domingo, 24 de enero de 2016

¿Dónde ver aves cerca de Zaragoza?

   Durante el pasado otoño y aprovechando que todavía no había llegado el frío que hoy nos espera en la puerta de casa, me decidí a realizamos un fabuloso viaje a Zaragoza, una ciudad hasta entonces desconocida o por lo menos tan profundamente. Obviamente en dicha aventura no podía faltar una estupenda jornada de pajareo con la buena compañía de Virginia Alcalá. Ambos descubrimos lo cercana que está Zaragoza de un lugar de biodiversidad y riqueza natural, los Galachos del Ebro y concretamente visitamos por nuestra cuenta el galacho de Juslibol, siguiendo la recomendación de un forero.


   Incluso los días previos a nuestra escapada pajarera, ya pudimos ver algunas aves revoloteando por la propia ciudad. Este hábitat asfaltado esconde un gran repertorio de aves adaptadas que han sabido sacar provecho de los recursos que ofrecen jardines, parques, vegetación ornamental, desechos, etc. El ánade azulón pudimos encontrarlo dentro del parque del Agua, un parque urbano donde, como su nombre indica, el protagonismo lo tienen pequeñas superficies de agua. Por estas fechas los machos visten sus mejores galas y destacan en el agua. Tras una buena sesión fotográfica, nos percatamos de que son capaces de sobrevivir en este ambiente humanizado donde no escasean los lugares adecuados para nidificar ni los macrófitos acuáticos de los que se alimentan.

Ánade azulón (Anas pltyrhynchos) bando mixto de machos y hembras en el parque del Agua.
Ánade azulón (Anas pltyrhynchos) bando mixto de machos (9) y hembras (6) en el parque del Agua.
Esta anátida está muy bien integrada dentro de aquellos parques que cuentan con pequeñas superficies de agua.

   Algunas acuáticas más pequeñas como la gallineta común también se mueven por fuera de las superficies de agua, donde pueden alimentarse. Aunque se pueden alimentar de pequeños brotes y plantas acuáticas que crecen en el fondo de estos reducidos "estanques".

Gallineta común (Gallinula chloropus) en el parque del Agua.
Gallineta común (Gallinula chloropus) en la orilla del agua dentro del parque del Agua.
Las patas con dedos largos que posee esta especie no le sirven para nadar.
Son útiles caminar entre la vegetación palustre y el barro porque evitan que se hunda.

   Justo detrás de ese maravilloso bando de ánades, otra especie, de color negro, que desde hace un tiempo se viene acercando mucho más que antes hasta nuestras ciudades. Se trata del cormorán grande que mediante cortos buceos se hace con los pequeños peces. A muchos les sorprende encontrar a esta especie en un parque urbano y otros lo llegan a confundir con alguna especie de anátida, aunque su familia es completamente diferente. Pertenece al orden de los suliformes (¡¡ MADRE MÍA QUÉ NOMBRE TAN EXTRAÑO!!) ¿De dónde procede dicha "palabrota"? 

Cormorán grande (Phalacrocorax carbo) nadando en el parque del Agua.
Su forma de nadar puede recordar a la de una anátida.
Sin embrago su cuerpo más sumergido y su pico en forma de daga lo delatan.

   Dicho orden ha surgido tras análisis mitocondriales y reconoce, entre otros, que alcatraces y cormoranes provienen de un antecesor común. Una de las características propias del orden es la forma de sus patas, que les permite moverse mientras bucean.

   Dejando a un lado esta pequeña y aburrida intervención técnica, vamos a centrarnos en otro tipo de vegetación ornamental. Lejos de los parques urbanos, las zonas más históricas de Zaragoza y en general del resto de ciudades están decoradas con pequeñas superficies ajardinadas que incluyen zonas de césped y algunos arboles y arbustos. Estas pequeñas islas de vegetación atraen especies como el colirrojo tizón. El hábitat natural del colirrojo son cortados y zonas más bien rocosas, por eso no es difícil poder observarlo en algunos edificios antiguos que usa a modo de cortados.

Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) macho en Zaragoza
Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) macho en Zaragoza.
Busca alimento en zonas verdes del casco histórico de la ciudad.
Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) hembra en Zaragoza.
Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) hembra en Zaragoza.
Como hemos comentado se puede ver en lugares que se asemejan a su hábitat natural.

   Otras especies están mucho más asociadas a los espacios verdes y además son bastante comunes dentro de las zonas urbanas y rurales. Todos hemos podido ver y sobre todo oir a los estorninos negros en los árboles de los jardines de nuestro vecindario, o hemos podido ver la diagnóstica mancha negra en la mejilla de un pequeño bando de gorriones molineros. Ambas son especies gregarias, especialmente ahora en invierno y al moverse en grupo son fácilmente detectables. Otras especies más solitarias como la curruca capirotada, en ocasiones pasan desapercibidas.

Bando de estorninos negros (Sturnus unicolor) en las ramas secas de un árbol en Zaragoza.
Bando de estorninos negros (Sturnus unicolor) en las ramas secas de un árbol en Zaragoza.
Los árboles sin hojas de los parques urbanos son un buen posadero para los bandos de esta especie.
Bando de gorriones molineros (Passser montanus) en un árbol de Zaragoza.
Bando de gorriones molineros (Passser montanus) en un árbol de Zaragoza.
Se puede identificar desde lejos y diferenciar de su primo el gorrión común gracias a su mancha oscura de la mejilla.

   Dejando de lado ya la hermosa ciudad de Zaragoza, nos dirigimos a la Reserva Natural dirigida de los Galachos del Ebro (*). Un camino que sale desde la propia ciudad y que va paralelo al río Ebro, lleva hasta ellos. Durante el trayecto es interesante echar un vistazo al río porque se pueden ver cosas interesantes, se empiezan a ver especies propias de hábitats acuáticos. Desde una distancia prudente, podemos fijarnos en los ánades azulones descansando en la orilla del río, encontrarnos con alguna elegante garceta común o incluso dar con el posadero de un hermoso martín pescador común.

Bando mixto de ánades azulones (Anas platyrhynchos) en la orilla del Ebro
Bando mixto de ánades azulones (Anas platyrhynchos) en la orilla del Ebro.
Además de en parques y jardines, los azulones se juntan también unta a estos ambientes acuáticos.
Garceta grande (Egretta garzetta) en la orilla del Ebro.
Garceta grande (Egretta garzetta) en la orilla del Ebro.
Su forma de caminar y su color blanco puro, la hacen muy elegante y esbelta.
Se diferencia del resto de garcetas por su tamaño y su pico negro.
Sus característicos pies amarillos a menudo quedan ocultos por el agua o el barro.
Martín pescador común (Alcedo atthis) en su posadero junto al Ebro.
Martín pescador común (Alcedo atthis) en su posadero junto al Ebro.
Los colores llamativos y brillantes del martín pescador recuerdan al de una joya.
Espera durante bastante tiempo en su posadero para lanzarse más tarde a pescar.

   Cuando se llega al camino de acceso que lleva al galacho de Juslibol, una gran línea de cortados yesíferos escoltan al visitante hasta llegar al centro de visitantes, a 2 km del parking y a la derecha del camino. Justo antes recorremos una pista de tierra rodeada de campos de cultivos donde podemos encontrar fácilmente alguna garcilla bueyera descansando o buscando alguna presa.

Garcilla bueyera (Bubulcus ibis) en un prado en la cercanía a los cortados.
Garcilla bueyera (Bubulcus ibis) en un prado en la cercanía a los cortados.

   No hay que dejar de prestar atención a esta larga línea de roquedos, pues entre sus huecos, sus recovecos o sus grietas pueden esconderse algunas aves poco comunes. Una de ellas es el majestuoso búho real que puede encontrarse descansando en alguna pequeña cueva donde descansar tras una ajetreada noche de cacería.

Búho real (Bubo bubo) en el roquedo de los Galachos del Ebro
Búho real (Bubo bubo) en el roquedo de los Galachos del Ebro.
Hay que prestar mucha atención pues sus colores se pueden confundir con los del roquedo.
Es hermosos poder disfrutar de esta magnífica rapaz nocturna.

   Pues resulta que este precioso búho tiene unos cuantos vecinos que a veces no le dejan dormir. ¡Vaya! No es fácil conciliar el sueño cuando uno de tus compañeros de roquedo no para quieto, sube y baja, escala, vuela de piedra en piedra. Menudo inquieto este roquero solitario. El que es más ruidoso es el colirrojo tizón que con su reclamo tic-tic-tic no deja dormir a nadie. En fin cuando no es el colirrojo son los gritos de las grajillas occidentales que no saben estarse calladas ni dos minutos. ¡Pobre búho trasnochador, nadie le deja descansar!

Hembra de roquero solitario (Monticola solitarius) en los cortados cerca de Julibol.
Hembra de roquero solitario (Monticola solitarius) en los cortados cerca de Julibol.
La calidad de la imagen está muy condicionada por la lejanía del aves.
En este caso se encuentra muy lejos y es más difícil obtener una buena fotografía.
En algunos casos es mejor evitar molestias a las aves e intentar fotografiarlas desde lejos.
Hembra de colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) especie muy asociada a los roquedos.
Hembra de colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) especie muy asociada a los roquedos.
El macho suele cantar desde una posición elevada y hace resonar su reclamo en la piedra.
Grajilla occidental (Corvus monedula) en vuelo cerca de Zaragoza.

   En alguna ocasión se puede ver pasar por el roquedo a algún gavilán común en busca de presas que cazar, pero no es una especie propia de este hábitat escarpado y rocoso. Su lugar está en los bosques donde las pequeñas aves son su plato principal.

Gavilán común (Accipiter nisus) cerca de los Galachos del Ebro.
Esta especie es bastante forestal, aunque se la puede observar fuera de su hábitat preferente.
Por ello no hay que dejar de prestar atención a estos roquedos tan interesantes.

   Volviendo a la ruta que hay que seguir, Estos roquedos llegan hasta el centro de visitantes del espacio natural a un par de kilómetros del parking. A partir de ahí ya sale un camino con un puente que se adentra en el galacho para mostrarnos toda su fauna y flora al completo. Las zonas más inundadas cuentan con una diversidad de aves nadadoras y buceadoras, como pueden ser los ánades azulones o los zampullines  comunes  respectivamente.

Pareja de ánade azulón (Anas platyrhynchos) desde el observatorio de aves de los galachos
Pareja de ánade azulón (Anas platyrhynchos) desde el observatorio de aves de los galachos.
Pareja de zampullines comunes (Tachybaptus ruficollis) desde el observatorio de aves de los galachos.
Pareja de zampullines comunes (Tachybaptus ruficollis) desde el observatorio de aves de los galachos.
Durante esta época presentan su plumaje invernal, más amarillo y se los puede ver en grupos.

   A estos es fácil observarlos desde los observatorios destinados a dicha actividad. Si hay suerte una pequeña variedad de pequeños pajarillos también se acercan a las orillas y vegetación del entorno de los observatorios. Desde la lavandera cascadeña hasta el martín pescador común, que nos deja unos segundos para disfrutar de su brillante plumaje.

Lavandera cascadeña (Motacilla cinerea) reflejada en el agua de los galachos del Ebro.
Lavandera cascadeña (Motacilla cinerea) reflejada en el agua de los galachos del Ebro.
Parecida a la lavandera blanca pero de colores más vivos y sin el antifaz negro de la boyera.
Martín pescador común (Alcedo atthis) en la vegetación que cubre los galachos del Ebro.
Martín pescador común (Alcedo atthis) en la vegetación que cubre los galachos del Ebro.
Sus colores azulados tienen unos reflejos espectaculares.
Su pico le permite atrapar peces lanzándose desde sus posaderos hacia el agua.

   En las zonas menos inundadas abunda los sedimentos, acumulados y traídos por el río después de años y años. Por estos lugares es sencillo toparse con algunas limícolas, que aprovechan esa textura limosa para buscar invertebrados. El andarríos grande fue el compañero de la lavandera blanca en este lugar, pues ella también sabe aprovechar los insectos de los limos.

Andarríos grande (Tringa ochropus) una de las limícolas de los galachos, en Zaragoza.
Andarríos grande (Tringa ochropus) una de las limícolas de los galachos, en Zaragoza.
Lavandera blanca (Motacilla alba) capturando invertebrados en la zona limosa de los galachos.
Lavandera blanca (Motacilla alba) capturando invertebrados en la zona limosa de los galachos.

   Las que saben cómo aprovechar los galachos son otras zancudas, unas primas hermanas de las anteriores garceta común y garcilla bueyera, la garza real. Se las puede ver acechando sigilosamente entre la vegetación de los galachos, o pescar en zonas de tránsito de peces, aunque en ocasiones hay disputas por los puestos de caza.

Varias garzas reales (Ardea cinerea) en las zonas más inundadas de los galachos del Ebro
Varias garzas reales (Ardea cinerea) en las zonas más inundadas de los galachos del Ebro.
Ahí abundan los peces más grandes, que son una de sus principales presas.

   Os invito a disfrutar de todas estas aves. Es precioso observarlas, estudiarlas y ver sus comportamientos, así como el lugar, un  paraíso sin igual. Zaragoza tiene muchos rincones que descubrir, pero a las afueras guarda su mayor tesoro, un ecosistema que debemos mantener para no perder a ninguno de sus vitales componentes, por muy pequeño que sea.

Cistícola buitrón (Cisticola juncidis) en la Reserva Natural Dirigida de los Galachos del Ebro
Cistícola buitrón (Cisticola juncidis) en la Reserva Natural Dirigida de los Galachos del Ebro

(*) Área protegida y manejada por el hombre, con el objetivo de conservar lugares importantes para: la fauna o la flora, de interés geológico, de interés para la investigación o para promover la educación.

martes, 19 de enero de 2016

El triatlón de las aves II

Parece que ha comenzado un nuevo mes para traernos la septima entrada del "¿Quién es quién?". Como seguro recordaréis, el nuevo planteamiento consiste en tres retos diferentes que ponen a prueba nuestros propios conocimientos. Las entradas pasadas os serán de gran ayuda, cada una de las pruebas está basada en lo que hemos visto durante 2015. ¿Sabrás resolver nuestro enigma?

INSTRUCCIONES: Se trata de un triatlón en el que iremos cambiando de prueba. Sólo tienes que seleccionar, de todas, la opción que creas que es correcta en la segunda prueba mientras que en la primera y la tercera debes escribir tu propia respuesta en el cuadro en blanco. Cada vez que termines de responder a una prueba, haz clic sobre Enviar para registrar tu respuesta. Estas son totalmente anónimas, anímate a participar.

¡¡Allá vamos!!


Solución a la primera prueba: haz clic aquí

Esta actividad es muy útil para practicar nuestras salidas de campo, porque en muchas ocasiones las aves quedan parcialmente tapadas por la vegetación y otros elementos o simplemente pasan tan rápido que solo da tiempo a fijarse en una característica determinada desde la cual tendremos que identificar a la especie.

Pasemos a la siguiente prueba:


Solución a la segunda prueba: haz clic aquí

Conocer el hábitat de las aves, ayuda a su identificación o al menos a descartar ciertas especies. Por ejemplo, si hay una especie de gaviota que únicamente se ve en mar abierto, por mucho que se parezca a otra, la descartaremos si nos encontramos en el interior peninsular.

Por último vamos a ver la última prueba:


Solución a la tercera prueba: haz clic aquí

¿Fácil? ¿Difícil?

Sea como sea estoy seguro de que con lo que hemos aprendido y tus conocimientos propios vas a conseguir averiguar todas y cada una de las especies que se esconden de nuestras miradas.

Suerte y ánimo. Este próximo martes 26 de enero publicaré EN ESTA MISMA ENTRADA las soluciones, para los interesados. Tienes toda una semana para averiguarlo, pero seguro que no necesitas tanto tiempo. No seas tímido y cuelga tus soluciones en un comentario indicando por qué crees que se trata de esa especie, quizás no es tan fácil para otros y les guíe tu aportación.


lunes, 11 de enero de 2016

Adaptarse al invierno

   Durante esta época del año las aves atraviesan un momento complicado. Las temperaturas comienzan a bajar y las precipitaciones son más frecuentes, lo que pueden debilitar, sobre todo, a pequeños pajarillos. Sobrevivir a dichas condiciones térmicas depende de varios factores, normalmente estrategias de adaptación, que se han ido perfeccionando a lo largo de los años. ¿Sabemos diferenciar los hábitos adquiridos en invierno por determinadas aves?

Las duras condiciones invernales amenazan el bienestar de las aves durante esta época del año.

   Atendiendo únicamente al aspecto físico, casi todas las aves sufren un importante cambio de plumas antes de esta estación, una renovación completa del plumaje. Esta estrategia tiene como objetivo la supervivencia del ave durante el invierno proporcionándole eficacia en vuelo e impermeabilidad frente a las precipitaciones. Esta muda del plumaje se desencadena tras los cambios estacionales y demanda una elevada cantidad de proteínas, las cuales pueden ser repuestas durante el otoño, cuando el alimento es más abundante y las aves pueden aprovecharlo. El gorrión común, es una de esas aves que mudan todo su plumaje antes del invierno.

Gorrión común (Passer domesticus) pl. estiv
Macho de gorrión común (Passer domesticus) durante el mes de mayo.
Presenta un marcado babero negro en el pecho y unos colores oscuros.
Fotografía tomada en mayo, cuando muchas especies como esta han recuperado su plumaje estival.
Gorrión común (Passer domesticus) pl. inv
Macho de gorrión común (Passer domesticus) durante el mes de diciembre.
Tras la muda el babero de este macho desaparece casi por completo.
Además los colores de píleo y nuca no son tan intensos.
Fotografía tomada en diciembre, muchas aves ya han mudado sus plumas.

   La distribución de las especies también se ve modificada, de dos posibles maneras, o bien por movimientos migratorios (A) o por simples movimientos en altura (B).

A.- Movimientos migratorios: en este primer caso el desplazamiento es desde latitudes norteñas a sureñas (en el H.N.). Se trata de la famosa migración invernal de las aves. Consiste en largos viajes en los que salvan enormes distancias en busca de temperaturas más agradables. Es el caso del ánsar común que durante el invierno modifica su distribución noreuropea y visitan países más sureños (como Francia o España) llegando incluso al norte de África. Los inviernos en estas últimas zonas son más agradables que los de su área de cría donde se pueden alcanzar temperaturas extremas.

Distribución del ánsar común (Anser anser).
Distribución del ánsar común (Anser anser).
Los colores más oscuros son el lugar de invernada (norte y centro de Europa)
Los colores claros son el lugar de invernada (sur de Europa y norte de África)
Ánsares comunes (Anser anser) durante la migración.
Ánsares comunes (Anser anser) durante la migración.
Fotografía tomada en enero, cuando los bandos de ánsares todavía llegan a la Península.

B.- Movimientos altitudinales: las distancias recorridas en este caso son mucho menores. Los realizan aves de alta y media montaña, zonas que pueden quedar cubiertas por la nieve, donde las condiciones son extremas y los recursos escasean. La estrategia es un descenso en altura a zonas más bajas donde, lo cierto es que se vive mejor. El ejemplo más claro es el de los acentores alpinos que realizan estos pequeños movimientos altitudinales para pasar el invierno por debajo de las zonas nevadas.

Acentor alpino (Prunella collaris) invierno
Acentor alpino (Prunella collaris) con las plumas levantadas a causa del fuerte viento.
Las condiciones en las cumbres son más duras, las evitan bajando en altitud.
Fotografía tomada en noviembre, cuando esta especie desciende y queda por debajo de las altas cumbres.

   Los hábitos y comportamientos de las aves también se ven alterados. Cambian sus costumbres solitarias por la compañía de varios individuos de su especie lo que les aporta una ventaja en varios sentidos. Al volverse más gregarios, forman dormideros y bandos invernales que tienen como propósito, la supervivencia a lo largo de esta estación tan dura donde los recursos escasean, de esta manera todos encuentran comida a la vez, detectar posibles amenazas es más fácil, se sienten más protegidos durante la noche, etc. Se trata de una estrategia que llevan a cabo muchas aves, entre ellas está el archibebe común que forma pequeños bandos en los meses que dura el invierno

Archibebe común (Tringa totanus) ejemplar solitario en la época estival.
Archibebe común (Tringa totanus) ejemplar solitario en la época estival.
Fotografía tomada en agosto, los archibebes se pueden encontrar buscando alimento por separado.
Archibebe común (Tringa totanus) bando invierno
Bando invernal de archibebe común (Tringa totanus).
Fotografía tomada en enero, los archibebes se pueden encontrar agrupados en pequeños bandos como este.

   Otras aves, sobre todo paseriformes, pueden agruparse y formar bandos excepcionalmente grandes de cientos de individuos, ofreciendo un espectáculo único. Las grajillas occidentales pueden llegar a formar bandos tremendamente grandes, de más de 300 aves. De esta forma la detección de los posibles depredadores y de las fuentes de alimento son más efectivas, más ojos equivale a más posibilidades.

Grajillas occidentales (Corvus monedula) cerca del dormidero invernal.
Grajillas occidentales (Corvus monedula) cerca del dormidero invernal.
En la imagen aparecen más de 100 aves agrupadas durante el invierno.
Fotografía tomada en noviembre cuando las aves ya se agrupan.
Bando invernal de grajillas occidentales (Corvus monedula).
Bando invernal de grajillas occidentales (Corvus monedula).
En la imagen más de 200 aves vuelan de forma sincronizada y agrupada.
Fotografía tomada en noviembre cuando esta especia ya se ha empezado a juntar en grandes bandos.

   Por último una de las estrategias más importantes y efectivas es la acumulación de grasas durante los meses previos al invierno, aprovechando los recursos que el otoño trae consigo. De esta forma se aíslan mejor del frío, ya que muchas aves apenas pesan 5 gramos, sin esta estrategia muchas perecerían. Además un gran número de efectivos, como ya hemos dicho, vienen después de haber recorrido grandes distancias (migración) por lo que necesitan recuperar energía antes de que los meses de invierno le pasen factura. En resumen, es una forma de prepararse para este mes tan duro, algo tan vital para las aves que les sacan buen provecho a los comederos que la gente prepara en sus jardines. Esta pequeña ayuda atrae a multitud de especies, entre ellas al herrerillo común, que se sirve a placer.

Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) en un comedero para aves.
Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) en un comedero para aves.

   Las reservas y las fuentes de recursos están disminuyendo, así como la densidad y abundancia de alimento. Si a esto le añadimos la cada vez más frecuente precipitación y las bajas temperaturas nos encontramos con que algunas especies tienen que hacer verdaderas maravillas para poder llegar hasta la primavera. Por lo tanto dependen de un correcto y oportuno despliegue estrategias como las mencionadas que les permiten sobrevivir a esta estación tan extrema.


martes, 22 de diciembre de 2015

Buscando al pinzón real por el Pardo

Motivado el relato de un pajarero que confirmaba la invernada de este pequeño figílido en el Pardo, me decidí a buscarlo durante una mañana de la semana pasada. ¿Por qué ahora? Sencillo, este pariente del abundante pinzón vulgar, únicamente visita nuestro territorio durante el invierno. Su invernada se extiende por toda la Península pero de forma poco abundante a excepción de varios puntos en Galicia y Castilla y León. De ahí que intentar ir a buscarlo al Pardo sea una tarea complicada.

Hembra de pinzón real (Fringilla montifringilla) Imagen dibujo digital
Hembra de pinzón real (Fringilla montifringilla). Imagen digital.
Esta es el aspecto físico de una hembra de pinzón real. Son ellas las que migran más al sur, los macho no lo hacen tanto, es por eso que es más probable ver a la hembra durante el invierno que al macho, aunque hay citas de machos jóvenes en el sur de la Comunidad de Madrid. Bueno, una vez conocéis un poco a la especie, vamos a recorrer juntos este viaje a ver si lo vemos.

Empecé recorriendo varios kilómetros en paralelo al río Manzanares por la zona de Mingorrubio, dentro del Pardo. El bosque de ribera, hábitat preferente de nuestro protagonista, decora todo el margen del río, como debería ser. Allí me voy fijando en cada una de las sombras que se mueven en grupo entre las ramas a ver si alguna es este visitante invernal.

Antes de entrar, varias grajillas occidentales revolotean por mi alrededor gritando y peleándose unas con otras. Bandos volando, otras por el suelo rebuscando algún alimento, ya que ahora en invierno este escasea, y otras tantas en los árboles descansando y arrancado la corteza de algunos árboles. Muy dinámica y gritona esta especie de córvido.

El ruidoso bando de grajillas occidentales (Corvus monedula) se concentra en árboles como este.
En invierno la especie pasa la noche en dormideros monoespecíficos donde se pueden llegar a untar cientos de aves.
Una pareja de grajillas occidentales (Corvus monedula) sacan provecho de la corteza de este árbol.
En invierno los recursos son muy limitados, sin embargo los córvidos son astutos en este aspecto.
Primer plano de una grajilla occidental (Corvus monedula).
Se aprecia su iris claro que contrasta con el negro de sus plumas.
Entre tanto y saliendo desde una zarza un pequeño pajarillo se presenta ante mi luciendo una hermosa pechera roja, se trata del atrevido petirrojo europeo. Pocas especies pasan solas el invierno y evitan juntarse con otros miembros de su especie, entre ellas se encuentra este solitario habitante del bosque de ribera.

Petirrojo europeo (Erithacus rubecula) pequeño pero llamativo.
Inconfundible con su pechera de color rojo anaranjado
Primer plano de petirrojo europeo (Erithacus rubecula)
Entre las ramas secas de los árboles se identifica muy bien gracias a su llamativa mancha.
Durante el resto de la jornada lo pude seguir viendo por el camino, saliendo de entre los arbustos o posándose en alguna ramita seca de los fresnos de la ribera, a veces con la ayuda de mis prismáticos y otras sin ellos gracias a la confianza que muestran, a veces se llegan a aproximar mucho hasta donde estaba.

Una especie que tampoco pasa desapercibida, es la paloma torcaz. A ella no le pasa como al petirrojo, no son sus colores o su confianza la que la hacen destacar, sino su abundancia. Enormes cantidades de esta paloma se extienden a lo largo de toda la ruta, la inmensa mayoría en bandos grandes, otras pequeños, algunas en solitario, y pocas en parejas. El collar blanco que presentan los adultos las diferencian del resto de miembros de la familia de las palomas (columbidae).

Bando de paloma torcaz (Columba palumbus) descansando sobre un fresno.
Normalmente se ve en pequeños bandos, pero en invierno estos son mucho mayores.
Otro bando de paloma torcaz (Columba palumbus) se alimenta en una zona degradada.
Su gran tamaño y su diagnóstico collar blanco las hacen inconfundibles.
Entre tanta especie habitual no podía faltar la urraca común que he conseguido percibir la elevada densidad que tiene en el ecosistema de encinas adehesadas del pardo. Es un fenómeno que ya me habían comentado en otros lugares de la península. Aquí se las escuchaba de lado a lado gritando y volando sigilosamente como si algo maligno estuvieran tramando. A pesar de ello son muy bonitas con sus colores blanco y negro, adornados con reflejos verdes azulados.

Urraca común (Pica pica) rebuscando alimento al pie de una encina.
Otras especies comunes pasaban a mi alrededor, o se les escuchaba en la cercanía. Aves cantoras tan reconocibles como el carbonero común con su "chip, chip, pan", el estornino negro y sus cantos de imitación o el mirlo común con su característico sonido aflautado. De este último se pueden ver machos y hembras volando por todos lados en el denso bosque de ribera que acompaña al Manzanares.

Macho de mirlo común (Turdus merula) llamativo pico naranja y oscuro plumaje negro.
Hembra de mirlo común (Turdus merula) menos llamativa, y más parda que negra.
Es precioso caminar con sus cantos a modo de banda sonora, hacen agradable este paseo aventurero en busca del pinzón real, no nos olvidemos de él, que hay que encontrarlo todavía. Queda mucho camino por delante y otra ave cantora delata su presencia con su más que reconocible canto, este es más melódico y que sigue una estrofa muy clara. Se trata del casi invisible y escurridizo cetia ruiseñor, que normalmente se esconde entre la vegetación para pasar visualmente desapercibido pero su canto le delata. Es por eso que a veces es complicado fotografiarlo, pero... ¡¡Aquí está!!

Cetia ruiseñor (Cettia cetti) sale de entre las ramitas de la orilla.
Esta especie está muy asociada a ecosistemas acuáticos y de ribera como este.
Justo al otro lado de donde se encuentra el cetia ruiseñor, un pequeño mosquitero común levanta constantemente el vuelo, va de rama en rama, saltando rápidamente, sin apenas deternse y haciendo casi imposible fotografiarlo quieto.

Mosquitero común (Phylloscopus collybita) entre las ramas y hojas secas de algunos arbustos.
Es una especie insectívora, por lo que cerca de las zonas húmedas encuentra mayor alimento.
Otro vecino de nuestro cantarín amigo por estos ecosistemas es el diminuto chochín común, que apenas llega a los 10 cm de longitud, Aunque esta no es la más pequeña de nuestras aves es muy entrañable ver al chochín revolotear entre las ramas y las zarzas. Se trata de un pajarillo pardo sin colores llamativos, pero si destaca su cola constantemente levantada, tal y como muestra la siguiente imagen.

Chochín común (Troglodytes troglodytes) junto a una zarza en la ribera.
La ceja clara destaca mucho en su plumaje pardo, es bastante forestal, sobre todo de zonas húmedas.
Lo cierto es que el escenario no puede ser mejor, las hojas de los árboles siguen cayéndose, un frescor húmedo envuelve el ambiente y cantidad de sonidos llaman mi atención, urracas gritando, bandos de grajillas pasando, el aleteo de las torcaces al despegar y entre tanto el tamborilear de un pico picapinos. Se trata de un macho, ya que presenta una mancha roja en la nuca, que va poco a poco comprobando las ramas sin hojas de los árboles, en busca de las larvas de algunos insectos.

Macho de pico picapinos (Dendrocopos major) en un escenario excepcional.
Esta imagen no he querido aumentarla para poder apreciar la belleza del momento.
Casi se me olvidaba contaros la cantidad de bandos de gaviotas que pasan en dirección sur en formación de migración. La mayoría de ellas serán gaviotas reidoras y sombrías. Ambas tienes una fuerte representación durante el invierno en la Comunidad de Madrid. La dirección de su viaje está relacionada con su destino, ellas pasan la noche en los embalses de la Sierra de Madrid, que para ellas son más seguros, mientras que al amanecer ponen rumbo a los vertederos del sur de Madrid, donde encuentran suficiente "alimento" como para pasar el invierno.

Siete gaviotas de un bando mayor vuelan hacia el sur tras el amanecer.
Durante toda la mañana se pueden seguir viendo formaciones en "V" de varios individuos.
Siguiendo por la ruta que puede que nos lleve hasta el pinzón real, el camino sigue paralelo al manzanares, aunque de vez en cuando una pequeña senda se vuelve perpendicular y baja hasta la orilla. Con mucho sigilo me acerco y planto el trípode para observar algunas especies que chapotean en el agua. Entre ellas hay un grupo reducido de varios machos y hembras de ánade azulón, aunque el verdadero alboroto lo causan los zampullines comunes y las gallinetas comunes, estos primeros porque salen "corriendo" por la superficie del agua mientras mueven sus cortas y modificadas patitas, mientras que las gallinetas lo hacen con sus reclamos esporádicos y característicos .

Dos machos y una hembra de ánade azulón (Anas platyrhynchos) en el Manzanares.
Se trata de una especie muy extendida.
Zampullín común (Tachybaptus ruficollis) nada con tranquilidad por el Manzanares.
El zampullín muda sus plumas en invierno, pero hay ejemplares que mantienen su plumaje reproductor.
Ya creo que hemos encontrado al pinzón real, pues de entre los árboles veo como se remueven un pequeño grupo de pajarillos, pueden ser pinzones vulgares, una especie con la que se suele juntar su primo real. Saco mis prismáticos y recorro todo el árbol en busca de algún pinzón intruso dentro de este pequeño grupo. Pero no hay ninguno, todo son pinzones vulgares, machos y hembras. Habrá que seguir caminando a ver si la perseverancia hace su efecto.

Macho de pinzón vulgar (Fringillia coelebs) con sus colores más llamativos.
Las hembras son de un color pardo claro, más similares al pinzón real.
Siguiendo con la visita al Pardo, me encuentro con un atrevido carbonero garrapinos que no duda en acercarse más de lo necesario para picotear las semillas de los fresnos. Un revoloteo para allá y se pone bocabajo para acceder a dicho alimento. En ocasiones parece un pequeño trapecista moviéndose de un lado para otro sin miedo alguno. Aunque es más frecuente verlo en bosques de coníferas, parece encajar perfectamente en este paraje.

Carbonero garrapinos (Periparus ater) colgado del revés para acceder a las semillas del fresno.
Esta otoñal estampa es muy típica de los bosques, donde abundan los frutos que le gustan al garrapinos.
Justo por detrás de garrapinos, el agateador europeo entra en escena. Parece una bola redonda subiendo por el tronco de los árboles. Sube rápido y de vez en cuando se para a buscar entre los huecos que quedan en la corteza de los árboles. Él también se alimenta de los invertebrados de los árboles.

Agateador europeo (Certhia brachydactyla) buen escalador, la disposición de sus patas se lo permite.
Además cuenta con la ayuda de su cola, la cual le sirve de apoyo mientras sube o baja.
¡¡Ahora sí!! Tiene que ser ahora, justo entre esos matorrales donde he visto moverse a un grupillo de pájaros, tienen que ser pinzones vulgares con alguno real. ¡¡Ah!! Pues no, pero mi sorpresa es bastante grata cuando descubro que realmente se trata de gorriones molineros alimentándose entre los arbustos. Un gran bando invernal bastante nutrido pero muy tímido que poco a poco se va alejando, por suerte pude realizar algunas fotos y sobre todo un pequeño vídeo de escasos segundos.

Tres gorriones molineros (Passer montanus) se alimentan en a la vera del camino.
Destaca de esta especie la marcada mancha oscura de la mejilla sobre el fondo blanco.

Se me estaba complicando encontrar al dichoso pinzón real. Está claro que su invernada, excepto en el norte de la Península, es débil y creo que estaba comprobándolo con mis propia experiencia. Para aumentar mis posibilidades decido cambiar de margen del río y me dirijo hasta un puente para cruzar. ¿Qué hay de diferente entre un lado y el otro? Donde me encontraba abundaba la vegetación de ribera y el resto estaba bastante humanizado, sin embargo el otro lado, el bosque de galería lindaba con las dehesas de encinas, un cambio que puede tener o no sus consecuencias. Veremos que ocurre.

Para empezar empezaron a aparecer varias especies que no me había encontrado en el otro lado, como escribanos trigueros, algún pequeño bando de alondras comunes alimentándose en el pastizal adehesado, un fugaz alcaudón real al que conseguí pillar a duras penas o incluso unos juguetones mitos, saltando y piando de lado a lado sin darme un segundo para poder fotografiarlos. Lo cierto es que parecía que la otra orilla me deparaba nuevas sorpresas, no había tomado una mala decisión.

Alcaudón real (Lanius meridionalis) foto meramente testimonial.
Una pena no haberle pillado bien.
Al que si le pille pero bien es al zorzal común, una especie muy común de estos parajes semi-forestales y medio abiertos, como el alcaudón común. Ambos no tienen nada que ver, ya que el zorzal está emparentado con los mirlos. Su pecho moteado es característico y lo luce durante todo el año, gracias a él podéis identificarlo con una simple pasada de prismáticos. Lo complicado es toparse con ellos pues son bastante misteriosos y huidizos.

Zorzal común (Turdus philomelos) con su precioso pecho moteado.
Las bayas que el bosque ofrece en otoño e invierno son un manjar para este gran pájaro.
El camino continua paralelo al río Manzanares, entre la valla que limita el monte del pardo (privado) y el bosque de ribera que alberga a toda esta fauna alada que estamos viendo. Sin embargo, no todos son bienvenidos. La cercanía a un núcleo de población ha provocado el auge de la cotorra argentina, paseándose ruidosamente por el pardo. Esta especie exótica e invasora está empezando a ser un problema en muchas ciudades de nuestro país. (Si quieres saber más sobre esta problemática haz clic aquí)

Cotorra argentina (Myiopsitta monanchus) apoyada sobre la valla del Pardo.
Esta especie se ha extendido bastante en las últimas décadas.
Y estaba tan distraído con la cotorra que no me di casi ni cuenta de que llevaban un rato varios pinzones vulgares jugueteando por unos árboles que se encontraban un poco más lejos. Me fijo mejor y veo que entre ellos hay uno más clarito. Cojo mis prismáticos y.... Vaya es una hembra de pinzón vulgar, se  confunden un poco porque ambos son mas claros que el macho de pinzón vulgar, pero... Resulta que sí, esta vez si que sí aparece un pinzón real y se posa en la rama en la que hacía unos segundos había estado la hembra de vulgar. ¡¡Qué suerte!!

Hembra de pinzón real (Fringillia montifingillia) pecho amarillento y alas oscuras.
Como hemos explicado antes, son las hembras las que más al sur migran y esta se encontraba entre varios pinzones vulgares, tanto machos como hembras. Un bando muy mixto.
Entre tanto puedo disfrutar unos minutos más de este visitante invernal hasta que en su pequeño bando se van alejando. Unos segundos de confort y en seguida aparecen un grande de nuestra fauna, el buitre negro. Sus potentes alas se dejan ver desde abajo, esta vez va acompañado de otro buitre, también negro, me gustaría saber a donde van, pero el misterio me hace admirar mucho más esta especie. Juzgad vosotros mismos.

Buitre negro (Aegypius monachus) en un planeo de reconocimiento.
Lo cierto es que las rapaces también tienen otro representante de los encinares adehesados. El busardo ratonero no tarda en dejarse ver posado, como no, en un poste que usa a modo de atalaya desde donde puede abalanzarse en cuanto detecte a una presa. Normalmente estas son pequeños mamíferos y en ocasiones aves.

Busardo ratonero (Buteo buteo) posado en un poste con un ala abierta.
También se le puede ver cerca de las carreteras, posado en postes telefónicos.
Lo cierto es que este ecosistema alberga sorpresas de todos los tamaños y colores, por eso tras ver como el busardo desaparece entre las centenarias encinas continuo mi camino hasta encontrarme con el pequeño pero colorido herrerillo común. Es otra especie que está sacando partido de las semillas de los fresnos y es que ahora en invierno hay que intentar engordar, ponerse fondón y aumentar la grasa corporal para poder sobrevivir durante esta estación tan hostil.

Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) aprovechándose de las semillas de los fresnos.
Mi camino ya es de vuelta y solo me queda disfrutar una vez más de este lugar, que además de otoñal, también es agradable y relajante. Os recomiendo dar un paseo por el entorno, donde podréis incluso ver a otro córvido, el rabilargo ibérico, una de mis aves favoritas, principalmente por sus colores, que aunque no son muy llamativos si que me parece una combinación excelente.

Pareja de rabilargos ibéricos (Cyanopica cookii), auqque suelen ir en grupos.
Aunque en la imagen no se aprecie, en las alas y la cola presenta unos colores azules.
Finalmente encontramos al pinzón real, aunque un poco ajustados pero conseguimos dar con él en el Pardo, en la zona de Mingorrubio. Os invito a que si nunca habéis visto a esta especie del norte de Europa os acerquéis al pardo que está a media hora de Madrid y que disfrutéis de sus encantos y ya de paso intentéis buscar vosotros vuestro pinzón real. Espero que os hayan gustado fotografías, vídeos y anécdotas.