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miércoles, 7 de febrero de 2024

Bosques de Braojos

¡Hola de nuevo!

Esta semana hemos hecho una escapada el miércoles a los bosques de la Sierra Norte, concretamente a los de Braojos que estaban tranquilos y sin gente. Queríamos ver el final del invierno y vaya que si lo vimos, aves cantando a pleno pulmón, cortejándose, peleándose y bosques con yemas y brotes avanzados. El lugar estaba espectacular, las vacas, las ovejas y la luz le daban un aspecto mágico a este rincón tan especial. Fue una salida fantástica.

Macho de escribano soteño (Emberica cirlus)

domingo, 28 de enero de 2024

Celo del águila imperial

¡Hola de nuevo!
En esta ocasión hemos estado por el Monte de El Pardo, territorio de gamos y jabalís. Nuestro objetivo fue el águila imperial ibérica. En enero comienza su celo y queríamos vivir de primera mano este momento del año en su biología. ¿Creeis que la encontramos? 

Extensión de El Monte del Pardo

miércoles, 10 de enero de 2024

Dehesas de Brunete

¡Hola de nuevo!

Primera ruta del 2024 y nos estrenábamos en el bosque mediterráneo. Un paseo por las Dehesas de encinas de Brunete. A pesar del frío y del día gris que salió, pudimos disfrutar e un agradable paseo por el campo con  tranquilidad y calma, ya que prácticamente estuvimos solos. Además pudimos disfrutar de casi una treintena de especies e incluso hicimos alguna identificación de huellas de mamíferos. En definitiva, ha sido una mañana estupenda en un rincón maravilloso.

La excursión se desarrolló en este precioso escenario

jueves, 9 de noviembre de 2023

Alto Tajo

¡Hola pechiazules!

Esta vez os cuento nuestra visita al Alto Tajo, uno de los espacios protegidos más grandes de la Península. En su inmensidad, los cañones, hoces, bosques infinitos y parameras, crean un mágico y hermoso lugar de gran riqueza y biodiversidad. Evidentemente no pudimos visitar el total del parque, pero sí algunos de sus rincones más valiosos. Fue un fantástico día de otoño, con muy buenas observaciones de aves aunque algunas se nos quedaron para otra visita. Os lo cuento todo más abajo. ¡Empezamos!

Buitre leonado (Gyps fulvus)

miércoles, 18 de octubre de 2023

Mirlo capiblanco, de vuelta en Madrid


Hola a todos.
Con la furgoneta todavía llena de polvo de Los Monegros, esta semana hemos realizado otra excursión de nuestro calendario: la ya tradicional visita a la Sierra de Guadarrama en busca de los primeros mirlos capiblancos. Fue un día estupendo, en un momento de malas previsiones meteorológicas que, finalmente, resultó ser agradable y tranquilo, aunque sí tuvimos algo de viento. Os cuento más sobre nuestra visita y sobre los mirlos capiblancos. Antes agradecer a Ireneo Calvo la cesión de las fotos. ¡Allá vamos! ¡Dentro crónica!

Hembra de mirlo capiblanco (Turdus torquatus). Foto de Ireneo Calvo

martes, 29 de noviembre de 2016

El Bebedero del Pardo

A apenas 30 minutos de la capital, se extiende el bosque mediterráneo más importante de toda la Comunidad de Madrid y uno de los que presenta mejor estado de conservación en cuanto a su flora y su fauna. Se trata también de uno de los mejores lugares a los que ir a ver la berrea de los ciervos y la ronca de los gamos dada la abundancia de ambos mamíferos. También es hogar de otros muchos animales como jabalís, conejos, zorros o la imponente y elegante águila imperial ibérica.

Sin embargo, nuestros protagonistas de hoy son de talla más pequeña y colores más vistosos. Se trata de las aves forestales que viven entre encinas y matorrales de este bosque adehesado. La variedad y riqueza de este lugar atrae a muchas especies de aves, como la curruca carrasqueña, el rabilargo ibérico, los mirlos, lavanderas o los petirrojos. Todas estas aves de diferentes preferencias coinciden en un mismo punto de este espacio natural tan extenso. Se trata de un pequeño aporte de agua que encharca el terreno, haciendo más accesible el agua a los habitantes del bosque y que se ha convertido en el bebedero del Pardo.


Cuando uno se va acercando, ya puede ir escuchando el jolgorio y los cantos de tan alegres aves, que tras revolotear, acaban disfrutando de este tranquilo rincón. 

Los más abundantes son los herrerillos, que llegan de todas partes a beber agua y bañarse. Sus hermosos colores amarillos y azul resaltan y se reflejan en el agua, haciendo de este momento un recuerdo único y precioso que por supuesto queda fotografiado.

Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) acercándose a beber.
Los reflejos en el agua son tan bonitos como el plumaje de esta especie.
Herrerillos comunes (Cyanistes caeruleus) acercándose a beber.
A pesar de que son especies solitarias, se pueden ver varios ejemplares juntos en este bebedero.

Los siguientes en llegar son los bandos de jilgueros, que son más tolerantes y crean bandos de varios ejemplares. Esto les sirve mucho como supervivencia comunal, es decir, si uno de ellos encuentra una fuente de agua y por defecto todos acaban saciandor su sed en ella. De esta forma, en este el bebedero del Pardo, llegan muchos jilgueros a bañarse y beber. Muchos son adultos y ya presentan los colores llamativos típicos de esta especie, mientras los pollos del año carecen de las plumas rojas que aprecen en la cara de los adultos.

Juvenil (izda.) y adulto (drcha.) de jilguero común (Carduelis carduelis) bebiendo en el Pardo.
Carboneros comunes y papamoscas cerrojillos son las otras dos especies que siguen llegando desde todos los rincones del Pardo. Aquí se juntan hasta seis o siete especies diferentes con un mismo fin, beber y bañarse.

Carbonero común (Parus major) se acerca sigilosamente a beber.
Son desconfiados y tratan de pasar el menor tiempo posible  en el bebedero.
Papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca) cerca del bebedero.
Esta especie es más habitual durante el otoño y el final del verano.

Entre tanto, se acerca pasando desapercibido, un reyezuelo listado.  Su pequeño tamaño hace que el resto de especies no se percaten de su presencia hasta que está cerca. En ese momento el tamaño marca la diferencia y el pobre y chiquitín reyezuelo se aparta un poco a una esquina del bebedero y se pega un buen baño. Menudas pintas tiene después del lavado, parece que haya salido de la centrifugadora.

Reyezuelo listado (Regulus ignicapilla) se acerca tímidamente intentando pasar desapercibido.
Su tamaño, de apenas 9 cm le convierte en uno de los pájaros más pequeños de nuestra fauna.
Reyezuelo listado (Regulus ignicapilla) tras el baño parece una bola de algodón mojada.
Las aves necesitan agua para beber y bañarse. Este recurso de vida es particularmente importante durante dos épocas del año; en invierno, cuando muchos de los aportes cotidianos se han congelado y las aves no pueden acceder a ellos; y en verano, cuando las cálidas temperaturas y la sequía hacen difícil la tarea de buscar agua. Pero para entenderlo mejor, puedes ver este pequeño vídeo que muestra la diversidad del Monte del Pardo, su riqueza y la importancia del agua para las aves.

Música: Daniel Daguerre Narración: Jesús Palop

Como habrás comprobado en el documental, los trepadores azules, especies acostumbradas a estar subiendo y bajando por los troncos, se acercan esta vez hasta el bebedero para lavarse las plumas y por lo tanto protegerse mejor frente al frío. Es sorprendente también ver a otra de las especies, que en ocasiones ha compartido tronco con los trepadores. Hablamos del agateador europeo que se acerca también hasta el bebedero sin antes bajar trepando desde el tronco más cercano.

Trepador azul (Sitta euroepeae) en el suelo cerca del bebedero. 
Agateador europeo (Certhia brachydactyla) parece que con ese pico tan fino le cueste beber agua.
Es gracioso ver de vez en cuando esta especie tan trepadora y ágil por los suelos.

A medida que avanza la mañana, el número de aves que se ha acercado a beber hasta aquí supera las expectativas. El número de especies es cada vez mayor y todavía nos quedan muchas para que nos visiten. Una de ellas, de hermoso colorido pasa ahora por una de sus mudas y no puede mostrarnos sus amarillos, negros y pardo rojizos que decoran normalmente su plumaje. Nos referimos al escribano soteño, que sin el típico antifaz puede parecer hasta un triguero.

Escribano soteño (Emberiza cirlus) otra de las especies que depende de este manantial.

Cuando casi parece que todo se está acabando y que ya lo único que va a venir a beber son herrerillos, aparece un grupo de pajarillos que suena familiar. De cola larga y muy redondos, el bando de mito se mueve ágil entre las ramas antes de ir a parar a nuestro concurrido bebedero. Pero antes, mucho antes incluso de que lleguen a posarse en el agua, un macho de pinzón se les ha adelantado y ya casi ha logrado saciar su sed.

Macho de pinzón vulgar (Fringilla coelebs) entre las especies que bajan a beber.
Los machos presentan estos colores, mientras las hembras son algo más apagadas.
Mito común (Aegithalos caudatus) en este caso anillado.
Su larga cola y su rechoncho y pequeño cuerpo le dan un aspecto muy adorable.

Finalmente y ya casi cuando me estoy yendo, aparecen tres nuevas especies que no habían llegado antes. Las tres presentan colores amarillos, vaya coincidencia. Se trata del serín verdecillo y los mosquiteros común y musical, a este último parece que el bebedero le ha venido muy bien, así podrá reponer fuerzas antes de continuar con su migración.

Serín verdecillo (Serinus serinus) con sus llamativos amarillos cerca de la orilla.
Mosquitero común (Phylloscopus collybita) dejando reflejar su ceja amarilla sobre el agua.
Mosquitero muscial (Phylloscupus trochilus) reponiendo fuerzas antes de continuar su largo viaje.

Como bien muestra el documental, la dependencia de las aves sobre este y otros muchos manantiales, fuentes y abrevaderos puede poner en riesgo su supervivencia durante el próximo invierno. El acceso a agua para estas aves de apenas unos gramos puede marcar la diferencia. Por eso, además de colocar comederos en tu jardín para ayudar a las aves durante el invierno, incluye también algún aporte de agua, seguro que ellas te lo agradecerán.







martes, 20 de septiembre de 2016

Cantos y colores de La Pedriza

Dentro del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares y al sur del arroyo de la Dehesilla, se encuentra una de las tres partes, geológica y paisajísticamente diferentes, de la famosa Pedriza, La Pedriza Anterior. Aunque su relieve no supere los 1750 metros, en su extensión alberga una biodiversidad que sorprende al visitante, que no deja de toparse con una flora y una fauna únicas en esta zona tan cercana a varios núcleos urbanos.


Entre bosque mediterráneo y vegetación propia de las regiones de montaña, los ecosistemas forestales y matorralizados abundan en las laderas, mientras que las praderas y pastizales se abren junto con las pequeñas llanuras que quedan a la vera del camino. Un escenario magnífico para el desarrollo de la vida en La Pedriza y unas vistas espectaculares.

Paisaje de La Pedriza
Una de las vistas que se puede obtener durante el paseo

En una visita primaveral, hace ya unos meses, visité esta parte de dicho macizo, y caminando por la ladera que vierte sus aguas al Embalse de Santillana, se puede identificar bastantes aves, las cuales presentan en primavera tan coloridos plumajes y lo más importante, tan variadas melodías y cantos. Y es que durante los meses que dura esta estación y casi hasta el final del verano, las aves se vuelven más cantoras que nunca. Todo un repertorio que además de ser una maravilla, se convierte en un recurso más para identificar aves.

Pinzón vulgar (Fringilla coelebs)
Macho de pinzón vulgar (Fringilla coelebs).
A los pinzones les encantan, entre otras, las semillas de fresnos como este.

Este fringílido de manchas blancas y colores rojizos, se alimenta de frutos y semillas, pero cuando no está atareado tratando de llenar su estómago, se pone en una ramita medianamente escondida y pone a prueba toda su capacidad pulmonar. Sus dos o tres trinos de forma ascendente, acaban en un floreo "chuuu-ii-o".

La tradición ganadera, en su mayoría bovina, en esta parte del norte de Madrid, provocó en su día el levantamiento de una red de muros de piedra natural, que son hoy sustrato para una variedad de especies vegetales. Entre estas, se encuentra la zarzamora, que crece en el borde y base de algunas partes de estos muros. Si paseamos mirando y atendiendo a esta espinosa planta, podemos dar con un ave de apenas unos 10 gramos que se mueve cómodamente entre sus tallos y espinas, la "bigotuda" curruca carrasqueña. 

Curruca carrasqueña (Sylvia cantillans)
Macho de curruca carrasqueña (Sylvia cantillans).
Pequeñas y esquivas, las currucas se mueven sigilosamente entre la vegetación.

Este macho concretamente anduvo haciendo ruido entre la vegetación, hasta que, tras esperar pacientemente, salió y se posó en esta ramita seca para dejar ver su bigotera blanca, su barbilla anaranjada y su llamativo anillo ocular de un rojo vivo. Sin duda una mezcla de colores perfecta.

Dejando de lado los colores y volviendo a los cantos, una especie que brilla por su fácil identificación mediante su trino es la alondra totovía. Más pequeña que su prima campestre, este alaúdido de bosques abiertos realiza un "tliu-tliu" afalutado y descendente que puede escucharse desde lejos y que difícilmente se puede confundir.

Alondra totovía (Lullula arborea)
Alondra totovía (Lullula arborea) adulto con ceba.
Como su nombre científico indica, es una especie más forestal.
Alondra totovía (Lullula arborea)
Alondra totovía (Lullula arborea) adulto en un cable.
En las zonas en las que abundan, es más fácil verlas colgadas de los cables.

Cuando su pico no está lleno de invertebrados con los que dará de desayunar a sus pollos, se la puede oír desde posaderos como este en las zonas donde hay postes eléctricos o desde rocas en bordes de bosque o zonas más abiertas. De aspecto similar al del resto de aláudidos, se diferencia por la banda blanquecina que hay encima del ojo.

Herrerillo común (Cyanistes caeruleus)
Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) adulto.
A lo largo del recorrido las encinas esconden aves tan bonitas como esta.
Más sobre esta especie haciendo click aquí.

El herrerillo, algo más común que las últimas aves, presenta un traje amarillo con sombrero y capa de color azul. Esta pequeña ave acompaña al relicto bosque de encinas que crece desesperadamente en el rocoso suelo de La Pedriza. En este tipo de árboles, el herrerillo encuentra las orugas necesarias para su alimentación.

A medida que se va avanzando y que nos separamos más y más de las zonas más humanizadas, empezamos a alcanzar la Pedriza más salvaje, los territorios de las grandes rapaces, por lo que conviene no dejar de mirar el cielo en busca de aves como busardos ratoneros, buitres negros y leonados, águilas calzadas, culebreras o milanos.

Águila calzada (Aquila pennata)
Águila calzada (Aquila pennata) adulto morfo claro.
Fijarse en las plumas negras y la cabeza de color castaño.
Buitre leonado (Gyps fulvus)
Buitre leonado (Gyps fulvus) adulto.
Carroñero por excelencia, surca los cielos con su enorme envergadura.
Buitre negro (Aegypius monachus)
Buitre negro (Aegypius monachus) adulto.
En el norte de Madrid y desde la Pedriza, se pueden ver ejemplares de esta emblemática rapaz.
Busardo ratonero (Buteo buteo)
Busardo ratonero (Buteo buteo) adulto.
Más barrado que las anteriores, se posa frecuentemente en los tendidos eléctricos.
Culebrera europea (Circaetus gallicus)
Culebrera europea (Circaetus gallicus) adulto.
Estrictamente cazadora de ofidios (serpientes) su color claro y su cabeza marrón la delatan.
Milano negro (Milvus migrans)
Milano negro (Milvus migrans) adulto.
Domadora del viento, esta rapaz abandona nuestros cielos todos los años a finales del verano.

Las características de la zona no son las adecuadas para poder albergar nidos o colonias de todas estas especies, sin embargo, la infinidad de claros que se abren en el bosque y la sucesión de pastizales dedicados al ganado, son el área de campeo perfecta para tan suculenta selección de rapaces. Allí encuentran todos y cada uno de los recursos alimenticios que necesitan y se convierten en uno de los principales atractivos de este macizo rocoso.

Estas zonas abiertas, se abren paso acompañadas en todo momento por un borde forestal, por lo que se vuelven a escuchar los cantos y trinos mientras se divisan desde lejos las plumas de colores. En este caso se trata del verdecillo, de sonido característico y de color más amarillo que verde, que no falta en cualquier itinerario de campo durante los meses de primavera y verano.

Serín verdecillo (Serinus serinus)
Macho de serín verdecillo (Serinus serinus) adulto.
Sus cantos ponen banda sonora al paisaje y ecosistema de la Pedriza.
Mosquitero papialbo (Phylloscupos bonelli)
Mosquitero papialbo (Phylloscopus bonelli) adulto.
De vientre más pálido que los otros mosquiteros y mucho menos amarillento.

Algo menos colorido pero igual de cantrín que el serín verdecillo, se puede escuchar o llegar a ver al mosquitero papialbo, exclusivo de este momento del año. Su famoso reclamo disilábico: "chu-ii" se escucha en parte del valle y resuena entre los robles por los que principalmente se le puede encontrar.

Saliendo una vez más del frondoso bosque hacia zonas más abiertas o incluso más matorralizadas, encontramos sabinas, enebros y jaras, que adornan un paseo ya de por sí agradable. Entre las aves que se pueden ver en este escenario se encuentran las currucas, que se mueven con comodidad entre la vegetación. Sin embargo, hay un par de aves que necesitan ser más visibles y es que no quieren que las hembras de su especie se pierdan sus irresistibles colores y sus atractivos cantos.

Escribano soteño (Emberiza cirlus)
Macho de escribano soteño (Emberiza cirlus) adulto cantando.
Su canto breve y monótono recuerda al del mosquitero papialbo, pero más largo.
Zarcero políglota (Hipolais polyglotta)
Zarcero políglota (Hippolaris poliglotta) adulto cantando.
Desde lo lato de una rama entona un reclamo de tipo gorrión: "trr, che-che"

Estos son el escribano soteño y el zarcero políglota, dos pequeños puntos amarillos que pueden verse desde lejos, cantando en lo alto de un árbol, bien visibles. El escribano reside aquí todo el año, pero el zarcero acaba de llegar de un largo viaje desde el continente africano y no puede perder un segundo y se pone a cantar

La que también ha llegado de África y ya se encuentra como en casa es la golondrina dáurica, que vuela junto a aviones comunes y golondrinas comunes de forma vertiginosa a ras del suelo, capturando los invertebrados que abundan en las zonas más abiertas.

Golondrina dáurica (Cecropis dáurica)
Golondrina dáurica (Cecropis daurica) adulto con la Pedriza de fondo.
El evidente obispillo blanco y su cola de golondrina son inconfundibles características de la especie.

Vuelos en círculo o picados de infarto, estas son el tipo de acrobacias que realizan para dejar embobado a cualquiera durante un largo periodo de tiempo. A su lado y casi a la misma velocidad, vuela otro grupo de aves que se distinguen claramente de las golondrinas, los vencejos.

Vencejo común (Apus apus)
Vencejo común (Apus apus) adulto sobrevolando pastizales.
Surcando los cielos a gran velocidad va atrapando a sus diminutas presas.

A modo de boomerang, vuelan de un lado a otro capturando insectos voladores, hasta generar una bola de invertebrados que guardan en su boca y que utilizarán posteriormente en su nido para alimentar a su prole.

Justo debajo de tanto movimiento, se extiende el pastizal, y en él un pequeño grupo de aves comunes se alimenta sin parar un segundo. Urracas, lavanderas, estorninos, cigüeñas, gorriones, mirlos y otras muchas especies más, avanzan caminando o a saltitos, a la vez que van recopilando semillas e invertebrados, una tarea necesaria, pues su éxito marcará la diferencia en la supervivencia de sus crías.

Cigüeña blanca (Ciconia ciconia)
Cigüeña blanca (Ciconia ciconia) adulto marcado con la anilla de PVC: "ANEN".
Es típico ver bandos en los campos que acompañan al camino.
Estornino negro (Sturnus unicolor)
Estornino negro (Sturnus unicolor) adulto.
Lo cierto es que sus colores no son los más llamativos, pero lo compensa con su canto.
Lavandera blanca (Motacilla alba)
Lavandera blanca (Motacilla alba) adulto con ceba.
Frecuente en zonas húmedas mientras se alimenta en áreas abiertas.
Milro común (Turdus merula)
Macho de mirlo (Turdus merula) adulto.
Aunque llueva, las plumas no se mojan gracias a aceites que extienden por todo su cuerpo.




Pincha en la imagen para ver la lista
completa de las 45 especies observadas
en la Pedriza:

martes, 20 de octubre de 2015

Otoño en el valle del Lozoya

Ya llevamos un mes desde que el pasado 21 de septiembre comenzara el otoño. Muchos árboles, para variar, están empezando a dorarse para terminar por "quedarse calvorotas". Pero el otoño va más allá, colores, sonidos, cantos, etc. adornan nuestras salidas al campo durante esta época.

Es por estas fechas cuando hace ya un par de años, salí a observar las aves que adornan los pequeños bosques de ribera que quedan en la margen del río Lozoya o el arroyo Aguilón. Cerca de Rascafría, cruzando el puente del Perdón, justo enfrente del Monasterio del Paular se encuentra el escenario de tan amplia variedad de colores y sonidos que el otoño guarda para nuestro disfrute.

Monasterio del Paular con la Sierra de Guadarrama de fondo.
Según estaba cruzando el puente del Perdón de madrugada, el relajante sonido del agua corriendo me obliga a parar para escucharlo detenidamente. Sorpresa cuando tras un par de minutos el mirlo acuático europeo (Cinclus cinclus) no tarda en perder la vergüenza y sale de entre unos árboles para retomar su búsqueda de invertebrados acuáticos sumergiéndose, sin pensárselo dos veces, en ese agua tan fría.

Mirlo acuático europeo (Cinclus cinclus) en el río Lozoya.
Su característica buceo le permite capturar invertebrados acuáticos.
Aunque de mirlo tenga poco, si lo tiene de acuático, pues la mencionada técnica que utiliza este pequeño habitante de las riberas, le obliga a bucear para alimentarse. Una demostración de sus cacerías la podemos ver en el vídeo nº 8 de la sección Mis vídeos.

Junto a la orilla del río, el sonido del agua corriendo queda interrumpida por el alboroto que están montando un grupo de gorriones comunes (Passer domesticus) mientras se dan un baño mañanero.

Grupo de gorrión común (Passer domesticus) dándose un baño en el Lozoya.
En invierno es común ver a este pajarillo formando pequeños bandos.
Continúo mi paseo paralelo al bosque de ribera que el viento hace bailar, lo que provoca que cientos de hojas amarillas caigan detenidamente hasta formar una extensa alfombra de tonos anaranjados. Entre tanto color aparece entre las sombras de los árboles una pequeña e inquieta mancha roja. ¿Quién será este misterioso vecino del Lozoya? Me quedo quieto un rato hasta que la cálida luz del amanecer lo ilumina, dejándome ver su pequeño pico y su característica pechera naranja. Se trata de un petirrojo europeo (Erithacus rubecula).

Petirrojo europeo (Erithacus rubecula) en la ribera del Lozoya.
Nuestro inquieto acompañante es un ave común y forestal
Aunque pequeño su conocido reclamo lo delata entre la densidad de los árboles y arbustos que dan densidad al escaso bosque de ribera. Sin embargo, este sonido queda en ocasiones tapado por otro que dice así: chi-chi-pán, chi-chi-pán. Es el famoso carbonero común (Parus major) conocido en muchas regiones de España con el nombre de "chichipán", haciendo referencia a esas repeticiones que suenan como eco en el bosque por el que voy avanzando.

Carbonero común (Parus major) en el bosque de ribera del Lozoya.
A este pajarillo le encantan las formaciones boscosas como esta.
De vez en cuando se va abriendo este bosque tanto le gusta al carbonero y aparecen algunos claros. Entre ellos hay uno que lo compone una pequeña charca preciosa adornada con vegetación palustre. La cercanía al bosque provoca que junto al macho de ánade azulón (Anas platyrhynchos) haya flotando las pequeñas hojas que tira el otoño. Cerca del lugar y próximo al río, algunos árboles han perdido ya por completo sus hojas, facilitándome encontrar al pequeño chochín común (Troglodytes troglodytes).

Macho de ánade azulón (Anas platyrhynchos) en una charca cerca del Lozoya.
Chochín común (Troglodytes troglodytes) en las cercanías del Lozoya.
De apenas 10 cm le encanta la vegetación riparia.
Junto al río el reclamo insistente del chochín común, acompañado del sonido del viento sobre los árboles y las hojas cayendo, me da un momento de tranquilidad y decido parar para tomar un pequeño tentempié en un claro con unas mesas entorno a un viejo roble colocadas a modo de merendero.

Mientras disfruto del fresco de la sierra de Madrid y de mi sándwich, me percato de que no muy lejos de donde estoy también hay un pajarillo con hambre. Su color azul y su delgado antifaz delatan la identidad de mi compañero de merienda, el trepador azul (Sitta europaea) que se me queda mirando mientras sujeta lo que parece ser una avellana.

Trepador azul (Sitta europea) sujetando una avellana en los alrededores del Lozoya.
Esta ave muestra predilección por los hayucos y las avellanas.
Un rato después el trepador azul se mete en la profundidad del bosque, momento en el que decido seguirlo y así retomar mi paseo. Es entonces cuando veo dónde este ejemplar tiene su pequeña "despensa". Entre la corteza de un árbol va dejando los frutos que recolecta para su posterior consumo.

Trepador azul (Sitta europea) en el bosque de ribera del río Lozoya.
Su nombre hace referencia a su capacidad para moverse por los troncos de los árboles.
Ya ha pasado bastantes minutos desde que dejé atrás a mi acompañante azul y desde entonces verderones comunes (Chloris chloris), serines verdecillos (Serinus serinus), herrerillos comunes (Cyanistes caeruleus) y algún estornino negro (Sturnus unicolor) han mostrado sus dotes de canto haciendo más agradable mi paseo por los amarillos caminos que recorro. 

Es tiempo ya de dar media vuelta y poner rumbo a casa, sin embargo un tamborilero llama mi atención justo detrás de donde me encuentro. Se trata de un pico picapinos (Dendrocopos major) picotenado la madera muerta de algunos chopos.

Pico picapinos (Dendrocopos major) dando golpes en el bosque del Lozoya.
Secuencia en la que se ve al protagonista tamborilear.
Pico picapinos (Dendrocopos major) en uno de los chopos del Lozoya.
Sus contrastes blanco, negro y rojo son muy llamativos.
Después de observar un rato largo cómo va tanteando las zonas secas del tronco en busca de las larvas de algunos coleópteros, decido coger el camino de vuelta. Aunque corto, no deja de sorprenderme y avanzo mientras me encuentro a un pinzón vulgar (Fringilla coelebs) que se alimenta de los pequeños frutos que ha traído el otoño y que le darán la posibilidad de coger fuerzas antes de que llegue el duro invierno.

Pinzón vulgar (Fringilla coelebs) en la cercanías del río Lozoya.
Coger peso antes del invierno es importante, pues en esta altitud el alimento escaseará.
Estoy llegando al coche y ya me he despedido de todos estos pequeños habitantes que me han hecho tan ameno el paseo cuando aparece para decirme adiós el mito común (Aegithalos caudatus), apoyado en las ramas sin hojas de un árbol. 

Después de toda la mañana paseando por los alrededores, finalmente estoy seguro de que volveré otro otoño. Sus olores, colores, sonidos y composiciones al norte de la capital dan un aliento fresco a nuestra ajetreada vida de urbanitas. Os recomiendo que salgáis en otoño equipados con vuestras cámaras de fotos, obtendréis maravillosas fotografías y os deleitaréis con una amplia variedad de aves que os acompañarán en vuestra visita al Valle del Lozoya.

Mito común (Aegithalos caudatus) se despide en el Valle del Lozoya.