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lunes, 29 de enero de 2024

Campiñas del Torote

¡Hola de nuevo!

Estamos de vuelta tras un fin de semana de rutas por la Comunidad de Madrid. El domingo tocaba visita a las Campiñas del Torote al atardecer. Buen momento para ver cómo las aves se van agrupando y congregando en sus respectivos dormideros. Ahora en invierno estos comportamientos son un espectáculo, más tarde, en primavera empezarán a escasear porque las aves estarán a otros menesteres. Fue un paseo fantástico en el que vimos 40 especies, pero algunos grupos de aves fueron increíbles ¿Quieres ver el volumen de aves que vimos? Acompáñanos en esta crónica.

Milano real (Milvus milvus) camino al dormidero

jueves, 14 de diciembre de 2023

Presa del Rey. Cortados del Manzanares

 ¡Hola pechiazules!

Hoy hemos hecho una visita a un rincón muy especial de la Comunidad de Madrid, los cortados del Manzanares junto a la Presa del Rey, en el corazón del gran Parque Regional del Sureste. Ha sido una maravilla de salida en la que hemos disfrutado del paisaje otoñal, de las aves, de su fabulosa riqueza, del tiempo y del paseo. Hemos caminado como no solemos hacerlo la mayoría de ornitólogos, pero ha merecido la pena, ya que al final han sido más de 50 especies de aves. ¿Quieres saber qué hemos visto? ¡Allá vamos!

Milano real (Milvus milvus) en vuelo tras salir del dormidero

martes, 13 de febrero de 2018

Rapaces y otras aves del sureste

¡¡Hola de nuevo!!

En esta ocasión os muestro algunas de las aves que vimos en una excursión por los cortados del Parque Regional del Sureste, que escoltan al río Manzanares durante su recorrido hasta que se junta con el Jarama.

Disfrutamos muchísimo observando todas las rapaces que se nos fueron cruzando por el camino y además pudimos ver las primeras parejas de cigüeña blanca en sus nidos. También vimos las pocas collalbas negras que viven en estos cortados. Los bandos de aves, las anátidas en el río el continuo movimiento de gaviotas sobre nuestras cabezas hizo que nos deleitásemos con un total de 57 especies diferentes de aves.

Perdiz roja (Alectoris rufa). Cerca de los cortados hay algún cultivo arado en el que se pueden observar fácilmente varias parejas que no dudan en volar hasta lo alto de los cortados cuando se ven amenazadas.

martes, 16 de enero de 2018

La diversidad del Madrid Río I

El Madrid Río es un espacio verde en su infancia, ya que apenas tiene 6 años de vida. Fue por entonces cuando se soterró un tramo de la circunvalación de la M-30 convirtiendo ambos márgenes del río Manzanares en zonas peatonales y de recreo a modo de parque urbano, que otorgaron al río un aspecto renovado.

Aspecto actual del Madrid Río

martes, 29 de noviembre de 2016

El Bebedero del Pardo

A apenas 30 minutos de la capital, se extiende el bosque mediterráneo más importante de toda la Comunidad de Madrid y uno de los que presenta mejor estado de conservación en cuanto a su flora y su fauna. Se trata también de uno de los mejores lugares a los que ir a ver la berrea de los ciervos y la ronca de los gamos dada la abundancia de ambos mamíferos. También es hogar de otros muchos animales como jabalís, conejos, zorros o la imponente y elegante águila imperial ibérica.

Sin embargo, nuestros protagonistas de hoy son de talla más pequeña y colores más vistosos. Se trata de las aves forestales que viven entre encinas y matorrales de este bosque adehesado. La variedad y riqueza de este lugar atrae a muchas especies de aves, como la curruca carrasqueña, el rabilargo ibérico, los mirlos, lavanderas o los petirrojos. Todas estas aves de diferentes preferencias coinciden en un mismo punto de este espacio natural tan extenso. Se trata de un pequeño aporte de agua que encharca el terreno, haciendo más accesible el agua a los habitantes del bosque y que se ha convertido en el bebedero del Pardo.


Cuando uno se va acercando, ya puede ir escuchando el jolgorio y los cantos de tan alegres aves, que tras revolotear, acaban disfrutando de este tranquilo rincón. 

Los más abundantes son los herrerillos, que llegan de todas partes a beber agua y bañarse. Sus hermosos colores amarillos y azul resaltan y se reflejan en el agua, haciendo de este momento un recuerdo único y precioso que por supuesto queda fotografiado.

Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) acercándose a beber.
Los reflejos en el agua son tan bonitos como el plumaje de esta especie.
Herrerillos comunes (Cyanistes caeruleus) acercándose a beber.
A pesar de que son especies solitarias, se pueden ver varios ejemplares juntos en este bebedero.

Los siguientes en llegar son los bandos de jilgueros, que son más tolerantes y crean bandos de varios ejemplares. Esto les sirve mucho como supervivencia comunal, es decir, si uno de ellos encuentra una fuente de agua y por defecto todos acaban saciandor su sed en ella. De esta forma, en este el bebedero del Pardo, llegan muchos jilgueros a bañarse y beber. Muchos son adultos y ya presentan los colores llamativos típicos de esta especie, mientras los pollos del año carecen de las plumas rojas que aprecen en la cara de los adultos.

Juvenil (izda.) y adulto (drcha.) de jilguero común (Carduelis carduelis) bebiendo en el Pardo.
Carboneros comunes y papamoscas cerrojillos son las otras dos especies que siguen llegando desde todos los rincones del Pardo. Aquí se juntan hasta seis o siete especies diferentes con un mismo fin, beber y bañarse.

Carbonero común (Parus major) se acerca sigilosamente a beber.
Son desconfiados y tratan de pasar el menor tiempo posible  en el bebedero.
Papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca) cerca del bebedero.
Esta especie es más habitual durante el otoño y el final del verano.

Entre tanto, se acerca pasando desapercibido, un reyezuelo listado.  Su pequeño tamaño hace que el resto de especies no se percaten de su presencia hasta que está cerca. En ese momento el tamaño marca la diferencia y el pobre y chiquitín reyezuelo se aparta un poco a una esquina del bebedero y se pega un buen baño. Menudas pintas tiene después del lavado, parece que haya salido de la centrifugadora.

Reyezuelo listado (Regulus ignicapilla) se acerca tímidamente intentando pasar desapercibido.
Su tamaño, de apenas 9 cm le convierte en uno de los pájaros más pequeños de nuestra fauna.
Reyezuelo listado (Regulus ignicapilla) tras el baño parece una bola de algodón mojada.
Las aves necesitan agua para beber y bañarse. Este recurso de vida es particularmente importante durante dos épocas del año; en invierno, cuando muchos de los aportes cotidianos se han congelado y las aves no pueden acceder a ellos; y en verano, cuando las cálidas temperaturas y la sequía hacen difícil la tarea de buscar agua. Pero para entenderlo mejor, puedes ver este pequeño vídeo que muestra la diversidad del Monte del Pardo, su riqueza y la importancia del agua para las aves.

Música: Daniel Daguerre Narración: Jesús Palop

Como habrás comprobado en el documental, los trepadores azules, especies acostumbradas a estar subiendo y bajando por los troncos, se acercan esta vez hasta el bebedero para lavarse las plumas y por lo tanto protegerse mejor frente al frío. Es sorprendente también ver a otra de las especies, que en ocasiones ha compartido tronco con los trepadores. Hablamos del agateador europeo que se acerca también hasta el bebedero sin antes bajar trepando desde el tronco más cercano.

Trepador azul (Sitta euroepeae) en el suelo cerca del bebedero. 
Agateador europeo (Certhia brachydactyla) parece que con ese pico tan fino le cueste beber agua.
Es gracioso ver de vez en cuando esta especie tan trepadora y ágil por los suelos.

A medida que avanza la mañana, el número de aves que se ha acercado a beber hasta aquí supera las expectativas. El número de especies es cada vez mayor y todavía nos quedan muchas para que nos visiten. Una de ellas, de hermoso colorido pasa ahora por una de sus mudas y no puede mostrarnos sus amarillos, negros y pardo rojizos que decoran normalmente su plumaje. Nos referimos al escribano soteño, que sin el típico antifaz puede parecer hasta un triguero.

Escribano soteño (Emberiza cirlus) otra de las especies que depende de este manantial.

Cuando casi parece que todo se está acabando y que ya lo único que va a venir a beber son herrerillos, aparece un grupo de pajarillos que suena familiar. De cola larga y muy redondos, el bando de mito se mueve ágil entre las ramas antes de ir a parar a nuestro concurrido bebedero. Pero antes, mucho antes incluso de que lleguen a posarse en el agua, un macho de pinzón se les ha adelantado y ya casi ha logrado saciar su sed.

Macho de pinzón vulgar (Fringilla coelebs) entre las especies que bajan a beber.
Los machos presentan estos colores, mientras las hembras son algo más apagadas.
Mito común (Aegithalos caudatus) en este caso anillado.
Su larga cola y su rechoncho y pequeño cuerpo le dan un aspecto muy adorable.

Finalmente y ya casi cuando me estoy yendo, aparecen tres nuevas especies que no habían llegado antes. Las tres presentan colores amarillos, vaya coincidencia. Se trata del serín verdecillo y los mosquiteros común y musical, a este último parece que el bebedero le ha venido muy bien, así podrá reponer fuerzas antes de continuar con su migración.

Serín verdecillo (Serinus serinus) con sus llamativos amarillos cerca de la orilla.
Mosquitero común (Phylloscopus collybita) dejando reflejar su ceja amarilla sobre el agua.
Mosquitero muscial (Phylloscupus trochilus) reponiendo fuerzas antes de continuar su largo viaje.

Como bien muestra el documental, la dependencia de las aves sobre este y otros muchos manantiales, fuentes y abrevaderos puede poner en riesgo su supervivencia durante el próximo invierno. El acceso a agua para estas aves de apenas unos gramos puede marcar la diferencia. Por eso, además de colocar comederos en tu jardín para ayudar a las aves durante el invierno, incluye también algún aporte de agua, seguro que ellas te lo agradecerán.







martes, 27 de septiembre de 2016

Aves de la campiña

Existen una gran variedad de hábitats que las aves eligen para encontrar pareja, alimentarse o construir su nido. Cada uno de ellos tiene unos valores muy importantes que en muchos casos no somos capaces de apreciar, pero que para ellas son imprescindibles. Las aves de la campiña también han sabido encontrar esos factores que hacen de este ecosistema un lugar para quedarse.


Cuando vas paseando por un denso bosque, entre otras cosas, aprecia los árboles, la tranquilidad, los olores a pino o roble, etc. Mientras que, quizás, el pequeño herrerillo que observas con tus prismáticos, encuentra en este bosque un mundo de posibilidades, oquedades donde anidar, follaje tras el que protegerse, humedad, alimento, etc. En definitiva una serie de factores que marcan la diferencia entre un ecosistema hecho o no para vivir en él. 

Entre la gran diversidad de hábitats que recorren nuestro territorio, existe una serie de extensiones de terreno llano con parte de su superficie dedicada al cultivo. Estos campos o campiñas gozan de un mosaico vegetal en el que pueden encontrarse pequeñas y reducidas estepas, campos cultivados y otros abandonados que han dejado paso a matorrales y herbáceas.

Cardos, amapolas y otras hierbas con flores y semillas aprovechan estos abandonos para salir adelante en una tierra de origen fértil. Todas estas flores, que crecen en primavera, han sido uno de los factores para que se puedan ver grandes bandos de jilgueros aleteando en colores amarillos y negros intermitentes. El indiscriminado uso de herbicidas para parar el avance de este tipo de plantas evita que crezcan tales formaciones y por tanto desaparecen las poblaciones de estas aves.

Jilguero europeo (Carduelis carduelis).
Con su pico acabado en punta consigue hacerse con las semillas de los cardos.

Si hay un paseriforme que haya encontrado en las campiñas las necesidades básicas como para considerarlo su hogar, este es el escribano triguero. Es la banda sonora de este lugar, una especie emblemática de los cultivos y las campiñas con cierto porcentaje de arbolado disperso. Sus nombres en español y en inglés, corn bunting (escribano del maíz), dejan muy clara su predisposición por este enclave.

Escribano triguero (Emberiza calandra).
Desde perchas como esta entona su característico canto.

Y es que, la abundancia de alimento en los campos de cultivo, que forman parte de este ecosistema, atraen a una fauna singular. Muchas aves y algunos pequeños mamíferos acuden para alimentarse del grano cultivado. La abundancia de roedores entorno al trigo o la cebada y la diversidad de reptiles que, gracias a las condiciones meteorológicas, se mueven a sus anchas, son dos de los factores por los que el aguilucho cenizo, especie icono de este hábitat, prefiere campear sobrevolando estos terrenos en busca de presas como estas. El uso de raticidas o venenos para proteger las cosechas, pueden acabar, no solo con las presas del aguilucho, sino también con muchos ejemplares que ingieran por error estos bocados mortales.

Aguilucho cenizo (Circus pygargus) macho.
Su vista y su capacidad para campear largas distancias son muy útiles en la campiña.

Los roedores, las aves y los reptiles no son los únicos beneficiarios de tan diverso ecosistema. Un pequeño grupo de animales, que en ocasiones pasa desapercibido, también comparte nicho en la campiña. Nos referimos a los invertebrados, tan pequeños y con ese papel tan grande que es la polinización. Desafortunadamente para ellos, aquí se convierten en un blanco fácil para muchas aves que también han de trazar sus estrategias de supervivencia. El abuso de insecticidas, diezma las poblaciones de invertebrados y por lo tanto las de aves insectívoras.

Cogujada común (Galerida cristata).
Uno de los depredadores de insectos en la campiña.

Es muy común que los campos abandonados que ya han pasado por un proceso de colonización por especies herbáceas, alcancen el siguiente paso dentro de la sucesión vegetal. Comienzan a crecer sobre estos terrenos pequeños y aislados matorrales, que entre otras cosas cambian el aspecto del hábitat y por lo tanto los recursos. Las retamas u otros matorrales o plantas leñosas con frutos más carnosos comienzan a ofrecer alimento a aves como el verderón común o las currucas.

Verderón común (Chloris chloris) macho.
Las relamas son de las primeras plantas leñosas en aparecer tras el abandono.
Curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala) macho.
Las especies anteriores a la campiña vuelven a surgir, como esta quercínea.

La siega de los cultivos, ya sea cebada, trigo u otro cereal, pone en peligro los nidos de nuestra rapaz de la campiña. Sin embargo, si se hace con cuidado evitaremos este daño y además, los restos de dicha siega serán un recurso alimenticio más para aves tales como los estorninos que, a pesar de que duermen en zonas más rurales, se alimentan en este tipo de hábitats. Con una buena gestión estaremos beneficiando a varios grupos de aves y evitaremos males mayores.

Estornino negro (Sturnus unicolor) pollo del año.
Aprovechan la vegetación de los alrededores de las casas de labranza para poner sus nidos.

Es muy común que cerca de los terrenos trabajados, exista un pequeño núcleo de población, donde las posibilidades se vuelven a multiplicar y muchas especies encuentran oportunidades y ventajas en esta mezcla de campiña y hábitat rural. Es el caso del cada vez más escaso gorrión o la tórtola turca, un caso totalmente opuesto ya que sus poblaciones pasan por un momento de crecimiento y expansión.

Tórtola turca (Streptopelia decaocto) pareja.
Posadas en los cables de las afueras de las poblaciones.
Gorrión común (Passer domesticus) macho.
Granívora por excelencia, está sufriendo un retroceso a causa del abandono de las zonas rurales.

Los alrededores de pueblos y aldeas de tradiciones agrícolas, estrechamente relacionadas con la campiña suelen albergar también una pequeña fauna alada bastante típica de este ecosistema. Urracas y otros córvidos que se alimentan tanto en los campos como en estos núcleos urbanos, golondrinas, que sobrevuelan al ras los cereales capturando en vuelo insectos voladores, pero que necesitan de una buena pared vertical para construir sus nidos y otras aves, como el gorrión chillón que se deja ver en ocasiones por campiñas con un poco más de relieve o con taludes, donde anida la especie.

Golondrina común  (Hirundo rústica)
Descansando en un cable,elemento asociado artificial de los entornos rurales.
Gorrión chillón (Petronia petronia)
Los cables son un recurso territorial, desde donde cantar y reclamar un área de cría.

A lo largo de la campiña, existen una serie de pequeñas dehesas creadas por el abandono de pequeños cultivos arbóreos como los olivos. Entre sus troncos vuelan, currucas, pardilllos o tarabillas, un pequeño grupo de aves que han encontrado un nicho perfecto para explotar. Los pa´ridos, como el herrerillo o el carbonero se desarrollan con soltura en un ecosistema de este tipo. Las orugas y otros invertebrados que forman parte de su dieta abundan en estos entornos, además de que la madera abandonada posee oquedades en las que nidificar.

Carbonero común (Parus major) macho.
Colgado de esta  valla, trae una ceba para sus pollos, que se encuentran en un olivo cercano.
Herrerillo común (Cyanistes caeruleus).
Los troncos de los olivos abandonados son perfectos para nidos tan bien protegidos como este.

Es bastante habitual que en las cercanías de nuestra campiña, se extienda el serpenteante curso de un río o un pequeño arroyo. Esto se debe a la necesidad de este recurso para que los terrenos mantengan algo de humedad, o para abastecer pueblos como los anteriores. En su orilla, crece sin apenas freno, un pequeño bosque de ribera en el que se pueden escuchar los cantos del ruiseñor común, o el "tur tur" de una especie también de la campiña y no tan restringida al bosque de ribera como el ruiseñor, la tórtola europea, ave del año 2015, considerada como tal por sus problemas de conservación.

Ruiseñor común (Luscinia megaryhnchos) cantando.
Sus melódicos trinos resuenan en el estrecho bosquecillo que nutre las tierras de labranza.
Tórtola europea (Streptopelia turtur).
Su típico canto, frecuente en primavera, se oye cada vez menos en los campos de rastrojos.

Los problemas de conservación que desgraciadamente abundan en un ecosistema aparentemente pobre, pero con una riqueza tan especial, están a la orden del día y por lo tanto es importante diseñar estrategias que permitan frenar las problemas y amenazas que tantos efectos negativos tienen sobre las poblaciones de aves y otros animales.

Casos como el de la Campiña sur de Extremadura, donde desde el año 2004 se declaró como ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves) y que se viene gestionando como parte de la Red Natura 2000, es un claro ejemplo de que existe algo de esperanza que nos invita a ser optimistas en cuanto a la conservación de las campiñas y su habitantes.

martes, 26 de mayo de 2015

El humedal por excelencia

Con sus 3030 ha, el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel sigue siendo el mayor humedal interior del territorio español. A pesar de los problemas que la sobreexplotación agrícola provocó, su estado actual es bastante bueno aun habiendo pasado por momentos muy críticos ya que la mayoría de las grandes extensiones de cultivos de regadío que rodean el Parque Nacional han utilizado, durante años, el agua de pozos, dañando así el acuífero y el sistema hídrico general.

Aún así la importancia de este hábitat le ha concedido otras figuras de protección a parte de la de Parque Nacional. El humedal contiene una ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves) de la Red Natura 2000 dado su interés ornitológico, está protegido por el Convenio Ramsar a causa de su importancia internacional como hábitat de aves acuáticas. A su vez, las Tablas de Daimiel son Reserva de la Biosfera con la zonificación estricta que demanda la Unesco.

Las características del ecosistema lo hacen merecedor de dichas protecciones, y es que las Tablas reúnen las características para atraer grandes grupos de fauna, sobre todo aves y en concreto varias familias muy asociadas al humedal: Podicipedidae, Ardeidae, Anatidae y Rallidae. Esto se debe a la continua lámina de agua que inunda gran parte del Parque Nacional.

Imagen típica de las Tablas de Daimiel, Ciudad Real.
1.- Lámina de agua constante; 2.- Anátida.
Focha común (Fulica atra) en las Tablas de Daimiel.
Típica especie, de la familia Rallidae, favorecida por la continua lámina de agua. 
Macho arriba, hembra abajo de pato colorado (Netta rufina) en las Tablas de Daimiel.
Otra especie beneficiaria de la lámina de agua constante, esta vez se trata de una anátida.
Macho arriba, hembra abajo de porrón europeo (Aythya ferina) en las Tablas de Daimiel.
Otra anátida que saca provecho del constante encharcamiento.
Anteriormente la lámina de agua se mantenía gracias al acuífero, pero tras varias épocas de sequía a causa de la sobreexplotación mencionada se tuvo que recurrir a medidas desesperadas y el agua que hoy inunda las Tablas pertenece al trasvase Tajo-Segura y así se asegura un mínimo encharcamiento.
De la lámina de agua también depende la vegetación palustre que a su vez sirve de refugio para aves, ya que aguiluchos laguneros y otras rapaces depredan sobre las anátidas y otras acuáticas. Esta vegetación, dispuesta en zonas de orillas y pequeñas islas, confiere seguridad a muchas aves. Además el carrizo sirve a muchas aves para situar sus nidos ya que así son mucho menos accesibles a ratas, zorros o jabalíes, aportando seguridad y un buen material de construcción. Las aves no son las únicas que se ven beneficiadas por los "bosques" e "islas" de carrizo, los anfibios se desarrollan mejor y tienen lugares seguros en los que establecer sus puestas.

Paisaje primaveral de las Tablas de Daimiel, Ciudad Real.
1.- Islas de carrizo donde crían algunas aves.
2.- Vegetación palustre densa actuando de hábitat para anfibios y refugio para aves.
Somormujo lavanco (Podiceps cristatus) en las Tablas de Daimiel.
Una de las especies que forma nidos entre la vegetación palustre.
Macho de aguilucho lagunero (Circus aeruginosus) en las Tablas de Daimiel.
Una de las rapaces depredadoras en las Tablas y que anida en los carrizos.
Águila real (Aquila chrysaetos) a la derecha tras ser hostigada por un aguilucho lagunero en las Tablas de Daimiel.
También la reina de las rapaces puede capturar alguna anátida de las Tablas.
Carricero común (Acrocephalus scirpaceus) en las Tablas de Daimiel.
Este pequeño paseriforme no solo nidifica, sino que también se refugia entre el carrizo.
De esta costumbre proviene su nombre común. A veces es difícil verlo por sus colores.
La superficie inundada y cubierta de vegetación es también una fuente de alimento y el hábitat perfecto para los animales que componen la dieta de muchas aves y anfibios. Por ejemplo, producen alimento para las anátidas que se comen plantas acuáticas, también, como la mayoría de los ecosistemas acuáticos, generan una gran cantidad de mosquitos (Dípteros) y otros invertebrados como las libélulas (Odonatos) alimento de anfibios y aves insectívoras.

Escena típica de las Tablas de Daimiel, Ciudad Real.
1.-Ejemplo de anátida que se alimenta de plantas acuáticas.
2.- Plantas acuáticas cuyos tallos verdes se aprovechan.
Macho de ánade azulón (Anas platyrhynchos) a la derecha en las Tablas de Daimiel.
Una de las especies de la familia Anatidae que se aprovecha de los tallos de las plantas acuáticas.
Abundan los mosquitos (Dípteros) en los ecosistemas húmedos como las Tablas de Daimiel.
Fundamentales en la dieta de algunos paseriformes insectívoros.
Golondrina común (Hirundo rustica) en las Tablas de Daimiel.
Este pequeño paseriforme se alimenta de los Dípteros como los mosquitos de las zonas húmedas.
Pareja de libélulas (Odonatos) poniendo los huevos en el agua de las Tablas de Daimiel.
Este y otro tipo de invertebrados son los favoritos de los anfibios de las Tablas.
Los alrededores de las orillas están llenos de tarayares, formados por la especie Tamarix sp. típica de las zonas con agua subterránea. Estos árboles cuando se secan pierden todas sus hojas y queda solo el tronco y las ramas en pié. Si se da la circunstancia de que además el agua acaba cubriendo los viejos árboles estos son aprovechados por otra familia de aves, las ardeidas que crean grandes colonias donde sitúan sus nidos o sus dormideros concentrando en ambos casos elevados números de individuos y varias especies diferentes.

Colonia de ardeidas en las Tablas de Daimiel.
En este caso sobre todo se trata de garcillas bueyeras y de algún martinete.
Para terminar este corto y poco exhaustivo viaje por las Tablas de Daimiel, vamos adentrarnos en sus alrededores, en los pastizales, herbazales y pueblos aledaños, pues juegan un papel también importante. En especial los pueblos mantienen otro tipo de avifauna diferente que suele acudir a las tablas para alimentarse, beber agua o buscar material con el que construir sus nidos. Los pocos herbazales cercanos, sin embargo, a penas concentran especies de aves.

Varias garcillas bueyeras (Bubulcus ibis) alimentándose en las Tablas de Daimiel.
Este comportamiento es muy típico y en ocasiones se la ve junto al ganado vacuno.
De esta costumbre proviene su nombre.
Jilguero europeo (Carduelis carduelis) en los pueblos cercanos a las Tablas de Daimiel.
Este pequeño paseriforme se alimenta de las semillas de plantas y árboles como este pino.
Nido de avión común (Delichon urbicum) en los pueblos cercanos a las Tablas de Daimiel.
Uno de los primos cercanos de la golondrina, construye nidos parecidos a su pariente.
Tras este rápido vistazo a un ecosistema como el de las Tablas podemos concluir que la protección de todos y cada uno de sus componentes depende de nosotros. Vegetación palustre, libélulas, recursos hídricos, herbazales, árboles viejos, zonas rurales, y más elementos que no hemos comentado aquí hacen posible que todo siga funcionando. Sin alguno de estos pilares disfrutar de los colores del jilguero, los vuelos de la golondrina o de la diversidad de aves acuáticas no sería posible. Por tanto hay que evitar actividades o actuaciones que pongan en peligro alguno de estos componentes, evitando episodios parecidos al de la sobreexplotación del acuífero, solo así podremos conservar a las aves, o a otras especies. Protegiendo y conservando el conjunto.