martes, 9 de febrero de 2016

Naturaleza al sureste de Madrid

   A veces no nos damos cuenta de lo cerca que vivimos de algunas especies muy escasas y poco frecuentes. Garcetas, cigüeñas migrando y otras 100 especies más viven o acuden a un humedal protegido a escasos kilómetros de Rivas Vaciamadrid. Estamos hablando del Parque Regional del Sureste un área natural protegida, como su nombre indica, a escala regional. Consiste en un complejo de lagunas  naturales y artificiales (graveras abandonadas) a lo largo del sureste madrileño, alternado con bosque de galería y unos estupendos roquedos donde se puede ver búho real.

Roquedos paralelos al Manzanares hasta juntarse con el Jarama.

La vida acuática del parque.

   La extensión del parque recorre dos ríos, el Manzanares y el Jarama alternando pequeñas lagunas, de las cuales gran parte fueron antiguas graveras, hoy en día abandonadas. En los ríos y las láminas de agua una larga lista de aves salen a flote. Algunas más esperadas que otras, como puede ser el ánade azulón, muy extendido por este tipo de ecosistemas. Pero es agradable ver al ánade friso también por el río y las lagunas. Es mu sencillo diferenciarlos, solo hay que atender a una pequeña y llamativa mancha blanca en las alas de esta última anátida que cuando nada queda en uno de sus flancos, pero que se deja ver estupendamente en vuelo. Dicha característica es propia del ánade friso, un poco más pequeño que el azulón.

   Están muy extendidas estas dos anátidas, sin embargo hay que prestar atención a lo largo de nuestra visita, pues en las orillas del río o de las lagunas podemos ver algunos patos buceadores, como el porrón europeo o los llamativos machos de la cerceta común y de la cuchara común.

Macho (arriba) y hembra (abajo) de porrón europeo (Aythya ferina).
Hay que fijarse en la popa, la cual está hundida, a diferencia de otras anátidas.
Dos llamativos machos de cerceta común (Anas crecca).
Sus características cabezas son únicas, sin embargo la hebra puede confundirse.
Para evitar esto hay que fijarse en la mancha amarilla de la popa y la verde esmeralda de los flancos (espejuelo).
Macho de cuchara (Anas clypeata) descansando en una de las lagunas.
Una clara pechera blanca permite su identificación cuando su extravagante pico no se deja ver.

   Tenemos que dejar claro que estas son anátidas (o patos) pero que el siguiente grupo de aves acuáticas no lo son, por mucho que se lo parezcan sus hábitos. Hablamos de somormujos y zampullines, que realmente son un grupo muy especial con un nombre ante todo difícil de recordar: podicipediformes. Durante una salida al parque y sus sistemas acuáticos podemos observar al menos tres especies. La más grande es el somormujo lavanco, que durante el invierno pierde sus características "orejas" nupciales. Otros dos grandes buceadores son el zampullín común, abundante en casi todas las láminas de agua del parque, y el zampullín cuellinegro, algo más escaso pero también común.

Individuo adulto de somormujo lavanco (Podiceps cristatus).
Por octubre es fácil encontrarnos con individuos juveniles que presentan un plumaje algo diferente.
Su cara y su cuello están marcados con rallas negras que recuerdan a las de un pijama.
Ejemplar adulto de zampullín común (Tachybaptus ruficollis) con plumaje invernal.
En primavera y verano presenta colores más rojizos con una llamativa mancha amarilla en la base del pico. 
Individuo solitario de zampullín cuellinegro (Podiceps nigricollis) con plumaje invernal.
Mucho más blanco, contrastado con el negro. Pupila roja.
En primavera y verano este ojo rojo contrasta con un antifaz amarillo y colores granates.

   Otra especie acuática que puede observarse nadando al estilo "pato" pero que para nada es una anátida ni un pariente cercano a los somormujos, es el cormorán grande. Una especie marina, pero que puede ser observada también en ecosistemas continentales como este, ya que se alimenta de veces y otras presas que captura buceando. Algo similar le ocurre a la gaviota reidora, principalmente marina pero con una gran distribución continental en hábitats acuáticos como lagunas o embalses. ambos tienden a juntarse en invierno para sacar un claro beneficio que ya hemos visto con anterioridad en la entrada "Adaptarse al invierno".

Agrupación invernal (17 indv.) de comoranes grandes (Phalacrocorax carbo) en los árboles de la orilla.
Aunque tengan hábitos similares a las anátidas, es fácil ver lo hundido que nada esta especie.

   Por último, no hay que olvidar a las habituales gallineta común y focha común que habitan también estos ecosistemas únicos y que se esconden bien entre la vegetación palustre cuando se sienten amenazadas. De vez en cuando se oye a alguna gallineta gritar entre el carrizo y las espadañas, un sonido muy característico de los humedales de interior. La que si es característica del interior es esta limícola en vuelo, ¿la reconocéis?

Es una de las aves limícolas con un vuelo tan característico, a causa e la forma de sus alas.
¿Lo tenéis? Correcto, es un grupo de 4 avefrías europeas (Vanellus vanellus)

Carrizos y otra vegetación palustre.

   En las orillas de estos sistemas acuáticos suele crecer una línea densa y paralela de diferentes especies vegetales. Carrizo, espadaña, eneas, etc. En definitiva una densa vegetación que esconde aves también muy asociadas a estos hábitats tan especiales. Algunas son habituales de nuestra fauna, como el cistícola buitrón, que en invierno forma bandos de diminutos pajarillos de cola redonda, el martín pescador posicionado en su habitual percha, esperando pacientemente el paso de algún pececillo mientras nosotros lo observamos expectantes o el cetia ruiseñor, que adorna siempre nuestros paseos con su reconocible y melódico reclamo.

Cistícola buitrón (Cistícola juncidis) entre la vegetación palustre del Parque Regional del Sureste.

   Otros no lo son tanto, son el resultado de la suelta y escape de animales de compañía, os hablo del llamativo bengalí rojo, una especie asiática introducida en la Península Ibérica mucho antes de los 70, cuando comenzó a reproducirse. El llamativo macho es fácilmente identificable gracias a sus llamativos tonos rojos y sus manchas blancas en contraste.

Macho de bengalí rojo (Amandava amandava) especie introducida en España.
No sueltes NUNCA especies exóticas en el medio natural, los efectos negativos pueden ser muy perjudicial.

El bosque que acompañaba al río.

   La línea de árboles que ocupan uno o dos metros desde la orilla del río, se denomina bosque de ribera y es de vital importancia para el funcionamiento del ecosistema ribereño. En este caso está formado por diversas especies: majuelos, fresnos, tarayares, olmos, chopos y sauces. En toda esta diversidad se mueve una fauna que le da música al río y le confiere, en algunos casos, unos colores hermosos. Es el caso del abundante carbonero común que son sus amarillos y sus "chi-chi-pan" le aportan personalidad al bosque de galería.

   Estorninos negros, herrerillos comunes, mirlos comunes, mitos y pinzones vulgares, completan una orquesta que a menudo va acompañada de una percusión peculiar, la de los pájaros carpinteros. Tanto el pito real, con sus colores y su obispillo verde lima, como el pico picapinos. Ambos se pueden escuchar golpeando los troncos y ramas de los árboles en busca de las larvas de los xilófagos (escarabajos comedores de madera).

Pito real (Picus viridis) en la zona seca de un árbol al amanecer.
Es más probable que en las ramas secas de los árboles esté su comida favorita.
Pico picapinos (Dendrocopos major) en un árbol sin hojas.

   Es sorprendente ver la cantidad de palomas torcaces que se reúnen en las copas de los árboles de todo el recorrido del río. Se ven estupendas descansando y tomando el sol las frías mañanas de otoño e invierno. De vez en cuando te puedes llevar un buen susto, pues son muy asustadizas y ruidosas, y si pasas cerca de un bando y no te lo esperas, pueden salir volando espontáneamente.

Bando (aprox 116 indv.) de palomas torcaces (Columba palumbus)

   Entre otras aves a las que prestar atención a lo largo del bosque de ribera son los pequeños e inquietos mosquiteros comunes. Su ceja amarilla es plenamente visible y su comportamiento inconfundible. Algún petirrojo europeo se cuela entre medias y con él si que no nos podemos equivocar, esa pechera anaranjada es casi única, lo complicado es cuando se pone a cantar, eso si preciosa su melodía.

Mosquitero común (Phyloscopus collybita)
Inquieto de rama en rama, hace las veces de insecticida natural.
Petirrojo europeo (Erithacus rubecula) en plena faena musical.

El sureste cultivado.

   La zona sureste de la Comunidad de Madrid es característica por sus extensiones de olivar, sus cultivos de secano y sus barbechos. Los trabajos del campo, atraen a muchas aves, sobre todo a ardeidas, pero también a otras muchas. Todas ellas saben aprovechar los movimientos de tierra, el aireado del cultivo o la siega para hacerse con las presas de vida subterránea e invertebrados que quedan expuestas tras el paso de la maquinaria. Los dos ejemplos más claros que puedes ver en tus visitas al Parque del Sureste son el de la garcilla bueyera, que van en grupo persiguiendo a los tractores mientras trabajan y el de la lavandera blanca, que se aprovecha de la misma manera.

Varias garcillas bueyeras (Bubulcus ibis) tras un tractor que va levantando la tierra.
Varias lavanderas blancas (Motacilla alba) tras las anteriores garcillas bueyeras.
En este caso aprovechan los pequeños invertebrados, que pasan desapercibidos para las ardeidas.

   También está atento desde un poste eléctrico, a modo de atalaya, una hembra de cernícalo vulgar, una especie muy asociada a estos lugares cultivados. Es sencillo verlo posado en estas estructuras metálicas distribuidas a lo largo del parque y que en ocasiones son un peligro real, sobre todo para las grandes rapaces. Si no está quieto en su posadero, lo estará en el cielo, aleteando, pero quieto en el mismo sitio, cerniéndose y aguantando la vista hacia abajo, esperando que el tractor le haya levantado alguna presa despistada. Otra rapaz que sobrevuela estos terrenos abiertos es el milano real. Su objetivo es distinto que el de la anterior hembra de cernícalo vulgar, pues la dieta del milano está basada, en parte, en carroña. Su cola ligeramente ahorquillada y sus marcas alares de color claro permiten diferenciarlo a gran altura casi sin prismáticos.

Secuenciación del aleteo estático de una hembra de cernícalo vulgar (Falco tinnunculus).
A pesar de mover con rapidez las alas, se mantiene quieto en el aire.
Milano real (Milvus milvus), su silueta no deja lugar a dudas.

   No es complicado ver a otras aves en los campos de cultivo, algunas como la garza real descansando por la mañana, otras como la grajilla occidental volando de un lado a otro a ver si encuentran algo de lo que alimentarse. Es curioso que este lugar es tan importante que en una de mis visitas pude disfrutas de una pareja de garceta grande, lo cual es poco frecuente, aunque hay varias citas en los embalses de la sierra y los humedales de Aranjuez entre otras.

Individuo adulto (izquierda) y juvenil (derecha) de garza real (Ardea cinerea).
Un par de grajillas occidentales (Corvus monedula) se llevan alimento encontrado.
Pareja de garceta grande (Egretta alba).
La observación fue en un barbecho del sureste, junto a garzas reales y garcillas bueyeras.

Las compañeras del viaje.  

   A lo largo de nuestros recorridos por el Parque Regional del Sureste, pasamos por multitud de hábitats y ecosistemas diferentes. Sin embargo, existe un pequeño y reducido grupo de aves que salen a nuestro encuentro en el camino, en varios lugares y en las veredas de los caminos, así como alambradas, muros y cercanías a poblaciones.

   Alguna extraña, pero en la mayoría conocidas. Conocemos muy bien al colirrojo tizón y su graciosa cola, con ese pequeño rebote característico, a la cada vez más escasa ave del año 2016, el gorrión común, la abundante e inteligente urraca común y estamos familiarizados con el canto de los jilgueros europeos que de cardo en cardo van en pequeños grupos aprovechándose de las semillas.

Hembra de colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) cazando los insectos que se cruzan en el camino.
Colonia de gorriones comunes (Passer domesticus) bajo el nido abandonado de una cigüeña blanca.
Estos nidos no se deben retirar, porque aunque los abandonen son recurso para otras especies

   Otras especies son un poco menos comunes, a pesar de su densidad, son esquivas o evitan el contacto con los humanos. A pesar de ello, pardillos comunes, acentores comunes y gorriones molineros se pueden ver a lo largo de la rutas que recorren el Parque Regional del Sureste.

Macho (arriba) y hembra (abajo) de pardillo común (Carduelis cannabina) en una valla del camino.
Acentor común (Prunella modularis) entre el la vegetación de la vereda del camino.
Gorrión molinero (Passer montanus) en un arbusto seco cercano a la ruta.
Sus características mejillas negras lo diferencian del común, que carece de ellas.

El paso migratorio por el Sureste.

   Durante el mes de octubre, momento bastante ajetreado en lo que a migración se refiere, las aves recorren grandes distancias desde Europa hacia el sur o desde todas las regiones de España hacia regiones más calurosas del sur de la Península o incluso hasta África.

   A lo largo de este paso continuo de aves, deben hacer descansos para recuperar fuerzas y así lograr alcanzar su destino. El Parque Regional del Sureste supone durante esta época un importante "alto en el camino" para estas especies tan atrevidas. Los aviones comunes abandonan España para dirigirse a África, sin embargo algunos se retrasan un poco y en octubre se pueden observar los últimos ejemplares en la zona de los roquedos del parque.

Uno de los últimos aviones comunes (Delichon urbicum) que vuelan antes de su viaje migratorio.

   Las cigüeñas blancas son la estrella de este espacio protegido, existe una buena población en toda su extensión. Ellas han cambiado sus hábitos migratorios, se trata de una especie migratoria que tiene sus cuarteles de invernada en el sur del desierto del Sahara, pero que actualmente es capaz de invernar en España.

Bando (43 indv.) de cigüeña blanca (Ciconia ciconia) cicleando sobre el Parque.
Esta especie es migradora, pero hay algunos ejemplares que encuentran suficientes recursos en los vertederos como para evitar un viaje migratorio que, al fin y al cabo, es peligroso. 

   Sobre todo en este paso otoñal o postnupcial, es común que mientras caminamos entretenidos en las lagunas del parque, nos parezca escuchar un "gruuu-gruuu". Efectivamente, por septiembre y octubre es posible que bandos de grullas comunes en dirección sur sobrevuelen, sin detenerse, esta área protegida. Los que sí se detienen son los papamoscas cerrojillos, en su migración. Esta especie de hábitos estivales abandona nuestro territorio acabado el verano.

Bando migratorio (12 indiv.) de grullas comunes (Grus grus) sobrevolando el P.R.S.
Papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca) durante su paso otoñal de agosto a octubre.

Después de este repaso del sureste madrileño, sabemos que nos queda mucho por conocer, pues esto solo han sido unas pinceladas durante la época otoñal. Seguramente la belleza del lugar mejore con la llegada de la primavera y de las aves estivales.

domingo, 24 de enero de 2016

¿Dónde ver aves cerca de Zaragoza?

   Durante el pasado otoño y aprovechando que todavía no había llegado el frío que hoy nos espera en la puerta de casa, me decidí a realizamos un fabuloso viaje a Zaragoza, una ciudad hasta entonces desconocida o por lo menos tan profundamente. Obviamente en dicha aventura no podía faltar una estupenda jornada de pajareo con la buena compañía de Virginia Alcalá. Ambos descubrimos lo cercana que está Zaragoza de un lugar de biodiversidad y riqueza natural, los Galachos del Ebro y concretamente visitamos por nuestra cuenta el galacho de Juslibol, siguiendo la recomendación de un forero.


   Incluso los días previos a nuestra escapada pajarera, ya pudimos ver algunas aves revoloteando por la propia ciudad. Este hábitat asfaltado esconde un gran repertorio de aves adaptadas que han sabido sacar provecho de los recursos que ofrecen jardines, parques, vegetación ornamental, desechos, etc. El ánade azulón pudimos encontrarlo dentro del parque del Agua, un parque urbano donde, como su nombre indica, el protagonismo lo tienen pequeñas superficies de agua. Por estas fechas los machos visten sus mejores galas y destacan en el agua. Tras una buena sesión fotográfica, nos percatamos de que son capaces de sobrevivir en este ambiente humanizado donde no escasean los lugares adecuados para nidificar ni los macrófitos acuáticos de los que se alimentan.

Ánade azulón (Anas pltyrhynchos) bando mixto de machos y hembras en el parque del Agua.
Ánade azulón (Anas pltyrhynchos) bando mixto de machos (9) y hembras (6) en el parque del Agua.
Esta anátida está muy bien integrada dentro de aquellos parques que cuentan con pequeñas superficies de agua.

   Algunas acuáticas más pequeñas como la gallineta común también se mueven por fuera de las superficies de agua, donde pueden alimentarse. Aunque se pueden alimentar de pequeños brotes y plantas acuáticas que crecen en el fondo de estos reducidos "estanques".

Gallineta común (Gallinula chloropus) en el parque del Agua.
Gallineta común (Gallinula chloropus) en la orilla del agua dentro del parque del Agua.
Las patas con dedos largos que posee esta especie no le sirven para nadar.
Son útiles caminar entre la vegetación palustre y el barro porque evitan que se hunda.

   Justo detrás de ese maravilloso bando de ánades, otra especie, de color negro, que desde hace un tiempo se viene acercando mucho más que antes hasta nuestras ciudades. Se trata del cormorán grande que mediante cortos buceos se hace con los pequeños peces. A muchos les sorprende encontrar a esta especie en un parque urbano y otros lo llegan a confundir con alguna especie de anátida, aunque su familia es completamente diferente. Pertenece al orden de los suliformes (¡¡ MADRE MÍA QUÉ NOMBRE TAN EXTRAÑO!!) ¿De dónde procede dicha "palabrota"? 

Cormorán grande (Phalacrocorax carbo) nadando en el parque del Agua.
Su forma de nadar puede recordar a la de una anátida.
Sin embrago su cuerpo más sumergido y su pico en forma de daga lo delatan.

   Dicho orden ha surgido tras análisis mitocondriales y reconoce, entre otros, que alcatraces y cormoranes provienen de un antecesor común. Una de las características propias del orden es la forma de sus patas, que les permite moverse mientras bucean.

   Dejando a un lado esta pequeña y aburrida intervención técnica, vamos a centrarnos en otro tipo de vegetación ornamental. Lejos de los parques urbanos, las zonas más históricas de Zaragoza y en general del resto de ciudades están decoradas con pequeñas superficies ajardinadas que incluyen zonas de césped y algunos arboles y arbustos. Estas pequeñas islas de vegetación atraen especies como el colirrojo tizón. El hábitat natural del colirrojo son cortados y zonas más bien rocosas, por eso no es difícil poder observarlo en algunos edificios antiguos que usa a modo de cortados.

Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) macho en Zaragoza
Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) macho en Zaragoza.
Busca alimento en zonas verdes del casco histórico de la ciudad.
Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) hembra en Zaragoza.
Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) hembra en Zaragoza.
Como hemos comentado se puede ver en lugares que se asemejan a su hábitat natural.

   Otras especies están mucho más asociadas a los espacios verdes y además son bastante comunes dentro de las zonas urbanas y rurales. Todos hemos podido ver y sobre todo oir a los estorninos negros en los árboles de los jardines de nuestro vecindario, o hemos podido ver la diagnóstica mancha negra en la mejilla de un pequeño bando de gorriones molineros. Ambas son especies gregarias, especialmente ahora en invierno y al moverse en grupo son fácilmente detectables. Otras especies más solitarias como la curruca capirotada, en ocasiones pasan desapercibidas.

Bando de estorninos negros (Sturnus unicolor) en las ramas secas de un árbol en Zaragoza.
Bando de estorninos negros (Sturnus unicolor) en las ramas secas de un árbol en Zaragoza.
Los árboles sin hojas de los parques urbanos son un buen posadero para los bandos de esta especie.
Bando de gorriones molineros (Passser montanus) en un árbol de Zaragoza.
Bando de gorriones molineros (Passser montanus) en un árbol de Zaragoza.
Se puede identificar desde lejos y diferenciar de su primo el gorrión común gracias a su mancha oscura de la mejilla.

   Dejando de lado ya la hermosa ciudad de Zaragoza, nos dirigimos a la Reserva Natural dirigida de los Galachos del Ebro (*). Un camino que sale desde la propia ciudad y que va paralelo al río Ebro, lleva hasta ellos. Durante el trayecto es interesante echar un vistazo al río porque se pueden ver cosas interesantes, se empiezan a ver especies propias de hábitats acuáticos. Desde una distancia prudente, podemos fijarnos en los ánades azulones descansando en la orilla del río, encontrarnos con alguna elegante garceta común o incluso dar con el posadero de un hermoso martín pescador común.

Bando mixto de ánades azulones (Anas platyrhynchos) en la orilla del Ebro
Bando mixto de ánades azulones (Anas platyrhynchos) en la orilla del Ebro.
Además de en parques y jardines, los azulones se juntan también unta a estos ambientes acuáticos.
Garceta grande (Egretta garzetta) en la orilla del Ebro.
Garceta grande (Egretta garzetta) en la orilla del Ebro.
Su forma de caminar y su color blanco puro, la hacen muy elegante y esbelta.
Se diferencia del resto de garcetas por su tamaño y su pico negro.
Sus característicos pies amarillos a menudo quedan ocultos por el agua o el barro.
Martín pescador común (Alcedo atthis) en su posadero junto al Ebro.
Martín pescador común (Alcedo atthis) en su posadero junto al Ebro.
Los colores llamativos y brillantes del martín pescador recuerdan al de una joya.
Espera durante bastante tiempo en su posadero para lanzarse más tarde a pescar.

   Cuando se llega al camino de acceso que lleva al galacho de Juslibol, una gran línea de cortados yesíferos escoltan al visitante hasta llegar al centro de visitantes, a 2 km del parking y a la derecha del camino. Justo antes recorremos una pista de tierra rodeada de campos de cultivos donde podemos encontrar fácilmente alguna garcilla bueyera descansando o buscando alguna presa.

Garcilla bueyera (Bubulcus ibis) en un prado en la cercanía a los cortados.
Garcilla bueyera (Bubulcus ibis) en un prado en la cercanía a los cortados.

   No hay que dejar de prestar atención a esta larga línea de roquedos, pues entre sus huecos, sus recovecos o sus grietas pueden esconderse algunas aves poco comunes. Una de ellas es el majestuoso búho real que puede encontrarse descansando en alguna pequeña cueva donde descansar tras una ajetreada noche de cacería.

Búho real (Bubo bubo) en el roquedo de los Galachos del Ebro
Búho real (Bubo bubo) en el roquedo de los Galachos del Ebro.
Hay que prestar mucha atención pues sus colores se pueden confundir con los del roquedo.
Es hermosos poder disfrutar de esta magnífica rapaz nocturna.

   Pues resulta que este precioso búho tiene unos cuantos vecinos que a veces no le dejan dormir. ¡Vaya! No es fácil conciliar el sueño cuando uno de tus compañeros de roquedo no para quieto, sube y baja, escala, vuela de piedra en piedra. Menudo inquieto este roquero solitario. El que es más ruidoso es el colirrojo tizón que con su reclamo tic-tic-tic no deja dormir a nadie. En fin cuando no es el colirrojo son los gritos de las grajillas occidentales que no saben estarse calladas ni dos minutos. ¡Pobre búho trasnochador, nadie le deja descansar!

Hembra de roquero solitario (Monticola solitarius) en los cortados cerca de Julibol.
Hembra de roquero solitario (Monticola solitarius) en los cortados cerca de Julibol.
La calidad de la imagen está muy condicionada por la lejanía del aves.
En este caso se encuentra muy lejos y es más difícil obtener una buena fotografía.
En algunos casos es mejor evitar molestias a las aves e intentar fotografiarlas desde lejos.
Hembra de colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) especie muy asociada a los roquedos.
Hembra de colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) especie muy asociada a los roquedos.
El macho suele cantar desde una posición elevada y hace resonar su reclamo en la piedra.
Grajilla occidental (Corvus monedula) en vuelo cerca de Zaragoza.

   En alguna ocasión se puede ver pasar por el roquedo a algún gavilán común en busca de presas que cazar, pero no es una especie propia de este hábitat escarpado y rocoso. Su lugar está en los bosques donde las pequeñas aves son su plato principal.

Gavilán común (Accipiter nisus) cerca de los Galachos del Ebro.
Esta especie es bastante forestal, aunque se la puede observar fuera de su hábitat preferente.
Por ello no hay que dejar de prestar atención a estos roquedos tan interesantes.

   Volviendo a la ruta que hay que seguir, Estos roquedos llegan hasta el centro de visitantes del espacio natural a un par de kilómetros del parking. A partir de ahí ya sale un camino con un puente que se adentra en el galacho para mostrarnos toda su fauna y flora al completo. Las zonas más inundadas cuentan con una diversidad de aves nadadoras y buceadoras, como pueden ser los ánades azulones o los zampullines  comunes  respectivamente.

Pareja de ánade azulón (Anas platyrhynchos) desde el observatorio de aves de los galachos
Pareja de ánade azulón (Anas platyrhynchos) desde el observatorio de aves de los galachos.
Pareja de zampullines comunes (Tachybaptus ruficollis) desde el observatorio de aves de los galachos.
Pareja de zampullines comunes (Tachybaptus ruficollis) desde el observatorio de aves de los galachos.
Durante esta época presentan su plumaje invernal, más amarillo y se los puede ver en grupos.

   A estos es fácil observarlos desde los observatorios destinados a dicha actividad. Si hay suerte una pequeña variedad de pequeños pajarillos también se acercan a las orillas y vegetación del entorno de los observatorios. Desde la lavandera cascadeña hasta el martín pescador común, que nos deja unos segundos para disfrutar de su brillante plumaje.

Lavandera cascadeña (Motacilla cinerea) reflejada en el agua de los galachos del Ebro.
Lavandera cascadeña (Motacilla cinerea) reflejada en el agua de los galachos del Ebro.
Parecida a la lavandera blanca pero de colores más vivos y sin el antifaz negro de la boyera.
Martín pescador común (Alcedo atthis) en la vegetación que cubre los galachos del Ebro.
Martín pescador común (Alcedo atthis) en la vegetación que cubre los galachos del Ebro.
Sus colores azulados tienen unos reflejos espectaculares.
Su pico le permite atrapar peces lanzándose desde sus posaderos hacia el agua.

   En las zonas menos inundadas abunda los sedimentos, acumulados y traídos por el río después de años y años. Por estos lugares es sencillo toparse con algunas limícolas, que aprovechan esa textura limosa para buscar invertebrados. El andarríos grande fue el compañero de la lavandera blanca en este lugar, pues ella también sabe aprovechar los insectos de los limos.

Andarríos grande (Tringa ochropus) una de las limícolas de los galachos, en Zaragoza.
Andarríos grande (Tringa ochropus) una de las limícolas de los galachos, en Zaragoza.
Lavandera blanca (Motacilla alba) capturando invertebrados en la zona limosa de los galachos.
Lavandera blanca (Motacilla alba) capturando invertebrados en la zona limosa de los galachos.

   Las que saben cómo aprovechar los galachos son otras zancudas, unas primas hermanas de las anteriores garceta común y garcilla bueyera, la garza real. Se las puede ver acechando sigilosamente entre la vegetación de los galachos, o pescar en zonas de tránsito de peces, aunque en ocasiones hay disputas por los puestos de caza.

Varias garzas reales (Ardea cinerea) en las zonas más inundadas de los galachos del Ebro
Varias garzas reales (Ardea cinerea) en las zonas más inundadas de los galachos del Ebro.
Ahí abundan los peces más grandes, que son una de sus principales presas.

   Os invito a disfrutar de todas estas aves. Es precioso observarlas, estudiarlas y ver sus comportamientos, así como el lugar, un  paraíso sin igual. Zaragoza tiene muchos rincones que descubrir, pero a las afueras guarda su mayor tesoro, un ecosistema que debemos mantener para no perder a ninguno de sus vitales componentes, por muy pequeño que sea.

Cistícola buitrón (Cisticola juncidis) en la Reserva Natural Dirigida de los Galachos del Ebro
Cistícola buitrón (Cisticola juncidis) en la Reserva Natural Dirigida de los Galachos del Ebro

(*) Área protegida y manejada por el hombre, con el objetivo de conservar lugares importantes para: la fauna o la flora, de interés geológico, de interés para la investigación o para promover la educación.

martes, 19 de enero de 2016

El triatlón de las aves II

Parece que ha comenzado un nuevo mes para traernos la septima entrada del "¿Quién es quién?". Como seguro recordaréis, el nuevo planteamiento consiste en tres retos diferentes que ponen a prueba nuestros propios conocimientos. Las entradas pasadas os serán de gran ayuda, cada una de las pruebas está basada en lo que hemos visto durante 2015. ¿Sabrás resolver nuestro enigma?

INSTRUCCIONES: Se trata de un triatlón en el que iremos cambiando de prueba. Sólo tienes que seleccionar, de todas, la opción que creas que es correcta en la segunda prueba mientras que en la primera y la tercera debes escribir tu propia respuesta en el cuadro en blanco. Cada vez que termines de responder a una prueba, haz clic sobre Enviar para registrar tu respuesta. Estas son totalmente anónimas, anímate a participar.

¡¡Allá vamos!!


Solución a la primera prueba: haz clic aquí

Esta actividad es muy útil para practicar nuestras salidas de campo, porque en muchas ocasiones las aves quedan parcialmente tapadas por la vegetación y otros elementos o simplemente pasan tan rápido que solo da tiempo a fijarse en una característica determinada desde la cual tendremos que identificar a la especie.

Pasemos a la siguiente prueba:


Solución a la segunda prueba: haz clic aquí

Conocer el hábitat de las aves, ayuda a su identificación o al menos a descartar ciertas especies. Por ejemplo, si hay una especie de gaviota que únicamente se ve en mar abierto, por mucho que se parezca a otra, la descartaremos si nos encontramos en el interior peninsular.

Por último vamos a ver la última prueba:


Solución a la tercera prueba: haz clic aquí

¿Fácil? ¿Difícil?

Sea como sea estoy seguro de que con lo que hemos aprendido y tus conocimientos propios vas a conseguir averiguar todas y cada una de las especies que se esconden de nuestras miradas.

Suerte y ánimo. Este próximo martes 26 de enero publicaré EN ESTA MISMA ENTRADA las soluciones, para los interesados. Tienes toda una semana para averiguarlo, pero seguro que no necesitas tanto tiempo. No seas tímido y cuelga tus soluciones en un comentario indicando por qué crees que se trata de esa especie, quizás no es tan fácil para otros y les guíe tu aportación.


lunes, 11 de enero de 2016

Adaptarse al invierno

   Durante esta época del año las aves atraviesan un momento complicado. Las temperaturas comienzan a bajar y las precipitaciones son más frecuentes, lo que pueden debilitar, sobre todo, a pequeños pajarillos. Sobrevivir a dichas condiciones térmicas depende de varios factores, normalmente estrategias de adaptación, que se han ido perfeccionando a lo largo de los años. ¿Sabemos diferenciar los hábitos adquiridos en invierno por determinadas aves?

Las duras condiciones invernales amenazan el bienestar de las aves durante esta época del año.

   Atendiendo únicamente al aspecto físico, casi todas las aves sufren un importante cambio de plumas antes de esta estación, una renovación completa del plumaje. Esta estrategia tiene como objetivo la supervivencia del ave durante el invierno proporcionándole eficacia en vuelo e impermeabilidad frente a las precipitaciones. Esta muda del plumaje se desencadena tras los cambios estacionales y demanda una elevada cantidad de proteínas, las cuales pueden ser repuestas durante el otoño, cuando el alimento es más abundante y las aves pueden aprovecharlo. El gorrión común, es una de esas aves que mudan todo su plumaje antes del invierno.

Gorrión común (Passer domesticus) pl. estiv
Macho de gorrión común (Passer domesticus) durante el mes de mayo.
Presenta un marcado babero negro en el pecho y unos colores oscuros.
Fotografía tomada en mayo, cuando muchas especies como esta han recuperado su plumaje estival.
Gorrión común (Passer domesticus) pl. inv
Macho de gorrión común (Passer domesticus) durante el mes de diciembre.
Tras la muda el babero de este macho desaparece casi por completo.
Además los colores de píleo y nuca no son tan intensos.
Fotografía tomada en diciembre, muchas aves ya han mudado sus plumas.

   La distribución de las especies también se ve modificada, de dos posibles maneras, o bien por movimientos migratorios (A) o por simples movimientos en altura (B).

A.- Movimientos migratorios: en este primer caso el desplazamiento es desde latitudes norteñas a sureñas (en el H.N.). Se trata de la famosa migración invernal de las aves. Consiste en largos viajes en los que salvan enormes distancias en busca de temperaturas más agradables. Es el caso del ánsar común que durante el invierno modifica su distribución noreuropea y visitan países más sureños (como Francia o España) llegando incluso al norte de África. Los inviernos en estas últimas zonas son más agradables que los de su área de cría donde se pueden alcanzar temperaturas extremas.

Distribución del ánsar común (Anser anser).
Distribución del ánsar común (Anser anser).
Los colores más oscuros son el lugar de invernada (norte y centro de Europa)
Los colores claros son el lugar de invernada (sur de Europa y norte de África)
Ánsares comunes (Anser anser) durante la migración.
Ánsares comunes (Anser anser) durante la migración.
Fotografía tomada en enero, cuando los bandos de ánsares todavía llegan a la Península.

B.- Movimientos altitudinales: las distancias recorridas en este caso son mucho menores. Los realizan aves de alta y media montaña, zonas que pueden quedar cubiertas por la nieve, donde las condiciones son extremas y los recursos escasean. La estrategia es un descenso en altura a zonas más bajas donde, lo cierto es que se vive mejor. El ejemplo más claro es el de los acentores alpinos que realizan estos pequeños movimientos altitudinales para pasar el invierno por debajo de las zonas nevadas.

Acentor alpino (Prunella collaris) invierno
Acentor alpino (Prunella collaris) con las plumas levantadas a causa del fuerte viento.
Las condiciones en las cumbres son más duras, las evitan bajando en altitud.
Fotografía tomada en noviembre, cuando esta especie desciende y queda por debajo de las altas cumbres.

   Los hábitos y comportamientos de las aves también se ven alterados. Cambian sus costumbres solitarias por la compañía de varios individuos de su especie lo que les aporta una ventaja en varios sentidos. Al volverse más gregarios, forman dormideros y bandos invernales que tienen como propósito, la supervivencia a lo largo de esta estación tan dura donde los recursos escasean, de esta manera todos encuentran comida a la vez, detectar posibles amenazas es más fácil, se sienten más protegidos durante la noche, etc. Se trata de una estrategia que llevan a cabo muchas aves, entre ellas está el archibebe común que forma pequeños bandos en los meses que dura el invierno

Archibebe común (Tringa totanus) ejemplar solitario en la época estival.
Archibebe común (Tringa totanus) ejemplar solitario en la época estival.
Fotografía tomada en agosto, los archibebes se pueden encontrar buscando alimento por separado.
Archibebe común (Tringa totanus) bando invierno
Bando invernal de archibebe común (Tringa totanus).
Fotografía tomada en enero, los archibebes se pueden encontrar agrupados en pequeños bandos como este.

   Otras aves, sobre todo paseriformes, pueden agruparse y formar bandos excepcionalmente grandes de cientos de individuos, ofreciendo un espectáculo único. Las grajillas occidentales pueden llegar a formar bandos tremendamente grandes, de más de 300 aves. De esta forma la detección de los posibles depredadores y de las fuentes de alimento son más efectivas, más ojos equivale a más posibilidades.

Grajillas occidentales (Corvus monedula) cerca del dormidero invernal.
Grajillas occidentales (Corvus monedula) cerca del dormidero invernal.
En la imagen aparecen más de 100 aves agrupadas durante el invierno.
Fotografía tomada en noviembre cuando las aves ya se agrupan.
Bando invernal de grajillas occidentales (Corvus monedula).
Bando invernal de grajillas occidentales (Corvus monedula).
En la imagen más de 200 aves vuelan de forma sincronizada y agrupada.
Fotografía tomada en noviembre cuando esta especia ya se ha empezado a juntar en grandes bandos.

   Por último una de las estrategias más importantes y efectivas es la acumulación de grasas durante los meses previos al invierno, aprovechando los recursos que el otoño trae consigo. De esta forma se aíslan mejor del frío, ya que muchas aves apenas pesan 5 gramos, sin esta estrategia muchas perecerían. Además un gran número de efectivos, como ya hemos dicho, vienen después de haber recorrido grandes distancias (migración) por lo que necesitan recuperar energía antes de que los meses de invierno le pasen factura. En resumen, es una forma de prepararse para este mes tan duro, algo tan vital para las aves que les sacan buen provecho a los comederos que la gente prepara en sus jardines. Esta pequeña ayuda atrae a multitud de especies, entre ellas al herrerillo común, que se sirve a placer.

Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) en un comedero para aves.
Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) en un comedero para aves.

   Las reservas y las fuentes de recursos están disminuyendo, así como la densidad y abundancia de alimento. Si a esto le añadimos la cada vez más frecuente precipitación y las bajas temperaturas nos encontramos con que algunas especies tienen que hacer verdaderas maravillas para poder llegar hasta la primavera. Por lo tanto dependen de un correcto y oportuno despliegue estrategias como las mencionadas que les permiten sobrevivir a esta estación tan extrema.