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jueves, 14 de diciembre de 2023

Presa del Rey. Cortados del Manzanares

 ¡Hola pechiazules!

Hoy hemos hecho una visita a un rincón muy especial de la Comunidad de Madrid, los cortados del Manzanares junto a la Presa del Rey, en el corazón del gran Parque Regional del Sureste. Ha sido una maravilla de salida en la que hemos disfrutado del paisaje otoñal, de las aves, de su fabulosa riqueza, del tiempo y del paseo. Hemos caminado como no solemos hacerlo la mayoría de ornitólogos, pero ha merecido la pena, ya que al final han sido más de 50 especies de aves. ¿Quieres saber qué hemos visto? ¡Allá vamos!

Milano real (Milvus milvus) en vuelo tras salir del dormidero

martes, 13 de febrero de 2018

Rapaces y otras aves del sureste

¡¡Hola de nuevo!!

En esta ocasión os muestro algunas de las aves que vimos en una excursión por los cortados del Parque Regional del Sureste, que escoltan al río Manzanares durante su recorrido hasta que se junta con el Jarama.

Disfrutamos muchísimo observando todas las rapaces que se nos fueron cruzando por el camino y además pudimos ver las primeras parejas de cigüeña blanca en sus nidos. También vimos las pocas collalbas negras que viven en estos cortados. Los bandos de aves, las anátidas en el río el continuo movimiento de gaviotas sobre nuestras cabezas hizo que nos deleitásemos con un total de 57 especies diferentes de aves.

Perdiz roja (Alectoris rufa). Cerca de los cortados hay algún cultivo arado en el que se pueden observar fácilmente varias parejas que no dudan en volar hasta lo alto de los cortados cuando se ven amenazadas.

martes, 9 de enero de 2018

La vida en la dehesa

¡¡Hola de nuevo!!

En esta ocasión os muestro algunas de las aves que vimos en una excursión por las dehesas de Sevilla la Nueva un municipio situado al oeste madrileño y adornado con estupendos paisajes adehesados.

A pesar de que disfrutamos muchísimo mostrando e identificando las especies más representativas de las dehesas, podríamos haber visto muchas más de no ser por la madrugadora niebla que impidió la observación durante las primeras horas de la mañana. Para aquellos de nosotros que nos gusta ver el amanecer en la naturaleza y ver a las aves cantando con los primeros rayos de luz, fue una pena encontrarse con una niebla tan espesa.

Las dehesas normalmente están llenas de vida, las especies que se muestran a continuación solo representan una pequeña parte de las muchas que se pueden llegar a ver entre las jaras, los pinos, los fresnos y las encinas del monte adehesado.

Aspecto de la dehesa de Sevilla la Nueva. Horas después de la espesa niebla que acompaño al amanecer, pudimos ver al completo este paisaje único.
Aspecto de la dehesa de Sevilla la Nueva.
Horas después de la espesa niebla que acompaño al amanecer, pudimos ver al completo este paisaje único.

martes, 26 de diciembre de 2017

Cuenca del Guadarrama, especies de Valmayor

Después de una temporada sin salir a ver aves por la infinita variedad de ecosistemas y rincones de la Comunidad de Madrid, la semana pasada tuvimos la oportunidad de visitar la cuenca del Guadarrama, concretamente al Embalse de Valmayor que a primera hora de la mañana presentaba un aspecto lunar.

Embalse de Valmayor

martes, 31 de octubre de 2017

Tras los mirlos capiblancos

Hola a todos de nuevo.

En esta ocasión os muestro algunas aves que vimos en una excursión al Parque Nacional de Guadarrama, en una subida al pico de Peñalara. El principal objetivo de la excursión era ver y fotografiar la llegada de los mirlos capiblancos que año tras año paran en las cumbres madrileñas durante sus movimientos migratorios.

"Si quieres venir a verlos con nosotros tenemos una excursión organizada para observar mirlos capiblancos el próximo 24 de octubre de 2020. Más información y reservas aquí"

El mirlo capiblanco (Turdus torquatus) es muy parecido al mirlo común pero a diferencia de este esta condecorado con una amplia medalla blanca en forma de babero que le cubre todo el pecho. En España únicamente se puede ver durante el periodo reproductor en las grandes cadenas montañosas del norte de la Península, al llegar el invierno muchas aves europeas atraviesan iberia para invernar al sur del viejo continente o al norte de África. Algunos ejemplares se quedan en pequeñas poblaciones invernantes en la mitad oriental de la Península Ibérica.

Para encontrar a estos mirlos que solo se ven a finales de octubre en Madrid, tuvimos que andar un buen rato hasta llegar a las Lagunas de Peñalara, donde son más fáciles de avistar. Por el camino muchas otras aves de las cumbres salieron a nuestro paso para deleite de todos los asistentes. Madrugamos y llagamos a Puerto de Cotos a la salida del sol, aunque la mañana salió fría el cielo estaba despejado y parecía que iba a ser un gran día.

Subida a Peñalara desde Puerto de Cotos tras los mirlos capiblancos.
Subida a Peñalara desde Puerto de Cotos tras los mirlos capiblancos.

martes, 4 de octubre de 2016

Rincones del Lozoya

Tranquilamente y con un tentempié, se puede disfrutar de un paseo agradable por el valle de uno de los afluentes del Jarama, el Lozoya. Rápidamente una diversidad de fauna se cruza en tu camino, a escasos metros de donde aparcaste el coche. Lavanderas boyeras, escribanos soteños, urracas o tarabillas una verdadera maravilla por la que envidiar a los vecinos de este precioso valle.


El susurreante sonido del río comienza a guiarte hacia el interior de un robledal, todavía verde gracias a la humedad que inunda el ambiente. El viento mueve las hojas y se percibe la ligera entrada del otoño cuando algunas de sus hojas comienzan a caer al suelo. Entre tanto, un pequeño duende entra en escena, un duende ruidoso y nervioso. Mueves la cabeza a un lado y al otro intentando evitar las ramas que no te dejan ver bien y consigues dar con él, se trata de un arrendajo euroasiático. 

Arrendajo euroasiático (Garrulus glandarius).
Atención a las marcas azules de las alas, un diseño único de esta especie.

Como sabes que es uno de los córvidos más bonitos, te quedas observándole saltar de rama en rama hasta que entra en la densidad del bosque y tu vista no logra distinguirlo. ¡Qué hermoso encuentro! Aunque son relativamente grandes, son bastante asustadizos e huidizos por lo que dar con él ha sido gratificante aunque haya sido por unos minutos. 

Continuas caminando con los sentidos en alerta, pues sabes que todavía es la época en la que las aves cantan casi sin descanso. Por si fuera poco, te encuentras en el valle del Lozoya, uno de los mejores bosques donde poder escuchar un reclamo muy peculiar que comienza a resultarte familiar. Es el canto del mosquitero papialbo el más pálido de los mosquiteros (género Phylloscopus).

Mosquitero papialbo (Phylloscopus bonelli)
De vientre pálido y colores pardos claros, entona su reclamo chu-ii

No quitas la vista del fresno en el que se encuentra, porque a pesar de que está cantando delante de tus narices, no consigues distinguirlo bien. ¡Por fin! Ahí esta, visible sobre una rama pero claro, cómo lo iba a ver si apenas supera los 7 gramos. Lo cierto es que hay que ver lo sorprendentes que son estas aves, con su diminuto tamaño y son capaces de estar atravesando ahora mismo el desierto más cálido del mundo en dirección a sus cuarteles de invernada.

Mientras avanzas por ese camino, que parece que se lo va a tragar el bosque, otros habitantes le dan encanto al recorrido. Sus cantos y sus colores la verdad es que son únicos, asique, cámara en mano te quedas mirando entre el sotobosque y las ramas más bajas de los fresnos y los robles, esperando impaciente que aparezca el ave de pecho rojo, el petirrojo europeo, bastante más confiado que el resto de especies forestales.

En su lugar, y en ramas algo más altas, avanza sin discreción un precioso macho de pinzón vulgar. Por supuesto no desaprovechas la oportunidad para tomar unas fotos de esta especie tan gregaria en invierno, pero que todavía se la puede ver en parejas o en solitario.

Pinzón vulgar (Fringillia coelebs) macho.
Posado se le diferencia correctamente, mientras que en vuelo hay que fijarse en esas marcas blancas.
Petirrojo europeo (Erithacus rubecula) con ceba.
Entre las ramas bajas o en la madera caída, se deja ver con facilidad.

Finalmente y después de que el pinzón se marchara, logras dar con el hermoso petirrojo europeo, al que en estos instantes le dan los rayos del sol justo en la pechera anaranjada, destacando mucho más este color único del bosque. Una imagen que plasmas en tu cámara y que quedará como recuerdo. Entre tanto, este petirrojo sigue buscando a su pequeñajo de pintas claras, que le espera en los alrededores.

Aunque parezca extraño, no es el único que todavía está pendiente de sus pollos. En cuanto se empieza a abrir el bosque y los primeros grandes árboles aparecen destacando sobre los demás, se deja ver fácilmente, en lo alto de estos, una silueta conocida, esta vez acompañada de tres cabecitas pedigüeñas.

Cigüeña blanca (Ciconia ciconia) nido con pollos.
Estas grandes estructuras necesitan estar apoyadas sobre un buen árbol, para evitar accidentes.

De menor tamaño, pero también pendiente de cada movimiento de su madre, el pollo de colirrojo tizón se mantiene cerca de la antigua ubicación del nido, un muro de piedra que separa las grandes dehesas que comienzan a cubrir la superficie del valle del Lozoya. Los fresnos dispersos y el pequeño pastizal de herbáceas es el lugar de caza y por tanto la despensa que ayudará a sus progenitores a llenar el buche de este insistente pollo.

Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) pollo y hembra.
Vigilante desde el muro, el pollo está atento a los movimientos de su madre a la espera de comida.

Según avanzas por el camino,vas fijándote que poco a poco y cada vez más el bosque va dejando claros a uno y otro lado del camino, dejando visible el interior de algunas de estas fincas con matorral o bosque adehesado. Esto provoca una aumento de la diversidad y comienzan a aparecer aves menos forestales y propios de terrenos abiertos y con matorral.

Este es el caso de la especie emblema del valle, el alcaudón dorsirrojo, perseguidor de grandes escarabajos y el más norteño de su género (Lanius). Su distribución se reduce a la mitad norte de la Península y algunas cordilleras con bosques húmedos como este. ¡Menuda suerte!

Alcaudón dorsirrojo (Lanius collurio).
El valle del Lozoya es un buen enclave, pues la Sierra de Madrid goza de una buena población.

Las aguas que provienen del Lozoya y nutren estos terrenos, afloran en determinados tramos de la ruta tan pictórica por la que vas avanzando. En ese preciso momento se forman una serie de encharcaciones que atraen, y mucho a pequeños grupos de aves que aprovechan estas oportunidades para bañarse e hidratarse, sobre todo ahora de madrugada.

Mirlos, pinzones, petirrojos y otras especies más tímidas se acercan a saciar su sed y darle un lavado a su plumaje. Esta es una buena oportunidad y te quedas mirando, viendo como delicadamente sumergen su pico, o como chapotean para que el agua les empape las plumas. Entre tanto te sorprendes al ver que una de las especies que se ha acercado a este "oasis" en la curruca mosquitera, poco común y de difícil identificación.

Curruca mosquitera (Sylvia borin)
Su aspecto recuerda al de un mosquitero, pero presenta un collar gris en el que hay que fijarse.

Como vas viendo, el bosque comienza a transformarse en una dehesa de fresnos y otras especies. Con el agradable sonido del agua del Lozoya sigues el camino, que ahora atraviesa zonas bastante abiertas donde especies como el cantarín escribano triguero te da la bienvenida con su inconfundible reclamo. Otra especie que también utiliza los terrenos abiertos con cierto arbolado como escenario para sus trinos, es la curruca zarcera a la que sorprendes entonando uno de sus reclamos.

Escribano triguero (Emberiza calandra)
Sobre una rama seca y visible, se le puede oír desde casi cualquier lado.
Curruca zarcera (Sylvia communis) macho.
Es muy fácil verla cantar en lugares como este, donde se la identifica fácilmente.

El calor que todavía precede al otoño comienza a apretar y vas buscando sombra a lo largo del recorrido. Paras al fresco de un alto fresno y te sientas a tomar un poco de agua y reponer fuerzas, pues ya has recorrido gran parte del valle. En el tiempo que te tomas para coger aire y estirar las piernas, una gran sombra se dibuja en el suelo. Levantas la vista con la mano a modo de visera para evitar los rayos intensos de luz, y ves, en la copa de uno de los chopos que acompañan al Lozoya una gran corneja negra. Quizás espere a sus compañeras o esté ahí sola por algún  motivo hasta ahora desconocido.

Tras un rato largo, te pones en pie y sigues adelante con tu travesía, mirando hacia algo que se mueve en la rama de un árbol. Sacas los prismáticos y ves una pequeña gorriona con una extraña mancha amarilla. ¿Pero qué...? En seguida caes en que se trata de un gorrión chillón y no de una hembra de gorrión común. Menuda confusión más tonta.

Corneja negra (Corvus corone)
Un tamaño medio y su pico menos robusto, son las claves para diferenciarla del cuervo.
Gorrión chillón (Petronia petronia)
Su presencia es muy típica de dehesas, casetas o cantiles.

La presencia de este último habitante delata lo cerca que comienzas a estar de algún núcleo de población. Sus nidos los instala en ruinas, puentes o casas de labranza aunque también en otros sustratos más naturales. Sin embargo, una red de cableado de teléfono también hace evidente que estás llegando a algún pueblo de la sierra madrileña. Estos cables en ocasiones sirven a muchas aves para posarse y cantar sin reparo o para calentarse al sol de madrugada.

Seguro que antes los has visto llenos de estorninos, palomas torcaces, urracas, tórtolas y en ocasiones alguna rapaz. Por el camino que recorres y según avanzas, son los carboneros comunes o el serín verdecillo los que "cuelgan" esta vez, añadiendo un poco de color a tan feo cableado. Sin embargo, la que más llama tu atención es la golondrina común, que se posa en uno de los cables y deja ver su garganta de color rojo intenso.

Carbonero común (Parus major) macho
Sale de su lugar favorito, el bosque, para posarse en este cable, donde es más visible.
Serín verdecillo (Serinus serinus) macho
Llamativo y colorido, el verdecillo prefiere en ocasiones entonar su reclamo desde aquí.
Golondrina común (Hirundo rustica)
Muy habitual verlas colgadas de estos cables en o cerca de núcleos rurales.

Ahora sí, entras dentro del pueblo que llevas intuyendo desde hace un par de kilómetros. El olor a leña, a pan recién hecho y a sierra, mejoran con creces el aspecto del pueblo ya de por sí encantador. Geranios colgando de los balcones, puertas de las casas abiertas, y artículos artesanales en las tiendas de la plaza te hacen dejar de prestar atención a las aves por un momento. Aunque tarde o temprano vuelves a mirar para arriba, y es estos tejados están repletos de pequeños grupos gorriones o machos de estornino común entonando para sus chicas.

Gorrión común (Passer domesticus) macho.
Sobre los tejados se va moviendo a saltos en busca de semillas.
Estornino negro (Sturnus unicolor) macho.
Las largas plumas de la garganta delatan el sexo de este estornino.

Tras este pequeño pero intenso viaje a través de algunos de los rincones más mágicos del valle del Lozoya, se puede observar que desde los bosques más densos hasta los pequeños y encantadores pueblos por los que pasa este río tan entrañable, existe una diversidad única, un tesoro del que pueden presumir orgullosos los vecinos del valle. Ahora solo nos queda una tarea, cuidar este tesoro.

martes, 13 de septiembre de 2016

La vega del Tajo

El río más largo de la Península Ibérica serpentea por todo su recorrido, desde que nace en Teruel hasta que desemboca en el Atlántico en la costa lisboeta. En su paso por nuestro territorio, hace un descanso en una pequeña región entre Toledo y Talavera de la Reina. Allí la flora y la fauna se abre paso entre extensos campos de cultivo de secano sin necesidad de una figura de protección.


Un simple paseo por las orillas de este río y es posible sentir colores, olores y sonidos que delatan la vida que se nutre de sus aguas. Miles de invertebrados, macrófitos y vegetación palustre, así como el bosque de galería, que aun reducido, sigue ofreciendo refugio a varias especies, entre ellas de aves.

De entre todas las que pueden observarse, destaca mucho la presencia de milano negro y milano real, sobretodo en la época primaveral y estival. Estos extensos campos entorno al río atraen a muchas de las presas de este tipo de rapaces, entre las que también se puede encontrar el aguilucho lagunero occidental.

Milano negro (Milvus migrans) adulto sobrevolando los campos.
Entre milanos la diferencia radica, entre otras en el dibujo de la cara y la forma de la cola.
Un ave que está continuamente en alerta para evitar depredadores tanto o más voraces que los anteriores es la perdiz roja. A parte de ser un ave cinegética, la perdiz forma parte de la dieta de algunos depredadores de nuestra fauna. Sin embargo, no podemos evitar sentirnos atraídos por sus movimientos elegantes y tímidos, aunque cuando llega el atardecer, se relajan mucho más y se las puede ver descansando en lugares como este, donde aprovechan el calor de que las tejas han acumulado durante las horas de sol.

Perdiz roja (Alectoris rufa) adulto descansando.
La disposición de su plumaje es tan conocida como su reclamo, fácil de escuchar por la vega del Tajo.
En la orilla del río, sobre los árboles más grandes que se pueden encontrar, construye su nido un ave migratoria que, al llegar septiembre, abandona estos terrenos regados por el Tajo para alcanzar el continente africano. Nos referimos a la cigüeña blanca, más típica de campanarios y edificios históricos. Una maravillosa especie fiel a sus nidos a los que cada año va añadiendo palos.

Cigüeña blanca (Ciconia ciconia) adulto en el nido colocando material.
Estas grandes plataformas suelen ser bastante estables, aunque pesadas y vulnerables frente a los fuertes vientos.
Cigüeña blanca (Ciconia ciconia) adulto en vuelo.
Durante su viaje se pueden llegar a juntar más de 10.000 cigüeñas para migrar en bandos.
Es un lugar lleno de aláudidos, por su paisaje y características que hacen propicia la nidificación de estos paseriformes. Entre las especies más sencillas de identificar, se encuentra la cogujada común, aunque la que más me gusta escuchar es la alondra totovía con su "tlu-i, tlu-i, tlu-i..." descendente e inconfundible que se hace oír desde lejos.

Alondra totovía (Lullula arbórea) adulto en un cable.
Cuando no está cantando se ve su peculiar diseño, con unas cejas claras y oscuras.
Otro grupo de aves que abundan en la ribera son el grupo de las golondrinas y los aviones, conocidos como hirundíneos. De esta familia se ven muchas golondrinas comunes y golondrinas dáuricas, así como saludables colonias de avión común. Estas aves se alimentan en los campos y orillas que rodean al Tajo, donde abundan los insectos voladores de los que se alimentan y donde pueden encontrar el barro con el que construyen sus nidos. Aunque seguro que les cuesta dormir mucho más con este vecino de colores oscuros y cola rojiza que no para de cantar en todo el día, incluso alguna vez se les oye de madrugada.

Macho de colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) adulto cantando desde un tejado.
Aunque es un ave típica de medios rocosos, ha encontrado un hueco en pueblos y alrededores de las ciudades.
Avión común (Delichon umbricum) adulto asomando por la abertura del nido.
Se pueden ver pequeños grupos de aviones comunes recoger barro en los charcos de la vega del Tajo. 
Golondrina dáurica (Hirundo daurica) adulto descansando en un cable.
Con un obispillo claro y un diseño facial diferente al de sus parientes, la dáurica es única.
La influencia del río se puede presenciar desde que se comienza a pasear por sus alrededores. Continuamente pasan agradables bandos de abejarucos europeos para aprovechar el abundante número de abejas, abejorros y otros invertebrados que en primavera sobrevuelan los floridos campos que riega el Tajo. Además, los taludes de las orillas de este río son un lugar ideal para nuestros coloridos abejarucos, que escavan largos túneles donde criarán a sus futuros compañeros de viaje.

Abejaruco europeo (Merops apiaster) adulto descansando junto a la colonia.
Las perchas como esta son necesarias cerca de los nidos y suelen llenarse cuando la primavera avanza.
Entre los vecinos de los abejarucos se encuentra la lavandera boyera, que no pierde la oportunidad de salirse del curso del río, donde suele verse, para atrapar mariposas en los caminos por los que avanzo. Algo más colorida que su pariente la lavandera blanca, la boyera muestra unos colores amarillos y un singular dibujo en forma de antifaz con un borde claro por encima del ojo.

Lavandera boyera (Motacilla flava) adulto en un arbusto seco.
Se mueve mucho por los cultivos de regadío de la vega del Tajo en su paso por Toledo.
El pasillo de vegetación que se crea entre estos cultivos, o las fincas de labranza, se nutre del agua del Tajo y atrae a una enorme diversidad de aves propias de estas zonas con algo más de vegetación leñosa.

Entre los beneficiarios de la superficie arbolada se encuentra un grupo de aves famosas por su voracidad y su instinto depredador, los alcaudones. Para ser concretos, el alcaudón común y el alcaudón real son los que encuentran en esta vega la oportunidad alimenticia y los requisitos de nidificación para poder residir en el territorio.

Aún así han de estar pendientes, porque por los alrededores suele ser muy común encontrarse con astutos bandos de grajillas occidentales que no dejan pasar una oportunidad de robar alimento que tanto les a costado atrapar a sus vecinos.

Alcaudón común (Lanius senator) adulto posado en una rama.
Desde este tipo de posaderos, el alcaudón es capaz de detectar invertebrados y otras presas.
Alcaudón real (Lanius meridionalis) adulto  descansando en una rama.
Aunque de aspecto parecido, los colores del alcaudón real difieren bastante del común.
Grajilla occidental (Corvus monedula) adulto en la cercanía del nido.
De ojos claros y tonalidades grises en la nuca, esta oportunista es pariente de los cuervos.
Por último, no puedo olvidarme de los colores de los fringílidos, que hacen bastante agradable el paseo por esta pequeña comarca. Los cantos y colores del serín verdecillo desde cualquier rama alta en la copa de los árboles, los verdes y amarillos del verderón común, los rojos, negros y amarillos detalles del plumaje de los cardelinos o jilgueros europeos y los llamativos pechos de color rojo de los tímidos pardillos. Una variedad de tonalidades que mezcladas con las amapolas, las lavandas y las flores de los cardos, recuerdan la estación que le da vida al lugar.

Jilguero europeo (Carduelis carduelis) adulto comiendo los brotes tiernos de esta rama.
Los adultos y los jóvenes se diferencian muy bien, pues solo los primero tienen la cara de color rojo.
Serín verdecillo (Serinus serinus) adulto cantando desde la copa de un árbol.
El sonido del verdecillo "triliiit", en busca de pareja, resuena durante toda la primavera.
Macho de verderón común (Chloris chloris) adulto sobre una rama.
Aunque no es tan ruidoso como el verdecillo, también se le oye reclamar su territorio.
Y hablando de cantos... ¡Casi lo olvido! La especie por excelencia de los campos, el escribano triguero, cuyo canto se escucha desde lejos y del que muchos dicen que recuerda a una canica cayendo. 

Escribano triguero (Emberiza calandra) adulto tras llevar material al nido.
Durante el momento previo a la puesta, ambos sexos contribuyen en la construcción del nido.
Este ave no pertenece a la familia de los fringílidos, sino que es parte de otra familia diferente, lo que muestra que este sitio es un pequeño baúl donde se guardan tesoros como los que hemos visto y otros muchos más. Otras muchas aves como garzas, garcillas, vencejos, carboneros, herrerillos, gorriones, ánades, y así hasta llegar a las 48 especies, también han encontrado este paraje que ofrece tantas oportunidades gracias a su estrecha relación con el río, que tanto cuidado se merece.


 Ver lista completa

Pincha en la imagen para ver la lista 
completa de las 48 especies observadas 
en la vega del Tajo:


martes, 17 de mayo de 2016

Las últimas nieves de Peñalara

A lo largo de la subida a las lagunas que rodean la base de tan famoso pico, es habitual ver que la naturaleza todavía se resiste al cambio de estación. Un manto de nieve cubre, todavía, parte de los bosques y laderas de un paisaje que es el escenario de la vida. Las flores crecen y adornan las pocas praderas que no están tapadas todavía por la nieve. Mientras se puede ver a las aves trayendo material a los nidos, cantando desde sus elevadas ramas o cortejándose unas a otras.

Nieves de Peñalara
Las últimas nieves de Peñalara.
Narciso de roca (Narcissus rupestris)
Un precioso narciso de roca (Narcissus rupestris) empieza a crecer con la primavera.

Desde el parking de Valdesquí, situado un poco más abajo del centro de visitantes, se escuchan los voceríos de varias cornejas negras. Las vocalizaciones, como esta, son muy importantes en la comunicación entre córvidos. Sus gritos se escuchan a kilómetros y acaban despertando al resto de la ladera.

Con mi papel y mi boli para apuntar todas las especies, comienzo a subir la asfaltada cuesta que pasa justo por delante del centro de visitantes del parque. Las praderas que rodean el entorno están llenas de vida y parecen dar una calurosa bienvenida a cada nueva persona que viene a conocer Peñalara. Una juguetona pareja de herrerillos capuchinos, un macho de colirrojo tizón en el tejado de la caseta y un cuervo grande empeñado en conseguir algo de alimento. Sin duda una preciosa manera de comenzar la mañana.

Cuervo grande (Corvus corax)
Cuervo grande (Corvus corax) en una de las praderas.
Esta especie es la más grande de los 9 córvidos de nuestra fauna.
Su población es mucho más numerosa en esta zona de la Comunidad de Madrid.
Macho de colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) en el muro del centro de visitantes.
Al colirrojo se le puede ver siempre entre las rocas de los muros y las casetas.
Para saber más sobre esta especie haz clic aquí.

Entre tanto, no pierdo detalle de un pequeño carbonero garrapinos que se encuentra muy cerca, cantando entre las ramas de un rosal. Es curioso ver la facilidad que tiene para moverse entre las afiladas garras de esta planta. Sin previo aviso, el carbonero sale volando y se mete en una pequeña grieta en uno de los muros. Y es que a pesar de ser bastante forestal, el garrapinos también anida en lugares como este, aunque es mucho menos habitual, claro.

Carbonero garrapinos (Pariparus ater) 1
Carbonero garrapinos (Periparus ater) nuevo vecino del colirrojo tizón.
En esta rama, seguro que está a salvo de depredadores, y puede vigilar sin miedo su hogar

Con la nieve derritiéndose a causa del aumento natural de las temperaturas y de las horas de sol, los ríos llegan llenos de agua y los arroyos corren por la superficie, creando pequeños charcos a lo largo del camino que se adentra en un frondoso pinar. En él puedo comenzar a escuchar el canto del petirrojo europeo, que enseguida se deja ver para convertirse en el nuevo motivo de mi sesión fotográfica. También los pequeños grupos de piquituertos entretienen a cualquiera. Asombra ver cómo sus picos están preparados para hacerse con las semillas  de dentro de las piñas

Petirrojo europeo (Erithacus rubicola) sobre una madera.
Los colores de su pequera contrastan mucho con sus grises y pardos de su parte dorsal.
Hembra de piquituerto (Loxia curvirostra) sobre la copa de un pino.
Las hembras son de este color verde amarillento, mientras lo machos se chulean del colorido de su plumaje.
Joven de piquituerto común (Loxia curvirostra) picotenado las yemas.
Los juveniles tienen estas bandas tan oscuras en la parte ventral y lateral.

Si tuviera que destacar algo de Peñalara, que no fuera su paisaje y su riqueza, elegiría la asombrosa abundancia de un ave habitual de estos ecosistemas montanos, el acentor común. Daba igual dónde mirases, encima de una retama, en el suelo, en la rama de un árbol, sobre la poca nieve que queda, etc. Allí estaba, esperándote.

Acentor común (Prunella modularis) sobre la poca nieve que queda en la subida.
Aunque hayamos entrado ya en la primavera tardía, la nieve y el frío singuen siendo terribles enemigos de las aves.
Por eso encontrar una fuente de alimento como esta piña abierta es un lujo que solo unos pocos se pueden permitir.
Acentor común (Prunella modularis)

Llegando ya a una zona más abierta que sube hasta la Laguna de Peñalara, el ambiente cambia por completo. La nieve aun está presente, pero se derrite, poco a poco, encharcando casi todas las praderas que rodean la pasarela de madera que comunica el camino con la laguna. Entre ellas se deja ver, con algo de vergüenza una collalba gris. Su famosa cola con colores que forman una T invertida delata  su presencia.

Deshielo en Peñalara.
Collaba gris (Oenanthe oenanthe) sobre una de las rocas de la pradera.
Esta preciosa ave de marcados contrastes en cu plumaje, se alimenta de invertebrados.

Ya casi en la laguna, alguna que otra pareja de pardillos comunes revolotea de un lado a otro haciendo el característico ruido de los pardillos comunes. En un momento uno de los machos se posa en un poste de madera y es el momento de inmortalizar la escena. No pierden de vista mis moviemientos, un pequeño grupito de dos o tres aviones roqueros, que bajan de vez en cuando al suelo a beber del agua del deshielo.

Macho de pardillo común (Carduelis canabina) sobre uno de los postes que van junto a la pasarela.
En los machos, recordad, que lo que predomina son los colores rojizos.

Tras pasar una buena mañana en la laguna y disfrutar de su belleza, toca poner rumbo a casa y ver qué aguarda la vuelta. Además de ver algún que otro agateador europeo, también sigo los movimientos de una pareja de escribano montesino que parece tener el nido cerca del camino pues veo que no paran quietos, que vuela de aquí para allá pasando de vez en cuando con unas ramitas para el nido.

Escribano montesino (Emberiza cia) sobre una roca.
El dibujo de la cara de esta especie es único. Solo el escribano soteño tiene un dibujo parecido.
Sin embargo, los colores del montesino son azulados mientras que los de su primo el soteño son amarillos. 

Finalmente toca despedirse, pero no sin antes cerrar los ojos una vez más para disfrutar del sonido de la sierra, de las laderas que recogen el agua del deshielo. Carboneros garrapinos y acentores, abundantes por los bosques de la sierra, son la melodía de subida a las lagunas. Pero sin duda queda grabado en la mente el griterío del trepador azul, que posado en una pequeña rama que os dejo más abajo en una grabación.

Acentor común (Prunella moddularis) cantando.
Carbonero garrapinos (Periparus ater) cantando.
Trepador azul (Sitta europea) cantando


Lista completa de las aves vistas y/u oídas (*):

2 Cuco común*
1 Abejaruco europeo*
7 Arrendajo euroasiático
4 Corneja negra
3 Cuervo común
3 Avión roquero
17 Carbonero garrapinos
3 Herrerillo capuchino
1 Trepador azul
1 Agateador europeo
1 Reyezuelo sencillo
5 Petirrojo europeo
2 Colirrojo tizón
1 Collalba gris
1 Mirlo común
1 Zorzal charlo
31 Acentor común
7 Escribano montesino
5 Pinzón vulgar
9 Piquituerto común
2 Pardillo común
1 Verderón serrano