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jueves, 7 de marzo de 2024

Vegas de Aranjuez

¡Hola de nuevo! 

En esta ocasión nos hemos ido al sur de Madrid, al paso del tajo por Aranjuez. Una zona fantástica de sotos ribereños que se despide del invierno y va dando paso a la primavera. El paisaje esta espectacular. Aunque muchos árboles no tenían hojas hemos podido ver gorriones comunes y molineros, palomas zuritas y torcaces y mucho estornino imitando algunas aves estivales. Se traían mucho ajetreo y algunos incluso llevaban ceba al nido.

Blanquita de la col (Pieris rapae)

miércoles, 7 de febrero de 2024

Bosques de Braojos

¡Hola de nuevo!

Esta semana hemos hecho una escapada el miércoles a los bosques de la Sierra Norte, concretamente a los de Braojos que estaban tranquilos y sin gente. Queríamos ver el final del invierno y vaya que si lo vimos, aves cantando a pleno pulmón, cortejándose, peleándose y bosques con yemas y brotes avanzados. El lugar estaba espectacular, las vacas, las ovejas y la luz le daban un aspecto mágico a este rincón tan especial. Fue una salida fantástica.

Macho de escribano soteño (Emberica cirlus)

jueves, 23 de noviembre de 2023

Acuáticas y esteparias

 ¡Hola pechiazules!

Esta vez hemos estado por la Comunidad de Madrid. Nuestro objetivo era visitar, en el mismo día, dos ambientes diferentes: las artificiales lagunas asociadas al curso del Jarama al sur de la capital; y los extensos llanos de la alcarria madrileña. De esta forma iríamos principalmente en busca de aves acuáticas y esteparias. Noviembre es un mes muy interesante para acudir a cualquier humedal de la Comunidad de Madrid. Muchas especies de aves acuáticas acuden a estas láminas de agua para buscar refugio durante el invierno. Mientras en los llanos, las esteparias forman bandos numerosos para protegerse frente a posibles depredadores. ¿Queréis saber qué especies vimos? ¡Vamos a ver esa crónica!

Cuchara común (Spatula clypeata) izquierda y avutarda común (Otis tarda) derecha 

sábado, 11 de noviembre de 2023

Laguna de Gallocanta

¡Hola pechiazules!
En esta ocasión estuvimos en la Reserva Natural Dirigida de la Laguna de Gallocanta, en un viaje exprés de dos días en el que pudimos empaparnos de la riqueza de este lugar y por supuesto del griterío y los vuelos de las grullas. Fue una experiencia única y eso que este año la laguna no vive su mejor momento ni por nivel de agua ni por cantidad de grullas ya que están tardando más de lo habitual en llegar, posiblemente por él tiempo de vientos y lluvias que hemos tenido entre finales de octubre y principios de noviembre. Pero bueno, no doy más rodeos y voy con la crónica del viaje.

Bando de grulla común (Grus grus)

martes, 31 de octubre de 2017

Tras los mirlos capiblancos

Hola a todos de nuevo.

En esta ocasión os muestro algunas aves que vimos en una excursión al Parque Nacional de Guadarrama, en una subida al pico de Peñalara. El principal objetivo de la excursión era ver y fotografiar la llegada de los mirlos capiblancos que año tras año paran en las cumbres madrileñas durante sus movimientos migratorios.

"Si quieres venir a verlos con nosotros tenemos una excursión organizada para observar mirlos capiblancos el próximo 24 de octubre de 2020. Más información y reservas aquí"

El mirlo capiblanco (Turdus torquatus) es muy parecido al mirlo común pero a diferencia de este esta condecorado con una amplia medalla blanca en forma de babero que le cubre todo el pecho. En España únicamente se puede ver durante el periodo reproductor en las grandes cadenas montañosas del norte de la Península, al llegar el invierno muchas aves europeas atraviesan iberia para invernar al sur del viejo continente o al norte de África. Algunos ejemplares se quedan en pequeñas poblaciones invernantes en la mitad oriental de la Península Ibérica.

Para encontrar a estos mirlos que solo se ven a finales de octubre en Madrid, tuvimos que andar un buen rato hasta llegar a las Lagunas de Peñalara, donde son más fáciles de avistar. Por el camino muchas otras aves de las cumbres salieron a nuestro paso para deleite de todos los asistentes. Madrugamos y llagamos a Puerto de Cotos a la salida del sol, aunque la mañana salió fría el cielo estaba despejado y parecía que iba a ser un gran día.

Subida a Peñalara desde Puerto de Cotos tras los mirlos capiblancos.
Subida a Peñalara desde Puerto de Cotos tras los mirlos capiblancos.

martes, 5 de abril de 2016

La diversidad de la Costa da Morte III

Última entrada de una serie de tres capítulos que nos han llevado a las escarpadas y rocosas costas gallegas de poderosas olas y fuertes corrientes. En las anteriores visitas nos paseamos por la playa de Baldaio y las Islas Sisargas (Ver "La diversidad de la Costa da Morte I"), recorrimos la ensenada A Insua, visitamos la Laguna Traba y nos acercamos a ver las olas romper contra las rocas a dos de los cabos más famosos de esta costa, el Cabo Vilán y Touriñán (Ver "La diversidad de la Costa da Morte II"). En esta ocasión nos acercaremos a otra de las muchas lagunas costeras de Costa da Morte y a una playa llena de vida, desde donde desvelaremos qué habitantes ocupan estas tierras.

Estos son los únicos "bañistas" de uno de los lugares de los que vamos a hablar.

Playa de Carnota

Dentro de la comarca de Muros, se accede desde la población con la que comparte nombre, lugar donde se encuentra uno de los mayores hórreos más largos del mundo, el Hórreo de Carnota con casi 35 metros. Si hablamos de tamaños cabe destacar los 12 km de longitud (entre arena y rocas) de la playa de Carnota, distancia que aprovechan multitud de aves playeras para descansar en bandos invernales de cientos de individuos.

Situación de la playa de Carnota (nº 9) en la costa gallega.

Desde Carnota se puede acceder a la playa de forma cómoda por una carretera asfaltada y dependiendo de lo lleno de coches que esté, se puede dejar este en un pequeño aparcamiento justo en la playa. A partir de aquí nos tendremos que acercar a pie, lo que es un privilegio ya que hay unas pasarelas que facilitan el proceso. Desde aquí podremos observar algunas de las especies que se quedan separadas de la costa, sobre todo las ardeidas, la garza real y la garceta grande, dos o tres lavanderas blancas y algún que otro cormorán grande persiguiendo a los peces que se quedan atrapados al bajar la marea.

Garceta grande (Egretta alba) en una de las rocas de la playa de Carnota, en la zona inundada.

Si lo que queremos es acercarnos a la costa para ver algunas de las aves playeras, debemos salir de la pasarela por los lugares indicados y mantenernos a una distancia prudente para no ahuyentarlas. Con cuidado y tras unas rocas salientes se puede ver fácilmente algunas especies frecuentes en estos ecosistemas. Lo que mas abunda son limícolas, entre las que se encuentran zarapitos, agujas, correlimos, andarríos, ostreros, etc. También se pueden ver gaviotas y cormoranes estos últimos sobre las rocas de las playa.

Aguja colipinta (Limosa lapponica) entre todas las limícolas de la playa.
La tranquilidad de este lugar les da un respiro a estas aves y pueden descansar.
Siete chorlitos grises (Pluvialis squataroia) destacan por sus plumajes moteados.
En vuelo esta especie presenta una marca única, una mancha negra en cada axila.
Correlimos común (Calidris alpina) en primer término se ven pequeños al lado de los chorlitos.
Su plumaje oscuro los diferencia de los correlimos tridáctilos del fondo.
En época estival es más fácil diferenciarlos porque se les pone el vientre muy oscuro.
Gran grupo de correlimos tridáctilos (Calidris alba) al fondo se ven mucho más claros que el resto de especies.
Ostreros euroasiáticos (Haematopus ostralegus) en la orilla de la playa descanando.
Un grupo bastante nutrido, como de 20-30 ejemplares. 
Bando de zarapito real (Numenius arquata) durmiendo en la costa.
Hasta ahora son las limícolas de mayor tamaño que se encuentran en la playa.
Sus curvados picos son inconfundibles y delatadores, además asoman por encima del resto de limícolas.

Se trata de una playa dinámica, algún que otro bando de limícolas pasa cerca de la orilla en busca de un lugar en el que descansar. Algunos son fácilmente identificables desde la lejanía, es el caso del chorlito gris, que en vuelo deja al descubierto una mancha negra en las axilas. Tras varias pasadas teminan por aterrizar en la arena. Sin embargo otras aves, como las marinas, no comparten mencionados hábitos, sino que descansan o acicalan sus plumas en los salientes rocosos que hay en la playa. Es bastante común observar allí a cormoranes o gaviotas en estos posaderos rocosos que acaban volviéndose blancos por la acumulación de excrementos.

Gaviota patiamarilla (Larus michahellis) sobre las rocas.
Se trata de una de las gaviotas más abundantes y extendidas en nuestro país.
Varias especies de cormoranes, cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis) y cormorán grande (Phalacrocorax carbo).
El moñudo  es más pequeño y no posee la mancha blanca en el pico. En la imagen hay dos, ¿sabes cuales?
Los cormoranes grandes no tienen las plumas de la frente levantadas a modo de mini-cresta.

Laguna de Louro

Al sur de la playa de Carnota se extiende una pequeña península que va desde Lira hasta Louro y su faro por el oeste y hasta Muros por el este. En Louro, se puede acceder por carretera a esta laguna interior separada del mar por una gran duna de arena.

Laguna de Louro (nº 10) al sur de la playa de Carnota (nº 9)

Si se sale desde Carnota en dirección Louro, se puede ir haciendo paradas a ver la diversidad de aves que esconden los pequeños bosquecillos que se forman a la entrada de algunas poblaciones. Allí las aves más comunes como estorninos y jilgueros se pueden observar fácilmente en los alrededores de casas y huertas. Durante nuestro paseo por una agradable y típica aldea gallega pudimos ver también un nutrido bando mixto de jilgueros lúganos aprovechando los frutos del Platanus hispanica. Aunque estos no fueron los únicos habitantes alados, la diversidad nos sorprendió bastante.

Cistícola buitrón (Cisticola juncidis) sobre una ramita de un árbol seco.
Este pequeño pajarillo evidencia su presencia con un repetitivo sonido muy caracteristico.
En vuelo emite un "tsip" que delata su presencia.
Macho de colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) sobre una roca.
Es mu fácil detectar a esta especie sobre las rocas, le encanta situarse ahí mientras rebota su roja cola.
Para saber más sobre la especie haz clic en: Colirrojo tizón
Grupo de estorninos negros (Strunus unicolor) sobre el tejado de una casa en una de las poblaciones.
Es una especie gregaria y no es raro ver volando grupos enormes que en ocasiones parecen nubes de aves.
Jilguero europeo (Carduelis carduelis) otra especie gregaria pero con grupos más pequeños que los anteriores.
Sus colores alegran los campos ahora que no ha llegado la primavera más floral.
Hembra de jilguero lúgano (Carduelis spinus) alimentándose de los frutos de Platanus hispanica.
La hembra se puede confundir con los verdecillos, por sus colores verdes apagados y amarillos.
El macho es algo más reconocible, pues posee un píleo muy negro una caractérisitica única de la especie.
Reyezuelo listado (Regulus ignicapilla) entre las retamas de la cercanía a una población gallega.
Entre otras cosas, desataca su ceja blanca que se ve muy bien independientemente de los escondido que se encuentra.

Aquí se concentran a descansar un buen número de aves durante sus pasos migratorios. Las especies que aquí paran a descansar suelen ser anátidas y otro tipo de acuáticas. Desde la orilla, poco preparada para la observación de aves, se puede ver garzas reales, anátidas, zampullínes y unas cuantas especies más. Lo cierto es que lo apartada y escondida que está le da un toque de misterio.


Grupo de zampullín común (Tachybaptus ruficollis) jugueteando en el agua.
Si se juntan varios zampullines se les puede ver juguetear, bucear, saltar, nadar, etc
Espátula común (Platalea leucorodia) en la laguna de Louro.
Es una de las sorpresas que puede ofrecer la laguna, auqnue también la variedad de especies.
Garza real (Ardea cinerea).
Varias garzas se extendían por toda la laguna, algunas en la orilla donde podían pescar más resguardadas.
A este ejemplar le gustó mucho posar para nosotros y se paseaba de aquí para allá.
Pareja de cerceta común (Anas crecca) algo escondidas, fue sorpresa dar cone ellas.
Si se emplean unos minutos para chequear la laguna se pueden dar con algunas aves escondidas por las orillas.
Grupo de ánades frisos (Anas strepera) bastante distraídos en el fondo de la laguna.

Con algo de melancolía despedimos esta tierra de hórreos, este lugar de humedad que trae vida a sus paisajes. En este pequeño y último tramo del viaje hemos podido contemplar y disfrutar de la diversidad de sus playas, sus rocosas costas, sus ricos humedales y sus bosques llenos de vida. No es una comarca que pasar por alto, merece la pena hacer una parada en estos lugares, no solo en estos últimos, también en los mencionados en las entradas anteriores:

-.Playa de Badaio.- 
-.Islas Sisargas.- 
-.Ensenada A Insua.- 
-.Laguna Traba.- 
-.Cabo Vilán.- 
-.Cabo Touriñán.- 
-.Playa de Carnota.- 
-.Laguna de Louro.- 


"¡Hasta pronto Galicia!"

martes, 8 de marzo de 2016

Patones, hogar del pico menor

Situado al nordeste de la Comunidad de Madrid, Patones es uno de lo municipios con un importante desarrollo del turismo rural. Quizás se deba al atractivo de sus paisajes y la singularidad de sus pueblos y sus habitantes. En general el entorno esconde un entrañable ambiente que invita a adentrarse en lo más profundo de sus pequeños bosques y montes.

Camino que recorre un importante bosque de galería de fresnos, chopos

En su extensión se encuentra la presa del Pontón de la oliva, cuyo entorno se preserva bastante bien a pesar de las obras y construcciones de las infraestructuras hidráulicas. Es fácil ver fresnedas, pinares algún que otro roble suelto y de vez en cuando alguna encina. Por supuesto las retamas y otra vegetación arbustiva como zarzas, jaras y tomillos ofrecen más alternativas para el desarrollo de las especies de aves.

Para visitarlo nos acercamos a uno de los aparcamientos que se encuentran en la subida de la carretera M-134, en dirección El Atazar. Desde ahí ya se acercan algunas aves a nuestra llegada, como la lavandera blanca que delata la presencia y cercanía del propio embalse; o el petirrojo europeo que si llegamos de madrugada puede deleitarnos con sus preciosos cantos matutinos. Con unos cuanto minutos más en el aparcamiento podemos llegar a ver algún que otro agateador europeo o incluso bandos ruidosos y numerosos de rabilargo ibérico. Existe la posibilidad, si vamos durante el invierno, de ver bandos nutridos de varios ejemplares de gorrión chillón, sin duda una sorpresa bastante agradable.

Lavandera blanca (Motacilla alba) muy asociada a lugares concierta presencia de agua.
Petirrojo europeo (Erithacus rubecula) a pleno pulmón.
Su canto se encuentra entre uno de los más apreciados dentro de las aves ibéricas.
Tres rabilargos ibéricos (Cyanopica cookii) los colores azulados de esta especie la hacen inconfundible.
Entrañable imagen de un bando de gorriones chillones (Petronia petronia).
Su llamativa ceja clara por encima del ojo permiten diferenciarlo del resto de los gorriones.

Una vez hayamos pasado unos minutos en el aparcamiento merece la pena acercarse un poco hasta el Embalse del Pontón de la Oliva para intentar divisar algunas especies propias de los roquedos que escoltan los lados de dicha construcción. Antes de la llegada al embalse, un camino de retamas y poco arbolado esconde mitos, carboneros comunes y pinzones vulgares. También es probable que varios bandos de gritonas chovas piquirrojas pasen sobrevolando nuestras cabezas y certificando nuestra aproximación a los cortados del embalse.

Mito común (Aegithalos caudatus) en grupos de varios individuos van saltando de rama en rama.
Se ven muy graciosos, su cuerpo redondeado acaba en una larga y fina cola.
Carbonero común (Parus major) en los pocos arboles que hay hasta el embalse se pueden observar páridos como este.
Pinzón vulgar (Fringillia coelebs) cantarín frigílido que también adorna esta "entrada" al emablse.
Uno de los bandos de chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax) que se pueden ver por Patones.

El camino circula por uno de los laterales a una considerable altura, desde la cual podemos obtener una preciosa perspectiva de los aviones roqueros, observables en cualquier época del año, que vuelan seguros por encima de nuestras cabezas. Si avanzamos por este camino deberemos hacerlo con cautela, puesto que pasa muy cerca de la pared rocosa y podemos espantar a las grajillas occidentales o al esquivo roquero solitario. Si dedicamos unos segundos a mirar hacia abajo, tendremos la posibilidad de ver mirlo acuático jugueteando en el curso del río, alguna que otra curruca capirotada en busca de insectos. Puede ser que en nuestra estancia cerca del aparcamiento no hayamos sido capaces de dar con el gorrión chillón, pues este es el momento, a la citada especie le encanta situarse en la propia estructura del embalse a tomar baños de sol.

Avión roquero (Ptyonoprogne rupestris) en la zona de los cortados del embalse.
Pareja de grajilla occidental (Corvus monedula) en una de las grietas de los roquedos.
El roquero solitario (Monticola solitarius) es una especie propia de estos entornos tan rocosos.
Macho de curruca capirotada (Sylvia atricapilla)
Pareja de gorrión chillón (Petronia petronia).
Les encanta situarse en la propia estructura a tomar el sol al amanecer.

Una vez nos hemos adentrado en embalse es hora de dar media vuelta en dirección al aparcamiento, para retomar la carretera M-134 que va hasta El Atazar. Pararemos justo en el kilómetro 2 donde empieza una ruta que discurre por la linde de un pinar. Ahí hay una pequeña explanada para dejar los coches y una barrera que no permite el paso a vehículos. Desde ahí sale la ruta que nos llevará al magnífico encuentro con una especie icono. Hasta llegar allí se recorren, por un lado un pinar que permite ver arrendajo euroasiático, zorzal común o escribanos montesinos; y jarales y retamares por el otro donde las cogujadas comunes se pueden asustar a nuestro paso. Durante la ruta no faltan los avistamientos de grandes rapaces como las dos grandes necrófagas de nuestra fauna, el buitre leonado y el buitre negro. Cicleando para coger altura, posado en los montes de alrededor, o simplemente de paso. 

Cogujada común (Galerida cristata) a uno de los lados del camino.
Buitre negro (Aegypius monachus) en uno de sus campeos en busca de alimento.

Durante nuestro trayecto pasaremos por una casa abandonada, la antigua Casa de la Tejera donde un inquieto colirrojo tizón nos invita a pararnos en un entorno enzarzado, donde otras aves como petirrojos europeos, tarabillas europeas o currucas cabecinegras pueden ser avistadas entre majuelos, jaras y enebros. Según pasamos la Casa de la Tejera, el arbolado se abre paso y pinzones vulgares y herrerillos comunes se alimentan de los pequeños brotes de una fresneda que parece comerse el espacio dejado por el río.

Macho de tarabilla europea (Saxicola rubicola)
Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) según nos vamos acercando a la fresneda.

Una vez dentro no debemos perdernos ni un solo movimiento, en completo silencio, viendo cómo agateadores europeos y trepadores azules ocupan prácticamente cada fresno, cómo suben y bajan, se ponen del revés y trepan con tanta facilidad. Pero no hay que dejar que ni ellos ni los bandos de jilgueros lúganos nos distraigan durante mucho tiempo, porque es posible que demos con el más pequeño de nuestros pájaros carpinteros, el pico menor. Con aproximadamente 15 cm de longitud este diminuto carpintero del tamaño de un pinzón, se mueve con facilidad por la fresneda que va paralela al río. Sorprende además de verlo, oírlo, porque su pequeño tamaño no le impide golpear fuerte a la madera para sacar las larvas de las que se alimenta y es que en cuanto a fuerza no tiene nada que envidiar al resto de carpinteros. Está claro que para el pico menor el tamaño no importa.

Agateador europeo (Certhia brachydactyla) sin ningún problema asciende por el tronco de los árboles.
Trepador azul (Sitta europea) recurriendo a una de sus despensas en la grieta de este tronco.
Un nutrido bando de jilguero lúgano (Carduelis spinus).
Este bando,con machos y hembras, se alimenta en invierno de las semillas de los fresnos.
La especie estrella, el pico menor (Dendrocopos minor).
A parte de su tamaño, su píleo rojo y su dorso más manchado lo diferencian del resto de los picos.