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lunes, 29 de enero de 2024

Campiñas del Torote

¡Hola de nuevo!

Estamos de vuelta tras un fin de semana de rutas por la Comunidad de Madrid. El domingo tocaba visita a las Campiñas del Torote al atardecer. Buen momento para ver cómo las aves se van agrupando y congregando en sus respectivos dormideros. Ahora en invierno estos comportamientos son un espectáculo, más tarde, en primavera empezarán a escasear porque las aves estarán a otros menesteres. Fue un paseo fantástico en el que vimos 40 especies, pero algunos grupos de aves fueron increíbles ¿Quieres ver el volumen de aves que vimos? Acompáñanos en esta crónica.

Milano real (Milvus milvus) camino al dormidero

jueves, 23 de noviembre de 2023

Acuáticas y esteparias

 ¡Hola pechiazules!

Esta vez hemos estado por la Comunidad de Madrid. Nuestro objetivo era visitar, en el mismo día, dos ambientes diferentes: las artificiales lagunas asociadas al curso del Jarama al sur de la capital; y los extensos llanos de la alcarria madrileña. De esta forma iríamos principalmente en busca de aves acuáticas y esteparias. Noviembre es un mes muy interesante para acudir a cualquier humedal de la Comunidad de Madrid. Muchas especies de aves acuáticas acuden a estas láminas de agua para buscar refugio durante el invierno. Mientras en los llanos, las esteparias forman bandos numerosos para protegerse frente a posibles depredadores. ¿Queréis saber qué especies vimos? ¡Vamos a ver esa crónica!

Cuchara común (Spatula clypeata) izquierda y avutarda común (Otis tarda) derecha 

lunes, 8 de abril de 2019

Rapaces y esteparias (Madrid)

¡¡Hola de nuevo!!

El segundo fin de semana tuvimos la suerte de guiar una excursión por Madrid en busca de rapaces y esteparias con SEO/BirdLife en compañía de Gonzalo Monedero. Con buenas observaciones (que no fotos) de al menos 12 rapaces distintas, entre las que se encontraba el gran águila imperial ibérica, y  4 de las grandes esteparias, avutarda, realizando la rueda, sisón, alcaraván y ganga ortega.

Paisaje observado durante la excursión.

martes, 27 de septiembre de 2016

Aves de la campiña

Existen una gran variedad de hábitats que las aves eligen para encontrar pareja, alimentarse o construir su nido. Cada uno de ellos tiene unos valores muy importantes que en muchos casos no somos capaces de apreciar, pero que para ellas son imprescindibles. Las aves de la campiña también han sabido encontrar esos factores que hacen de este ecosistema un lugar para quedarse.


Cuando vas paseando por un denso bosque, entre otras cosas, aprecia los árboles, la tranquilidad, los olores a pino o roble, etc. Mientras que, quizás, el pequeño herrerillo que observas con tus prismáticos, encuentra en este bosque un mundo de posibilidades, oquedades donde anidar, follaje tras el que protegerse, humedad, alimento, etc. En definitiva una serie de factores que marcan la diferencia entre un ecosistema hecho o no para vivir en él. 

Entre la gran diversidad de hábitats que recorren nuestro territorio, existe una serie de extensiones de terreno llano con parte de su superficie dedicada al cultivo. Estos campos o campiñas gozan de un mosaico vegetal en el que pueden encontrarse pequeñas y reducidas estepas, campos cultivados y otros abandonados que han dejado paso a matorrales y herbáceas.

Cardos, amapolas y otras hierbas con flores y semillas aprovechan estos abandonos para salir adelante en una tierra de origen fértil. Todas estas flores, que crecen en primavera, han sido uno de los factores para que se puedan ver grandes bandos de jilgueros aleteando en colores amarillos y negros intermitentes. El indiscriminado uso de herbicidas para parar el avance de este tipo de plantas evita que crezcan tales formaciones y por tanto desaparecen las poblaciones de estas aves.

Jilguero europeo (Carduelis carduelis).
Con su pico acabado en punta consigue hacerse con las semillas de los cardos.

Si hay un paseriforme que haya encontrado en las campiñas las necesidades básicas como para considerarlo su hogar, este es el escribano triguero. Es la banda sonora de este lugar, una especie emblemática de los cultivos y las campiñas con cierto porcentaje de arbolado disperso. Sus nombres en español y en inglés, corn bunting (escribano del maíz), dejan muy clara su predisposición por este enclave.

Escribano triguero (Emberiza calandra).
Desde perchas como esta entona su característico canto.

Y es que, la abundancia de alimento en los campos de cultivo, que forman parte de este ecosistema, atraen a una fauna singular. Muchas aves y algunos pequeños mamíferos acuden para alimentarse del grano cultivado. La abundancia de roedores entorno al trigo o la cebada y la diversidad de reptiles que, gracias a las condiciones meteorológicas, se mueven a sus anchas, son dos de los factores por los que el aguilucho cenizo, especie icono de este hábitat, prefiere campear sobrevolando estos terrenos en busca de presas como estas. El uso de raticidas o venenos para proteger las cosechas, pueden acabar, no solo con las presas del aguilucho, sino también con muchos ejemplares que ingieran por error estos bocados mortales.

Aguilucho cenizo (Circus pygargus) macho.
Su vista y su capacidad para campear largas distancias son muy útiles en la campiña.

Los roedores, las aves y los reptiles no son los únicos beneficiarios de tan diverso ecosistema. Un pequeño grupo de animales, que en ocasiones pasa desapercibido, también comparte nicho en la campiña. Nos referimos a los invertebrados, tan pequeños y con ese papel tan grande que es la polinización. Desafortunadamente para ellos, aquí se convierten en un blanco fácil para muchas aves que también han de trazar sus estrategias de supervivencia. El abuso de insecticidas, diezma las poblaciones de invertebrados y por lo tanto las de aves insectívoras.

Cogujada común (Galerida cristata).
Uno de los depredadores de insectos en la campiña.

Es muy común que los campos abandonados que ya han pasado por un proceso de colonización por especies herbáceas, alcancen el siguiente paso dentro de la sucesión vegetal. Comienzan a crecer sobre estos terrenos pequeños y aislados matorrales, que entre otras cosas cambian el aspecto del hábitat y por lo tanto los recursos. Las retamas u otros matorrales o plantas leñosas con frutos más carnosos comienzan a ofrecer alimento a aves como el verderón común o las currucas.

Verderón común (Chloris chloris) macho.
Las relamas son de las primeras plantas leñosas en aparecer tras el abandono.
Curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala) macho.
Las especies anteriores a la campiña vuelven a surgir, como esta quercínea.

La siega de los cultivos, ya sea cebada, trigo u otro cereal, pone en peligro los nidos de nuestra rapaz de la campiña. Sin embargo, si se hace con cuidado evitaremos este daño y además, los restos de dicha siega serán un recurso alimenticio más para aves tales como los estorninos que, a pesar de que duermen en zonas más rurales, se alimentan en este tipo de hábitats. Con una buena gestión estaremos beneficiando a varios grupos de aves y evitaremos males mayores.

Estornino negro (Sturnus unicolor) pollo del año.
Aprovechan la vegetación de los alrededores de las casas de labranza para poner sus nidos.

Es muy común que cerca de los terrenos trabajados, exista un pequeño núcleo de población, donde las posibilidades se vuelven a multiplicar y muchas especies encuentran oportunidades y ventajas en esta mezcla de campiña y hábitat rural. Es el caso del cada vez más escaso gorrión o la tórtola turca, un caso totalmente opuesto ya que sus poblaciones pasan por un momento de crecimiento y expansión.

Tórtola turca (Streptopelia decaocto) pareja.
Posadas en los cables de las afueras de las poblaciones.
Gorrión común (Passer domesticus) macho.
Granívora por excelencia, está sufriendo un retroceso a causa del abandono de las zonas rurales.

Los alrededores de pueblos y aldeas de tradiciones agrícolas, estrechamente relacionadas con la campiña suelen albergar también una pequeña fauna alada bastante típica de este ecosistema. Urracas y otros córvidos que se alimentan tanto en los campos como en estos núcleos urbanos, golondrinas, que sobrevuelan al ras los cereales capturando en vuelo insectos voladores, pero que necesitan de una buena pared vertical para construir sus nidos y otras aves, como el gorrión chillón que se deja ver en ocasiones por campiñas con un poco más de relieve o con taludes, donde anida la especie.

Golondrina común  (Hirundo rústica)
Descansando en un cable,elemento asociado artificial de los entornos rurales.
Gorrión chillón (Petronia petronia)
Los cables son un recurso territorial, desde donde cantar y reclamar un área de cría.

A lo largo de la campiña, existen una serie de pequeñas dehesas creadas por el abandono de pequeños cultivos arbóreos como los olivos. Entre sus troncos vuelan, currucas, pardilllos o tarabillas, un pequeño grupo de aves que han encontrado un nicho perfecto para explotar. Los pa´ridos, como el herrerillo o el carbonero se desarrollan con soltura en un ecosistema de este tipo. Las orugas y otros invertebrados que forman parte de su dieta abundan en estos entornos, además de que la madera abandonada posee oquedades en las que nidificar.

Carbonero común (Parus major) macho.
Colgado de esta  valla, trae una ceba para sus pollos, que se encuentran en un olivo cercano.
Herrerillo común (Cyanistes caeruleus).
Los troncos de los olivos abandonados son perfectos para nidos tan bien protegidos como este.

Es bastante habitual que en las cercanías de nuestra campiña, se extienda el serpenteante curso de un río o un pequeño arroyo. Esto se debe a la necesidad de este recurso para que los terrenos mantengan algo de humedad, o para abastecer pueblos como los anteriores. En su orilla, crece sin apenas freno, un pequeño bosque de ribera en el que se pueden escuchar los cantos del ruiseñor común, o el "tur tur" de una especie también de la campiña y no tan restringida al bosque de ribera como el ruiseñor, la tórtola europea, ave del año 2015, considerada como tal por sus problemas de conservación.

Ruiseñor común (Luscinia megaryhnchos) cantando.
Sus melódicos trinos resuenan en el estrecho bosquecillo que nutre las tierras de labranza.
Tórtola europea (Streptopelia turtur).
Su típico canto, frecuente en primavera, se oye cada vez menos en los campos de rastrojos.

Los problemas de conservación que desgraciadamente abundan en un ecosistema aparentemente pobre, pero con una riqueza tan especial, están a la orden del día y por lo tanto es importante diseñar estrategias que permitan frenar las problemas y amenazas que tantos efectos negativos tienen sobre las poblaciones de aves y otros animales.

Casos como el de la Campiña sur de Extremadura, donde desde el año 2004 se declaró como ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves) y que se viene gestionando como parte de la Red Natura 2000, es un claro ejemplo de que existe algo de esperanza que nos invita a ser optimistas en cuanto a la conservación de las campiñas y su habitantes.

martes, 10 de noviembre de 2015

La diversidad de las Bardenas Reales I

Las Bardenas Reales es un parque natural navarro, situadas en el sur de esta comunidad autónoma, limitando por el este con Aragón. Se trata de un ecosistema semiárido donde los cultivos de secano y las formaciones geológicas, resultado del desgaste de los materiales con el agua, dan lugar a un paraje sin igual que recuerda a los desiertos tejanos y del este de Estados Unidos.
Todo ello ha provocado que sea el lugar favorito para gran cantidad de rodajes de películas, anuncios y últimamente de la serie de Juego de Tronos.

Cortados en un atardecer de Bardenas Reales.
Los cambios de tiempo son muy radicales en Bardenas Reales.
Pero su singularidad no es solo paisajista. A pesar de ser un ambiente semiárido y de tener una apariencia inhóspita, tras sus arenosos caminos y escarpados cabezos se esconde una fauna que no podríamos imaginar. He elegido este lugar porque hemos estado yendo, mis compañeros Diego, Alfonso y Sergio a lo largo de este año en diferentes momentos y hemos podido observar la gran variedad de avifauna que hay en este lugar. Es cierto que esta varía a lo largo del año, muchas especies se ven en cualquier época, otras solo durante el verano otras pocas simplemente pasan por allí.

Existe un grupo de aves que se pueden ver durante todo el año en el parque natural. Estas son las residentes y en algunos casos también se reproducen en este ecosistema:

Ánade azulón (Anas platyrhynchos) en una laguna artificial de las Bardenas Reales.
Esta especie frecuenta las pequeñas balsas que se forman tras la lluvia, gracias a la impermeabilidad del suelo.
Pareja de perdiz roja (Alectoris rufa) en los campos de cultivo en Bardenas Reales.
Es fácil ver a esta en parejas durante la época reproductora. (macho y hembra).
En invierno se junta en bandos de varios individuos y frecuenta barbechos.
Garza real (Ardea cinerea) pasa volando por las Bardenas Reales.
Esta es otra de las especies que se aprovecha de las balsas temporales de Bardenas.
Allí se alimenta de la gran variedad de anfibios e insectos acuáticos que hacen uso de las balsas.
Buitre leonado (Gyps fulvus) especie estrella de las Bardenas Reales.
Aprovecha los cortados de todo el parque para nidificar y pasar el día.
Desafortunadamente sus poblaciones en el parque no pasan por su mejor momento.
Diversas amenazas como venenos, molestias, etc. hacen peligrar a la población.
Cinco buitres leonados (Gyps fulvus) descansan durante el día en uno de sus posaderos favoritos.
Los cortados y cabezos que se forman en las Bardenas son idóneos para esta especie.
Para ver cómo crecen los buitres leonados desde que nacen hacer clic aquí.
Buitre leonado (Gyps fulvus) majestuosos colores pardos decoran esta rapaz necrófaga.
Su fuerte pico le permite alimentarse de animales muertos y desgarrar la carne.
Buitre leonado (Gyps fulvus) planeando sobre nuestras cabezas.
Sus aproximadamente 2 metros y medio de envergadura la convierten un ave magnífica.
Buitre leonado (Gyps fulvus) con marca alar en Bardenas Reales.
Número de marca: TX1 (Blanco)
Es un ejemplar marcado que frecuenta los cortados y que es famoso por el lugar.
Águila real (Aquila chrysaetos) otra de las rapaces residentes de Bardenas Reales.
Las molestias causadas por cambios en el suelo y los turistas han reducido sus territorios de cría.
Aunque de lejos, pudimos deleitarnos con este magnífico ejemplar durante un buen rato.
Milano real (Milvus milvus) una figura inconfundible en las Bardenas Reales.
Sus marcas claras en el interior del ala y su cola ahorquillada son únicas y facilitan su identificación.
Desde arriba busca pequeños roedores que se muevan entre los cultivos o carroña
Aguilucho lagunero occidental (Circus aeruginosus) sobrevolando la zona de las Bardenas.
Es muy fácil poder observar a esta rapaz por encima de los carrizos de las balsas temporales de este lugar.
Allí encuentra las aves acuáticas de las que se alimenta, aunque también depreda sobre mamíferos.
Cernícalo vulgar (Falco tinnunculus) encuentra un ecosistema idóneo en Bardenas Reales.
Los terrenos abiertos y los cultivos ofrecen una fuente de recursos alimenticios.
Esta especie también saca partido de los roquedos, ubicando los nidos en sus agujeros.
Hembra de cernícalo vulgar (Falco tinnunculus) observando desde su atalaya.
Ambos sexos tienen el dorso moteado.
Sin embargo, la "ceja" clara de la cara de este ejemplar es propio de las hembras.
Gallineta común (Gallinula chloropus) junto a su pollo en una laguna artificial de las Bardenas Reales.
Esta rálida encuentra una gran oportunidad en este tipo de ecosistemas.
Las algas y otras plantas acuáticas le sirven de alimento.
Joven de gallineta común (Gallinula chloropus) en los alrededores de esa misma laguna.
Tras varios meses después los pollos que nadaban junto a su madre pasean ahora solos.
Además de ser pardo, no tiene el escudete rojo típico de los adultos.
Macho de ganga ibérica (Pterocles alchata) en los barbechos de Bardenas Reales.
Esta especie es muy típica de ambientes muy áridos como este donde cría.
Sus hábitos crepusculares y sus colores crípticos las hacen casi invisibles entre los barbechos.
Macho de ganga ibérica (Pterocles alchata) en primer plano al atardecer de Bardenas.
Los machos se diferencian de las hembras por esas manchas claras de la espalda.
Como en otras aves esteparias, ellas son mucho más crípticas.
Cogujada común (Galerida cristata) es una de las especies que pone banda sonora a las Bardenas Reales.
Es muy común verla sobre una ramita de sabina o entre la sosa cantando a pleno pulmón.
Cogujada común (Galerida cristata) es  tremendamente frecuente en Bardenas Reales.
Su característica cresta alargada le da ese toque gracioso e inconfundible.
Figura de una cogujada común (Galerida cristata) cantando sobre la rama de un romero.
Su pico largo y curvo lo diferencia de la idéntica cogujada montesina.
Cogujada montesina (Galerida theklae) tras un vallado agrícola de las Bardenas Reales.
Como decía su pico más menudo la diferencia de su idéntica pariente la cogujada común.
Lavandera blanca (Motacilla alba) sobre el centro de visitantes de Bardenas Reales.
Frecuenta las balsas y lagunas artificiales en busca de insectos, muy asociados a estos ambientes.
Petirrojo europeo (Erithacus rubecula) rondando el pequeño jardín botánico del centro de visitantes.
Tan cauteloso pero confiado como siempre.
Hembra de colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) entre los escarpados relieves de Bardenas Reales.
Ambos tienen la cola anaranjada pero a diferencia del macho, la hembra es parda.
Para saber más sobre esta especie hacer clic aquí.
Macho de colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) destacando sobre los materiales claros de Bardenas.
También tiene la cola anaranjada, pero él es negro pizarra con dos manchas blancas en las alas.
Su intenso y ruidoso chasqueo resuena como eco entre estos lugares.
Para saber más sobre esta especie hacer clic aquí.
Tarabilla común (Saxicola rubicola) con una cumbre de Bardenas como fondo.
A esta especie le encanta colocarse en la parte más alta de los arbustos y matorrales de este ecosistema.
Juvenil de tarabilla común (Saxicola rubicola) persiguiendo a sus progenitores, en un olivo ornamental.
Es muy fácil cruzarse con los individuos jóvenes de esta especie, que siguen pidiendo alimento
uvenil de tarabilla común (Saxicola rubicola) en lo alto de un matorral en Bardenas Reales.
Sigue a sus progenitores durante un tiempo después de haber salido del nido.
Es una especie que se reproduce y cría en el ecosistema bardenero.
Macho de curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala) en los matorrales de Bardenas Reales.
Su marcada cabeza negra, decorada con su ojo rojo, en contraste con su barbilla negra son inconfundibles.
Las hembras son más apagadas y no dejan ver ese negro-blanco tan marcado.
Curruca rabilarga (Sylvia undata) cantando desde lo alto de una sabina en Bardenas Reales.
Es bastante común en este ecosistema, pues se alimenta entre matorrales, un ambiente abundante aquí.
Pareja de curruca rabilarga (Sylvia undata) jugueteando en un vallado agrícola en las Bardenas Reales.
Se alimenta de insectos, un recurso que abunda en el ambiente árido del parque natural.
Cistícola buitrón (Cisticola juncidis) entre la sosa de las Bardenas Reales.
Es una especie típica de carrizales, aunque también se la puede ver fuera de ellos, entre el matorral.
En Bardenas parece haber desarrollado una predilección por los campos de sosa.
Cistícola buitrón (Cisticola juncidis) con sus apenas 11 cm de longitud.
Se trata de una especie muy pequeña que destaca por sus colores y sus "líneas" del dorso.
Mosquitero común (Phylloscopus collybita) sobre una valla de alambre en las Bardenas Reales.
Este pequeño pajarillo de unos 12 cm se identifica por la "ceja" clara que destaca por encima del ojo.
Mosquitero común (Phylloscopus collybita) entre el romero en busca de insectos.
Como decíamos al principio, los insectos voladores como mosquitos y moscas abundan en las Bardenas.
Un recurso del que este insectívoro sabe sacar provecho.
Alcaudón real (Lanius meridionalis) en los matorrales de las Bardenas Reales.
Esta especie fue descrita como tal en base a evidencias genéticas ya que es muy similar al alcaudón norteño.
Por lo tanto solo se puede diferenciar por su rango de distribución.
Cría en este tipo de llanuras semiáridas con matorrales y arbustos.
Alcaudón real (Lanius meridionalis) oteando las rocas de Bardenas Reales.
Se alimenta de pequeños reptiles y mamíferos que él mismo captura y después trincha en espinas.
Grupo de tres chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax) sobre los cortado de Bardenas Reales donde nidifican.
Es frecuente verla en bandos de varios ejemplares, pues se trata de una especie muy gregaria.
Chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax) descansando sobre una de las formaciones.
Sus gritos adornan de forma constante el silencio desértico de los cortados.
Una chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax) pasa volando por encima de nosotros.
Su plumaje negro en contraste con su pico rojo hacen honor al nombre de este córvido.
El cuervo común (Corvus corax) córvido por excelencia de los cortados de Bardenas Reales.
Se trata de otra de las especies que está perdiendo territorios de cría.
Actualmente se tienen muy pocas parejas nidificando, cuando antaño abundaba.
Al tratarse de una especie carroñera se enfrenta a amenazas similares a las de otras aves necrófagas.
Bando de estorninos negros (Sturnus unicolor) sobre un cable de las Bardenas Reales.
Esta especie es tremendamente gregaria, llegando a formar bandos de cientos de individuos.
En Bardenas se alimenta sobretodo en las pocas y pequeñas granjas ganaderas (ovejas) que quedan.
Hembra de gorrión común (Passer domesticus) entre el romero de un campo en Bardenas Reales.
Sin la característica mancha de la garganta del macho, la hembra es mucho más apagada.
Crían también en pequeños agujeros de las piedras o los de otras especies.
Macho de gorrión común (Passer domesticus) sobre el romero, abundante en el parque natural.
La poderosa mancha a modo de babero y el píleo (parte superior de la cabeza) gris lo distinguen de la hembra.
Se hace raro ver a este pequeño paseriforme desarrollarse con naturalidad lejos de núcleos urbanos.
Para saber más sobre esta especie hacer clic aquí.
Macho de gorrión común (Passer domesticus) sobre los matorrales de este ambiente semiárido.
Esta vez lo he pillado cantando y reclamando probablemente algún territorio de cría.
Macho derecha y hembra izquierda de pardillo común (Carduelis cannabina) entre el romero.
Es fácil diferenciar los sexos, sobretodo en época de cría, cuando el macho tiene la pechera rojo intenso.
Se trata de una especie gregaria que en invierno se junta en bandos para llegar a sus dormideros.
Hembra de pardillo común (Carduelis cannabina) en Bardenas Reales.
Rebuscando entre el romero para hacerse con insectos, semillas o los brotes.
Serín verdecillo (Serinus serinus) cantando desde la ramita de un arbusto seco en Bardenas reales.
Su sonido no es muy común por este ecosistema, pero cuando se deja ver es todo un espectáculo.
Serín verdecillo (Serinus serinus) entre el esparto seco de las Bardenas Reales.
El amarillo intenso de su pechera lo hace identificable desde lejos.
En esta imagen le podemos ver con un insecto en el pico, tras haberlo capturado.
Escribano triguero (Emberiza calndra) sobre el matorral y los arbustos del parque.
Otra de las especies que ponen banda sonora a las Bardenas Reales.
Su inconfundible sonido adorna los campos de cultivos, los matorrales, los barbechos, etc.
Escribano triguero (Emberiza calndra) descansa de su continuo cantar sobre una ramita seca.
Muchos describen su sonido como una canica cayendo y lo cierto es que se asimila mucho.
Si no es por su sonido, su mancha del pecho delata su identidad.
Estas junto con la siguiente lista de aves, forman una avifauna diversa en un espacio aparentemente inhóspito:
  • Avetoro común (Botaurus stellaris) (*)
  • Garcilla bueyera (Bulbucus ibis)
  • Busardo ratonero (Buteo buteo)
  • Focha común (Fulica atra)
  • Alcaraván común (Burhiunus oedicnemus)
  • Ganga ortega (Pterocles orientalis)
  • Paloma zurita (Columba oenas)
  • Lechuza común (Tyto alba)
  • Urraca (Pica pica)
  • Pinzón vulgar (Fringilla coelebs)
  • Jilguero europeo (Carduelis carduelis)
  • Verderón común (Chloris chloris) (*)
Después de esta extensa y larga ristra de aves, dejamos para otro día el resto, las estivales y las de paso de Bardenas Reales. Pero podemos ir comprobando la gran cantidad de aves que puede haber en lugares tan desérticos como este. No dejan de sorprendernos estas aves pero tampoco debemos confiarnos, hay que seguir dudando sobre qué especie se esconderá detrás del matorral aquel, o cuál estará cantando ahora mismo. Es así como vamos a dar con una cantidad mucho mayor.