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miércoles, 7 de febrero de 2024

Bosques de Braojos

¡Hola de nuevo!

Esta semana hemos hecho una escapada el miércoles a los bosques de la Sierra Norte, concretamente a los de Braojos que estaban tranquilos y sin gente. Queríamos ver el final del invierno y vaya que si lo vimos, aves cantando a pleno pulmón, cortejándose, peleándose y bosques con yemas y brotes avanzados. El lugar estaba espectacular, las vacas, las ovejas y la luz le daban un aspecto mágico a este rincón tan especial. Fue una salida fantástica.

Macho de escribano soteño (Emberica cirlus)

martes, 9 de enero de 2018

La vida en la dehesa

¡¡Hola de nuevo!!

En esta ocasión os muestro algunas de las aves que vimos en una excursión por las dehesas de Sevilla la Nueva un municipio situado al oeste madrileño y adornado con estupendos paisajes adehesados.

A pesar de que disfrutamos muchísimo mostrando e identificando las especies más representativas de las dehesas, podríamos haber visto muchas más de no ser por la madrugadora niebla que impidió la observación durante las primeras horas de la mañana. Para aquellos de nosotros que nos gusta ver el amanecer en la naturaleza y ver a las aves cantando con los primeros rayos de luz, fue una pena encontrarse con una niebla tan espesa.

Las dehesas normalmente están llenas de vida, las especies que se muestran a continuación solo representan una pequeña parte de las muchas que se pueden llegar a ver entre las jaras, los pinos, los fresnos y las encinas del monte adehesado.

Aspecto de la dehesa de Sevilla la Nueva. Horas después de la espesa niebla que acompaño al amanecer, pudimos ver al completo este paisaje único.
Aspecto de la dehesa de Sevilla la Nueva.
Horas después de la espesa niebla que acompaño al amanecer, pudimos ver al completo este paisaje único.

martes, 29 de noviembre de 2016

El Bebedero del Pardo

A apenas 30 minutos de la capital, se extiende el bosque mediterráneo más importante de toda la Comunidad de Madrid y uno de los que presenta mejor estado de conservación en cuanto a su flora y su fauna. Se trata también de uno de los mejores lugares a los que ir a ver la berrea de los ciervos y la ronca de los gamos dada la abundancia de ambos mamíferos. También es hogar de otros muchos animales como jabalís, conejos, zorros o la imponente y elegante águila imperial ibérica.

Sin embargo, nuestros protagonistas de hoy son de talla más pequeña y colores más vistosos. Se trata de las aves forestales que viven entre encinas y matorrales de este bosque adehesado. La variedad y riqueza de este lugar atrae a muchas especies de aves, como la curruca carrasqueña, el rabilargo ibérico, los mirlos, lavanderas o los petirrojos. Todas estas aves de diferentes preferencias coinciden en un mismo punto de este espacio natural tan extenso. Se trata de un pequeño aporte de agua que encharca el terreno, haciendo más accesible el agua a los habitantes del bosque y que se ha convertido en el bebedero del Pardo.


Cuando uno se va acercando, ya puede ir escuchando el jolgorio y los cantos de tan alegres aves, que tras revolotear, acaban disfrutando de este tranquilo rincón. 

Los más abundantes son los herrerillos, que llegan de todas partes a beber agua y bañarse. Sus hermosos colores amarillos y azul resaltan y se reflejan en el agua, haciendo de este momento un recuerdo único y precioso que por supuesto queda fotografiado.

Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) acercándose a beber.
Los reflejos en el agua son tan bonitos como el plumaje de esta especie.
Herrerillos comunes (Cyanistes caeruleus) acercándose a beber.
A pesar de que son especies solitarias, se pueden ver varios ejemplares juntos en este bebedero.

Los siguientes en llegar son los bandos de jilgueros, que son más tolerantes y crean bandos de varios ejemplares. Esto les sirve mucho como supervivencia comunal, es decir, si uno de ellos encuentra una fuente de agua y por defecto todos acaban saciandor su sed en ella. De esta forma, en este el bebedero del Pardo, llegan muchos jilgueros a bañarse y beber. Muchos son adultos y ya presentan los colores llamativos típicos de esta especie, mientras los pollos del año carecen de las plumas rojas que aprecen en la cara de los adultos.

Juvenil (izda.) y adulto (drcha.) de jilguero común (Carduelis carduelis) bebiendo en el Pardo.
Carboneros comunes y papamoscas cerrojillos son las otras dos especies que siguen llegando desde todos los rincones del Pardo. Aquí se juntan hasta seis o siete especies diferentes con un mismo fin, beber y bañarse.

Carbonero común (Parus major) se acerca sigilosamente a beber.
Son desconfiados y tratan de pasar el menor tiempo posible  en el bebedero.
Papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca) cerca del bebedero.
Esta especie es más habitual durante el otoño y el final del verano.

Entre tanto, se acerca pasando desapercibido, un reyezuelo listado.  Su pequeño tamaño hace que el resto de especies no se percaten de su presencia hasta que está cerca. En ese momento el tamaño marca la diferencia y el pobre y chiquitín reyezuelo se aparta un poco a una esquina del bebedero y se pega un buen baño. Menudas pintas tiene después del lavado, parece que haya salido de la centrifugadora.

Reyezuelo listado (Regulus ignicapilla) se acerca tímidamente intentando pasar desapercibido.
Su tamaño, de apenas 9 cm le convierte en uno de los pájaros más pequeños de nuestra fauna.
Reyezuelo listado (Regulus ignicapilla) tras el baño parece una bola de algodón mojada.
Las aves necesitan agua para beber y bañarse. Este recurso de vida es particularmente importante durante dos épocas del año; en invierno, cuando muchos de los aportes cotidianos se han congelado y las aves no pueden acceder a ellos; y en verano, cuando las cálidas temperaturas y la sequía hacen difícil la tarea de buscar agua. Pero para entenderlo mejor, puedes ver este pequeño vídeo que muestra la diversidad del Monte del Pardo, su riqueza y la importancia del agua para las aves.

Música: Daniel Daguerre Narración: Jesús Palop

Como habrás comprobado en el documental, los trepadores azules, especies acostumbradas a estar subiendo y bajando por los troncos, se acercan esta vez hasta el bebedero para lavarse las plumas y por lo tanto protegerse mejor frente al frío. Es sorprendente también ver a otra de las especies, que en ocasiones ha compartido tronco con los trepadores. Hablamos del agateador europeo que se acerca también hasta el bebedero sin antes bajar trepando desde el tronco más cercano.

Trepador azul (Sitta euroepeae) en el suelo cerca del bebedero. 
Agateador europeo (Certhia brachydactyla) parece que con ese pico tan fino le cueste beber agua.
Es gracioso ver de vez en cuando esta especie tan trepadora y ágil por los suelos.

A medida que avanza la mañana, el número de aves que se ha acercado a beber hasta aquí supera las expectativas. El número de especies es cada vez mayor y todavía nos quedan muchas para que nos visiten. Una de ellas, de hermoso colorido pasa ahora por una de sus mudas y no puede mostrarnos sus amarillos, negros y pardo rojizos que decoran normalmente su plumaje. Nos referimos al escribano soteño, que sin el típico antifaz puede parecer hasta un triguero.

Escribano soteño (Emberiza cirlus) otra de las especies que depende de este manantial.

Cuando casi parece que todo se está acabando y que ya lo único que va a venir a beber son herrerillos, aparece un grupo de pajarillos que suena familiar. De cola larga y muy redondos, el bando de mito se mueve ágil entre las ramas antes de ir a parar a nuestro concurrido bebedero. Pero antes, mucho antes incluso de que lleguen a posarse en el agua, un macho de pinzón se les ha adelantado y ya casi ha logrado saciar su sed.

Macho de pinzón vulgar (Fringilla coelebs) entre las especies que bajan a beber.
Los machos presentan estos colores, mientras las hembras son algo más apagadas.
Mito común (Aegithalos caudatus) en este caso anillado.
Su larga cola y su rechoncho y pequeño cuerpo le dan un aspecto muy adorable.

Finalmente y ya casi cuando me estoy yendo, aparecen tres nuevas especies que no habían llegado antes. Las tres presentan colores amarillos, vaya coincidencia. Se trata del serín verdecillo y los mosquiteros común y musical, a este último parece que el bebedero le ha venido muy bien, así podrá reponer fuerzas antes de continuar con su migración.

Serín verdecillo (Serinus serinus) con sus llamativos amarillos cerca de la orilla.
Mosquitero común (Phylloscopus collybita) dejando reflejar su ceja amarilla sobre el agua.
Mosquitero muscial (Phylloscupus trochilus) reponiendo fuerzas antes de continuar su largo viaje.

Como bien muestra el documental, la dependencia de las aves sobre este y otros muchos manantiales, fuentes y abrevaderos puede poner en riesgo su supervivencia durante el próximo invierno. El acceso a agua para estas aves de apenas unos gramos puede marcar la diferencia. Por eso, además de colocar comederos en tu jardín para ayudar a las aves durante el invierno, incluye también algún aporte de agua, seguro que ellas te lo agradecerán.







martes, 20 de septiembre de 2016

Cantos y colores de La Pedriza

Dentro del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares y al sur del arroyo de la Dehesilla, se encuentra una de las tres partes, geológica y paisajísticamente diferentes, de la famosa Pedriza, La Pedriza Anterior. Aunque su relieve no supere los 1750 metros, en su extensión alberga una biodiversidad que sorprende al visitante, que no deja de toparse con una flora y una fauna únicas en esta zona tan cercana a varios núcleos urbanos.


Entre bosque mediterráneo y vegetación propia de las regiones de montaña, los ecosistemas forestales y matorralizados abundan en las laderas, mientras que las praderas y pastizales se abren junto con las pequeñas llanuras que quedan a la vera del camino. Un escenario magnífico para el desarrollo de la vida en La Pedriza y unas vistas espectaculares.

Paisaje de La Pedriza
Una de las vistas que se puede obtener durante el paseo

En una visita primaveral, hace ya unos meses, visité esta parte de dicho macizo, y caminando por la ladera que vierte sus aguas al Embalse de Santillana, se puede identificar bastantes aves, las cuales presentan en primavera tan coloridos plumajes y lo más importante, tan variadas melodías y cantos. Y es que durante los meses que dura esta estación y casi hasta el final del verano, las aves se vuelven más cantoras que nunca. Todo un repertorio que además de ser una maravilla, se convierte en un recurso más para identificar aves.

Pinzón vulgar (Fringilla coelebs)
Macho de pinzón vulgar (Fringilla coelebs).
A los pinzones les encantan, entre otras, las semillas de fresnos como este.

Este fringílido de manchas blancas y colores rojizos, se alimenta de frutos y semillas, pero cuando no está atareado tratando de llenar su estómago, se pone en una ramita medianamente escondida y pone a prueba toda su capacidad pulmonar. Sus dos o tres trinos de forma ascendente, acaban en un floreo "chuuu-ii-o".

La tradición ganadera, en su mayoría bovina, en esta parte del norte de Madrid, provocó en su día el levantamiento de una red de muros de piedra natural, que son hoy sustrato para una variedad de especies vegetales. Entre estas, se encuentra la zarzamora, que crece en el borde y base de algunas partes de estos muros. Si paseamos mirando y atendiendo a esta espinosa planta, podemos dar con un ave de apenas unos 10 gramos que se mueve cómodamente entre sus tallos y espinas, la "bigotuda" curruca carrasqueña. 

Curruca carrasqueña (Sylvia cantillans)
Macho de curruca carrasqueña (Sylvia cantillans).
Pequeñas y esquivas, las currucas se mueven sigilosamente entre la vegetación.

Este macho concretamente anduvo haciendo ruido entre la vegetación, hasta que, tras esperar pacientemente, salió y se posó en esta ramita seca para dejar ver su bigotera blanca, su barbilla anaranjada y su llamativo anillo ocular de un rojo vivo. Sin duda una mezcla de colores perfecta.

Dejando de lado los colores y volviendo a los cantos, una especie que brilla por su fácil identificación mediante su trino es la alondra totovía. Más pequeña que su prima campestre, este alaúdido de bosques abiertos realiza un "tliu-tliu" afalutado y descendente que puede escucharse desde lejos y que difícilmente se puede confundir.

Alondra totovía (Lullula arborea)
Alondra totovía (Lullula arborea) adulto con ceba.
Como su nombre científico indica, es una especie más forestal.
Alondra totovía (Lullula arborea)
Alondra totovía (Lullula arborea) adulto en un cable.
En las zonas en las que abundan, es más fácil verlas colgadas de los cables.

Cuando su pico no está lleno de invertebrados con los que dará de desayunar a sus pollos, se la puede oír desde posaderos como este en las zonas donde hay postes eléctricos o desde rocas en bordes de bosque o zonas más abiertas. De aspecto similar al del resto de aláudidos, se diferencia por la banda blanquecina que hay encima del ojo.

Herrerillo común (Cyanistes caeruleus)
Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) adulto.
A lo largo del recorrido las encinas esconden aves tan bonitas como esta.
Más sobre esta especie haciendo click aquí.

El herrerillo, algo más común que las últimas aves, presenta un traje amarillo con sombrero y capa de color azul. Esta pequeña ave acompaña al relicto bosque de encinas que crece desesperadamente en el rocoso suelo de La Pedriza. En este tipo de árboles, el herrerillo encuentra las orugas necesarias para su alimentación.

A medida que se va avanzando y que nos separamos más y más de las zonas más humanizadas, empezamos a alcanzar la Pedriza más salvaje, los territorios de las grandes rapaces, por lo que conviene no dejar de mirar el cielo en busca de aves como busardos ratoneros, buitres negros y leonados, águilas calzadas, culebreras o milanos.

Águila calzada (Aquila pennata)
Águila calzada (Aquila pennata) adulto morfo claro.
Fijarse en las plumas negras y la cabeza de color castaño.
Buitre leonado (Gyps fulvus)
Buitre leonado (Gyps fulvus) adulto.
Carroñero por excelencia, surca los cielos con su enorme envergadura.
Buitre negro (Aegypius monachus)
Buitre negro (Aegypius monachus) adulto.
En el norte de Madrid y desde la Pedriza, se pueden ver ejemplares de esta emblemática rapaz.
Busardo ratonero (Buteo buteo)
Busardo ratonero (Buteo buteo) adulto.
Más barrado que las anteriores, se posa frecuentemente en los tendidos eléctricos.
Culebrera europea (Circaetus gallicus)
Culebrera europea (Circaetus gallicus) adulto.
Estrictamente cazadora de ofidios (serpientes) su color claro y su cabeza marrón la delatan.
Milano negro (Milvus migrans)
Milano negro (Milvus migrans) adulto.
Domadora del viento, esta rapaz abandona nuestros cielos todos los años a finales del verano.

Las características de la zona no son las adecuadas para poder albergar nidos o colonias de todas estas especies, sin embargo, la infinidad de claros que se abren en el bosque y la sucesión de pastizales dedicados al ganado, son el área de campeo perfecta para tan suculenta selección de rapaces. Allí encuentran todos y cada uno de los recursos alimenticios que necesitan y se convierten en uno de los principales atractivos de este macizo rocoso.

Estas zonas abiertas, se abren paso acompañadas en todo momento por un borde forestal, por lo que se vuelven a escuchar los cantos y trinos mientras se divisan desde lejos las plumas de colores. En este caso se trata del verdecillo, de sonido característico y de color más amarillo que verde, que no falta en cualquier itinerario de campo durante los meses de primavera y verano.

Serín verdecillo (Serinus serinus)
Macho de serín verdecillo (Serinus serinus) adulto.
Sus cantos ponen banda sonora al paisaje y ecosistema de la Pedriza.
Mosquitero papialbo (Phylloscupos bonelli)
Mosquitero papialbo (Phylloscopus bonelli) adulto.
De vientre más pálido que los otros mosquiteros y mucho menos amarillento.

Algo menos colorido pero igual de cantrín que el serín verdecillo, se puede escuchar o llegar a ver al mosquitero papialbo, exclusivo de este momento del año. Su famoso reclamo disilábico: "chu-ii" se escucha en parte del valle y resuena entre los robles por los que principalmente se le puede encontrar.

Saliendo una vez más del frondoso bosque hacia zonas más abiertas o incluso más matorralizadas, encontramos sabinas, enebros y jaras, que adornan un paseo ya de por sí agradable. Entre las aves que se pueden ver en este escenario se encuentran las currucas, que se mueven con comodidad entre la vegetación. Sin embargo, hay un par de aves que necesitan ser más visibles y es que no quieren que las hembras de su especie se pierdan sus irresistibles colores y sus atractivos cantos.

Escribano soteño (Emberiza cirlus)
Macho de escribano soteño (Emberiza cirlus) adulto cantando.
Su canto breve y monótono recuerda al del mosquitero papialbo, pero más largo.
Zarcero políglota (Hipolais polyglotta)
Zarcero políglota (Hippolaris poliglotta) adulto cantando.
Desde lo lato de una rama entona un reclamo de tipo gorrión: "trr, che-che"

Estos son el escribano soteño y el zarcero políglota, dos pequeños puntos amarillos que pueden verse desde lejos, cantando en lo alto de un árbol, bien visibles. El escribano reside aquí todo el año, pero el zarcero acaba de llegar de un largo viaje desde el continente africano y no puede perder un segundo y se pone a cantar

La que también ha llegado de África y ya se encuentra como en casa es la golondrina dáurica, que vuela junto a aviones comunes y golondrinas comunes de forma vertiginosa a ras del suelo, capturando los invertebrados que abundan en las zonas más abiertas.

Golondrina dáurica (Cecropis dáurica)
Golondrina dáurica (Cecropis daurica) adulto con la Pedriza de fondo.
El evidente obispillo blanco y su cola de golondrina son inconfundibles características de la especie.

Vuelos en círculo o picados de infarto, estas son el tipo de acrobacias que realizan para dejar embobado a cualquiera durante un largo periodo de tiempo. A su lado y casi a la misma velocidad, vuela otro grupo de aves que se distinguen claramente de las golondrinas, los vencejos.

Vencejo común (Apus apus)
Vencejo común (Apus apus) adulto sobrevolando pastizales.
Surcando los cielos a gran velocidad va atrapando a sus diminutas presas.

A modo de boomerang, vuelan de un lado a otro capturando insectos voladores, hasta generar una bola de invertebrados que guardan en su boca y que utilizarán posteriormente en su nido para alimentar a su prole.

Justo debajo de tanto movimiento, se extiende el pastizal, y en él un pequeño grupo de aves comunes se alimenta sin parar un segundo. Urracas, lavanderas, estorninos, cigüeñas, gorriones, mirlos y otras muchas especies más, avanzan caminando o a saltitos, a la vez que van recopilando semillas e invertebrados, una tarea necesaria, pues su éxito marcará la diferencia en la supervivencia de sus crías.

Cigüeña blanca (Ciconia ciconia)
Cigüeña blanca (Ciconia ciconia) adulto marcado con la anilla de PVC: "ANEN".
Es típico ver bandos en los campos que acompañan al camino.
Estornino negro (Sturnus unicolor)
Estornino negro (Sturnus unicolor) adulto.
Lo cierto es que sus colores no son los más llamativos, pero lo compensa con su canto.
Lavandera blanca (Motacilla alba)
Lavandera blanca (Motacilla alba) adulto con ceba.
Frecuente en zonas húmedas mientras se alimenta en áreas abiertas.
Milro común (Turdus merula)
Macho de mirlo (Turdus merula) adulto.
Aunque llueva, las plumas no se mojan gracias a aceites que extienden por todo su cuerpo.




Pincha en la imagen para ver la lista
completa de las 45 especies observadas
en la Pedriza:

martes, 29 de marzo de 2016

La diversidad de la Costa da Morte II

Después de un largo parón y tras habernos dado un respiro esta Semana Santa, retomamos la actividad pajarera. Hace ya dos semanas que en "La diversidad de la Costa da Morte I" conocimos a los habitantes de un par de lugares; la Playa de Baldaio y las Islas Sisargas, estas últimas desde el cabo de San Adrián. Sigamos entonces desde donde lo dejamos para conocer más puntos de interés de esta costa gallega tan famosa por sus naufragios y su biodiversidad.


Ensenada de A Insua

Se trata del río Anllóns, que al fondo de una pequeña pero ancha ría forma este estuario conocido como ensenada. Su recorrido es bastante completo y la ruta, que sale desde Ponteceso (punto nº4) y acaba en la ensenada (punto nº3), está indicada y es bastante clara. Además transcurre junto a la orilla del estuario, dejando ver siempre la zona inundada, de tal forma que no perdemos la oportunidad de avistar a las especies que se mueven por estas aguas. También cabe la posibilidad de situarse en los puntos nº 5 y 6 desde los cuales se puede observar la orilla opuesta de la ensenada.


Situación de la Ensenada de A Insua y los puntos de observación.
Cormorán grande (Phalacrocorax carbo) secándose el plumaje en el río Anllóns.
Este pescador experimentado descansa cuando hay mal tiempo en el mar.
Garza real (Ardea cinerea) encima de un poste en el río Anllóns.
La vegetación palustre que vemos al fondo es en ocasiones su lugar de caza.
Ahora descansa de cara al fuerte viento aprovechando su aerodinámica.

A pesar de que a nosotros nos salió mal día y no pudimos contemplar este lugar en su máximo, nos entretuvimos durante horas en busca del esquivo rascón europeo, que anda entre la vegetación y que con la bajamar se puede ver fácilmente. Aunque no conseguimos un contacto visual claro si pudimos oír de cerca sus fuertes y rápidos chillidos muy característicos. También nos entretuvimos con otras aves de los humedales como garzas reales, cormoranes y dos especies de gaviota, patiamarilla y reidora. La densidad de pajarillos también es elevada, sobre todo la de carbonero común y garrapinos, herrerillo común, reyezuelo listado, petirrojo europeo o tarabilla europea.



Petirrojo europeo (Erithacus rubecula) debajo de uno de los trays, refugiándose tras la lluvia.
Su pechera anaranjada, solo visible en los adultos, nos delató su presencia.
En otras ocasiones es su apreciado canto el que ayuda a 
Tarabilla europea (Saxicola rubicola) mojada tras la lluvia, descansa sobre una rama seca.
En esta especie macho y hembra se diferencian bastante, pero puede haber confusiones.
En este caso se trata de un macho, lo sabemos por esa cabeza tan oscura.

Si seguimos más y más adelante encontraremos un observatorio que en momentos de bajamar nos acerca bastante a las limícolas, a los chorlitos grises, los zarapitos y los correlimos comunes que tanto abundan en este lugar. Desde este observatorio se pueden ver también más cormoranes descansando en las orillas, alguna que otra gaviota reidora y las garcetas comunes en busca de alimento.


Garceta común (Egretta garzetta) esperando el momento oportuno para lanzar rápidamente su pico contra la presa.
Estas ardeidas utilizan, como el resto de sus parientes, esta técnica de caza que depende de su cuello su pico y su paciencia.


Laguna Traba

Algo más apartada que la anterior, se trata de un pequeño humedal costero separado del mar por una barrera de arena (punto nº 7). Se accede en dirección a la población de Módromo y Traba, y una vez se llega, los campos de cultivo y el ganado extensivo rodean esta laguna, generando una imagen agradable que transmite bastante tranquilidad. El espacio está equipado con pasarelas, paneles informativos y observatorios de aves y no queda muy lejos de la ensenada de A Insua, por lo que se puede ir directamente desde allí.


Situación del acceso a la Laguna Traba.

El carrizo y otra vegetación palustre ocupan las orillas de la laguna y parte del recorrido de la pasarela. Este sistema es muy atractivo para muchas especies que les gusta esconderse y anidar entre el carrizo, como por ejemplo el aguilucho lagunero occidental. Macho y hembra pasean por encima del humedal, de aquí para allá, queriendo indicarnos que ese es su territorio. De vez en cuando también pasa el martín pescador como una estrella fugaz, desde su posadero cerca del río que alimenta el río. Su azul metalizado parece un destello en tan seco carrizal.

Macho de aguilucho lagunero occidental (Circus aeruginosus) muy diferente de la hembra.
Ella posee un plumaje más oscuro con un dibujo más claro en la cara y en los jóvenes unos hombros también claros.
Macho de aguilucho lagunero occidental (Circus aeruginosus) poderoso y majestuoso vuelo.
El macho, sin embargo, presenta este dibujo, con partes grises claras y punta de las alas negras.

Tras varias pasadas muy de cerca de este precioso macho, dirigimos la mirada hacia otro lugar distinto, los tarays secos de la orilla de la laguna. Allí, por alguna extraña razón sus ramitas secas se movían, algo detrás las estaba agitando. Nada más misterioso que un pequeño bando de escribano palustre que decidió seguirnos a lo largo de todo el trayecto, lo que hizo más agradable el paseo.

Hembra arriba y macho debajo de escribano palustre (Emberiza schoeniclus) en las ramas secas.
La cabeza oscura del macho es el carácter principal para diferenciar sexos.
Esta imagen permite observar perfectamente las características que diferencian machos de hembras.

Desde la laguna hasta la playa, caminamos por la pasarela observando los inquietos mosquiteros comunes y disfrutando del llamativo amarillo de un pequeño grupo invernal de escribanos soteños en el que hembras y machos se podían observar todavía juntos. Alguna corneja negra pasea por la campiña en busca de algo de lo que alimentarse mientras los acentores comunes afinan sus cantos, entrenando para su momento estelar.

Hembra de escribano soteño (Emberiza cirlus) entre las zarzas que adornan el paseo por la pasarela.
El matiz amarillo del vientre y las delgadas marcas de la cara son diagnósticas de esta especie.
Macho de escribano soteño (Emberiza cirlus) en el borde de la pasarela.
Los dibujos amarillos y el contraste negro son más evidentes en los machos que en las hembras.
Además, dos manchas rojizas destacan en su pecho, lo que lo hace bastante colorido.
Acentor común (Prunella modularis) en la parte de la pasarela donde han crecido las zarzas.
Desde estos posaderos los acentores entonan sus trinos que aquí, en Galicia son muy comunes.
Antes de llegar a la playa, un pequeño merendero nos da un descanso y reponemos fuerzas en la fuente que allí se encuentra. Mientras tanto tres bisbitas pratenses se divierten y se alimentan entre la hierba que decora el lugar. Una vez nos adentramos en la playa, las gaviotas patiamarillas, los gaviones atlánticos y las lavanderas boyeras disfrutan de la tranquilidad de esta playa. Entre todas estas especies encontramos una gaviota cabecinegra que seguramente estaba pasando aquí el invierno, muy lejos de sus compañeras que suelen concentrarse en el mediterráneo. En Galicia la invernada de cabecinegra es poco común, aunque está en aumento.


Bisbita pratense (Anthus pratensis) entre la hierba crecida.
Un pequeño grupo de tres, jugueteando, persiguiéndose, subiéndose por los bordes de piedra del camino.
Es una especie común en estos ecosistemas de campiña y abundante en esta parte de la península.
Pareja de gavión atlántico (Larus marinus) entre varias gaviotas patiamarillas (Larus michahellis).
La diferencia de tamaño es visible en la fotografía, al igual que la intensidad del gris de las alas.
Gaviota cabecinegra (Larus melanocephalus) solitaria en la playa.
Por tamaño y plumaje recuerda a una gaviota reidora, sin embargo la punta de las alas de la cabecinegra son blancas.
Su aspecto es bastante pálido.
Una vez empezó a anochecer, y la luz comenzó a irse decidimos que era momento de volver, pero echamos un último vistazo a la laguna de Traba y nos dimos cuenta de que un bando migrador de porrón moñudo acababa de llegar para utilizar el pequeño humedal a modo de dormidero. Sin embargo esta no fue la única sorpresa de la noche, al girarnos para regresar dimos por casualidad con un búho campestre posado en una señal. Más tarde salió volando y fue perseguido durante varios minutos por una corneja negra que parecía bastante enfadada.

Bando de porrón moñudo (Aythya fuligula) recién llegado se dispone a esconderse entre el carrizo.
Probablemente pasen la noche en el humedal, que será su dormidero, protegiéndolos frente a los depredadores.
Búho campestre (Asio flammeus) sobre una señal, al anochecer.
Momentos antes de empezar a ser perseguido por una corneja negra.


Cabos Vilán y Touriñan

Es lugar perfecto para avistar aves marinas, su cercanía a alta mar puede acercarnos algunas especies que solo se ven mar a dentro. A ambos se accede fácilmente por carretera y se puede aparcar el coche cerca de los dos faros.


Cabo Touriñán, el punto más occidental de la península, se accede desde la población de Touriñan.
Cabo Vilán, en Camariñas, es el faro eléctrico más antiguo de España.
Busardo ratonero (Buteo buteo) en el camino que lleva a Cabo Vilán.
Chochín común (Trogrodytes troglodytes) en el matorral del borde de la carretera que llega al Cabo Touriñán.

Si lo que queremos es buscar una buena posición, en cabo Vilán vale con la zona del faro, aunque hay una pequeña subida por unas escaleras que ofrece una vista superior. En el caso de Touriñan, desde el cabo se ve bien el mar y sus costas rocosas, así como algunas isletas también de piedra que sirven de apoyo a muchas aves marinas.


Alcatráz atlántico (Morus bassana) una de las aves visibles desde los cabos.
Desde allí se pueden observar también poderosos picados y potentes zambullidas, que le sirven para pescar.
Alcatráz atlántico (Morus bassana) pasando de largo por uno de los cabos.
Su técnica de caza es bastante conocida y espectacular, lo que le convierte en un experto pescador.
Bando de 13 alcas comunes (Alca torda) pasan fugazmente por uno de los cabos.
Esta es una de las pocas especies de álcidos que se pueden ver en invierno en nuestro país.
Tres cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo) descansan sobre las rocas.
Probablemente pasen en este lugar gran parte del día.
Cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis) en las rocas y acantilados de ambos cabos.
Se diferencia bastante del cormorán grande por las plumas levantadas de la frente y la mancha naranja de un pico más fino.
El tamaño también es una característica diagnóstica, siendo el moñudo mucho más pequeño.
Gaviotas patiamarillas (Larus michahellis) son bastante abundantes en ambos cabos.
Grupo de gaviotas en las costas rocosas de Cabo Vilán.