Primera ruta del 2024 y nos estrenábamos en el bosque mediterráneo. Un paseo por las Dehesas de encinas de Brunete. A pesar del frío y del día gris que salió, pudimos disfrutar e un agradable paseo por el campo con tranquilidad y calma, ya que prácticamente estuvimos solos. Además pudimos disfrutar de casi una treintena de especies e incluso hicimos alguna identificación de huellas de mamíferos. En definitiva, ha sido una mañana estupenda en un rincón maravilloso.
La excursión se desarrolló en este precioso escenario
El segundo fin de semana tuvimos la suerte de guiar una excursión por Madrid en busca de rapaces y esteparias con SEO/BirdLife en compañía de Gonzalo Monedero. Con buenas observaciones (que no fotos) de al menos 12 rapaces distintas, entre las que se encontraba el gran águila imperial ibérica, y 4 de las grandes esteparias, avutarda, realizando la rueda, sisón, alcaraván y ganga ortega.
La semana pasada después de mucho tiempo sin pasarnos por el Parque Regional de la Cuenca Alta de Manzanares, decidimos acercarnos a pasar el día en el entorno de dos embalses únicos, Santillana y Pedrezuela. Para nuestra sorpresa y a pesar de las altas temperaturas de estos días, a primera hora de la mañana pasamos bastante frío.
La naturaleza en este entorno vive a otro ritmo. Mientras algunos árboles empiezan a amarillear sus trajes otoñales, otros dejan caer delicadamente sus hojas que, hace meses, daban otro aspecto al bosque. Los rosales, los majuelos, los saúcos y otras especies vegetales comienzan a adornarse de frutos rojos, anaranjados e incluso morados que atraerán a unos hambrientos viajeros venidos del viejo continente, las aves migratorias.
Nuestra primera parada, el Embalse de Pedrezuela, también llamado de Guadalix pues represa a dicho río o El Vellón, aunque se desconoce la procedencia de este último.
Puntos de observación de aves en el Embalse de Pedrezuela.
La carretera que lleva hasta él tiene un buen apartadero (1) donde poder dejar el coche para o bien caminar siguiendo el camino que bordea al embalse o bien plantar el trípode, sacar los prismáticos y comenzar a disfrutar de su belleza otoñal e invernal. Desde este punto son muchas las acuáticas que se pueden divisar. Por estas fechas se ve alguna cerceta común (Anas crecca) aunque llegarán muchas más, acompañando se puede ver focha común (Fulica atra), ánade azulón (Anas platyrhynchos) y ánade friso (Anas strepera).
Con suerte y si se mantiene el silencio, a pesar de la cercanía de la carretera, se puede escuchar el psit del petirrojo europeo (Erithacus rubecula), recién llegado del norte de Europa, el tsi-tsi-tsi de el herrerillo común (Cyanistes caeruleus), el carbonero común (Parus major) con su mítico chi chi-pan o el verderón común (Chloris chloris) con su difícilmente reconocible tit-it-it-it.
Carbonero común (Parus major) sobre una zarza frente al embalse.
El psit del petirrojo europeo (Erithacus rubecula) se escucha mejor ahora que han llegado muchos de Europa.
Verderón común (Chloris chloris) descansando a primera hora sobre una zarza.
Una vez hubimos explotado todo el tesoro que tenía que ofrecernos este pequeño rincón del embalse, partimos al siguiente punto de observación, la Ermita de Guadalix de la Sierra (2). Desde allí sale una pequeña pista de tierra (3) donde a un lado podemos continuar destapando la riqueza del embalse con bandos de gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus), alguna agachadiza común (Gallinago gallinago) picoteando la orilla o grupitos de somormujo lavanco (Podiceps cristatus). Al otro lado del camino el mosquitero común (Phylloscopus collybita), la curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala), el mirlo común (Turdus merula), algún zorzal común (Turdus philomelos) o la curruca capirotada (Sylvia atricapilla) puede salir a nuestro paso haciendo más agradable un camino que con la salida del sol comienza a hacernos sudar.
Tres agachadizas comunes (Gallinago gallinago) picotean en la orilla de embalse para aliementarse.
El inquieto mosquitero común (Phylloscopus collybita) captura insectos en los árboles que rodean al embalse.
Curruca capirotada (Sylvia atricapilla) entre escaramujos, el fruto del rosal silvestre.
El consejo: al final de la pista, antes de una valla que corta el paso, la anchura del río comienza a estrecharse, normalmente hay bandos de cormorán grande (Phalacrocorax carbo) pero si sigues un poco más y estás atento al pasillo de agua, tendrás la oportunidad de ver bien al martín pescador común (Alcedo atthis).
Puntos de observación de aves en el Embalse de Santillana.
Puntos de observación de aves en el Embalse de Santillana.
Después de ver hasta 40 especies diferentes en apenas unas horas, nos fuimos hasta el Embalse de Santillana, junto a Manzanares El Real. Aquí existen varios puntos de observación recomendados. En el Desacansadero del Espinarejo (1), donde se puede dejar el coche, existe un pequeño puente que atraviesa el río. Si el embalse está con agua, los cormoranes y las anátidas de Pedrezuela también se podrán observar en Santillana, la gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus) también, aunque ahora una compañera algo más grande se puede diferenciar entre la multitud, la gaviota sombría (Larus fuscus). Todos estos personajes te entenderán durante unos minutos. Si por el contrario el nivel del agua es relativamente bajo, comenzarán a aparecer extensas praderas, en ocasiones verdes, que suele aprovechar el ganado para pastar.
Gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus) con su plumaje invernal abunda en Santillana.
Gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus) y sombrías (Larus fuscus) las más grandes son las sombrías.
En dichas praderas y moviéndose ágilmente entre las fuertes patas del ganado se puede ver lavandera blanca (Motacilla alba), estorninos negro (Sturnus unicolor) y pinto (Sturnus vulgaris) e incluso bisbita alpino (Anthus spinoletta), todos ellos persiguen insistentemente a las vacas y los bueyes que van levantando según avanzan por el pasto, los insectos y otros invertebrados que se comen estas aves.
Lavandera blanca (Motacilla flava) suele caminar por el borde del embalse o junto al ganado.
Cuando pensamos que este puente no podía dar más de si, avanzamos por la pista que sale del parking (2), desde allí pudimos ver mejor la zona del embalse y el encinar que colinda con la orilla donde bandos de rabilargo ibérico (Cyanopica cooki) salen a lucir su azulado plumaje tras una ruidosa entrada en escena.
Rabilargo ibérico (Cyanopica cooki) con el color azul de las plumas de la cola y las alas.
El consejo: Para finalizar la jornada nos acercamos hasta el lado opuesto del embalse (3). Allí los bajos niveles de agua, dejan ver un pequeño camino asfaltado que suele ser el cazadero de cigüeña blanca (Ciconia ciconia), garza real (Ardea cinerea) y garceta común (Egretta garzetta).
Garza real (Ardea cinerea) en vuelo por encima del embalse de Santillana.
Te llevamos a observar aves a los espacios protegidos más importantes. Cualquier época del año es buena para ver a las dueñas del vuelo en sus hábitats naturales. Si te gustan las aves no dudes en apuntarte a cualquiera de nuestras salidas. No te los pierdas y echa un vistazo aquí: Blue Nature web
También te ofrecemos la posibilidad de prepararte una ruta a la carta.
Si quieres salir a ver aves, no lo dudes y visita la Comunidad de Madrid. Unas 240 especies de aves distintas encuentran los recursos necesarios a lo largo de todo el año en nuestra región gracias a que aproximadamente el 40% de su superficie se encuentra protegida por su gran diversidad de ecosistemas y hábitats. Algunas tan importantes y en peligro de extinción como el águila imperial ibérica, el buitre negro o el sisón.
Situado al nordeste de la Comunidad de Madrid, Patones es uno de lo municipios con un importante desarrollo del turismo rural. Quizás se deba al atractivo de sus paisajes y la singularidad de sus pueblos y sus habitantes. En general el entorno esconde un entrañable ambiente que invita a adentrarse en lo más profundo de sus pequeños bosques y montes.
Camino que recorre un importante bosque de galería de fresnos, chopos
En su extensión se encuentra la presa del Pontón de la oliva, cuyo entorno se preserva bastante bien a pesar de las obras y construcciones de las infraestructuras hidráulicas. Es fácil ver fresnedas, pinares algún que otro roble suelto y de vez en cuando alguna encina. Por supuesto las retamas y otra vegetación arbustiva como zarzas, jaras y tomillos ofrecen más alternativas para el desarrollo de las especies de aves.
Para visitarlo nos acercamos a uno de los aparcamientos que se encuentran en la subida de la carretera M-134, en dirección El Atazar. Desde ahí ya se acercan algunas aves a nuestra llegada, como la lavandera blanca que delata la presencia y cercanía del propio embalse; o el petirrojo europeo que si llegamos de madrugada puede deleitarnos con sus preciosos cantos matutinos. Con unos cuanto minutos más en el aparcamiento podemos llegar a ver algún que otro agateador europeo o incluso bandos ruidosos y numerosos de rabilargo ibérico. Existe la posibilidad, si vamos durante el invierno, de ver bandos nutridos de varios ejemplares de gorrión chillón, sin duda una sorpresa bastante agradable.
Lavandera blanca (Motacilla alba) muy asociada a lugares concierta presencia de agua.
Petirrojo europeo (Erithacus rubecula) a pleno pulmón. Su canto se encuentra entre uno de los más apreciados dentro de las aves ibéricas.
Tres rabilargos ibéricos (Cyanopica cookii) los colores azulados de esta especie la hacen inconfundible.
Entrañable imagen de un bando de gorriones chillones (Petronia petronia). Su llamativa ceja clara por encima del ojo permiten diferenciarlo del resto de los gorriones.
Una vez hayamos pasado unos minutos en el aparcamiento merece la pena acercarse un poco hasta el Embalse del Pontón de la Oliva para intentar divisar algunas especies propias de los roquedos que escoltan los lados de dicha construcción. Antes de la llegada al embalse, un camino de retamas y poco arbolado esconde mitos, carboneros comunes y pinzones vulgares. También es probable que varios bandos de gritonas chovas piquirrojas pasen sobrevolando nuestras cabezas y certificando nuestra aproximación a los cortados del embalse.
Mito común (Aegithalos caudatus) en grupos de varios individuos van saltando de rama en rama. Se ven muy graciosos, su cuerpo redondeado acaba en una larga y fina cola.
Carbonero común (Parus major) en los pocos arboles que hay hasta el embalse se pueden observar páridos como este.
Pinzón vulgar (Fringillia coelebs) cantarín frigílido que también adorna esta "entrada" al emablse.
Uno de los bandos de chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax) que se pueden ver por Patones.
El camino circula por uno de los laterales a una considerable altura, desde la cual podemos obtener una preciosa perspectiva de los aviones roqueros, observables en cualquier época del año, que vuelan seguros por encima de nuestras cabezas. Si avanzamos por este camino deberemos hacerlo con cautela, puesto que pasa muy cerca de la pared rocosa y podemos espantar a las grajillas occidentales o al esquivo roquero solitario. Si dedicamos unos segundos a mirar hacia abajo, tendremos la posibilidad de ver mirlo acuático jugueteando en el curso del río, alguna que otra curruca capirotada en busca de insectos. Puede ser que en nuestra estancia cerca del aparcamiento no hayamos sido capaces de dar con el gorrión chillón, pues este es el momento, a la citada especie le encanta situarse en la propia estructura del embalse a tomar baños de sol.
Avión roquero (Ptyonoprogne rupestris) en la zona de los cortados del embalse.
Pareja de grajilla occidental (Corvus monedula) en una de las grietas de los roquedos.
El roquero solitario (Monticola solitarius) es una especie propia de estos entornos tan rocosos.
Macho de curruca capirotada (Sylvia atricapilla)
Pareja de gorrión chillón (Petronia petronia). Les encanta situarse en la propia estructura a tomar el sol al amanecer.
Una vez nos hemos adentrado en embalse es hora de dar media vuelta en dirección al aparcamiento, para retomar la carretera M-134 que va hasta El Atazar. Pararemos justo en el kilómetro 2 donde empieza una ruta que discurre por la linde de un pinar. Ahí hay una pequeña explanada para dejar los coches y una barrera que no permite el paso a vehículos. Desde ahí sale la ruta que nos llevará al magnífico encuentro con una especie icono. Hasta llegar allí se recorren, por un lado un pinar que permite ver arrendajo euroasiático,zorzal común o escribanos montesinos; y jarales y retamares por el otro donde las cogujadas comunes se pueden asustar a nuestro paso. Durante la ruta no faltan los avistamientos de grandes rapaces como las dos grandes necrófagas de nuestra fauna, el buitre leonado y el buitre negro. Cicleando para coger altura, posado en los montes de alrededor, o simplemente de paso.
Cogujada común (Galerida cristata) a uno de los lados del camino.
Buitre negro (Aegypius monachus) en uno de sus campeos en busca de alimento.
Durante nuestro trayecto pasaremos por una casa abandonada, la antigua Casa de la Tejera donde un inquieto colirrojo tizón nos invita a pararnos en un entorno enzarzado, donde otras aves como petirrojos europeos, tarabillas europeas o currucas cabecinegras pueden ser avistadas entre majuelos, jaras y enebros. Según pasamos la Casa de la Tejera, el arbolado se abre paso y pinzones vulgares y herrerillos comunes se alimentan de los pequeños brotes de una fresneda que parece comerse el espacio dejado por el río.
Macho de tarabilla europea (Saxicola rubicola)
Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) según nos vamos acercando a la fresneda.
Una vez dentro no debemos perdernos ni un solo movimiento, en completo silencio, viendo cómo agateadores europeos y trepadores azules ocupan prácticamente cada fresno, cómo suben y bajan, se ponen del revés y trepan con tanta facilidad. Pero no hay que dejar que ni ellos ni los bandos de jilgueros lúganos nos distraigan durante mucho tiempo, porque es posible que demos con el más pequeño de nuestros pájaros carpinteros, el pico menor. Con aproximadamente 15 cm de longitud este diminuto carpintero del tamaño de un pinzón, se mueve con facilidad por la fresneda que va paralela al río. Sorprende además de verlo, oírlo, porque su pequeño tamaño no le impide golpear fuerte a la madera para sacar las larvas de las que se alimenta y es que en cuanto a fuerza no tiene nada que envidiar al resto de carpinteros. Está claro que para el pico menor el tamaño no importa.
Agateador europeo (Certhia brachydactyla) sin ningún problema asciende por el tronco de los árboles.
Trepador azul (Sitta europea) recurriendo a una de sus despensas en la grieta de este tronco.
Un nutrido bando de jilguero lúgano (Carduelis spinus). Este bando,con machos y hembras, se alimenta en invierno de las semillas de los fresnos.
La especie estrella, el pico menor (Dendrocopos minor). A parte de su tamaño, su píleo rojo y su dorso más manchado lo diferencian del resto de los picos.
Motivado el relato de un pajarero que confirmaba la invernada de este pequeño figílido en el Pardo, me decidí a buscarlo durante una mañana de la semana pasada. ¿Por qué ahora? Sencillo, este pariente del abundante pinzón vulgar, únicamente visita nuestro territorio durante el invierno. Su invernada se extiende por toda la Península pero de forma poco abundante a excepción de varios puntos en Galicia y Castilla y León. De ahí que intentar ir a buscarlo al Pardo sea una tarea complicada.
Hembra de pinzón real (Fringilla montifringilla). Imagen digital.
Esta es el aspecto físico de una hembra de pinzón real. Son ellas las que migran más al sur, los macho no lo hacen tanto, es por eso que es más probable ver a la hembra durante el invierno que al macho, aunque hay citas de machos jóvenes en el sur de la Comunidad de Madrid. Bueno, una vez conocéis un poco a la especie, vamos a recorrer juntos este viaje a ver si lo vemos.
Empecé recorriendo varios kilómetros en paralelo al río Manzanares por la zona de Mingorrubio, dentro del Pardo. El bosque de ribera, hábitat preferente de nuestro protagonista, decora todo el margen del río, como debería ser. Allí me voy fijando en cada una de las sombras que se mueven en grupo entre las ramas a ver si alguna es este visitante invernal.
Antes de entrar, varias grajillas occidentales revolotean por mi alrededor gritando y peleándose unas con otras. Bandos volando, otras por el suelo rebuscando algún alimento, ya que ahora en invierno este escasea, y otras tantas en los árboles descansando y arrancado la corteza de algunos árboles. Muy dinámica y gritona esta especie de córvido.
El ruidoso bando de grajillas occidentales (Corvus monedula) se concentra en árboles como este.
En invierno la especie pasa la noche en dormideros monoespecíficos donde se pueden llegar a untar cientos de aves.
Una pareja de grajillas occidentales (Corvus monedula) sacan provecho de la corteza de este árbol.
En invierno los recursos son muy limitados, sin embargo los córvidos son astutos en este aspecto.
Primer plano de una grajilla occidental (Corvus monedula).
Se aprecia su iris claro que contrasta con el negro de sus plumas.
Entre tanto y saliendo desde una zarza un pequeño pajarillo se presenta ante mi luciendo una hermosa pechera roja, se trata del atrevido petirrojo europeo. Pocas especies pasan solas el invierno y evitan juntarse con otros miembros de su especie, entre ellas se encuentra este solitario habitante del bosque de ribera.
Petirrojo europeo (Erithacus rubecula) pequeño pero llamativo.
Inconfundible con su pechera de color rojo anaranjado
Primer plano de petirrojo europeo (Erithacus rubecula)
Entre las ramas secas de los árboles se identifica muy bien gracias a su llamativa mancha.
Durante el resto de la jornada lo pude seguir viendo por el camino, saliendo de entre los arbustos o posándose en alguna ramita seca de los fresnos de la ribera, a veces con la ayuda de mis prismáticos y otras sin ellos gracias a la confianza que muestran, a veces se llegan a aproximar mucho hasta donde estaba.
Una especie que tampoco pasa desapercibida, es la paloma torcaz. A ella no le pasa como al petirrojo, no son sus colores o su confianza la que la hacen destacar, sino su abundancia. Enormes cantidades de esta paloma se extienden a lo largo de toda la ruta, la inmensa mayoría en bandos grandes, otras pequeños, algunas en solitario, y pocas en parejas. El collar blanco que presentan los adultos las diferencian del resto de miembros de la familia de las palomas (columbidae).
Bando de paloma torcaz (Columba palumbus) descansando sobre un fresno.
Normalmente se ve en pequeños bandos, pero en invierno estos son mucho mayores.
Otro bando de paloma torcaz (Columba palumbus) se alimenta en una zona degradada.
Su gran tamaño y su diagnóstico collar blanco las hacen inconfundibles.
Entre tanta especie habitual no podía faltar la urraca común que he conseguido percibir la elevada densidad que tiene en el ecosistema de encinas adehesadas del pardo. Es un fenómeno que ya me habían comentado en otros lugares de la península. Aquí se las escuchaba de lado a lado gritando y volando sigilosamente como si algo maligno estuvieran tramando. A pesar de ello son muy bonitas con sus colores blanco y negro, adornados con reflejos verdes azulados.
Urraca común (Pica pica) rebuscando alimento al pie de una encina.
Otras especies comunes pasaban a mi alrededor, o se les escuchaba en la cercanía. Aves cantoras tan reconocibles como el carbonero común con su "chip, chip, pan", el estornino negro y sus cantos de imitación o el mirlo común con su característico sonido aflautado. De este último se pueden ver machos y hembras volando por todos lados en el denso bosque de ribera que acompaña al Manzanares.
Macho de mirlo común (Turdus merula) llamativo pico naranja y oscuro plumaje negro.
Hembra de mirlo común (Turdus merula) menos llamativa, y más parda que negra.
Es precioso caminar con sus cantos a modo de banda sonora, hacen agradable este paseo aventurero en busca del pinzón real, no nos olvidemos de él, que hay que encontrarlo todavía. Queda mucho camino por delante y otra ave cantora delata su presencia con su más que reconocible canto, este es más melódico y que sigue una estrofa muy clara. Se trata del casi invisible y escurridizo cetia ruiseñor, que normalmente se esconde entre la vegetación para pasar visualmente desapercibido pero su canto le delata. Es por eso que a veces es complicado fotografiarlo, pero... ¡¡Aquí está!!
Cetia ruiseñor (Cettia cetti) sale de entre las ramitas de la orilla.
Esta especie está muy asociada a ecosistemas acuáticos y de ribera como este.
Justo al otro lado de donde se encuentra el cetia ruiseñor, un pequeño mosquitero común levanta constantemente el vuelo, va de rama en rama, saltando rápidamente, sin apenas deternse y haciendo casi imposible fotografiarlo quieto.
Mosquitero común (Phylloscopus collybita) entre las ramas y hojas secas de algunos arbustos.
Es una especie insectívora, por lo que cerca de las zonas húmedas encuentra mayor alimento.
Otro vecino de nuestro cantarín amigo por estos ecosistemas es el diminuto chochín común, que apenas llega a los 10 cm de longitud, Aunque esta no es la más pequeña de nuestras aves es muy entrañable ver al chochín revolotear entre las ramas y las zarzas. Se trata de un pajarillo pardo sin colores llamativos, pero si destaca su cola constantemente levantada, tal y como muestra la siguiente imagen.
Chochín común (Troglodytes troglodytes) junto a una zarza en la ribera.
La ceja clara destaca mucho en su plumaje pardo, es bastante forestal, sobre todo de zonas húmedas.
Lo cierto es que el escenario no puede ser mejor, las hojas de los árboles siguen cayéndose, un frescor húmedo envuelve el ambiente y cantidad de sonidos llaman mi atención, urracas gritando, bandos de grajillas pasando, el aleteo de las torcaces al despegar y entre tanto el tamborilear de un pico picapinos. Se trata de un macho, ya que presenta una mancha roja en la nuca, que va poco a poco comprobando las ramas sin hojas de los árboles, en busca de las larvas de algunos insectos.
Macho de pico picapinos (Dendrocopos major) en un escenario excepcional.
Esta imagen no he querido aumentarla para poder apreciar la belleza del momento.
Casi se me olvidaba contaros la cantidad de bandos de gaviotas que pasan en dirección sur en formación de migración. La mayoría de ellas serán gaviotas reidoras y sombrías. Ambas tienes una fuerte representación durante el invierno en la Comunidad de Madrid. La dirección de su viaje está relacionada con su destino, ellas pasan la noche en los embalses de la Sierra de Madrid, que para ellas son más seguros, mientras que al amanecer ponen rumbo a los vertederos del sur de Madrid, donde encuentran suficiente "alimento" como para pasar el invierno.
Siete gaviotas de un bando mayor vuelan hacia el sur tras el amanecer.
Durante toda la mañana se pueden seguir viendo formaciones en "V" de varios individuos.
Siguiendo por la ruta que puede que nos lleve hasta el pinzón real, el camino sigue paralelo al manzanares, aunque de vez en cuando una pequeña senda se vuelve perpendicular y baja hasta la orilla. Con mucho sigilo me acerco y planto el trípode para observar algunas especies que chapotean en el agua. Entre ellas hay un grupo reducido de varios machos y hembras de ánade azulón, aunque el verdadero alboroto lo causan los zampullines comunes y las gallinetas comunes, estos primeros porque salen "corriendo" por la superficie del agua mientras mueven sus cortas y modificadas patitas, mientras que las gallinetas lo hacen con sus reclamos esporádicos y característicos .
Dos machos y una hembra de ánade azulón (Anas platyrhynchos) en el Manzanares.
Se trata de una especie muy extendida.
Zampullín común (Tachybaptus ruficollis) nada con tranquilidad por el Manzanares.
El zampullín muda sus plumas en invierno, pero hay ejemplares que mantienen su plumaje reproductor.
Ya creo que hemos encontrado al pinzón real, pues de entre los árboles veo como se remueven un pequeño grupo de pajarillos, pueden ser pinzones vulgares, una especie con la que se suele juntar su primo real. Saco mis prismáticos y recorro todo el árbol en busca de algún pinzón intruso dentro de este pequeño grupo. Pero no hay ninguno, todo son pinzones vulgares, machos y hembras. Habrá que seguir caminando a ver si la perseverancia hace su efecto.
Macho de pinzón vulgar (Fringillia coelebs) con sus colores más llamativos.
Las hembras son de un color pardo claro, más similares al pinzón real.
Siguiendo con la visita al Pardo, me encuentro con un atrevido carbonero garrapinos que no duda en acercarse más de lo necesario para picotear las semillas de los fresnos. Un revoloteo para allá y se pone bocabajo para acceder a dicho alimento. En ocasiones parece un pequeño trapecista moviéndose de un lado para otro sin miedo alguno. Aunque es más frecuente verlo en bosques de coníferas, parece encajar perfectamente en este paraje.
Carbonero garrapinos (Periparus ater) colgado del revés para acceder a las semillas del fresno.
Esta otoñal estampa es muy típica de los bosques, donde abundan los frutos que le gustan al garrapinos.
Justo por detrás de garrapinos, el agateador europeo entra en escena. Parece una bola redonda subiendo por el tronco de los árboles. Sube rápido y de vez en cuando se para a buscar entre los huecos que quedan en la corteza de los árboles. Él también se alimenta de los invertebrados de los árboles.
Agateador europeo (Certhia brachydactyla) buen escalador, la disposición de sus patas se lo permite.
Además cuenta con la ayuda de su cola, la cual le sirve de apoyo mientras sube o baja.
¡¡Ahora sí!! Tiene que ser ahora, justo entre esos matorrales donde he visto moverse a un grupillo de pájaros, tienen que ser pinzones vulgares con alguno real. ¡¡Ah!! Pues no, pero mi sorpresa es bastante grata cuando descubro que realmente se trata de gorriones molineros alimentándose entre los arbustos. Un gran bando invernal bastante nutrido pero muy tímido que poco a poco se va alejando, por suerte pude realizar algunas fotos y sobre todo un pequeño vídeo de escasos segundos.
Tres gorriones molineros (Passer montanus) se alimentan en a la vera del camino.
Destaca de esta especie la marcada mancha oscura de la mejilla sobre el fondo blanco.
Se me estaba complicando encontrar al dichoso pinzón real. Está claro que su invernada, excepto en el norte de la Península, es débil y creo que estaba comprobándolo con mis propia experiencia. Para aumentar mis posibilidades decido cambiar de margen del río y me dirijo hasta un puente para cruzar. ¿Qué hay de diferente entre un lado y el otro? Donde me encontraba abundaba la vegetación de ribera y el resto estaba bastante humanizado, sin embargo el otro lado, el bosque de galería lindaba con las dehesas de encinas, un cambio que puede tener o no sus consecuencias. Veremos que ocurre.
Para empezar empezaron a aparecer varias especies que no me había encontrado en el otro lado, como escribanos trigueros, algún pequeño bando de alondras comunes alimentándose en el pastizal adehesado, un fugaz alcaudón real al que conseguí pillar a duras penas o incluso unos juguetones mitos, saltando y piando de lado a lado sin darme un segundo para poder fotografiarlos. Lo cierto es que parecía que la otra orilla me deparaba nuevas sorpresas, no había tomado una mala decisión.
Alcaudón real (Lanius meridionalis) foto meramente testimonial.
Una pena no haberle pillado bien.
Al que si le pille pero bien es al zorzal común, una especie muy común de estos parajes semi-forestales y medio abiertos, como el alcaudón común. Ambos no tienen nada que ver, ya que el zorzal está emparentado con los mirlos. Su pecho moteado es característico y lo luce durante todo el año, gracias a él podéis identificarlo con una simple pasada de prismáticos. Lo complicado es toparse con ellos pues son bastante misteriosos y huidizos.
Zorzal común (Turdus philomelos) con su precioso pecho moteado.
Las bayas que el bosque ofrece en otoño e invierno son un manjar para este gran pájaro.
El camino continua paralelo al río Manzanares, entre la valla que limita el monte del pardo (privado) y el bosque de ribera que alberga a toda esta fauna alada que estamos viendo. Sin embargo, no todos son bienvenidos. La cercanía a un núcleo de población ha provocado el auge de la cotorra argentina, paseándose ruidosamente por el pardo. Esta especie exótica e invasora está empezando a ser un problema en muchas ciudades de nuestro país. (Si quieres saber más sobre esta problemática haz clic aquí)
Cotorra argentina (Myiopsitta monanchus) apoyada sobre la valla del Pardo.
Esta especie se ha extendido bastante en las últimas décadas.
Y estaba tan distraído con la cotorra que no me di casi ni cuenta de que llevaban un rato varios pinzones vulgares jugueteando por unos árboles que se encontraban un poco más lejos. Me fijo mejor y veo que entre ellos hay uno más clarito. Cojo mis prismáticos y.... Vaya es una hembra de pinzón vulgar, se confunden un poco porque ambos son mas claros que el macho de pinzón vulgar, pero... Resulta que sí, esta vez si que sí aparece un pinzón real y se posa en la rama en la que hacía unos segundos había estado la hembra de vulgar. ¡¡Qué suerte!!
Hembra de pinzón real (Fringillia montifingillia) pecho amarillento y alas oscuras.
Como hemos explicado antes, son las hembras las que más al sur migran y esta se encontraba entre varios pinzones vulgares, tanto machos como hembras. Un bando muy mixto.
Entre tanto puedo disfrutar unos minutos más de este visitante invernal hasta que en su pequeño bando se van alejando. Unos segundos de confort y en seguida aparecen un grande de nuestra fauna, el buitre negro. Sus potentes alas se dejan ver desde abajo, esta vez va acompañado de otro buitre, también negro, me gustaría saber a donde van, pero el misterio me hace admirar mucho más esta especie. Juzgad vosotros mismos.
Buitre negro (Aegypius monachus) en un planeo de reconocimiento.
Lo cierto es que las rapaces también tienen otro representante de los encinares adehesados. El busardo ratonero no tarda en dejarse ver posado, como no, en un poste que usa a modo de atalaya desde donde puede abalanzarse en cuanto detecte a una presa. Normalmente estas son pequeños mamíferos y en ocasiones aves.
Busardo ratonero (Buteo buteo) posado en un poste con un ala abierta.
También se le puede ver cerca de las carreteras, posado en postes telefónicos.
Lo cierto es que este ecosistema alberga sorpresas de todos los tamaños y colores, por eso tras ver como el busardo desaparece entre las centenarias encinas continuo mi camino hasta encontrarme con el pequeño pero colorido herrerillo común. Es otra especie que está sacando partido de las semillas de los fresnos y es que ahora en invierno hay que intentar engordar, ponerse fondón y aumentar la grasa corporal para poder sobrevivir durante esta estación tan hostil.
Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) aprovechándose de las semillas de los fresnos.
Mi camino ya es de vuelta y solo me queda disfrutar una vez más de este lugar, que además de otoñal, también es agradable y relajante. Os recomiendo dar un paseo por el entorno, donde podréis incluso ver a otro córvido, el rabilargo ibérico, una de mis aves favoritas, principalmente por sus colores, que aunque no son muy llamativos si que me parece una combinación excelente.
Pareja de rabilargos ibéricos (Cyanopica cookii), auqque suelen ir en grupos.
Aunque en la imagen no se aprecie, en las alas y la cola presenta unos colores azules.
Finalmente encontramos al pinzón real, aunque un poco ajustados pero conseguimos dar con él en el Pardo, en la zona de Mingorrubio. Os invito a que si nunca habéis visto a esta especie del norte de Europa os acerquéis al pardo que está a media hora de Madrid y que disfrutéis de sus encantos y ya de paso intentéis buscar vosotros vuestro pinzón real. Espero que os hayan gustado fotografías, vídeos y anécdotas.