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lunes, 18 de diciembre de 2023

Alto Tajo

 ¡Hola!

Tras el éxito rotundo de nuestra visita al Alto Tajo de noviembre, repetimos este mes de diciembre la salida, en esta ocasión con el grupo de personas que no pudo asistir en noviembre y alguno más. A excepción de algunos cambios la ruta fue muy similar y también fue perfecta. Pudimos adentrarnos en los hoces horadadas del Tajo descubriendo la riqueza de sus sierras y bosques e incluso nos acercamos a escuchar al búho real al atardecer. Fue una excursión redonda donde la única baja fue el dichoso treparriscos que este año se niega a aparecer. Os cuento lo bien que lo pasamos y las anécdotas que surgieron durante la excursión ¡Vamos allá!

Bando de buitre leonado (Gyps fulvus)

sábado, 11 de noviembre de 2023

Laguna de Gallocanta

¡Hola pechiazules!
En esta ocasión estuvimos en la Reserva Natural Dirigida de la Laguna de Gallocanta, en un viaje exprés de dos días en el que pudimos empaparnos de la riqueza de este lugar y por supuesto del griterío y los vuelos de las grullas. Fue una experiencia única y eso que este año la laguna no vive su mejor momento ni por nivel de agua ni por cantidad de grullas ya que están tardando más de lo habitual en llegar, posiblemente por él tiempo de vientos y lluvias que hemos tenido entre finales de octubre y principios de noviembre. Pero bueno, no doy más rodeos y voy con la crónica del viaje.

Bando de grulla común (Grus grus)

martes, 7 de mayo de 2019

Aiguamolls y Pre-Pirineo Catalán

¡¡Hola de nuevo!!

Este pasado puente de mayo tuvimos la suerte de guiar una excursión por la Cataluña, concretamente en el Parque Natural de las Marismas del Ampurdán y el Pre-Pirineo Catalán en busca de aves tan interesantes como el quebrantahuesos, los mirlos capiblancos o los cernícalos patirrojos con SEO/BirdLife en compañía de Juancho Calleja. Tras cinco días de birdwatching con el grupo observamos y/o escuchamos 168 aves y además nutria, corzo, ciervo, varias especies de lagartijas, anfibios, mariposas, etc.


martes, 25 de octubre de 2016

Aves de las cimas, Ubiña

Desde la parte más baja de los valles, se llega a los últimos pueblos antes de los grandes macizos. Aldeas y poblaciones construidos casi en vertical, cuyas calles y avenidas no son mas que subidas y bajadas. Esta es la pista que nos recuerda que nos encontramos a más de 1.500 metros sobre el nivel del mar. A estas altitudes es fácil plantearse cómo se desarrollará la vida en las laderas escarpadas y rocosas, o entre las grietas y cuevas que aparecen en la roca. La supervivencia de muchas especies, y en concreto de las aves, dependerá de su astucia o de su adaptación al medio.


Las montañas siempre han sido formaciones rocosas que nos asombran. Sus escarpados relieves, lo apuntado de sus cimas y el aspecto dentado de las cordilleras son características que nos llaman la mucho atención. Estos y otras muchos aspectos son la carta de presentación de un macizo hermoso pero poco quizás no tan conocido como otros lugares montañosos de la península. El Macizo de Ubiña es una pequeña comarca montañosa situada en el norte de España -Asturias- y que forma parte de la Cordillera Cantábrica. Con más de 50 cumbres, muchas de ellas con más de 2.000 metros de altitud, es el Peña Ubiña (2.411 m) el que le da el nombre al macizo. Es en esta maravillosa montaña, considerada una de las más bonitas de la Cordillera Cantábrica, se desarrolla la búsqueda de las aves que logran, año tras año, sobrevivir en estos parajes.

Vistas desde la subida al Peña Ubiña (2.411 m).

Un poco antes de salir de uno de estos últimos pueblos de montaña, cuyas fuentes dan un agua fresca y limpia, se pueden ver las primeras especies que se han acostumbrado a la vida alpina. Aunque son habituales de otros lugares, también saben explotar los recursos de zonas con relieve mucho más accidentado. Un claro ejemplo es la gran cantidad de colonias de avión común, especie también presente en zonas de menor altitud, que gozan de la tranquilidad de estos valles.

Pollos de avión común (Delichon urbicum) asomando del nido.
Suelen poner sus nidos en edificios o construcciones y en paredes rocosas, hasta los 2.500 m.
Avión común (Delichon urbicum) adulto cebando a los pollos.
Es una especie muy gregaria y anida en colonias que en ocasiones llegan a las 100 parejas.

Entre tanto avión común volando incesantemente para capturar los insectos voladores que servirán de alimento a sus pollos, se pueden observar también varios vencejos comunes y algunos ejemplares de golondrina común, dos especies que también explotan el mismo recurso.

Tanto movimiento, distrae a un pequeño pollo de lavandera blanca que pasa sus primeros meses de vida entre las tejas de esta casa viendo pasar una y otra vez a estas y otras muchas aves como gorriones comunes, estorninos negros o serines verdecillos.

Pollo de lavandera blanca (Motacilla alba).
Como se ve, los juveniles son grisáceos y uniformes, frente a los colores negros de los adultos.

Las laderas de subida al pico son extensas superficies de pastos verdes por los que el ganado se mueve con confianza. Salpicados por pequeñas laderas rocosas o canchales, que son depósitos de rocas en la base de las laderas, se ven los primeros habitantes del lugar. El colirrojo tizón, bien distribuido por el resto de la península, también logra, entre las rocas, construir su nido y sacar adelante las futuras generaciones que ocuparán el enclave.

Algo menos dependiente del sustrato rocoso que el colirrojo tizón, el bisbita alpino es una especie muy singular, cuyas poblaciones reproductoras se limitan a estos pastos de alta montaña, aunque en invierno los abandona. De pecho liso, gran ceja clara y plumas oscuras de las cobertoras, emite su breve reclamo que recuerda al de las lavanderas.

Bisbita alpino (Anthus spinoletta).
Su breve pero duro "tsiip" resuena en el silencio de la ladera.
Bisbita alpino (Anthus spinoletta).
Hasta los 2.500 metros y si hay laderas de pastos, se podrá seguir viendo a esta especie.

Al llegar al final de la ladera y barrer con los prismáticos el espacio aéreo en busca de más habitantes de las rocosas paredes que escoltan el camino hacia Peña Ubiña, se pueden localizar algunas grandes rapaces como el alimoche común, que en un vuelo poderoso avanza en busca de carroña. A pesar de su aspecto, el alimoche es el más pequeño de los buitres.

Alimoche común (Neophron percnopterus).
De color blanco sucio con plumas de vuelo negras y cola en forma de cuña.

El abundancia relativa de aves en las zonas alpinas no es la misma que la de un bosque o un humedal. La altitud y la disponibilidad, así como las temperaturas extremas del invierno, son factores limitantes, que frenan la colonización de estos escarpados lugares. 

Sin embargo, la reducida cantidad de aves, se compensa con la diversidad específica. Las aves que viven en estos lugares, en muchas ocasiones, solo lo hacen aquí, por lo tanto nos encontramos con verdaderos especialistas en sobrevivir en las cimas más altas de los macizos. Como el gorrión alpino que, como su nombre indica, solo vive en alta montaña y rara vez a menos de 1.800 m.

Pareja de gorrión alpino (Montifringilla nivlais).
De colores blancos que le sirven para pasar desapercibido entre los neveros que frecuenta.

Según se continúa el camino que sube al Peña Ubiña, no se puede evitar quedar asombrado por la habilidad que tienen algunos animales para moverse por el lugar. Es muy habitual que en subidas de alta montaña como esta, nos encontremos con pequeñas manadas de rebecos que tienden a escapar hacia zonas más seguras para ellos, paredes verticales y acantilados por los que parece imposible pasar.

Manada de rebecos (Rupicapra rupicapra).

Entre tanto, aparece y se asoma a curiosear, un pequeño pero colorido habitante de las rocas. Es el roquero rojo, en este caso una hembra que se acerca a uno de los pequeños riachuelos formados por el deshielo de las nieves. Ella no es tan colorida como los machos, que en el periodo estival lucen unos rojos y azules muy bonitos, pero sigue siendo igual de bonito y agradable dar con esta especie, en ocasiones, muy tímida.

Hembra de roquero rojo (Monticola saxatilis).
Curiosa, tímida y precavida, se va acercando poco a poco hasta el riachuelo.

Las últimas laderas de pastos, antes de comenzar una subida casi vertical y pedregosa, están hasta arriba de dos lugareños. Son de color negro, muy ruidosas y les encanta volar en grandes bandos. ¡¡Efectivamente!! Se trata de las dos especie de chova de nuestro territorio, la chova piquirroja y la chova piquigualda. Más común y distribuida esta última, que se puede ver incluso en el centro y sur de la península, aunque siempre asociada a lugares accidentados y rocosos. Por otro lado la piquigualda es limitada a la Cordillera Cantábrica y los Pirineos, toda una experta en supervivencia de este lugar.

Pareja de chova piquigualda (Pyrrhocorax graculus).
Solo cría en zonas alpinas, rara vez a menos de 1.00 metros.
Pareja de chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax).
Es muy habitual verla en bandos que le sirven para localizar mejor el alimento.

Una vez en la cima, se pude ver todo el macizo, la nieve de la cumbre en pleno julio y las laderas por las que se sube, que cada vez son más rocosas. Mientras se descansa en la cima, se puede repetir el mismo barrido con los prismáticos que en las laderas anteriores pudiendo ver esta vez buitres leonados, que con un poco de suerte pueden pasar muy bajos.

Buitre leonado (Gyps fulvus).
Es una rapaz muy planeadora que alcanza esta altura gracias a las corrientes ascendentes de aire caliente.

Cuando hay coger el camino de bajada, cuesta abandonar tan maravillosos lugar, pues las vistas desde arriba son magníficas. Decenas de picos que recuerdan a la dentadura de un carnívoro, decoran un paisaje infinito de tonos verdes, amarillos y azules. La temperatura en verano es mucho más fresca, pero lo mejor es que, en la cima, el silencio es único y la tranquilidad relajante, quizás estos dos factores son lo que tanto atrae a estas aves alpinas

martes, 10 de noviembre de 2015

La diversidad de las Bardenas Reales I

Las Bardenas Reales es un parque natural navarro, situadas en el sur de esta comunidad autónoma, limitando por el este con Aragón. Se trata de un ecosistema semiárido donde los cultivos de secano y las formaciones geológicas, resultado del desgaste de los materiales con el agua, dan lugar a un paraje sin igual que recuerda a los desiertos tejanos y del este de Estados Unidos.
Todo ello ha provocado que sea el lugar favorito para gran cantidad de rodajes de películas, anuncios y últimamente de la serie de Juego de Tronos.

Cortados en un atardecer de Bardenas Reales.
Los cambios de tiempo son muy radicales en Bardenas Reales.
Pero su singularidad no es solo paisajista. A pesar de ser un ambiente semiárido y de tener una apariencia inhóspita, tras sus arenosos caminos y escarpados cabezos se esconde una fauna que no podríamos imaginar. He elegido este lugar porque hemos estado yendo, mis compañeros Diego, Alfonso y Sergio a lo largo de este año en diferentes momentos y hemos podido observar la gran variedad de avifauna que hay en este lugar. Es cierto que esta varía a lo largo del año, muchas especies se ven en cualquier época, otras solo durante el verano otras pocas simplemente pasan por allí.

Existe un grupo de aves que se pueden ver durante todo el año en el parque natural. Estas son las residentes y en algunos casos también se reproducen en este ecosistema:

Ánade azulón (Anas platyrhynchos) en una laguna artificial de las Bardenas Reales.
Esta especie frecuenta las pequeñas balsas que se forman tras la lluvia, gracias a la impermeabilidad del suelo.
Pareja de perdiz roja (Alectoris rufa) en los campos de cultivo en Bardenas Reales.
Es fácil ver a esta en parejas durante la época reproductora. (macho y hembra).
En invierno se junta en bandos de varios individuos y frecuenta barbechos.
Garza real (Ardea cinerea) pasa volando por las Bardenas Reales.
Esta es otra de las especies que se aprovecha de las balsas temporales de Bardenas.
Allí se alimenta de la gran variedad de anfibios e insectos acuáticos que hacen uso de las balsas.
Buitre leonado (Gyps fulvus) especie estrella de las Bardenas Reales.
Aprovecha los cortados de todo el parque para nidificar y pasar el día.
Desafortunadamente sus poblaciones en el parque no pasan por su mejor momento.
Diversas amenazas como venenos, molestias, etc. hacen peligrar a la población.
Cinco buitres leonados (Gyps fulvus) descansan durante el día en uno de sus posaderos favoritos.
Los cortados y cabezos que se forman en las Bardenas son idóneos para esta especie.
Para ver cómo crecen los buitres leonados desde que nacen hacer clic aquí.
Buitre leonado (Gyps fulvus) majestuosos colores pardos decoran esta rapaz necrófaga.
Su fuerte pico le permite alimentarse de animales muertos y desgarrar la carne.
Buitre leonado (Gyps fulvus) planeando sobre nuestras cabezas.
Sus aproximadamente 2 metros y medio de envergadura la convierten un ave magnífica.
Buitre leonado (Gyps fulvus) con marca alar en Bardenas Reales.
Número de marca: TX1 (Blanco)
Es un ejemplar marcado que frecuenta los cortados y que es famoso por el lugar.
Águila real (Aquila chrysaetos) otra de las rapaces residentes de Bardenas Reales.
Las molestias causadas por cambios en el suelo y los turistas han reducido sus territorios de cría.
Aunque de lejos, pudimos deleitarnos con este magnífico ejemplar durante un buen rato.
Milano real (Milvus milvus) una figura inconfundible en las Bardenas Reales.
Sus marcas claras en el interior del ala y su cola ahorquillada son únicas y facilitan su identificación.
Desde arriba busca pequeños roedores que se muevan entre los cultivos o carroña
Aguilucho lagunero occidental (Circus aeruginosus) sobrevolando la zona de las Bardenas.
Es muy fácil poder observar a esta rapaz por encima de los carrizos de las balsas temporales de este lugar.
Allí encuentra las aves acuáticas de las que se alimenta, aunque también depreda sobre mamíferos.
Cernícalo vulgar (Falco tinnunculus) encuentra un ecosistema idóneo en Bardenas Reales.
Los terrenos abiertos y los cultivos ofrecen una fuente de recursos alimenticios.
Esta especie también saca partido de los roquedos, ubicando los nidos en sus agujeros.
Hembra de cernícalo vulgar (Falco tinnunculus) observando desde su atalaya.
Ambos sexos tienen el dorso moteado.
Sin embargo, la "ceja" clara de la cara de este ejemplar es propio de las hembras.
Gallineta común (Gallinula chloropus) junto a su pollo en una laguna artificial de las Bardenas Reales.
Esta rálida encuentra una gran oportunidad en este tipo de ecosistemas.
Las algas y otras plantas acuáticas le sirven de alimento.
Joven de gallineta común (Gallinula chloropus) en los alrededores de esa misma laguna.
Tras varios meses después los pollos que nadaban junto a su madre pasean ahora solos.
Además de ser pardo, no tiene el escudete rojo típico de los adultos.
Macho de ganga ibérica (Pterocles alchata) en los barbechos de Bardenas Reales.
Esta especie es muy típica de ambientes muy áridos como este donde cría.
Sus hábitos crepusculares y sus colores crípticos las hacen casi invisibles entre los barbechos.
Macho de ganga ibérica (Pterocles alchata) en primer plano al atardecer de Bardenas.
Los machos se diferencian de las hembras por esas manchas claras de la espalda.
Como en otras aves esteparias, ellas son mucho más crípticas.
Cogujada común (Galerida cristata) es una de las especies que pone banda sonora a las Bardenas Reales.
Es muy común verla sobre una ramita de sabina o entre la sosa cantando a pleno pulmón.
Cogujada común (Galerida cristata) es  tremendamente frecuente en Bardenas Reales.
Su característica cresta alargada le da ese toque gracioso e inconfundible.
Figura de una cogujada común (Galerida cristata) cantando sobre la rama de un romero.
Su pico largo y curvo lo diferencia de la idéntica cogujada montesina.
Cogujada montesina (Galerida theklae) tras un vallado agrícola de las Bardenas Reales.
Como decía su pico más menudo la diferencia de su idéntica pariente la cogujada común.
Lavandera blanca (Motacilla alba) sobre el centro de visitantes de Bardenas Reales.
Frecuenta las balsas y lagunas artificiales en busca de insectos, muy asociados a estos ambientes.
Petirrojo europeo (Erithacus rubecula) rondando el pequeño jardín botánico del centro de visitantes.
Tan cauteloso pero confiado como siempre.
Hembra de colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) entre los escarpados relieves de Bardenas Reales.
Ambos tienen la cola anaranjada pero a diferencia del macho, la hembra es parda.
Para saber más sobre esta especie hacer clic aquí.
Macho de colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) destacando sobre los materiales claros de Bardenas.
También tiene la cola anaranjada, pero él es negro pizarra con dos manchas blancas en las alas.
Su intenso y ruidoso chasqueo resuena como eco entre estos lugares.
Para saber más sobre esta especie hacer clic aquí.
Tarabilla común (Saxicola rubicola) con una cumbre de Bardenas como fondo.
A esta especie le encanta colocarse en la parte más alta de los arbustos y matorrales de este ecosistema.
Juvenil de tarabilla común (Saxicola rubicola) persiguiendo a sus progenitores, en un olivo ornamental.
Es muy fácil cruzarse con los individuos jóvenes de esta especie, que siguen pidiendo alimento
uvenil de tarabilla común (Saxicola rubicola) en lo alto de un matorral en Bardenas Reales.
Sigue a sus progenitores durante un tiempo después de haber salido del nido.
Es una especie que se reproduce y cría en el ecosistema bardenero.
Macho de curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala) en los matorrales de Bardenas Reales.
Su marcada cabeza negra, decorada con su ojo rojo, en contraste con su barbilla negra son inconfundibles.
Las hembras son más apagadas y no dejan ver ese negro-blanco tan marcado.
Curruca rabilarga (Sylvia undata) cantando desde lo alto de una sabina en Bardenas Reales.
Es bastante común en este ecosistema, pues se alimenta entre matorrales, un ambiente abundante aquí.
Pareja de curruca rabilarga (Sylvia undata) jugueteando en un vallado agrícola en las Bardenas Reales.
Se alimenta de insectos, un recurso que abunda en el ambiente árido del parque natural.
Cistícola buitrón (Cisticola juncidis) entre la sosa de las Bardenas Reales.
Es una especie típica de carrizales, aunque también se la puede ver fuera de ellos, entre el matorral.
En Bardenas parece haber desarrollado una predilección por los campos de sosa.
Cistícola buitrón (Cisticola juncidis) con sus apenas 11 cm de longitud.
Se trata de una especie muy pequeña que destaca por sus colores y sus "líneas" del dorso.
Mosquitero común (Phylloscopus collybita) sobre una valla de alambre en las Bardenas Reales.
Este pequeño pajarillo de unos 12 cm se identifica por la "ceja" clara que destaca por encima del ojo.
Mosquitero común (Phylloscopus collybita) entre el romero en busca de insectos.
Como decíamos al principio, los insectos voladores como mosquitos y moscas abundan en las Bardenas.
Un recurso del que este insectívoro sabe sacar provecho.
Alcaudón real (Lanius meridionalis) en los matorrales de las Bardenas Reales.
Esta especie fue descrita como tal en base a evidencias genéticas ya que es muy similar al alcaudón norteño.
Por lo tanto solo se puede diferenciar por su rango de distribución.
Cría en este tipo de llanuras semiáridas con matorrales y arbustos.
Alcaudón real (Lanius meridionalis) oteando las rocas de Bardenas Reales.
Se alimenta de pequeños reptiles y mamíferos que él mismo captura y después trincha en espinas.
Grupo de tres chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax) sobre los cortado de Bardenas Reales donde nidifican.
Es frecuente verla en bandos de varios ejemplares, pues se trata de una especie muy gregaria.
Chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax) descansando sobre una de las formaciones.
Sus gritos adornan de forma constante el silencio desértico de los cortados.
Una chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax) pasa volando por encima de nosotros.
Su plumaje negro en contraste con su pico rojo hacen honor al nombre de este córvido.
El cuervo común (Corvus corax) córvido por excelencia de los cortados de Bardenas Reales.
Se trata de otra de las especies que está perdiendo territorios de cría.
Actualmente se tienen muy pocas parejas nidificando, cuando antaño abundaba.
Al tratarse de una especie carroñera se enfrenta a amenazas similares a las de otras aves necrófagas.
Bando de estorninos negros (Sturnus unicolor) sobre un cable de las Bardenas Reales.
Esta especie es tremendamente gregaria, llegando a formar bandos de cientos de individuos.
En Bardenas se alimenta sobretodo en las pocas y pequeñas granjas ganaderas (ovejas) que quedan.
Hembra de gorrión común (Passer domesticus) entre el romero de un campo en Bardenas Reales.
Sin la característica mancha de la garganta del macho, la hembra es mucho más apagada.
Crían también en pequeños agujeros de las piedras o los de otras especies.
Macho de gorrión común (Passer domesticus) sobre el romero, abundante en el parque natural.
La poderosa mancha a modo de babero y el píleo (parte superior de la cabeza) gris lo distinguen de la hembra.
Se hace raro ver a este pequeño paseriforme desarrollarse con naturalidad lejos de núcleos urbanos.
Para saber más sobre esta especie hacer clic aquí.
Macho de gorrión común (Passer domesticus) sobre los matorrales de este ambiente semiárido.
Esta vez lo he pillado cantando y reclamando probablemente algún territorio de cría.
Macho derecha y hembra izquierda de pardillo común (Carduelis cannabina) entre el romero.
Es fácil diferenciar los sexos, sobretodo en época de cría, cuando el macho tiene la pechera rojo intenso.
Se trata de una especie gregaria que en invierno se junta en bandos para llegar a sus dormideros.
Hembra de pardillo común (Carduelis cannabina) en Bardenas Reales.
Rebuscando entre el romero para hacerse con insectos, semillas o los brotes.
Serín verdecillo (Serinus serinus) cantando desde la ramita de un arbusto seco en Bardenas reales.
Su sonido no es muy común por este ecosistema, pero cuando se deja ver es todo un espectáculo.
Serín verdecillo (Serinus serinus) entre el esparto seco de las Bardenas Reales.
El amarillo intenso de su pechera lo hace identificable desde lejos.
En esta imagen le podemos ver con un insecto en el pico, tras haberlo capturado.
Escribano triguero (Emberiza calndra) sobre el matorral y los arbustos del parque.
Otra de las especies que ponen banda sonora a las Bardenas Reales.
Su inconfundible sonido adorna los campos de cultivos, los matorrales, los barbechos, etc.
Escribano triguero (Emberiza calndra) descansa de su continuo cantar sobre una ramita seca.
Muchos describen su sonido como una canica cayendo y lo cierto es que se asimila mucho.
Si no es por su sonido, su mancha del pecho delata su identidad.
Estas junto con la siguiente lista de aves, forman una avifauna diversa en un espacio aparentemente inhóspito:
  • Avetoro común (Botaurus stellaris) (*)
  • Garcilla bueyera (Bulbucus ibis)
  • Busardo ratonero (Buteo buteo)
  • Focha común (Fulica atra)
  • Alcaraván común (Burhiunus oedicnemus)
  • Ganga ortega (Pterocles orientalis)
  • Paloma zurita (Columba oenas)
  • Lechuza común (Tyto alba)
  • Urraca (Pica pica)
  • Pinzón vulgar (Fringilla coelebs)
  • Jilguero europeo (Carduelis carduelis)
  • Verderón común (Chloris chloris) (*)
Después de esta extensa y larga ristra de aves, dejamos para otro día el resto, las estivales y las de paso de Bardenas Reales. Pero podemos ir comprobando la gran cantidad de aves que puede haber en lugares tan desérticos como este. No dejan de sorprendernos estas aves pero tampoco debemos confiarnos, hay que seguir dudando sobre qué especie se esconderá detrás del matorral aquel, o cuál estará cantando ahora mismo. Es así como vamos a dar con una cantidad mucho mayor.