuentes en parques pero sobre todo en zonas verdes de pequeñas urbanizaciones donde tienen acceso a los comederos que muchos amantes de las aves colocan en sus jardines. Sin tiempo para verlos detenidamente pueden parecernos similares, sin embargo son completamente diferentes. 

El carbonero es un ave un poco más grande y robusta con mejillas blancas, una cabeza, nuca y collar negro que se extiende por el vientre en forma de corbata. Esta mancha negra alargada que atraviesa un vientre de color amarillo limón, en machos es mucho más gruesa y larga, llegando incluso a alcanzar la zona de la cloaca. De pico corto pero fuerte y cola cuadrada y proporcionada respecto al y tamaño del cuerpo.

Carbonero común (Parus major) picoteando los insectos de esta zarza.
Carbonero común (Parus major) picoteando los insectos de esta zarza.
Los colores negros y blancos de su cara son claves para diferenciarlo del herrerillo.

Por otro lado el herrerillo tiene colores mucho más azulados, tanto en hembras como en machos, esta especie carece de dimorfismo sexual. Su píleo y sus alas son de un azul vivo en la mayoría de los casos. Su vientre también es de color amarillo, pero carece de esa corbata negra del carbonero. En tamaño el herrerillo es mucho más pequeño, con el pico del mismo estilo, corto pero fuerte que le sirve tanto para atrapar orugas como para abrir la dura cáscara de los cacahuetes que gentilmente han colocado en el comedero que adorna el jardín.

Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) colgando de un comedero de cacahuetes casero.
Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) colgando de un comedero de cacahuetes casero.
Los colores azules brillantes lo diferencian del carbonero.

Pájaros carpinteros
Aunque son algo menos habituales que los anteriores, en nuestros parques urbanos también podemos encontrar dos especies de pájaros carpinteros o pícidos, el pito real (Picus viridis) y el pico picapinos (Dendrocopos major). De hábitos distintos pero costumbres parecidas destacan por tener picos fuertes y el comportamiento típico de esta familia, trepar por el tronco de los árboles.

Pico picapinos (Dendrocopos major) la nuca de color rojo nos delata que se trata de un macho.
Pico picapinos (Dendrocopos major) la nuca de color rojo nos delata que se trata de un macho.

De arriba para abajo trepa el pico picapinos haciendo toc toc en la madera hasta encontrar el hueco en el que está escondida la larva de la que se alimenta, en ese momento extiende su larga lengua y se hace con el festín. Este pájaro carpintero de tamaño medio tiene un fuerte pico adornado con un plumaje de color negro y pintas blancas rematado por una nuca de color rojo en machos y completamente negra en hembras. Los juveniles presentan toda la parte superior de la cabeza o píleo de color rojo. Su cola es muy corta respecto a su cuerpo aunque les es muy útil para apoyarse mientras suben el tronco o las ramas de los árboles.

Pito real (Picus viridis), la mancha negra en la mejilla nos dice que se trata de una hembra
Pito real (Picus viridis), la mancha negra en la mejilla nos dice que se trata de una hembra.
Si la bigotera en vez de negra fuera de color rojo se trataría de un macho.

El pito real, aunque también trepa por los árboles, pasa parte de su tiempo paseando por el suelo, ya que tiene la misma costumbre que el oso hormiguero. Su larga lengua le permite alcanzar las hormigas que se esconden bajo tierra, pero también hace toc toc para encontrar larvas en la madera de los viejos chopos de un parque urbano. Sus colores son completamente diferentes a los de su primo el pico picapinos, el plumaje es completamente verde salvo el píleo. Una pequeña mancha o bigotera junto al pico sirve para diferenciar machos, mancha de color rojo, de hembras cuya mancha es negra.

Palomas y tórtolas
Pueden parecernos idénticas pero en el fondo hay unas pequeñas pautas que nos permiten identificar las tres especies de palomas y tórtolas más comunes de espacios verdes. Para empezar hay que saber que la paloma que conocemos, la de las ciudades es la versión doméstica de la paloma bravía (Columba livia) que solía vivir en cortados y paredes rocosas y que fue usada como paloma mensajera. Recientemente una pariente mucho más forestal se ha vuelto confiada y ha entrado en las ciudades, se tarta de la paloma torcaz (Columba palumbus) de tamaño mucho mayor.

Paloma bravía (Columba livia) variante doméstica. Muy frecuente en los parques urbanos.
Paloma bravía (Columba livia) variante doméstica. Muy frecuente en los parques urbanos.
Paloma torcaz (Columba palumbus) bebiendo agua en la fuente de un parque urbano
Paloma torcaz (Columba palumbus) bebiendo agua en la fuente de un parque urbano.

A diferencia de su prima, la torcaz presenta unas marcas blancas clave para identificarla correctamente. Una de esas manchas blancas se encuentra en el cuello, la otra se trata de dos bandas alares una en cada ala de color blanca que solo son visibles durante su vuelo.

Tórtola turca (Streptopelia decaocto) más rosada que las palomas anteriores.
Tórtola turca (Streptopelia decaocto) más rosada que las palomas anteriores.

Otra vecina que vive junto a palomas bravías y torcaces pero que no tiene nada de paloma es la tótola turca (Streptopelia decaocto) mucho más elegante y delgada. El pico es algo más fino de color negro, cola y cuerpo mantienen proporciones adecuadas y es imposible diferenciar machos de hembras, aunque normalmente en época de cría los machos se vuelven muy pesados tratando de hacerse con una conquista. A diferencia de los plumajes grisáceos de las anteriores bravías y torcaces, la tórtola turca presenta un plumaje ocre adornado con un pequeño y disimulado collar negro que en cierto tiempo le dio el nombre de tórtola de collar.

Estorninos o mirlos
Existe un grupo de aves que corretean por las verdes praderas del parque más cercano. Pueden parecer ser de la misma especie sin embargo son dos aves completamente distintas. Estamos hablando de unos pájaros negros conocidos como mirlo común (Turdus merula) y estornino negro (Sturnus unicolor). Similares por no tener ninguna marca o mancha llamativa pueden ser confundidos, sobre todo cuando solapan las poblaciones en un mismo lugar.

El mirlo tiene dimorfismo sexual aunque poco marcado. El macho es de color negro puro, oscuro con un anillo en el ojo de color naranja que acompaña al pico del mismo color. Las hembras, algo más modestas, presentan un plumaje oscuro negro, pero de tonalidades marrones y tanto pico como el anillo del ojo presentan colores anaranjados muy apagados. Su cola es bastante larga y sus hábitos suelen ser solitarios, rara vez se ve dos, tres machos juntos, en todo caso dos si son pareja.

Macho de mirlo común (Turdus merula) comiendo lo que más le gusta, lombrices.
Macho de mirlo común (Turdus merula) comiendo lo que más le gusta, lombrices.
El anillo ocular, el pico y el color negro puro nos ayuda a diferenciarlo de la hembra.

Por otro lado, el estornino es una especie muy gregaria, sociable y le encanta protegerse formando bandos enormes, de cientos e incluso miles de individuos aunque en los parques urbanos se ven pequeñas asociaciones de varios ejemplares. Respecto al tamaño es parecido al mirlo, la diferencia reside en el tamaño de la cola y el color del anillo del ojo que en el estornino es negro, su pico puede ser naranja pero también nego. Su cola es bastante corta respecto a su cuerpo y suele andar erguido, su vuelo además, es bastante torpe.

Estornino negro (Sturnus unicolor) paseando tranquilo por uno de los parques urbanos en los que abunda.
Estornino negro (Sturnus unicolor) paseando tranquilo por uno de los parques urbanos en los que abunda.

Otras aves comunes
Hay muchas aves que viven más cerca de lo que pensamos, si quieres empezar puedes salir a los parques y tratar de diferenciar estas aves, de apuntar sus diferencias, dibujar comparativas o anotar comportamientos que los diferencian.

Estas no son las únicas especies que viven en nuestros parques, existen muchas más, pero son las más comunes. Otras aves como la urraca común (Pica pica), el petirrojo europeo (Erithacus rubecula), el ánade azulón (Anas platyrhynchos), la goondrina común (Hirundo rustica), el serín verdecillo (Serinus serinus) o el agateador europeo (Certhia brachydactyla) son frecuentes en los espacios verdes de las ciudades.

Serín verdecillo (Serinus serinus) otra de las especies habituales en los parques urbanos.
Serín verdecillo (Serinus serinus) otra de las especies habituales en los parques urbanos.

Golondrina común (Hirundo rustica).
Golondrina común (Hirundo rustica).

Urraca común (Pica pica) en uno de los espacios verdes de la ciudad.
Urraca común (Pica pica) en uno de los espacios verdes de la ciudad.

Petirrojo europeo (Erithacus rubecula) habitual sobre todo en invierno cuando escapa del frío de sus áreas de cría.
Petirrojo europeo (Erithacus rubecula) habitual sobre todo en invierno cuando escapa del frío de sus áreas de cría.

Desde Blue Nature te animamos para que empieces a salir a identificar especies en el parque más cercano a tu domicilio, que empieces a diferenciar carboneros de herrerillos, mirlos de estorninos o que sepas identificar bien las palomas y tórtolas. Pronto descubrirás que hay otras sorpresas esperando detrás de un matorral, en la copa de un árbol, en una pradera o incluso en una pequeña charca. Una vez que lo controles estarás listo para salir por ahí buscando especies nuevas por parques naturales, reservas o incluso ZEPAS. 

Si quieres salir a ver aves, no lo dudes y visita la Comunidad de Madrid.

Unas 240 especies de aves distintas encuentran los recursos necesarios a lo largo de todo el año en nuestra región gracias a que aproximadamente el 40% de su superficie se encuentra protegida por su gran diversidad de ecosistemas y hábitats. Algunas tan importantes y en peligro de extinción como el águila imperial ibérica, el buitre negro o el sisón.

Te llevamos a observar aves a los espacios protegidos más importantes. Cualquier época del año es buena para ver a las dueñas del vuelo en sus hábitats naturales. Si te gustan las aves no dudes en apuntarte a cualquiera de nuestras salidas. No te los pierdas y echa un vistazo aquí: Blue Nature web
También te ofrecemos la posibilidad de prepararte una ruta a la carta.

martes, 29 de noviembre de 2016

El Bebedero del Pardo

A apenas 30 minutos de la capital, se extiende el bosque mediterráneo más importante de toda la Comunidad de Madrid y uno de los que presenta mejor estado de conservación en cuanto a su flora y su fauna. Se trata también de uno de los mejores lugares a los que ir a ver la berrea de los ciervos y la ronca de los gamos dada la abundancia de ambos mamíferos. También es hogar de otros muchos animales como jabalís, conejos, zorros o la imponente y elegante águila imperial ibérica.

Sin embargo, nuestros protagonistas de hoy son de talla más pequeña y colores más vistosos. Se trata de las aves forestales que viven entre encinas y matorrales de este bosque adehesado. La variedad y riqueza de este lugar atrae a muchas especies de aves, como la curruca carrasqueña, el rabilargo ibérico, los mirlos, lavanderas o los petirrojos. Todas estas aves de diferentes preferencias coinciden en un mismo punto de este espacio natural tan extenso. Se trata de un pequeño aporte de agua que encharca el terreno, haciendo más accesible el agua a los habitantes del bosque y que se ha convertido en el bebedero del Pardo.


Cuando uno se va acercando, ya puede ir escuchando el jolgorio y los cantos de tan alegres aves, que tras revolotear, acaban disfrutando de este tranquilo rincón. 

Los más abundantes son los herrerillos, que llegan de todas partes a beber agua y bañarse. Sus hermosos colores amarillos y azul resaltan y se reflejan en el agua, haciendo de este momento un recuerdo único y precioso que por supuesto queda fotografiado.

Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) acercándose a beber.
Los reflejos en el agua son tan bonitos como el plumaje de esta especie.
Herrerillos comunes (Cyanistes caeruleus) acercándose a beber.
A pesar de que son especies solitarias, se pueden ver varios ejemplares juntos en este bebedero.

Los siguientes en llegar son los bandos de jilgueros, que son más tolerantes y crean bandos de varios ejemplares. Esto les sirve mucho como supervivencia comunal, es decir, si uno de ellos encuentra una fuente de agua y por defecto todos acaban saciandor su sed en ella. De esta forma, en este el bebedero del Pardo, llegan muchos jilgueros a bañarse y beber. Muchos son adultos y ya presentan los colores llamativos típicos de esta especie, mientras los pollos del año carecen de las plumas rojas que aprecen en la cara de los adultos.

Juvenil (izda.) y adulto (drcha.) de jilguero común (Carduelis carduelis) bebiendo en el Pardo.
Carboneros comunes y papamoscas cerrojillos son las otras dos especies que siguen llegando desde todos los rincones del Pardo. Aquí se juntan hasta seis o siete especies diferentes con un mismo fin, beber y bañarse.

Carbonero común (Parus major) se acerca sigilosamente a beber.
Son desconfiados y tratan de pasar el menor tiempo posible  en el bebedero.
Papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca) cerca del bebedero.
Esta especie es más habitual durante el otoño y el final del verano.

Entre tanto, se acerca pasando desapercibido, un reyezuelo listado.  Su pequeño tamaño hace que el resto de especies no se percaten de su presencia hasta que está cerca. En ese momento el tamaño marca la diferencia y el pobre y chiquitín reyezuelo se aparta un poco a una esquina del bebedero y se pega un buen baño. Menudas pintas tiene después del lavado, parece que haya salido de la centrifugadora.

Reyezuelo listado (Regulus ignicapilla) se acerca tímidamente intentando pasar desapercibido.
Su tamaño, de apenas 9 cm le convierte en uno de los pájaros más pequeños de nuestra fauna.
Reyezuelo listado (Regulus ignicapilla) tras el baño parece una bola de algodón mojada.
Las aves necesitan agua para beber y bañarse. Este recurso de vida es particularmente importante durante dos épocas del año; en invierno, cuando muchos de los aportes cotidianos se han congelado y las aves no pueden acceder a ellos; y en verano, cuando las cálidas temperaturas y la sequía hacen difícil la tarea de buscar agua. Pero para entenderlo mejor, puedes ver este pequeño vídeo que muestra la diversidad del Monte del Pardo, su riqueza y la importancia del agua para las aves.

Música: Daniel Daguerre Narración: Jesús Palop

Como habrás comprobado en el documental, los trepadores azules, especies acostumbradas a estar subiendo y bajando por los troncos, se acercan esta vez hasta el bebedero para lavarse las plumas y por lo tanto protegerse mejor frente al frío. Es sorprendente también ver a otra de las especies, que en ocasiones ha compartido tronco con los trepadores. Hablamos del agateador europeo que se acerca también hasta el bebedero sin antes bajar trepando desde el tronco más cercano.

Trepador azul (Sitta euroepeae) en el suelo cerca del bebedero. 
Agateador europeo (Certhia brachydactyla) parece que con ese pico tan fino le cueste beber agua.
Es gracioso ver de vez en cuando esta especie tan trepadora y ágil por los suelos.

A medida que avanza la mañana, el número de aves que se ha acercado a beber hasta aquí supera las expectativas. El número de especies es cada vez mayor y todavía nos quedan muchas para que nos visiten. Una de ellas, de hermoso colorido pasa ahora por una de sus mudas y no puede mostrarnos sus amarillos, negros y pardo rojizos que decoran normalmente su plumaje. Nos referimos al escribano soteño, que sin el típico antifaz puede parecer hasta un triguero.

Escribano soteño (Emberiza cirlus) otra de las especies que depende de este manantial.

Cuando casi parece que todo se está acabando y que ya lo único que va a venir a beber son herrerillos, aparece un grupo de pajarillos que suena familiar. De cola larga y muy redondos, el bando de mito se mueve ágil entre las ramas antes de ir a parar a nuestro concurrido bebedero. Pero antes, mucho antes incluso de que lleguen a posarse en el agua, un macho de pinzón se les ha adelantado y ya casi ha logrado saciar su sed.

Macho de pinzón vulgar (Fringilla coelebs) entre las especies que bajan a beber.
Los machos presentan estos colores, mientras las hembras son algo más apagadas.
Mito común (Aegithalos caudatus) en este caso anillado.
Su larga cola y su rechoncho y pequeño cuerpo le dan un aspecto muy adorable.

Finalmente y ya casi cuando me estoy yendo, aparecen tres nuevas especies que no habían llegado antes. Las tres presentan colores amarillos, vaya coincidencia. Se trata del serín verdecillo y los mosquiteros común y musical, a este último parece que el bebedero le ha venido muy bien, así podrá reponer fuerzas antes de continuar con su migración.

Serín verdecillo (Serinus serinus) con sus llamativos amarillos cerca de la orilla.
Mosquitero común (Phylloscopus collybita) dejando reflejar su ceja amarilla sobre el agua.
Mosquitero muscial (Phylloscupus trochilus) reponiendo fuerzas antes de continuar su largo viaje.

Como bien muestra el documental, la dependencia de las aves sobre este y otros muchos manantiales, fuentes y abrevaderos puede poner en riesgo su supervivencia durante el próximo invierno. El acceso a agua para estas aves de apenas unos gramos puede marcar la diferencia. Por eso, además de colocar comederos en tu jardín para ayudar a las aves durante el invierno, incluye también algún aporte de agua, seguro que ellas te lo agradecerán.







martes, 20 de octubre de 2015

Otoño en el valle del Lozoya

Ya llevamos un mes desde que el pasado 21 de septiembre comenzara el otoño. Muchos árboles, para variar, están empezando a dorarse para terminar por "quedarse calvorotas". Pero el otoño va más allá, colores, sonidos, cantos, etc. adornan nuestras salidas al campo durante esta época.

Es por estas fechas cuando hace ya un par de años, salí a observar las aves que adornan los pequeños bosques de ribera que quedan en la margen del río Lozoya o el arroyo Aguilón. Cerca de Rascafría, cruzando el puente del Perdón, justo enfrente del Monasterio del Paular se encuentra el escenario de tan amplia variedad de colores y sonidos que el otoño guarda para nuestro disfrute.

Monasterio del Paular con la Sierra de Guadarrama de fondo.
Según estaba cruzando el puente del Perdón de madrugada, el relajante sonido del agua corriendo me obliga a parar para escucharlo detenidamente. Sorpresa cuando tras un par de minutos el mirlo acuático europeo (Cinclus cinclus) no tarda en perder la vergüenza y sale de entre unos árboles para retomar su búsqueda de invertebrados acuáticos sumergiéndose, sin pensárselo dos veces, en ese agua tan fría.

Mirlo acuático europeo (Cinclus cinclus) en el río Lozoya.
Su característica buceo le permite capturar invertebrados acuáticos.
Aunque de mirlo tenga poco, si lo tiene de acuático, pues la mencionada técnica que utiliza este pequeño habitante de las riberas, le obliga a bucear para alimentarse. Una demostración de sus cacerías la podemos ver en el vídeo nº 8 de la sección Mis vídeos.

Junto a la orilla del río, el sonido del agua corriendo queda interrumpida por el alboroto que están montando un grupo de gorriones comunes (Passer domesticus) mientras se dan un baño mañanero.

Grupo de gorrión común (Passer domesticus) dándose un baño en el Lozoya.
En invierno es común ver a este pajarillo formando pequeños bandos.
Continúo mi paseo paralelo al bosque de ribera que el viento hace bailar, lo que provoca que cientos de hojas amarillas caigan detenidamente hasta formar una extensa alfombra de tonos anaranjados. Entre tanto color aparece entre las sombras de los árboles una pequeña e inquieta mancha roja. ¿Quién será este misterioso vecino del Lozoya? Me quedo quieto un rato hasta que la cálida luz del amanecer lo ilumina, dejándome ver su pequeño pico y su característica pechera naranja. Se trata de un petirrojo europeo (Erithacus rubecula).

Petirrojo europeo (Erithacus rubecula) en la ribera del Lozoya.
Nuestro inquieto acompañante es un ave común y forestal
Aunque pequeño su conocido reclamo lo delata entre la densidad de los árboles y arbustos que dan densidad al escaso bosque de ribera. Sin embargo, este sonido queda en ocasiones tapado por otro que dice así: chi-chi-pán, chi-chi-pán. Es el famoso carbonero común (Parus major) conocido en muchas regiones de España con el nombre de "chichipán", haciendo referencia a esas repeticiones que suenan como eco en el bosque por el que voy avanzando.

Carbonero común (Parus major) en el bosque de ribera del Lozoya.
A este pajarillo le encantan las formaciones boscosas como esta.
De vez en cuando se va abriendo este bosque tanto le gusta al carbonero y aparecen algunos claros. Entre ellos hay uno que lo compone una pequeña charca preciosa adornada con vegetación palustre. La cercanía al bosque provoca que junto al macho de ánade azulón (Anas platyrhynchos) haya flotando las pequeñas hojas que tira el otoño. Cerca del lugar y próximo al río, algunos árboles han perdido ya por completo sus hojas, facilitándome encontrar al pequeño chochín común (Troglodytes troglodytes).

Macho de ánade azulón (Anas platyrhynchos) en una charca cerca del Lozoya.
Chochín común (Troglodytes troglodytes) en las cercanías del Lozoya.
De apenas 10 cm le encanta la vegetación riparia.
Junto al río el reclamo insistente del chochín común, acompañado del sonido del viento sobre los árboles y las hojas cayendo, me da un momento de tranquilidad y decido parar para tomar un pequeño tentempié en un claro con unas mesas entorno a un viejo roble colocadas a modo de merendero.

Mientras disfruto del fresco de la sierra de Madrid y de mi sándwich, me percato de que no muy lejos de donde estoy también hay un pajarillo con hambre. Su color azul y su delgado antifaz delatan la identidad de mi compañero de merienda, el trepador azul (Sitta europaea) que se me queda mirando mientras sujeta lo que parece ser una avellana.

Trepador azul (Sitta europea) sujetando una avellana en los alrededores del Lozoya.
Esta ave muestra predilección por los hayucos y las avellanas.
Un rato después el trepador azul se mete en la profundidad del bosque, momento en el que decido seguirlo y así retomar mi paseo. Es entonces cuando veo dónde este ejemplar tiene su pequeña "despensa". Entre la corteza de un árbol va dejando los frutos que recolecta para su posterior consumo.

Trepador azul (Sitta europea) en el bosque de ribera del río Lozoya.
Su nombre hace referencia a su capacidad para moverse por los troncos de los árboles.
Ya ha pasado bastantes minutos desde que dejé atrás a mi acompañante azul y desde entonces verderones comunes (Chloris chloris), serines verdecillos (Serinus serinus), herrerillos comunes (Cyanistes caeruleus) y algún estornino negro (Sturnus unicolor) han mostrado sus dotes de canto haciendo más agradable mi paseo por los amarillos caminos que recorro. 

Es tiempo ya de dar media vuelta y poner rumbo a casa, sin embargo un tamborilero llama mi atención justo detrás de donde me encuentro. Se trata de un pico picapinos (Dendrocopos major) picotenado la madera muerta de algunos chopos.

Pico picapinos (Dendrocopos major) dando golpes en el bosque del Lozoya.
Secuencia en la que se ve al protagonista tamborilear.
Pico picapinos (Dendrocopos major) en uno de los chopos del Lozoya.
Sus contrastes blanco, negro y rojo son muy llamativos.
Después de observar un rato largo cómo va tanteando las zonas secas del tronco en busca de las larvas de algunos coleópteros, decido coger el camino de vuelta. Aunque corto, no deja de sorprenderme y avanzo mientras me encuentro a un pinzón vulgar (Fringilla coelebs) que se alimenta de los pequeños frutos que ha traído el otoño y que le darán la posibilidad de coger fuerzas antes de que llegue el duro invierno.

Pinzón vulgar (Fringilla coelebs) en la cercanías del río Lozoya.
Coger peso antes del invierno es importante, pues en esta altitud el alimento escaseará.
Estoy llegando al coche y ya me he despedido de todos estos pequeños habitantes que me han hecho tan ameno el paseo cuando aparece para decirme adiós el mito común (Aegithalos caudatus), apoyado en las ramas sin hojas de un árbol. 

Después de toda la mañana paseando por los alrededores, finalmente estoy seguro de que volveré otro otoño. Sus olores, colores, sonidos y composiciones al norte de la capital dan un aliento fresco a nuestra ajetreada vida de urbanitas. Os recomiendo que salgáis en otoño equipados con vuestras cámaras de fotos, obtendréis maravillosas fotografías y os deleitaréis con una amplia variedad de aves que os acompañarán en vuestra visita al Valle del Lozoya.

Mito común (Aegithalos caudatus) se despide en el Valle del Lozoya.